El huracán que empezó con las hipotecas subprime ha avanzado por los mercados
crediticios provocando desastres en los bonos municipales, en los fondos hedge
de derivados financieros, en las inversiones estructuradas complejas y en la
agencia pública de la deuda (Fannie Mae). Ahora mismo, las primeras ráfagas de
fuerza 5 están llegando a la economía real, en donde se esperan daños
generalizados. El Departamento de Trabajo [de los EEUU] informaba el pasado
viernes de que los empresarios estadounidenses habían recortado 63.000 empleos
en febrero, la mayor bajada mensual en cinco años. Los recortes de nóminas
venían a añadirse a los 22.000 puestos de trabajo perdidos en enero. Se
recortaron 52.000 puestos de trabajo en el sector manufacturero y otros 331.000
se han perdido en el sector de la construcción desde el mes de septiembre de
2006.
El Departamento de Trabajo informó también el miércoles de que la productividad
laboral se desaceleró significativamente en el último trimestre de 2007. Cuando
se ralentiza la productividad, crecen los costos laborales, lo que contribuye a
las presiones inflacionarias. Lo que supone un obstáculo añadido para que las
bajadas de los tipos de interés por parte de la Fed estimulen la economía sin
provocar la temida "estancflación" (bajo crecimiento con precios al alza).
Las noticias procedentes del sector de la construcción son igualmente
desoladoras. El Wall Street Journal informa: "Por Segundo mes consecutivo, el
departamento de Comercio dio a conocer una bajada del gasto en construcción
no-residencial.. Señales preocupantes se multiplicaron a fines de año. A medida
que crecían las dificultades en los mercados crediticios, el espacio dedicado a
oficinas vendido en el cuarto trimestre bajó un 42% en relación con el pasado
año, y las ventas de establecimientos comerciales bajaron un 31%, según Real
Capital Analytics, un grupo de investigación de la propiedad inmobiliaria... Si
sigue desacelerándose el gasto, los trabajadores de la construcción, que están
siendo arrollados por el ralentizamiento inmobiliario, se enfrentarán a más
despidos". ("Building Slowdown Goes Commercial", Wall Street Journal.)
La propiedad inmobiliaria comercial es está ya a los alcances. Hay una tremenda
sobreoferta de espacios de venta al detalle en todo el país, y la sangría no ha
hecho sino comenzar. Los constructores han seguido levantado grandes complejos
comerciales y edificios de oficinas, a pesar de que la construcción de vivienda
se ha desplomado. Ahora, los atribulados bancos tienen que embargar miles de
edificios vacíos en centros comerciales diezmados, sin la menor posibilidad de
poder alquilarlos en un futuro razonable. Es un desastre. Entre diciembre de
2007 y febrero de 2008, el gasto en construcción comercial conoció su nivel más
bajo en 14 años. El súbito desplome viene a engrosar más y más las filas de
desempleados.
¿Qué quiere decir todo esto? Crece el desempleo, baja la productividad, aumenta
la inflación, se desploma el dólar, la propiedad inmobiliaria comercial está por
los suelos y el país se desliza inexorablemente hacia la recesión.
En lo tocante al mercado de la vivienda:
"La vivienda conoce su 'desplome más profundo y rápido desde la Gran Depresión',
dijo el pasado jueves el economista en jefe de la NAHB [Asociación nacional de
constructores de vivienda, por sus siglas en inglés], y el actual momento de
bajada de los precios de la vivienda parece estar acelerándose.
"La vivienda está en situación de fuerte contracción, y será otro lastre
importante y grave para la economía en el primer trimestre", dijo David Seiders,
el economista en jefe de la NAHB ("Rapid Deterioration", MarketWatch).
La venta de vivienda ha caído un 65% desde su pico de 2005. El acúmulo de
invencidos es espectacular. El número de viviendas vacías se acerca ahora a los
2 millones; 800.000 más que en 2005. La demanda es débil, y los precios se
desploman. Entretanto, la Rsereva Federal y la administración Bush se aprestan a
ingeniar un plan que evite a los propietarios de vivienda tener que hacer las
maletas para librarse de sus hipotecas. ¿Mas qué pueden hacer? Reducir, como
recomienda Bernanke, el valor de los activos que respaldan las hipotecas y
enfrentarse a años de pleitos con los tenedores de bonos que compraron activos
financieros hipotecariamente respaldados en otros términos? ¿O permitirán que el
mercado haga su trabajo de limpieza y eche a la calle, sólo en 2008, a 2
millones de propietarios de viviendas? El desinflamiento de la burbuja
inmobiliaria ha sido finalmente percibido por la economía real. El valor de los
activos de la vivienda se está evaporando, lo que presiona a la baja el gasto de
los consumidores y provoca la disminución del PIB. También el dólar está en una
bajada histórica, y crisis crediticia inmanejable ha desjarretado los mercados
financieros. Los expertos predicen ahora que el gasto no se recuperará hasta que
los precios de la vivienda dejen de bajar, lo que podría no ocurrir hasta fines
de 2009. Cuando Japón experimentó una catástrofe similar
crediticio-inmobiliaria, tardó una década en recuperarse. No hay razón ara creer
que la presente crisis tendrá un desenlace más rápido.
