Wall Street operó el jueves en
signo negativo ante la reiteradas advertencias de que el sector inmobiliario de
EEUU se encuentra en su mayor crisis desde hace más de cincuenta años.
La principal plaza financiera del
mundo entró así en una fase bajista, una definición que los analistas
adoptan cada vez que los índices acumulan un retroceso superior al 20% con
relación a sus máximos.
Las negativas cifras de ventas de
viviendas de segunda mano, los preocupantes datos de desempleo semanal y los
crecientes pérdidas de Ford Motor, aportaron más nubarrones sobre la golpeada
catedral financiera del Imperio.
El Promedio Industrial Dow Jones, el cual disfrutó de un alza de 165 puntos
durante las dos sesiones pasadas, borró en la jornada del jueve todas
estas ganancias, afectado por profundas pérdidas en todos sus componentes
financieros.
El indicador cerró a 283,10
puntos, 2,4% a la baja en 11.349,28, su cierre más bajo desde 16 de julio.
Esto devuelve al Dow al umbral del territorio del mercado a la baja, 19,9%
alejado de su récord de octubre.
El S&P 500 cerró 2,3% a la baja a
1.252,57. Todos sus sectores terminaron en descenso, principalmente el
financiero
Wall Street abrió a la baja y continuó cayendo después que la Asociación
Nacional de Agentes Inmobiliarios (NAR) registró una caída mayor de lo esperado
en junio de las ventas de casas existentes.
La desaceleración también puso presión sobre los precios, los cuales cayeron
6,1% frente al mismo lapso del año anterior, la quinta mayor caída en la
historia, según la NAR.
Los principales medios y analistas opinan que el mercado bursátil
norteamericano no podrá mantener un auge sostenido y se mantendrá volátil
(con pérdidas superando las ganancias) hasta que los precios de las viviendas se
recuperen y los indicadores económicos se estabilicen.
La caída accionaria influye
negativamente sobre el valor de los activos de las empresas y sobre los
valores hipotecarios que causan la debacle financiera y bancaria, de la cual
el mercado norteamericano no se puede recuperar.
La crisis hipotecaria y la debacle bancaria llevó la economía imperial USA
al borde de la recesión. Las viviendas en EEUU aún son demasiado caras en
relación con los ingresos, la renta y el crédito hipotecario disponible para
comprarlas.
A esas variables de la crisis hay que sumar el aumento del desempleo o la
inflación de los precios del petróleo que golpean a los presupuestos y hacen
que ya no se puedan pagar las casas alejadas de los puestos de trabajo, y los
costos del mismo traslado al empleo.
Esto genera un creciente nivel de amortizaciones en los bancos, más quiebras de
firmas financieras y un crecimiento económico en desaceleración cada vez más
acentuada, sin que se encuentre un piso para el declive.
A nosotros nos parece que al menos
la mitad del declive del techo al piso ya ha ocurrido, y que deberíamos ver un
piso claro o bien hacia fines del año próximo, o en la primera parte del 2010",
escribieron los economistas de Wachovia Mark Vitner y Adam York en un informe
para los clientes citado por Reuters.
La caída en el mercado accionario
significa que las compañías tampoco pueden acceder al mercado de capital para
obtener liquidez.
Si bien la enfermedad generalizada
es una burbuja de la deuda, el síntoma más debilitante de su
descomposición son las bajas de los precios de las casas, según analistas.
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Ben S. Bernanke |
Mayor intervención estatal
Según The Wall Street Journal, la Casa Blanca y los gobiernos federales de EEUU
se están movilizando para controlar y neutralizar las consecuencias de
colapsos de empresas, caídas de los precios de las viviendas, pérdidas de valor
de hipotecas y altos precios de la energía.
La crisis inmobiliaria y
financiera que golpea a EEUU está impulsando una nueva ola de regulación
gubernamental sobre los negocios y la economía de la primer potencia imperial
del capitalismo.
La Reserva Federal está
intensificando un seguimiento de los bancos de inversión en Wall Street,
implantando funcionarios dentro de las grandes firmas financieras y evaluando
sus requerimientos de capital, luego de adoptar la medida inusual de ofrecer
miles de millones de dólares en préstamos de emergencia.
La Reserva Federal también acordó
prestar dinero a Fannie Mae y Freddie Mac, lo que le permite tener una mayor
supervisión de los dos gigantes hipotecarios. Al mismo tiempo, las
comisiones estatales de servicios públicos están recuperando el control que
cedieron durante la desregulación.
El jueves, se debatió en el
Congreso estadounidense si la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) debería regular
a las empresas matrices de los bancos de inversión.
Según un sondeo de julio de
Wall
Street Journal/NBC News, la opinión pública también está influyendo en la
respuesta: por un margen de 53% a 42%, los estadounidenses quieren que el
gobierno "haga más para resolver los problemas".
Hace doce años, los entrevistados
se opusieron a una acción gubernamental por un margen de dos a uno. Al mismo
tiempo, según reporta la National Opinion Research Center (Centro Nacional de
Investigación sobre Opinión Pública), la confianza en el Congreso está en su
nivel más bajo desde que empezó a hacer la pregunta en 1973.
El mayor papel del gobierno está
siendo impulsado por la crisis del sector de viviendas y su efecto negativo
sobre el sistema financiero.
.Los problemas que han enfrentado
las instituciones financieras han requerido del tipo de intervención rápida y de
gran escala que sólo la regulación estatal puede proporcionar, subraya el
Journal .