ondrá en peligro los ahorros
de una décima parte de los ciudadanos de ese país. El FBI investigará 10.000
casos de fraude. Cien cargos nombrados por la Administración serán acusados de
conducta indebida. Habrá penas de prisión para algunos de los responsables
¿Apocalíptico? Ruego me disculpen. Me he tomado una pequeña licencia en los
tiempos verbales. Estos sucesos deberían narrarse en pasado. Ocurrieron. En
Estados Unidos. Durante la Administración Reagan. Hace escasamente 20 años. Una
eternidad. ¿Tan poco hemos aprendido desde entonces?
Creo que se merecen una explicación.
A finales de los 80 hubo una crisis financiera, de la que casi nadie se acuerda,
que tuvo las consecuencias descritas. Todavía no hemos alcanzado esas cifras. Al
menos por ahora. Todo lo que se está leyendo estos días en la prensa acerca de
la mayor crisis financiera de la historia al menos desde La Gran Depresión, de
momento, no es verdad. Pero, si nos empeñamos, podría llegar a serlo.
Vayamos por partes.
Durante los últimos años 70 y primeros 80 del convulso siglo XX, como
consecuencia de la crisis del petróleo, hubo recesión, inflación, paro y
acciones por los suelos.
Los mercados empezaron luego a
recuperarse y Reagan llegó al poder. Con él se trajo, entre otras cosas, mayor
desregulación y una ampliación por parte del Federal Deposit Insurance
Corporation (FDIC), el Fondo de Garantía de Depósitos americano, de hasta
100.000 dólares de las garantías de los depósitos de los ciudadanos americanos,
afortunadamente para ellos.
Las nuevas tendencias políticas, la euforia bursátil y la mencionada
desregulación produjeron una de las peligrosas innovaciones que fabrica la mal
llamada ingeniería financiera (la ingeniería es algo más serio, no tiene nada
que ver con las finanzas y si se hace mal cuesta vidas, además de dinero): los
bonos basura (junk bonds) que permitían realizar compras apalancadas. ¿Recuerdan
a la maravillosa Julia Roberts en Pretty Woman? Pues esos personajes existieron
y no con un corazón tan blando como el de Richard Gere.
Michael Milken y la empresa Drexel fueron probablemente los principales
protagonistas de esa época. Se dedicaban a emitir dichos bonos, llamados basura
porque eran de alto riesgo y por lo tanto pagaban mayores intereses que la
aburrida deuda pública. Con el dinero recaudado con los bonos se lanzaban LBO´s
(Leveraged Buy Out, la palabreja de moda), generalmente agresivos y a precios
cada vez más exagerados.
La empresa adquirida,
hiperapalancada como consecuencia de la operación, cargaba con el servicio de
esa deuda con la caja que generaba. El sistema funcionaba con beneficios
crecientes, pero podía hundir tanto a la empresa adquirida como a los bonistas
cuando los beneficios no eran los previstos. Se ve que no hacían análisis de
sensibilidad.
La operación más emblemática de aquella época fue la adquisición por 26.000
millones de dólares de RJR Nabisco en el año 1989. La revista Time lo denominó
“A Game of Greed”, un juego de codicia. El fin de esa época, y el colapso del
sistema, que provocó con una caída del 6% en un solo día del Dow Jones, fue
producido por las operaciones fallidas de United Airlines, en Octubre de 1989, y
el colapso de Campeau Corporation unos meses después.
Un excéntrico inmobiliario
canadiense, Robert Campeau, había conseguido tomar el control de los almacenes
Bloomingdale´s por 11.000 millones de dólares, con un capital propio de
únicamente 200. Sólo las comisiones que pagó a los bancos fueron superiores a un
año entero de los beneficios de los grandes almacenes. Como suele ser en estos
casos, junto con las quiebras se detectaron operaciones fraudulentas. El 21 de
Noviembre de 1991 el Sr. Milken fue condenado a 10 años de cárcel y a pagar 600
millones de dólares en indemnizaciones.
******
(*)
José María de la Viña Molleda es Ingeniero Naval y
M.B.A. por el I.E., además de profesor asociado de la Universidad Politécnica de
Madrid.