El pasado viernes, el gigante bancario [suizo] USB estimó que los daños
crediticios terminarán por costar a las instituciones financieras 600 mil
millones de dólares, tres veces más que su estimación inicial de 200 mil
millones de dólares. Pero el pronóstico de USB no toma en cuenta los 6 billones
de dólares de valores inmobiliarios perdidos, si el pecio de la vivienda cae un
30% en los próximos dos años (lo que es harto probable). Ni toma en cuenta
tampoco las potenciales pérdidas en el mercado de las finanzas estructuradas, en
donde han quedado en situación de congelación profunda 7,8 billones de préstamos
(ahora en situación de pooled securities [activos financieros puestos en un
fondo común]). No hay forma de saber la cantidad de capital que será drenado del
sistema antes de que termine todo este proceso, pero si se perdieron 17 billones
de dólares con el estallido de la burbuja del punto com, está fuera de duda que
esa cifra se verá ahora superada por mucho.
La burbuja inmobiliaria era de todo punto evitable. Lo que la hizo inevitable
fueron las políticas de la Reserva Federal. Fijando tipos de interés por debajo
de la inflación durante casi 3 años, Greenspan provocó la especulación
inmobiliaria y creó una ilusión de prosperidad. En realidad, no fue otra cosa
inflación de activos alimentada por la expansión de la deuda. Las acciones de la
Fed iban de la mano de una revocación de la legislación regulatoria que prohibía
a los bancos zascandilear con el comercio de activos financieros. Una vez
cambiadas las leyes, los bancos quedaron en libertad para trapichear y ofrecer
sus activos financieros hipotecariamente respaldados a inversores de todo el
mundo. (Los bonos hipotecariamente respaldados de tipo A –los mejor valorados
por las agencias de estimación del riesgo— ¡se comercian en estos momentos a un
13% de su valor nominal!) Ahora, esos bonos demediados pululan por doquier,
tornando disfuncionales amplias zonas del sistema financiero.
Como los inversores siguen huyendo de cualquier cosa remotamente vinculada a las
hipotecas, el precio del riesgo –medido por la difusión de los bonos comerciales
corporativos— se ha disparado. De hecho, los inversores están rechazando incluso
las hiperextendidas GSE [empresas hipotecarias patrocinadas por el gobierno, por
sus siglas en inglés], como Fannie Mae y Freddie Mac. A medida que sigan
aumentando los abandonos hogares hipotecados, la aversión al riesgo se
intensificará, desencadenando un huracán de apuestas apalancadas en los fondos
hedge de derivados financieros y extendiendo la parálisis de los mercados
financieros.
No hay la menor duda de que la tormenta actualmente en curso en el mundo
financiero acabará poniendo de rodillas a Wall Street. Acaso sea éste un buen
momento para recordar que el 24 de marzo de 2000 el índice NASDAQ alcanzaba un
pico de 5.048 puntos. El 9 de octubre de 1002, se desplomaba a 1.114; una
pérdida rayana en el 80%. ¿Podría volver a ocurrir?
Se admiten apuestas. Lo esperable es un índice Dow en torno a los 7.000 a fines
de este año.
El Wall Street publicó el pasado jueves un artículo dando cuenta del modo en que
la reunión de Basilea (Suiza) había cambiado los criterios, dando a los bancos
mayor autonomía para decidir asuntos hasta entonces gobernados con estrictas
regulaciones:
"Algunos de los banqueros más importantes dedicaron cerca de una década a
diseñar nuevas reglas para ayudar a las instituciones financieras globales a
mantenerse fuera de perturbaciones... Su primera exigencia: los bancos deberían
tener mayor libertyad para decidir por sí mismos el nivel los niveles aceptables
de riesgo, puesto que están en mejores condiciones para ello que los
reguladores." ("Mortgage Fallout Exposes Holes in New Bank-risk Rules", Wall
Street Journal.)
Es un típico caso de zorros que deciden quién debe vigilar el gallinero.
