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En la imagen,
el presidente bush escoltado por Alan Greenspan y Ben Bernanke, ex y actual presidente de la Reserva Federal, respectivamente |
La crisis "subprime"
y las proyecciones recesivas en la economía estadounidense siguen impactando
cada vez más en la economía y en el sistema bancario de EEUU y de Europa cuyas
principales instituciones financieras ya fueron (o están siendo) afectadas por
la debacle crediticia que arrastra a la primera potencia imperial. Nuevas
proyecciones oficiales indican que un rebrote de la crisis bancaria se aproxima
en EEUU impulsado por el efecto arrastre de los préstamos e hipotecas
incobrables.
Informe
especial
IAR Noticias
Desde el
estallido de la crisis hipotecaria, en agosto pasado, los grandes bancos de
inversión (incluidos los europeos) han tenido que hacer enormes provisiones
para tapar los "agujeros" de las "subprime", depreciar sus activos y reducir
drásticamente sus costos, lo que ha supuesto la caída de presidentes y
consejeros delegados de esas entidades, acompañados por decenas de miles de
trabajadores despedidos.
La
crisis bancaria (como efecto de las "subprime") proyectada de EEUU a Europa
tiene como protagonistas centrales a los líderes hegemónicos de la especulación
financiera a escala global: Bear Stearns, Lehman Brothers,
Merrill Lynch, Goldman Sachs, Citigroup y J.P. Morgan,
entre otros.
Pese al multimillonario salvataje
financiero iniciado por la Reserva Federal para rescatar principalmente a
los grandes bancos de inversión del tsunami "subprime", autoridades y
reguladores estadounidenses advirtieron esta semana que se aproxima una
nueva crisis bancaria producida por la acumulación de préstamos
incobrables que extendieron para financiar la construcción de casas y
departamentos.
Para impedir un derrumbamiento de los
mercados financieros, la Fed inundó de liquidez los mercados, prestando a los
bancos de inversiones (un privilegio que normalmente se reserva a los bancos
comerciales), rebajando su tasa de descuento y aceptando garantías menos
seguras.
No obstante estas reiteradas
operaciones para rescatar a la banca de Wall Street, los gigantes de la
especulación mundial (Bear Stearns, Lehman Brothers, Merrill Lynch, Goldman
Sachs, Citigroup y J.P. Morgan) no han podido salir de la zona roja y
permanecen en la primera línea de riesgo.
La
enorme rentabilidad del negocio inmobiliario atrajo a todos los bancos de Wall
Street, que se lanzaron a comprar compañías de crédito hipotecario y, en
especial, a otorgar líneas de crédito a empresas vinculadas con los préstamos
hipotecarios de baja calificación, porque rinden un mayor interés.
El año
pasado los expertos advirtieron que si el proceso seguía avanzando, el precio
de las propiedades hipotecadas caerían por debajo del valor de los créditos
hipotecarios, lo que podría precipitar un hundimiento financiero generalizado
con quiebras bancarias, tal como está sucediendo en el presente.
Según
The Wall Street Journal, el problema actual es que las principales
instituciones financieras podrían tener que pasar a pérdida las montañas
de préstamos incobrables que extendieron para financiar la construcción de casas
y apartamentos.
Hasta el momento, la mayor parte del daño absorbido por los bancos ha provenido
de los dueños de casas que han dejado de pagar sus hipotecas, apunta el
Journal.
No obstante, después de las magras
ventas de nuevas viviendas, los bancos han comenzado a deshacerse de los
préstamos extendidos a las constructoras a lo que probablemente serán precios de
liquidación. La decisión -según el Journal- allana el camino para que
los bancos anuncien miles de millones de dólares en nuevas pérdidas.
"Mientras persista el declive del mercado inmobiliario y mientras esos precios
continúen cayendo, creo que existe el riesgo de que las pérdidas sigan
acumulándose en una gama de préstamos", dijo el jueves el vicepresidente
de la Reserva Federal, Donald Kohn, ante el comité de banca del Senado.
En la misma audiencia, la presidenta de la junta del regulador bancario Federal
Deposit Insurance Corp., Sheila Bair, manifestó que los bancos que no están
diversificados o que están muy expuestos a la construcción son una preocupación
particular. "Ahí es donde estamos viendo el aumento en los impagos", aseguró.
