El alza en los precios de
los alimentos y el petróleo hegemonizan la discusión entre los líderes de los
países más industrializados del mundo, quienes están reunidos en la isla de
Hokkaido, en el norte de Japón, sede de la cumbre anual del G8, que durará tres
días. Analistas de Wall Street, mientras tanto, pronostican una escalada de los
precios del crudo que podría superar este año la barrera de los US$ 200.
Informe
IAR Noticias
La amenaza de una crisis económica global se viene acentuando en las últimas
semanas, con fuertes bajas en las principales bolsas de todo el mundo y
pronósticos pesimistas emitidos por instituciones internacionales como el Fondo
Monetario Internacional y el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas
en inglés), considerado como el "banco central" de los bancos centrales.
Los líderes del G8 expresaron su preocupación por el alto precio del petróleo y
los alimentos, y las consecuentes presiones inflacionistas, que suponen "un
serio reto" para la economía mundial, según fuentes oficiales niponas.
Según señala el enviado especial
de la BBC a la cumbre, Rogério Wassermann, la preocupación por la salud de la
economía amenaza con dejar en segundo plano el tema del calentamiento global,
que fue el escogido como prioritario por los anfitriones japoneses.
Los representantes de Estados
Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Japón y Rusia señalaron
que están dispuestos a incrementar sus "esfuerzos" para combatir la escalada del
barril de crudo, que ha llegado a cotizar a un precio récord de 145 dólares,
según un portavoz de la presidencia nipona.
En el centro turístico ecológico
de Toyako, a la vera de un lago en esa isla, se encuentran también mandatarios
de otros 15 países, entre ellos Felipe Calderón, de México, y José Inacio "Lula"
da Silva, de Brasil, quienes junto con sus homólogos de India, China y Sudáfrica
conforman el Grupo de los Cinco (G5).
Por su parte, los ocho líderes
africanos que asisten a la conferencia se reunieron con el presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, para tratar la situación en Zimbabue y la cuestionada
reelección de Robert Mugabe.
Al término de su sesión de la mañana en la cumbre de Hokkaido (Japón), destinada
a analizar la situación económica, los países más ricos del mundo pidieron a las
naciones productoras de petróleo y a las consumidoras un "diálogo" que ayude
a estabilizar los precios del crudo y de los alimentos.
Subsisten los riesgos y la
incertidumbre: la ulterior caída de los precios inmobiliarios en EEUU y el
incremento de la tensión en los mercados financieros podrían influir
negativamente en las perspectivas de la economía global.
La subida de los precios, en
primer término, en los apartados del petróleo y los alimentos, supone un serio
desafío para la estabilidad del crecimiento económico y puede aumentar la
presión inflacionista a escala global, señalan los firmantes del comunicado.
En tanto, el secretario general de
Naciones Unidas, Ban Ki-moon, urgió a los líderes del Grupo de los Ocho (G8) a
encarar las "crisis interconectadas" que constituyen el cambio climático,
el aumento de los precios de los alimentos y la falta de desarrollo.
Dirigiéndose a los líderes de los países del G8 -formado por EE.UU., Japón,
Canadá, Italia, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania- el funcionario exhortó
igualmente a duplicar la ayuda a África a US$50.000 millones para 2010 con el
fin de reducir la pobreza.
"El mundo enfrenta tres crisis simultáneas: una crisis alimentaria, una crisis
del clima y una crisis del desarrollo", dijo Ban.
"Las tres crisis se interconectan y necesitan profundamente ser tratadas como
tal", añadió.
Petróleo a más de US$ 200
El histórico ascenso del petróleo
de US$100 a casi US150 el barril en apenas seis meses está haciendo más
plausible una predicción mucho más sombría: el crudo podría alcanzar los
US$200 antes de que acabe el año, señala este martes el influyente diario
financiero estadounidense The Wall Street Journal.
Precios de ese calibre causarían estragos aun mayores en las mayores aerolíneas
y automotrices del mundo, y encarecerían más la gasolina, obligando a los
conductores a alterar drásticamente sus hábitos de conducción.
En Europa, causaría más
inestabilidad política e intensificaría los pedidos de recortar los inflexibles
aranceles petroleros. En Asia y América Latina, aumentaría la presión para que
los gobiernos reduzcan sus subsidios al combustible y se arriesguen a sufrir las
reacciones violentas de la población, precisa el Journal.
Los ministros de energía y los
ejecutivos del sector también han aportado su grano de arena para encender las
alarmas. Paolo Scaroni, presidente ejecutivo de la mayor petrolera de Italia,
Eni SpA, declaró la semana pasada a un periódico italiano que no le sorprendería
ver cómo los precios superan los US$200 el barril antes de fin de año.
Chakib Khelil, presidente de la
Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), predice que el crudo
podría ascender a los US$170 el barril dentro de unos meses.
De acuerdo con The Wall Street Journal, el ascenso aparentemente imparable del
petróleo también ha ahuyentado a algunos de los numerosos jugadores financieros
que podrían calmar el mercado.
Los productores de crudo que
normalmente asegurarían precios altos con operaciones de cobertura en los
mercados de futuros, ahora han dado marcha atrás, asumiendo que los precios
seguirán subiendo.
Los factores geopolíticos, especialmente los temores de que EE.UU. o Israel
ataquen Irán, han resurgido como un temor significativo. Algunas firmas de
inversión decían la semana pasada que las probabilidades de que hubiera una
guerra con Irán superaban el 50%, afirma The Wall Street Journal.
"Si el consumo sigue aumentando incluso después de los Juegos
Olímpicos, entonces la
presión al alza sobre los precios durará bastante", pronosticó Stephen Brown,
economista de energía en el banco de la Reserva Federal de Dallas citado por el
Journal.