Periódica y cíclicamente el eje sionista Israel-EEUU saca de la manga algún
proyecto de "acuerdo de paz", de "cese el fuego", o de "gobierno de
unidad" orientados a terminar con la resistencia armada en la invadida y ocupada
Palestina. Y aunque, generalmente, esos proyectos abortan antes de nacer, el
Estado judío siempre vuelve a reeditarlos, como hizo esta vez en Gaza donde, con
la mediación de Egipto, recicló un acuerdo de "tregua" con Hamás que desde su
anuncio ya desató el rechazo de los sectores ultrahalcones de Tel Aviv.
Israel
confirmó oficialmente el miércoles que ha aceptado una tregua mediada por
Egipto con el movimiento islamista de Hamás en la Franja de Gaza
pero mostró su escepticismo respecto a que se mantenga el alto el fuego
con todos los grupos palestinos.
Amos Gilad, un alto cargo de la Defensa israelí, dijo tras volver de unas
negociaciones en El Cairo que se había llegado a un "entendimiento".
Egipto y Hamás, por su parte, dijeron el martes que el alto el fuego entraría en vigor a las 6.00 hora local
(03:00 GMT) del jueves.
Gilad declaró a emisoras israelíes que están preparados para dar una oportunidad
al alto el fuego, al tiempo que continúan los preparativos para una posible
acción militar por si fracasara.
No obstante, y ante la declaración
de Egipto afirmando que en la mañana del jueves se hará efectivo un alto el
fuego entre Israel y Hamás (fruto de la mediación egipcia entre ambas
partes), el ministro de Defensa israelí, el ultrahalcón, Ehud Barak, dijo
a la prensa israelí que "es pronto para anunciar que se ha llegado a un acuerdo
sobre un alto el fuego".
"Estamos examinando la posibilidad
de lograr una tregua en los próximos días, pero sigue siendo muy pronto para
comunicar que se ha llegado a un acuerdo", dijo Barak en una convención en
Beit Yehoshua, según el diario Jerusalem Post.
Además advirtió de que "cuando la
tregua se haga efectiva, si se hace, es difícil estimar cuánto tiempo durará".
En este sentido, añadió: "la prueba va a ser aplicar la tregua y aprovechar la
oportunidad".
Barak, vale consignarlo, en los
últimos días venía anunciando como probable una invasión militar a gran
escala en Gaza para terminar con los "búnkeres terroristas" desde donde se
disparan a diario los cohetes palestinos contra las ciudades fronterizas judías.
Por su parte, otro halcón, el viceprimer ministro, Haim Ramon, reaccionó con un
rechazo el anuncio de un alto el fuego inminente en Gaza, calificándolo como una
"victoria del Islam radical".
Estoy contra la tregua porque
supone otro triunfo del Islam radical. Éste ganó en Líbano y ahora está a punto
de ganar en Gaza. Así, ¿qué sentido tiene ser moderado?, opinó Ramon en una
conferencia en la universidad de Haifa.
Ramon fue uno de los miembros del Gobierno israelí que se abstuvo en la
votación del Gabinete del pasado viernes para renunciar a una acción militar a
gran escala en Gaza y, en su lugar, dar más tiempo a la mediación de Egipto.
Otros que se abstuvieron fueron el
ministro de Trasportes, Shaul Mofazm, y el de Justicia, Daniel Friedmann. Ningún
miembro del Gabinete votó en contra.
Ramon dijo que el acuerdo de alto el fuego en Gaza debe ser sometido a un
referéndum.
"El Gobierno debe alcanzar un
marco para un acuerdo y después llevarlo a votación", consideró. "Cualquier
acuerdo significativo con los palestinos requiere un referéndum", remachó.
El diputado Zevulun Orlev, de la coalición de extrema derecha Unión
Nacional-Partido Religioso Nacional, se refirió al acuerdo como "un globo que
va a reventar" y añadió que "un acuerdo de alto el fuego sin Gilad Shalit
(el soldado israelí que permanece secuestrado por Hamás) es un crimen moral que
implica el mensaje de abandonar al soldado secuestrado a su suerte".
El diputado Arye Eldad, de la misma formación política que el anterior, afirmó
que "por un primer ministro corrupto y un ministro de Defensa inseguro Israel
está capitulando ante Hamás y aceptando un alto el fuego que va a permitir que
Hamás vuelva a golpear".
"Los habitantes de Israel tomarán
nota hoy de a quién habrá que culpar cuando el centro del país se convierta en
una zona de guerra por Olmert y Barak", añadió.
Sin embargo, el presidente del partido Meretz, Hiam Oron, expresó su deseo de
que las informaciones sobre el comienzo de la tregua sean ciertas.
"En las circunstancias actuales,
ésa es la mejor solución para llevar la calma a las comunidades limítrofes con
Gaza", consideró.
En las usinas halconas de Tel Aviv
(en opiniones reflejadas el martes por la prensa de Tel Aviv) se considera el
anuncio de "tregua" como una maniobra del gobierno de Olmert para distraer de la
crisis política por la que atraviesa.
Olmert
manifiesta una caída
estrepitosa de su imagen pública a raíz de los procesos por corrupción a los
que está sometido, y viene sufriendo una embestida, desde las propias entrañas
de su partido, para que renuncie y llame a elecciones inmediatas.
En este escenario, según el diario
Haaretz, la derecha israelí, además de no creer que los sectores combativos
de la resistencia palestina acaten un cese al fuego, toma el anuncio de "tregua"
como una maniobra propagandística de Olmert orientada a neutralizar
la embestida en su contra.
Los sectores conservadores,
señala Haaretz, están seguros de que el alto el fuego no acabará con los
lanzamientos de cohetes y bombas que siembran temor y caos en las ciudades
fronterizas, desgastando a la administración de Olmert.
Meir Sheetrit, ministro israelí de
Interior y miembro de su gabinete de seguridad, dijo a la radio del Ejército que
es "muy escéptico" acerca de que Hamás pueda aplicar un alto el fuego
total entre los grupos armados.
EEUU había presionado para que se lograra la "tregua", para eliminar lo que
considera un obstáculo a las lentas "negociaciones de paz" entre el primer
ministro israelí, Ehud Olmert, y el presidente palestino, Mahmud Abbas.
La reacción en contra de los
halcones de Tel Aviv (que ven el acuerdo como una victoria de Hamás), además del
casi seguro rechazo de algunas facciones de la resistencia palestina, hacen que
la "tregua" anunciada haya comenzado a morir antes de nacer.
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