El Comité de Baslea para la Supervisión Bancaria es un grupo dirigido por
banqueros, incluidos los gobernadores de los Bancos Centrales del G-10, Bélgica,
Canadá, Francia, Italia, Japón, Holanda, Suecia, Suiza, Gran Bretaña y EEUU. Se
supone que este Comité de Basilea fija las reglas oportunas para garantrizar que
los bancos tengan una capitalización suficiente, de modo que los depositantes
estén protegidos. Pura ficción. Parece más centrado en mantener el dominio
estadounidense y europeo sobre el mundo en vías de desarrollo y en asegurar que
las palancas del poder financiero sigan en las manicuradas patas de los
mandarines bancarios occidentales.
Ahora que el sistema financiero se halla en una enfermedad terminal mucha gente
se cuestiona la sabiduría de dejar tanto poder en manos de organizaciones que no
actúan movidas por el interés público. Thomas Jefferson anticipó este escenario
y lanzó un aviso sobre los peligros de abdicación de la soberanía en favor de
unos banqueros movidos por el beneficio y no elegidos por nadie. Dijo:
"Si el pueblo americano llega alguna vez a permitir que los bancos controlen la
emisión de nuestra moneda, primero a través de la inflación, y luego, por la
deflación, los bancos y las empresas que prosperarán a consecuencia de ellos
privarán al pueblo de toda propiedad, hasta que sus hijos se despertarán un día
sin hogar en el continente que conquistaron sus padres."
A pesar de que la nación está ahora camino de un aterrizaje forzoso, los bancos
sólo están interesados en hallar la manera de salvarse ellos. La semana pasada,
el New York Times reveló una "propuesta confidencial" del Bank of America a los
miembros del Congreso para que pidieran al gobierno de EEUU que garantizara 739
mil millones de dólares en hipotecas que están "en riesgo moderado o alto" de
morosidad, a fin de salvar a los bancos de potenciales pérdidas. El jueves, el
congresista republicano Barney Frank –actuando en interés de sus mandantes
banqueros— hizo un llamamiento precisamente en este sentido en la Camara de
representantes, diciendo que el Congreso debería considerar la posibilidad de
comprar algunas de esas hipotecas fallidas para ayudar a los esforzados
propietarios de viviendas. Mas ¿por qué debería pagar el contribuyente por los
errores de bancos privados, sobre todo cuando esos bancos han estado defraudando
al público miles de millones de dólares mediante la venta de activos financieros
subprime carentes de valor?
La Fed ya ha rebajado los tipos de sus fondos en 2,25 puntos base, hasta el 3%
(más de un punto por debajo de la actual tasa de inflación), para ayudar a los
bancos a recuperar parte de las pérdidas derivadas de sus malas apuestas.
Bernanke ha abierto también una Oficina de Subasta Temporal (TAF, por sus siglas
en inglés), que permite a los bancos usar activos financieros respaldados
hipotecariamente (MBS, por sus siglas en inglés) y otras inversiones
estructuradas como colateral al 85% de su valor nominal (a pesar de que los
bonos no valen sino unos centavos por dólar en el mercado abierto). Hasta ahora,
la TAF ha prstado en secreto 75 mil millones de dólares a bancos que se habían
quedado sin capital, los cual, piensa Bernanke, es un desarrollo positivo. Pero
¿porqué le parece positivo al jefe de la Fed que los mayores bancos de inversión
del país necesiten tomar a préstamo miles de millones de dólares a tasas de
interés pactadas sólo para mantener la solvencia? La verdad es que muchos de los
bancos no hacen con ello sino falsear sus desmayados balances para poder
rastrear el planeta en busca de inversores que compren sus franquicias.
El jueves Bernanke se dirigió a la Comunidad Independiente de Banqueros de
América exhortándoles a tomar las medidas necesarias para impedir que los
propietarios de viviendas desvalorizadas salieran de sus hipotecas. Junto a la
propuesta de "congelación de tipos de interés" en las hipotecas de tipo variable
(ARM, por sus siglas en inglés), el jefe de la Fed sugirió que los prestamistas
rebajaran el principal de las hipotecas, a fin de lograr que los propietarios de
viviendas mantuvieran los pagos nominales sobre sus préstamos. Pero es claro que
abandonar es la mejor elección para muchos propietarios que, de otra manera,
quedarían encadenados de por vida a un activo en constante desvalorización. Los
propietarios de viviendas tendrían que basar su decisión en lo que mejor
satisface su interés financiero a largo plazo, igual que hacen los banqueros. Si
eso significa abandonar el hogar hipotecado, eso es lo que deberían hacer. El
propietario de vivienda no es en absoluto responsable de los problemas
dimanantes del timo de los activos financieros subprime. Éste fue obra exclusiva
de los banqueros.
