Por Bob Davis -
The Wall Street Journal
Durante los encuentros del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial hubo
acuerdo en que el problema es grave y que la política de Estados Unidos de
promover al etanol basado en el maíz y otros biocombustibles empeora la
situación. "Cuando millones de personas pasan hambre, desviar la producción de
alimentos hacia la producción de biocombustibles es un crimen contra la
humanidad", dijo en una entrevista el ministro de Finanzas de la India,
Palaniappan Chidambaram.
No obstante, más allá de apuntar el dedo acusatorio contra EE.UU., no hubo
acuerdo sobre qué hacer al respecto. India y otra decena de países emergentes
están restringiendo las exportaciones de granos, lo que reduce los precios
localmente pero los sube a nivel global. Níger ha aprovechado la crisis para
justificar la construcción de una gran represa, que seguramente alarmará a los
grupos medioambientalistas.
Por su parte, el Banco Mundial, el FMI y los grandes países industrializados
insisten que la Ronda de Doha debe ser completada, aunque la reducción de
subsidios en EE.UU. y Europa aumente los precios de los alimentos para los
países importadores.
En los últimos tres años, los precios globales de los alimentos han trepado 83%,
según cifras del Banco Mundial, lo que aumenta la presión sobre algunos de los
países más pobres del mundo. Mientras los ministros de Finanzas se reunían en
Washington, el primer ministro de Haití, Jacques Edouard Alexis, renunciaba el
sábado después de disturbios en la capital como consecuencia de los incrementos
en los precios de los alimentos. La dimisión no calmó los ánimos. Un poco más
tarde, un representante nigeriano de Naciones Unidas que llevaba comida a su
unidad fue secuestrado y asesinado a tiro de pistola en Puerto Príncipe, según
la Associate Press.
La violencia en Haití se produce después de disturbios en Egipto, Burkina Faso,
Tailandia y otros países, despertando una ola de proteccionismo comercial.
Normalmente, los países imponen barreras comerciales a las importaciones para
proteger a las industrias locales y tratan de incrementar sus exportaciones.
Ahora, el proteccionismo conlleva exactamente lo opuesto: al menos una veintena
de países han reducido los aranceles a las importaciones de alimentos y han
erigido barreras contra las exportaciones, con la esperanza de mantener bajo
control los precios de los alimentos en casa y avanzar hacia la
"autosuficiencia". Sin embargo, el efecto es contraproducente a nivel global:
los precios de los alimentos suben más.
Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, presionó a los ministros para que
se concentraran en el tema alimenticio en una dramática conferencia en la que
sostuvo en sus manos una bolsa de dos kilos de arroz, diciendo que le cuesta
ahora a una familia pobre en Bangladesh la mitad de sus ingresos diarios.
El domingo agregó que "tenemos que pasar de las palabras a la acción para poner
comida en bocas hambrientas". El Banco Mundial planea invertir US$10 millones
adicionales en programas de alimentación y otros donantes también contemplan
medidas similares.
Zoellick, sin embargo, no pudo lograr nada en concreto. Recientemente, exhortó a
los países ricos a que contribuyeran con otros US$500 millones al programa de
alimentos de Naciones Unidas. Pero dijo que los países se han comprometido con
apenas la mitad del dinero que necesitan.
Mientras las instituciones financieras internacionales se mueven lentamente, los
países han forjado sus propios acuerdos.
Brasil invitó recientemente al ministro de Comercio de Egipto para analizar un
posible acuerdo comercial que tendría un importante componente agrícola. China
firmó su primer acuerdo de libre comercio con un país rico, Nueva Zelanda, un
gran exportador de alimentos y se habla de un acuerdo con Australia, otro
importante productor.
Cerca de 18 de los 58 países analizados por el Banco Mundial están incrementando
los subsidios para los consumidores e implementando controles de precios.
Eso motivó una advertencia por parte del secretario del Tesoro estadounidense,
Henry Paulson, para que "resistan la tentación de los controles de precios y
subsidios al consumo, que generalmente no son métodos eficientes y eficaces para
proteger a los grupos vulnerables".
Añadió que tales iniciativas "tienden a crear cargas fiscales y distorsiones
económicas mientras que a la vez proveen ayuda a los consumidores con mayores
ingresos o a los intereses comerciales distintos a los beneficiarios
presupuestados".
Zoellick, en cambio, pidió a los países que consideraran subsidios mejor
focalizados, como proveer alimentos a cambio de trabajo o fortalecer los
programas de almuerzos escolares para las familias pobres, para que los niños
puedan llevar comida a su casa.