Mientras tanto, dos presidentes de
departamentos regionales de la Reserva Federal, Jeffrey Lacker y Charles Plosser,
expresaron su inquietud sobre las consecuencias de la "generosidad" del
banco central estadounidense, especialmente en el salvataje del banco de
negocios Bear Stearns.
Bear
Stearns se especializaba en productos como los títulos de deuda hipotecaria,
lo cual lo dejó muy vulnerable a la crisis de los créditos subprime en los EE.UU.
que se desató en agosto. Hasta ahora, el banco engullido por JP Morgan, es la
mayor víctima de la crisis crediticia generada luego de que estalló la
burbuja inmobiliaria, pero algunos creen que no será la última.
Estas
opiniones resuenan de una forma peculiar en momentos en que se multiplican las
informaciones preocupantes sobre la salud de otro importante banco de
inversiones, Lehman Brothers, que puede sufrir una fuerte pérdida
trimestral y que buscaría, según la prensa, captar capitales nuevos.
Según el Financial Times la crisis
bancaria sigue viva, la situación no está ni mucho menos resuelta, y el
"próximo huracán" es Lehman Brothers.
De acuerdo con The Wall Street Journal, la sombría perspectiva de las
autoridades contrasta con la de los inversionistas, que parecen haber superado
sus temores sobre la salud del sistema financiero para obsesionarse con los
precios de la gasolina y el consumo.
La salud de la economía estadounidense, sin embargo -reconoce el Journal- ,
depende en gran parte de la disposición de los bancos y otras instituciones
financieras a conceder crédito a los consumidores y las empresas. Muchos bancos
ya han asumido rebajas contables sustanciales y ahora enfrentan la disyuntiva de
reducir sus préstamos o recaudar capital fresco para apuntalar sus finanzas.
Según un informe de la firma de investigación inmobiliaria Zelman &
Associates, en los próximos cinco años, los bancos estadounidenses podrían
asumir pérdidas por un total de entre 10% y 26% de sus préstamos ligados a
construcción comercial y residencial y tierras, lo cual podría representar
entre US$65.000 millones y US$165.000 millones.
La posibilidad de que se produzca una
nueva ola de pérdidas bancarias preocupa a los reguladores, especialmente
dada la gran proporción de deuda ligada a los bienes raíces comerciales que está
en manos de muchos bancos e instituciones de ahorro y préstamo, señala el
Journal.
El director de la Oficina de Supervisión de Cajas de Ahorro, John Reich, dijo al
Congreso que el número de las grandes instituciones en alto nivel de riesgo
saltó de 12 a finales de marzo a 17 en la actualidad.
De acuerdo con el financial Times, los reguladores financieros mantienen
reuniones de trabajo con funcionarios del Departamento del Tesoro para prevenir
las consecuencias potenciales de un gran número de colapsos bancarios.
Agregado a la debacle de Citigroup
y a los problemas de Goldam Sachs, a fines del año pasado, en
marzo, el banco de inversión Morgan Stanley también sacudió al
sistema financiero a escala global cuando reveló pérdidas de US$9.000
millones asociadas a los problemas del mercado inmobiliario estadounidense.
La
crisis bancaria imperial USA finalmente se proyectó a Europa cuando la
legendaria Unión Bancaria Suiza, UBS, anunció nuevas pérdidas por US$10.000
millones en el valor de sus activos financieros expuestos al sector.
En abril pasado, la Casa Blanca
presidida por George W. Bush propuso la mayor reforma financiera desde la
Gran Depresión, para dotar a los mercados financieros de una estructura que les
permita lidiar superar los cimbronazos de una crisis recesiva mundial anunciada
con epicentro en EEUU.
El jefe del Tesoro, Henry Paulson,
dijo que la reforma le daría mayor poder a la Reserva Federal (Fed) para
proteger la estabilidad del sistema financiero como una totalidad, con el
control centralizado en un solo organismo.
La propuesta convertiría a la Fed en
un "regulador de la estabilidad del mercado" y le permitiría controlar
las prácticas y las cuentas de toda entidad financiera que pueda significar un
peligro de desajuste para el sistema.
No obstante este anuncio, y las
sucesivas inyecciones de liquidez para rescatar al mercado financiero, la Casa
Blanca, el Tesoro y la Reserva Federal se mostraron hasta ahora impotentes para
detener lo que los propios analistas estadounidenses ya califican como el
comienzo de otra "Gran Depresión" exportada a escala global desde EEUU.
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