|
 |
|
Agricultor de Illinois, en pleno cinturón agrícola norteamericano. |
Con los precios de los granos por los cielos, los ingresos de los
agricultores en niveles récord y el déficit presupuestario del gobierno
estadounidense creciendo cada vez más, se creería que los subsidios y ayudas a
los agricultores de Estados Unidos son vulnerables a una purga.
Por Lauren Etter
y Greg Hitt - The Wall Street Journal
Sin embargo, el sector agrario de ese país ha logrado, hasta el momento,
contener la campaña más radical en años por reducir los miles de millones de
dólares que el gobierno le entrega cada año.
"En algún punto, tiene que preguntarse, '¿Tiene sentido esto para los
contribuyentes estadounidenses?'", se plantea el representante en la Cámara por
el Partido Demócrata Ron Kind. Este político presentó un proyecto que habría
recortado US$10.000 millones a lo largo de cinco años en subsidios y vio cómo
fue aplastado en las plenarias de la Cámara.
Esta semana el precio del trigo para entrega en mayo alcanzó US$10,33 el bushel.
Los ingresos de las granjas estadounidenses, impulsados por la demanda de granos
de las nuevas clases medias en todo el mundo y por la industria de los
biocombustibles, podrían alcanzar los US$92.300 millones este año. Aun así, se
cree que los agricultores recibirán US$13.000 millones en subsidios federales
este año, según el Departamento de Agricultura de EE.UU., incluyendo pagos por
commodities, conservación de tierras y asistencia de emergencia.
Hace poco más de un año, las estrellas parecían haberse alineado para lograr
cambios significativos a la compleja ley agraria estadounidense, que concede
miles de millones a agricultores y dueños de tierras para ayudar a estabilizar
los precios de los granos, hacer los productos más competitivos fuera del país y
proveer un amplio suministro de alimentos.
El presidente George W. Bush, diversos demócratas y una amplia coalición de
grupos de interés tenían estos cambios en su agenda, pero ahora que el Congreso
está por terminar la nueva ley, su costo será más alto que los US$250.000
millones de la de 2002.
¿Qué pasó? Los influyentes grupos de interés que consideraron respaldar los
cambios firmaron acuerdos para hacerse con su propia porción del pastel. Los
legisladores que apoyaron los cambios se arrepintieron a medida que el debate
entraba en un año electoral. Las alianzas históricas entre legisladores rurales
y urbanos resultaron difíciles de separar. El negocio agrícola de EE.UU. vertió
más de US$80 millones en lobby el año pasado, según la organización sin ánimo de
lucro Center for Responsive Politics. Buena parte se concentró en la ley
agrícola.
Esta ley, que usualmente se renueva cada cinco años, tiene sus orígenes en la
Gran Depresión, cuando un cuarto de la población estadounidense vivía en granjas
y sufría extraordinarias dificultades económicas. La ley fue diseñada como una
medida temporal para incrementar sus ingresos.
Desde entonces, se ha convertido en un paquete de programas difíciles de
cancelar, suministrando pagos y préstamos especiales a agricultores para
contrarrestar las oscilaciones en los precios de los commodities y asegurar la
estabilidad del mercado, así como los ingresos. La legislación también se ha
convertido en un vehículo para financiar los cupones de alimentos que se
entregan a personas de escasos recursos, la conservación de tierras y los
comedores escolares, entre otros programas, atrayendo a partidarios que en
realidad poco o nada tienen que ver con las granjas.
Eso ha ayudado a crear una poderosa alianza que hace que sea muy difícil cambiar
la ley agrícola. La ley agrícola de 2002 fue la más cara de la historia con un
pago total casi equivalente a lo que el gobierno federal dedica anualmente al
Departamento de Educación. Y eso, pese a que actualmente los agricultores
representan menos del 1% de la población estadounidense. La agricultura del país
está dominada por grandes granjas con ventas anuales de US$1 millón o más. Se
cree que los ingresos promedio de un hogar agrícola alcanzarán los US$90.000
este año, 17% más que el promedio de un hogar tradicional estadounidense, según
el Departamento de Agricultura de EE.UU. La ley actual otorga subsidios a los
agricultores con ingresos brutos ajustados de hasta US$2,5 millones.
"Si está dándole una malla de seguridad a los estadounidenses más acaudalados,
no es una malla de seguridad", dice Chuck Connor, subsecretario de agricultura y
principal negociador de la ley agrícola del gobierno de Bush. "Creemos que es
fundamentalmente erróneo".
Los agricultores alegan que es importante apoyar esta parte vital de la economía
estadounidense. "Lo que es importante para la economía en general, y nuestra
parte en ella, es mantener una producción agrícola fuerte", asegura Bob Stallman,
presidente de la American Farm Bureau Federation.
******