Emisarios israelíes y sirios
reanudan las negociaciones con la mediación de Turquía. Los Altos del Golán,
ocupados por Israel, son una de las claves de la paz.
Por Sal Emergui - El
Mundo, España
Tras año y medio de contactos
secretos entre israelíes y sirios, los Altos del Golán vuelven a estar de moda.
Es una impresionante meseta que separa a ambos países de un acuerdo de paz que,
de firmarse, implicaría importantes cambios regionales.
Emisarios israelíes y sirios se encuentran en Turquia reanudando los contactos
indirectos, tras el anuncio oficial el pasado 21 de mayo de que ambos países
vuelven a dialogar y tras 8 años de paralisis.
A la sombra de la reanudación de las conversaciones de paz con la mediación de
Turquía, recorremos el Golán, ocupado por Israel en la Guerra de los Seis Días
en 1967.
Unos 20.600 judíos y 19.000 árabes drusos comparten un territorio de 1.158
kilómetros cuadrados, enclave fronterizo de cuatro países (Jordania, Líbano
Israel y Siria). Una visita que incluye una inusual entrada en la base de
interposición de Naciones Unidas.
Mar de la Galilea. Punto de partida hacia el Golán y fundamental para entender
un obstáculo en el camino de la paz: el agua. De este bíblico lago que los
israelíes llaman Kineret sale un tercio del agua que consume todo Israel. El río
Jordán que abastece este lago tiene sus fuentes en el Golán y, tal y como dice
Alfonso Maury, un argentino que vive en un kibutz de la zona, "si nos quitan el
Golán, nos quedaremos sin importantes reservas acuíferas y ten en cuenta que en
este país hay una alarmante escasez de agua". Los sirios, por su parte, han
acusado a Israel de haber desviado el cauce de los ríos del Golán para
apropiarse del agua.
Katzrin. La única ciudad israelí entre colonias y kibutzim. En el restaurante de
Avner Talmon todos se oponen a la devolución del Golán, que consideran "un
suicidio". Pero hay matices. "A nivel estratégico y militar, si dejamos esta
zona, los sirios y quizás sus patrones iraníes estarán encima de esa colina que
ves. Los Altos del Golán son los ojos de Israel. ¿Cómo una persona puede vivir y
observar a sus enemigos si no tiene ojos?", se pregunta Talmon, un general en la
reserva que hoy en día está más pendiente de su reserva de vino, su aceite de
oliva y los decenas turistas alemanes que le rodean. Los vinos del Golán,
famosos por su calidad, representan un 25% del mercado israelí.
En el restaurante de Talmon, acude Gaby Black, un judío británico que llegó a
Israel en el 73. Se enamoró del Golán, donde vive un tranquilo presente pero
sabe que puede ser evacuado. "He pertenecido al movimiento pacifista Paz Ahora,
pero creo que sería un error ahora mismo retirarse. Pero no por motivos
ideológicos sino de seguridad. Estoy a favor de un acuerdo y que al cabo de unos
años nos retiremos cuando veamos que la paz es estable y los sirios dejan de
apoyar a grupos terroristas. Si el Gobierno decide la evacuación, yo seré el
primero en irme", explica Black antes que Talmon le interrumpa: "La fórmula paz
por territorios no funciona. Yo quiero paz a cambio de paz y luego podremos
negociar sobre las tierras. Si nos vamos, nos quedaremos sin paz y sin Golán".
En una tienda del único centro comercial, Tali atiende a más turistas, la
mayoría israelíes. "Hace 14 años, cuando se rumoreaba que el primer ministro
Rabin iba a entregar el Golán a Siria, decidí venir. Fue mi deber y desde
entonces estoy aquí. Si Rabin no pudo finalmente llegar a un acuerdo, ¿cómo va a
conseguirlo un hombre tan débil como Ehud Olmert? Por eso estoy tranquila, el
Golán será israelí muchos años más", nos dice mientras reparte folletos
turísticos. Trabajo no le falta, casi tres millones de turistas (20%
extranjeros) invaden anualmente sus colinas, viñedos, parques naturales y
agrupaciones agrícolas. Explica, sin embargo, que tras el anuncio de la
reanudación de los contactos, el flujo de visitantes ha aumentado "ya que muchos
temen que la retirada sea inminente".
