odos los esfuerzos de cooperación global luchan contra las
mismas fuerzas, entre las que cabe destacar el resurgimiento de un fuerte
sentimiento nacionalista en todo el mundo, la imposición de gigantes económicos
emergentes como China e India, y la ruptura de muchos lazos de la Guerra Fría
que unían a varios países en desarrollo a Estados Unidos y Europa.
"La forma en que se hundió la Ronda de Doha es un anticipo de
lo que probablemente veremos en otras negociaciones semejantes", dice Kimberly
Elliott, representante del instituto de investigación Center for Global
Development, con sede en Washington. "Los mercados emergentes (como China e
India) están cobrando todo el protagonismo", incluso cuando ese papel conlleva
alienar a otros países aún más pobres, explica.
"Si la Ronda de Doha falla sistemáticamente, pondrá en duda la
habilidad de todas las partes para encontrar soluciones dentro de un marco
global a problemas complejos como el cambio climático, el encarecimiento del
petróleo y el alza de los alimentos", decía un comentario de la agencia de
noticias estatal china Xinhua.
Las negociaciones de Doha colapsaron después de que China e
India insistieran en su derecho a reimponer aranceles (o subirlos) en caso de
que se registrara un auge en las importaciones de alimentos. Pero el acuerdo
comercial que se estaba dibujando abordaba temas relativamente pequeños en
términos del impacto sobre el crecimiento económico comparado con el debate del
calentamiento global. Limitar el aumento de las emisiones de gases con efecto
invernadero podría impactar el crecimiento al obligar a las industrias a
reajustar sus fábricas y a los consumidores a cambiar su estilo de vida. El
sacrificio podría provocar una reacción todavía más feroz por parte de Nueva
Delhi y Beijing.
Los negociadores llevaban siete años trabajando en un acuerdo
comercial de Doha y a menudo se vieron atascados. Pero en la cumbre celebrada
esta semana en Ginebra, las partes parecían estar más cerca que nunca de poder
alcanzar un acuerdo debido a que EE.UU. y Europa habían accedido a hacer las tan
esperadas concesiones sobre los subsidios agrícolas que animarían a los países
emergentes a liberalizar más sus mercados a los fabricantes y compañías de
servicios de EE.UU y Europa. Brasil, un líder de los países en desarrollo y uno
de los mayores exportadores agrícolas, estuvo de acuerdo. Pero a pesar de la
intensa presión para que siguieran la corriente, India y China se negaron.
En el pasado, los acuerdos orquestados por EE.UU. y Europa
solían ser aprobados por los países emergentes, a menudo por temor a perder
acceso a los mayores mercados del mundo y ofender a las potencias políticas más
prominentes. Con el fin de la Guerra Fría y el surgimiento de su poder
económico, China e India sintieron que tenían poco que perder si imponían su
veto.
Bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio, los
153 miembros deben estar de acuerdo para aprobar un pacto aunque, en la
práctica, sólo los países económicamente importantes tienen derecho a voto. De
hecho, entre los siete países que dirigían la mayor parte de las negociaciones,
no había ningún país africano.
No es probable que el fracaso de las negociaciones tenga
efectos inmediatos sobre el flujo del comercio mundial ni sobre el crecimiento
económico. Al margen de los sectores agrícola y textil, los obstáculos al
comercio son generalmente pocos en todo el mundo tras décadas de recortes en los
aranceles. Pero las consecuencias del fracaso son aún significativas debido a
que se envió el mensaje de cuán difícil es llegar a acuerdos globales. "Este es
el primer fracaso de un acuerdo multilateral de comercio desde la década de los
30", una era de proteccionismo, dijo Fred Bergsten, director del Instituto
Peterson para la Economía Internacional. La ausencia de una liberalización del
comercio, predijo, conducirá a un incremento en los esfuerzos por proteger a las
industrias locales de todo el mundo de la competencia. Aunque el líder de la OMC,
Pascal Lamy, guardaba la esperanza de que las conversaciones pudieran ser
resucitadas, el comisionado de Comercio de la Unión Europea, Peter Mandelson,
dijo que las conversaciones en Ginebra representaban un "funeral" para la Ronda
de Doha.
Dado el papel de liderazgo de EE.UU. en la política comercial,
el fracaso de Doha esencialmente pasa el problema al siguiente presidente, quien
probablemente no lo considerará una prioridad. Daniel Tarullo, un profesor de
derecho de la Universidad de Georgetown quien asesora al presunto candidato
demócrata Barack Obama, dijo que "los negociadores estadounidenses hicieron lo
correcto al retirarse de lo que parecía ser un acuerdo desventajoso para Estados
Unidos", aunque dijo que los negociadores "no deberían abandonar sus esfuerzos".
Philip Levy, un economista del American Enterprise Institute, que asesora al
presunto candidato republicano John McCain, dijo que la inhabilidad de llegar a
un acuerdo "pone en duda algunos de los cimientos del sistema global de
comercio".
En vez de acuerdos globales, esfuerzos fragmentados en temas de
comercio global podrían convertirse en la norma. Los acuerdos comerciales
futuros también podrían enfocarse en intereses nacionales más restringidos, en
vez de conversaciones al estilo de Doha en donde se les pide a los países hacer
concesiones en un área para obtener ganancias en otra.