La FIDC (Corporación federal aseguradora de los depósitos, por sus siglas en
inglés) ha comenzad a incrementar su personal en muchas de sus oficinas
regionales, a fin de enfrentarse con la prevista ola de quiebras bancarias en
los estados más duramente afectados por el estallido de la burbuja inmobiliaria.
California, Florida y partes del suroeste necesarián, de fijo, la mayor
atención. En esos estados está en curso una depresión inmobiliaria, y muchos de
los pequeños bancos que ofrecían hipotecas y préstamos comerciales inmobiliarios
se enfrentan inexorablemente a problemas. Les falta, sencillamente, capital
capaz de amortiguar el golpe del venidero tsunami de quiebras y abandonos de
hipoteca. Los depositantes de esos bancos deberían cerciorarse de que las normas
de la FDIC cubren todos sus ahorros, porque no se aseguran más de 100.000
dólares por cuenta.
Los mercados monetarios no están asegurados
Las naciones del G-7 aseguraron también la pasada semana que si persisten los
movimientos "irracionales", tomarán "medidas colectivas adecuadas para calmar
los mercados financieros". El grupo añadió que las medidas tomadas lo serían en
secreto, para mayor efectividad de las mismas. La situación tiene que ser
verdaderamente desesperada para que los ministros de finanzas del G-7 lancen la
advertencia pública de que se preparan para intervenir en el mercado para evitar
una catástrofe. Es estupefaciente. No especificaron si estaban hablando de
sostener el tambaleante billete verde o de la adquisición de futuros en los
mercados de activos, a modo de un Equipo Global de Prevención del Desplome. Sin
embargo, sus comentarios abundan en la creciente percepción de que las cosas
están fuera de control y en rápido proceso de deterioro.
Con el petróleo, el oro y los precios de los productos alimentarios disparados,
la Fed se ha visto frontalmente criticada por su recortes de tipos y
contribución a una ulterior erosión del dólar. (Esta mañana, el dólar ha caído a
1,53$ por 1 euro.) Pero lleva razón Bernanke; el verdadero peligro es la
deflación. Estamos en puertas de una recesión originada en el desplome del
consumo, caracterizada por baja demanda, magros ahorros personales, valores de
activos a la baja (particularmente en vivienda) y sobreendeudamiento. Los
incrementos de suministro monetario por parte de la Fed a través de unos bajos
tipos de interés no tendrán efecto sobre el espectacular declive que se hará
evidente a lo largo de este año. Billones de dólares de derivados financieros,
activos subprime apalancados y otras malas apuestas vien juntos en avalancha,
drenando de la economía un océano de capital virtual. Si el el ritmo de
destrucción del crédito sigue como ahora, el país colapsará en una crisis de
tipo recesivo en 2009. Grez Ip, del Wall Street Journal, lo presenta así en su
artículo "For the Fed, a Recession—Not Inflation—Poses Greater Threat" [Para la
Fed, la mayor amenaza viene de la recesión, no de la inflación]:
"Bien; ¿por qué la Fed está más preocupada por el crecimiento que por la
inflación? Primero, porque piensa que el alza en los precios de las mercancías
explica los incrementos, no solo de la inflación general, sino también de la
inflación subyacente: el aumento de los precios de la energía se ha 'comunicado'
a otros bienes y servicios. La inflación subyacente subre y baja con la
inflación energética entre principios de 2006 y mediados de 2007, y la Fed
piensa que lo mismo está probablemente ocurriendo ahora. Si los precios de la
energía y de los alimentos dejan de crecer –no es necesario que caigan—,
retrocederá la inflación, la general y la subyacente."
Ip prosigue: "Los funcionarios de la Fed no creen que el último subidón
(alimentario y energético) quede justificado por los elementos fundamentales en
la oferta y la demanda... Una explicación más probable es que los inversores,
alarmados tal vez por la posición blandengue de la Fed, están metiendo dinero en
fondos de mercancías y en divisas extranjeras como parapeto ante la inflación...
Pero las ganancias con los precios especulativos no podrán mantenerse si los
elementos fundamentales de la economía no los sostienen. Si la Fed y los
mercados de futuros están en lo cierto, los precios bajarán, no subirán, de aquí
a un año."