Monte Hermón. Destino preferido (y único) de los israelíes que desean esquiar en
el país. El punto más alto de todo esta meseta, a 2.224 metros. La portavoz del
Consejo del Golán, Astrid Kampen, se muestra preocupada. "Si nos retiramos, los
sirios estarán a menos de 10 metros del mar de la Galilea y nos dejarán sin las
fuentes básicas para nuestra existencia", explica esta rubia de origen danés. La
belleza del Golán es indiscutible. "¿Qué necesidad hay de abandonar nuestras
casas en el marco de un acuerdo de paz cuando la frontera con Siria es la más
tranquila que tenemos?. La entrega del Golán no traerá la paz sino la guerra ya
que se romperá el 'status quo' y grupos terroristas podrán lanzar ataques desde
allí arriba", afirma el general en la reserva Tvika Fogel.
Base de interposición de Naciones Unidas. Entramos acompañados por el oficial
austriaco, Stefan Eder. Imaginamos encontrar soldados superprotegidos y en
estado de alerta. Pero lo único que vemos son varios jeeps militares
estacionados y un grupo de soldados indios sonrientes y con ropa deportiva que
acaban de hacer footing. Impera la tranquilidad en una frontera entre dos países
enemigos. "Nosotros estamos aquí las 24 horas del día para asegurar que no haya
incidentes en la frontera. Nuestra vigilancia es permanente y tenemos dos campos
en ambos lados (Ziouani y Faouar) y 20 posiciones de observación", explica Eder.
Intentamos sacar algunas palabras al soldado indio Jaguar Singh que prefiere no
hacer comentarios. Solo los que reciben una autorización especial pueden hablar
ante los periodistas. Hay 1117 efectivos militares de Austria, Polonia, India,
Eslovaquia, Japón y Canadá. "Naciones Unidas no reconoce la anexión israelí y
por tanto para nosotros sigue siendo el Golán ocupado", comenta Eder.
Mashdal Shams. Más al norte, llegamos a la principal aldea drusa. El corazón y
muchos de los familiares de sus 8000 habitantes están en Siria. La mayoría
dispone de pasaporte sirio y muchos de carné de identidad israelí. Desde el 67
vivían bajo administración militar hasta el 81 cuando el Parlamento aprobó la
anexión de la meseta. La opinión oficial de los drusos (una corriente de los
musulmanes chíies) del Golán nos la da Maray Taisir, que se considera "druso
musulmán, sirio y árabe": "41 años de ocupación israelí deben terminar así como
la confiscación de los recursos del agua y de muchas tierras. Sabemos que Israel
es una democracia y quizás yo tenga cosas en contra de Siria pero es mi país y
el Golán es un territorio ocupado". Al cabo de unos segundos, Taisir considera
que no se ha explicado bien: "Quisiera matizar que Israel es una democracia pero
sobre todo para los judíos que viven en el país. No creo que puedan ser un
Estado democrático y al mismo tiempo judío".
Taisir tiene tres hermanos en Damasco. Cuando le comentamos la posición de sus
vecinos judíos sobre la importancia del Golan para su agua y seguridad, Taisir
se rebela: "Hoy en día el territorio no te da seguridad y eso lo saben los
oficiales israelíes. ¿De qué tienen miedo cuando son con diferencia el ejército
más poderoso de la región? Los sirios tienen derecho a usar el agua ya que es
suya. Yo le hago una pregunta, ¿si hay escasez en España, no vais a Francia a
cogerla verdad?".
Jusam, otro druso de una aldea cercana, se niega a ser fotografiado. Su opinión
es diferente, menos políticamente correcta. "Muchos aquí se pronuncian a favor
de Siria porque temen represalias contra sus familiares que viven en Siria. Yo
personalmente a nivel de economía y libertades prefiero seguir viviendo bajo
mandato israelí. Quizás en Israel seamos ciudadanos de segunda pero en Siria hay
dictadura", confiesa.