a historia es sencilla: el aumento de la demanda en China afecta la
dinámica de precios, no sólo por el crecimiento demográfico, sino porque
la clase media ascendente ahora consume más carne. Como se necesitan 700
calorías de alimento en grano para producir 100 calorías de carne de res,
este cambio de dieta presiona fuertemente el mercado.
Hasta Paul Krugman, tan admirado por los lectores de The New York
Times, abraza esta “explicación” y coloca a la demanda china como
principal causa del aumento de precios. Pero el famoso economista no ha
hecho bien la tarea.
Daryll Ray, investigador de la Universidad de Tennessee, sí ha revisado
los números y éstos son sus hallazgos: primero, entre 1990 y 2007 la
demanda de carne de res pasó de 1.1 a 7.4 millones de toneladas, pero
China cubrió ese incremento con producción doméstica y hasta exportó
pequeños excedentes.
El consumo de carne de cerdo aumentó de 23 a 45 millones de toneladas
entre 1990 y 2007, pero China fue autosuficiente y siguió exportando.
Finalmente, el consumo de carne de pollo pasó de 2.4 a 11.5 millones de
toneladas entre 1990 y 2007. China fue autosuficiente en este producto,
aunque en 2007 importó una modesta cantidad (124 mil toneladas).
Así, entre 1990-2007 su demanda de cárnicos creció 142 por ciento, pero
se cubrió con producción interna y hasta se exportaron excedentes. Ese
factor no constituye una presión adicional sobre el mercado internacional
de cárnicos.
¿Qué sucede en el caso de los granos? Veamos el arroz. Entre 1990 y
1999 el consumo pasó de 124 a 134 millones de toneladas; la producción
mantuvo el ritmo y China continuó exportando. Después de 2000 la
producción doméstica fluctúa, pero siguió cubriendo la creciente demanda y
generando excedentes. Se observan incrementos en superficie cultivada para
este grano, lo que permitirá hacer frente a la demanda y seguir
exportando.
China cubre su consumo interno de maíz y es un exportador importante
(en 2005 exportó 3.5 millones de toneladas). Para el trigo tenemos que en
los años 90 la demanda interna pasó de 102 a 109 millones de toneladas.
Aunque eso pudo cubrirse con rendimientos crecientes, aumentó sus reservas
con importaciones. A partir de 2000 reduce la producción interna y recurre
a sus reservas de trigo para cubrir la demanda. Sin embargo, desde 2005 la
superficie cultivada y la producción interna aumentan nuevamente y China
vuelve a exportar trigo.
Todo esto revela una interesante política de manejo de reservas. En la
década de los 90, probablemente por la experiencia histórica de numerosas
hambrunas, China mantuvo reservas muy altas. Pero en los últimos diez años
una parte de su demanda se cubrió con esas gigantescas reservas. Por eso
los datos mundiales revelan no un incremento, sino una disminución en la
demanda internacional de granos en ese periodo. Hasta aquí los números de
Daryll Ray.
Tenemos entonces un dato muy importante: China, lejos de provocar un
aumento en la demanda mundial, es responsable de una reducción
debido a su manejo de inventarios. Eso sí que choca con el comportamiento
de los precios, ¿verdad?
No cabe duda, hay que despedirse del factor China como
explicación del aumento de precios. Y dado que los otros factores que
mencionan los medios (agrocombustibles, precios de petróleo y sequías en
algunas regiones) no sirven por sí solos para dar cuenta de los
incrementos espectaculares en el costo de los alimentos, hay que seguir
buscando otra explicación.
No hay que ir muy lejos: la concentración del mercado mundial de
granos, carne, semillas e insumos agrícolas es la pista más prometedora.
Hoy, conglomerados como Archer Daniels, Cargill, Bunge, Monsanto y
Syngenta tienen el poder de mercado y la infraestructura para manejar
inventarios, invertir en mercados de futuros y manipular precios a escala
mundial para obtener súperganancias. Pero ni la OMC ni la FAO están
interesadas en remediar esta situación.
En el plano nacional sucede lo mismo: deficiente política agrícola,
mala gestión de inventarios y poder de mercado de grandes consorcios. Eso
explica el incremento de precios. Pero el gobierno no quiere perturbar a
sus amigos. Es mejor propalar las mentiras sobre el factor China.