China, Brasil y México, entre otros, invierten en activos estadounidenses,
pese a los magros retornos.
Por Michael M. Phillips
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The Wall Street Journal
Por mucho tiempo, Estados Unidos ha dependido de la bondad de
otros países para financiar su déficit comercial. En la actualidad, es probable
que se trate de China, Brasil, México u otra economía emergente.
EE.UU. tiene que importar casi US$2.000 millones netos en
capital al día para cubrir su enorme brecha comercial. De los US$920.000
millones que los extranjeros invirtieron en acciones, bonos y valores
gubernamentales estadounidenses el año pasado, US$361.000 millones, un
sorprendente 39% provino de economías emergentes, según cálculos de Bank of
America, basado en los datos del Departamento del Tesoro. Tan sólo China
representó 21 puntos porcentuales del total, mientras que Brasil tuvo 8,4 puntos
porcentuales y Rusia 2,8. México, Singapur, Malasia, Corea del Sur y otros
también dedicaron cuantiosas sumas a la compra de activos estadounidenses.
Probablemente se trate de la punta del iceberg. El capital de
los países del Golfo Pérsico a menudo pasa a través de Londres camino a Nueva
York, así que miles de millones de dólares en inversiones que aparecen como
británicas en los informes del gobierno en realidad son árabes. "No sólo somos
adictos al dinero de otras personas, sino que somos adictos al dinero de países
pobres", asegura Joseph Quinlan, estratega jefe de mercado de Bank of America.
Los países del Golfo Pérsico no son exactamente pobres, pero en
relación a EE.UU., Brasil, México y Rusia sí lo son. La teoría económica dice
que el capital supuestamente debe fluir de los países ricos y de menor
crecimiento a los países pobres de rápido crecimiento que no tienen dinero. Ese
era el caso antes de la Primera Guerra Mundial, cuando los europeos explotaban
la riqueza natural de sus colonias. Ahora, la teoría ha salido volando por la
ventana.
"Es una anomalía histórica que en los últimos cinco o seis
años, incluso más dinero ha fluido de los países pobres a los ricos que de los
ricos a los pobres", afirma Barry Eichengreen, economista de la Universidad de
California en Berkeley.
En parte, la situación es la otra cara de la moneda de la
dependencia de EE.UU. de los electrónicos chinos, el petróleo ruso y los
electrodomésticos mexicanos. Mientras más gasten los estadounidenses, más
dólares acumulan los vendedores. Otro gallo cantaría si los estadounidenses
gastaran todo su dinero en modelos de Ford y películas de Hollywood, pero no es
el caso. Los chinos, por ejemplo, ahorran casi la mitad de su producción
económica. "No pueden invertir 48% de su PNB productivamente en su propio país,
así que tienen que tomar una parte de ese dinero y llevarlo fuera de sus
fronteras", explica Eichengreen.
Los países emergentes, sin embargo, compran dólares y buscan
lugares para invertirlos. El año pasado, los bancos centrales de los países
emergentes sumaron cerca de US$1,2 billones (millones de millones) en monedas
occidentales a sus reservas, cerca de US$800.000 millones en dólares, según Brad
Setser, un investigador del Council on Foreign Relations. Los fondos soberanos
de economías emergentes sumaron otros US$150.000 millones. Buena parte de estos
fondos acaban siendo invertidos en EE.UU.
EE.UU. necesita el dinero y no debería despreciarlo, pero hay
algunas razones por la que debería estar preocupado. Washington ha argumentado
que los extranjeros ponen su dinero en EE.UU. debido a sus atractivos retornos.
Pero nuevas investigaciones de la economista de Instituto de Tecnología de
Massachusetts, Kristin Forbes, una ex asesora del presidente George Bush,
encontraron que entre 2002 y 2006 los extranjeros obtuvieron retornos anuales
promedio de 4,3% en sus inversiones en EE.UU., mientras que los estadounidenses
ganaron 11,2% en sus inversiones fuera del país. Este período ha coincidido con
el declive del dólar. Forbes concluye que lo que atrae a los extranjeros no son
las ganancias, sino la sofisticación de los mercados estadounidenses de capital.
La implicación es que los extranjeros huirían despavoridos si perdieran
confianza en la transparencia de Wall Street y hoy en día no sería de extrañar
que las dos primeras palabras que saltan a la mente de los inversionistas chinos
cuando se les habla de EE.UU. sean "hipotecas subprime".
"Probablemente están cuestionando la eficiencia de nuestros
mercados financieros", dice Forbes. "Tal vez están pensándolo dos veces antes de
invertir grandes sumas de dinero en EE.UU. en el futuro".
Los inversionistas de todo el mundo podrían perder aún más fe
en EE.UU. si el país sucumbiera al sentimiento proteccionista y bloqueara las
exportaciones de China y otros países. "Ya no estamos hablando de bienes", dice
Quinlan. "Estamos hablando de nuestro salvavidas financiero".
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