Bernanje lleva razón en este punto. Los incrementos temporales de precios no son
el resultado de la escasez, del aumento de los costos productivos o de los
elementos fundamentales de la economía, sino de la especulación. De hecho, la
demanda de productos petrolíferos ha disminuido un 3,4% en las cuatro últimas
semanas en comparación con el mismo período de tiempo el año pasado, lo que
significa que los precios probablemente bajarán paulatinamente cuando el frenesí
de mercancías entre en fase de decompresión. Los inversores, simplemente, andan
buscando sitios donde poner su dinero que no sean ni los dudosos bonos
corporativos ni los activos con sobrepreciados. Las mercancías son la
alternativa lógica. Pero, así que el gasto de consumo se atasque, caerán
consiguientemente todos los tipos de activos, incluidos el oro y el petróleo.
(Y, sí, el dólar debería recuperar parte del nivel perdido, aunque sea
temporalmente.)
Muchos analistas creen que la carrera del petróleo será corta. La caída de la
demanda de productos petrolíferos, que bajó un 3,4% en las últimas cuatro
semanas en relación con el mismo período el año pasado, sugiere que los precios
podrían bajar paulatinamente una vez se calme el frenesí inversor impulsado por
el dólar. Eso dicen los analistas.
¿Descenso cíclico o recesión postburbuja?
Un artículo publicado en el New York Times por el presidente de Morgan Stanley's
en Asia, Stephen Roach, sostiene que el país no está en un punto cíclico bajo,
sino ne una recesión postburbuja. Hay una enorme diferencia. No es probable que
los recortes de tipos de interés de la Fed y el "Plan de estímulo" de Bush
detengan la caída continua de los precios inmobiliarios, ni pondrán
milagrosamente fin a los problemas de los mercados crediticios. La masiva
expansión del crédito en los últimos 6 años ha generado un globo de 45 billones
de dólares que podría estallar, o al menos, deshinchase parcialmente. Nadie lo
sabe con certeza. Y nadie sabe realmente la dimensiñon de los daños que causará
en el sistema financiero global. Estén atentos. Roacho obserba que la recesión
de 2000 a 2001 fue un colapso del gasto empresarial que sólo representó un 13%
del PIB. Se puede comparra eso con la actual recesión que "ha sido desencadenada
por el estallido simultáneo de las burbujas inmobiliaria y crediticia... Esos
dos sectores, tomados de consuno, montan el 78% del PIB, seis veces más que la
parte representada por el sector que llevó la economía a la recesión hace siete
años".
No sólo la recesión en curso será seis veces más grave; será también la voz de
alarma para la sociedad norteamericana basada en el consumo. Las actitudes
respecto del consumo han cambiado ya espectacularmente desde que han subido los
precios de los alimentos y de los combustibles. Esa tendencia no hará sino
crecer, a medida que vengan tiempos más duros.
Y añade Roach: "La recuperación cíclica de economías dependientes de los activos
y tendentes a las burbujas, aun si asistidas por intervenciones monetarias y
fiscales agresivas, no es cosa que pueda darse por descontada... Es posible que
quienes toman las decisiones políticas en Washington no sean capaces de detener
este declive posburbuja. No es probable que los recortes de los tipos de interés
consigan detener el desplome de los precios de la vivienda en toda la nación...
Los recortes agresivos de los tipos no han logrado mucho en punto a contener el
letal contagio que se difundido por los mercados de crédito y de capitales.
Una estrategia más efectiva sería tratar de apartar del consumo a la economía
para derivarla hacia las exportaciones y hacia las inversiones en
infraestructuras que se ne cesetana desde hace mucho tiempo."
La Reserva Federal y quienes toman las decisiones en Washington están todavía
anclados en el pasado, tratando de reanimar el gasto del consumo por la vía de
crear otra burbuja de activos con bajas tasas de interés y su "estímulo" de 600
dólares por persona. Mal camino. Lo que hay que hacer es invertir en
infraestructuras y en tecnologías medioambientalmente amigables, reconstruir la
economía desde sus raíces, reestablecer la salud fiscal y minimizar el gasto
deficitario, volver a poner a trabajar a los EEUU fabricando cosas que el
público use y que mejoren la sociedad y (como dice Roach) "ayudar a las víctimas
inocentes del estallido de la burbuja, particularmente a las familias de
ingresos bajos y medios".Y, lo más importante de todo, abolir la Reserva Federal
y devolver el control de nuestro dinero a nuestros representantes electos en el
Congreso. Ese es el único camino para volver a poner el futuro económico de EEUU
en manos del pueblo.
Ese es un plan que todos podemos apoyar. Llegó la hora de partir madera nueva y
empezar otra vez.
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(*) Mike Whitney es un analista político
independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la
revista norteamericana CounterPunch.
Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro