Mientras se prepara para ser el país anfitrión de una cumbre de
productores y consumidores de petróleo el próximo domingo, Arabia Saudita se
encuentra sin su tradicional influencia sobre los mercados de crudo y muy
preocupado por el impacto a largo plazo del auge en los precios. Su capacidad
para hacer algo al respecto, sin embargo, es limitada.
Por Neil King Jr. - The Wall Street Journal
El mayor proveedor de petróleo del mundo tiene dos armas en su
arsenal que podría usar para tratar de atenuar el auge en los precios del
petróleo y calmar el descontento por los precios del combustible en las
capitales del mundo. Arabia Saudita puede abrir aún más la llave para inyectar
más crudo al mercado y puede hacer un gran descuento para que las refinerías lo
procesen.
Personas al interior de la industria creen que Arabia Saudita
podría emplear esa doble estrategia para quitarle impulso a un mercado cuyos
precios han subido más de 40% desde el inicio del año. También dicen que los
funcionarios sauditas propondrán un aumento de la producción en al menos varios
cientos de miles de barriles al día durante la reunión, la cual fue convocada
por el reino para enfrentar el problema de las alzas.
Ban Ki-moon, el secretario general de Naciones Unidas, dijo el
domingo que el reino incrementará la producción en 200.000 barriles al día en
julio. No quedó claro si el alza será permanente o temporal, como lo fue un
aumento de 300.000 barriles al día en junio. Arabia Saudita ahora bombea cerca
de 9,45 millones de barriles diarios.
La pregunta es si un aumento temporal del crudo saudita y un
descuento en su precio será suficiente para revertir el alza del mercado. Y de
lograrlo, ¿se mantendrá por mucho tiempo el precio bajo?
Algunos analistas señalan que tal estrategia, si es usada, no
tendría un efecto duradero e incluso podría impulsar aún más los precios en caso
de que Arabia Saudita no encuentre clientes para el petróleo adicional en
momentos en que la demanda comienza a disminuir. La mayor parte del crudo de
reserva saudita es del tipo pesado y de alto contenido sulfúrico, el cual es más
difícil de refinar en productos como gasolina y, por lo tanto, tiene menos
demanda.
Un esfuerzo por reducir artificialmente los precios, advierten,
podría magnificar las preocupaciones que hicieron que los precios subieran,
especialmente los temores sobre la confiabilidad del suministro a largo plazo.
También añadiría presión sobre la limitada capacidad de producción extra de
Arabia Saudita, el cual ha sido otro factor que ha contribuido al aumento de
precios.
Un punto en el que casi todos concuerdan es que el mercado no
se está preparando para un súbito aumento del suministro. Funcionarios sauditas
han insistido durante meses que más petróleo no es la respuesta. En cambio, han
atribuido el alza de los precios a la caída del dólar, la política monetaria de
Estados Unidos y la creciente participación de los grandes fondos de inversión
en los mercados de materias primas. El ministro de petróleo saudita, Ali Naimi,
dijo el viernes que la oferta y la demanda no justificaban el alza en los
precios.
Uno de los asesores de Naimi, Ibrahim al-Muhanna, ofreció más
detalles en una breve entrevista el domingo, aludiendo a que Arabia Saudita
continúa cumpliendo con todas las demandas de sus clientes y que no hay señales
de que exista una demanda por un incremento en el suministro durante la ronda
más reciente de ventas mensuales, la cual tuvo lugar la semana pasada. "Lo que
queremos es un mercado estable", aseveró. "Queremos algo que ayude a crear
estabilidad y precios moderados".
Arabia Saudita, que provee alrededor del 11% de las necesidades
diarias de petróleo del mundo, las cuales ascienden a unos 86 millones de
barriles, está bajo una presión cada vez más intensa de los países en desarrollo
y el congreso estadounidense para que hagan algo, aunque sea simbólico, para
tratar de frenar la escalada en los precios. El rey Abdullah le dijo a sus
ministros la semana pasada que buscaran cualquier remedio, según fuentes al
tanto.
El temor al interior de Arabia Saudita es que los altos precios
desestabilicen la economía mundial y estimulen el consumo eficiente y nuevas
tecnologías que podrían reducir la demanda petrolera en el futuro.
Otros miembros de la Organización de Países Exportadores de
Petróleo comparten tal preocupación, pero sólo Arabia Saudita ha jugado el papel
histórico de amortiguador contra los excesos de precios. El reino sigue siendo
el único con excedentes importantes, aunque estos se ha reducido en los últimos
años a poco menos de dos millones de barriles al día.
"Los sauditas están dándose cuenta de que bajar los precios es
conveniente para sus intereses estratégicos a largo plazo", opina David Kirsch,
analista petrolero de PFC Energy. "Lo que van a hacer es bajar agresivamente el
precio del petróleo que ofrecen. Ese va a ser su reto".
Sin embargo, Arabia Saudita ha dejado en claro que
probablemente nunca incrementará su capacidad de producción más allá de los 12,5
millones de barriles al día, su meta para finales de 2009, frente a su nivel
actual de 11,4 millones de barriles diarios. Después de esto, toda la
perforación y exploración se dedicaría a mantener ese nivel a medida que sus
otros campos envejecen.
Esto se ha sumado a los temores sobre si otros proveedores
pueden mantenerse al ritmo de la demanda en la próxima década.