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Soldados libaneses, previo acuerdo con Hezbolá,
controlan una zona de Beirut. (Foto: AFP) |
La situación emergente de los
bombardeos israelíes en el 2006 (la guerra civil latente entre prosirios y
antisirios y los acuerdos del gobierno de Siniora con Washington para desmantela
a la guerrilla chiíta) tocó un punto de inflexión cuando el miércoles pasado
(7 de mayo) Hezbolá inició acciones callejeras orientadas a tomar puntos claves de
Beirut, incluido el aeropuerto y los medios de comunicación.
Los combates callejeros entre
prosirios y antisirios empezaron ese miércoles en Beirut, luego de que el
gobierno pro-EEUU de Fuad Siniora resolviera desmantelar la red paralela
de telecomunicaciones de Hezbolá, y ya, en cinco días, murieron al menos 42
personas y más de 165 resultaron heridas, según datos de los servicios de
seguridad, en los que se consideran los peores choques internos desde el fin de la guerra civil
(1975-1990).
Los combates entre seguidores de
Hezbolá y grupos armados que apoyan al gobierno antisirio y pro-EEUU que
estallaron en Beirut la semana pasada, ya se extendieron a Trípoli, la segunda ciudad de
Líbano, y a las montañas Choueifat en las cercanías de la capital, bastión del
líder druso Walid Jumblatt.
El oficialismo antisirio
derrotado en las calles por Hezbolá está compuesto por el Partido Socialista
Progresista de la comunidad drusa (PSP), las Fuerzas Cristianas Libanesas
(denominadas "falangistas"), el partido Kataeb, también cristiano, y el
Movimiento Futuro, liderado por Saad Hariri, hijo del asesinado ex jefe de
gobierno.
Los grupos de apoyo al gobierno pro-EEUU
, pobremente entrenados para el combate, se replegaron ante los organizados
ataques de los combatientes de Hezbolá, que tomaron el control de gran parte de
la ciudad en menos de 48 horas y rodearon las viviendas de Hariri, del líder del
PSP, Walid Joumblat, y la sede del gobierno, que permanece acordonada y
protegida por tropas del ejército.
Con Siniora y su gobierno acorralados y escondidos en el palacio presidencial,
los combatientes chiítas avanzaban en Beirut, provocando destrozos
sistemáticos en las propiedades de dirigentes del oficialismo antisirio y
miembros prominentes de los partidos de la coalición gobernante pro-EEUU.
El sábado, con una gran parte de la capital libanesa bajo control de Hezbolá,
y dando muestra de su derrota, Fuad Siniora revocó las órdenes contra Hezbolá
-calificadas por esta organización como &quuot;una declaración de guerra"- y pidió al
ejército que se hiciera cargo de la seguridad.
Hezbolá, que cuenta con el apoyo de
Irán y Siria, dijo el sábado que pondría fin a su presencia armada en Beirut
después de que el ejército revocara las decisiones del gobierno en su contra.
Si bien Hezbolá aceptó retirar (a
modo de tregua) a sus militantes de las calles, luego que el ejército llamó este
sábado a todos los grupos enfrentados a hacerlo, los observadores y analistas
coinciden en que el gobierno tiene los días contados y que deberá
ceder a las presiones de la oposición y convocar a elecciones parlamentarias
anticipadas.
Otro punto que indica, según los
analistas, la extrema debilidad del gobierno pro-EEUU es el acuerdo de repliegue
táctico que concretó Hezbolá con el ejército a sus espaldas, en un esfuerzo para
evitar un enfrentamiento entre los militares y la guerrilla.
El ejército libanés, una fuerza débil
y sin preparación, siempre evita cualquier encontronazo con los disciplinados
cuadros combatientes de Hezbolá que pusieron en fuga a los tanques y tropas
israelíes del sur de Líbano en agosto de 2006.
El gobierno prosirio, como producto
de la gran demostración de fuerza realizada por Hezbolá, quedó aún más
aislado y debilitado mientras Washington salíó a su rescate llamando a una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para que tome medidas
urgentes contra Hezbolá.
"EEUU está consultando con otros
gobiernos de la región y con el Consejo de Seguridad de la ONU las medidas que
deben tomarse para contener a los responsables de la violencia en Beirut", dijo
en un comunicado el portavoz de la Casa Blanca, Gordon Johndro.
Por su parte, la Liga Árabe
decidió enviar una delegación a Beirut para mediar por la finalización de los
enfrentamientos sectarios en Líbano, los peores desde que terminó una larga
guerra civil 18 años atrás.
Entre los delegados estará el secretario general, Amr Moussa, quien dijo en
una conferencia de prensa realizada este domingo en El Cairo, Egipto, que
la liga quiere "salvar a Líbano".
Tropas libanesas patrullaban el
domingo Beirut, después de que los combatientes de Hezbolá se retiraran (según
dijeron provisoriamente) de las áreas que habían capturado en enfrentamientos
con partidarios del gobierno apoyado por EEUU.
Durante la noche del domingo, según
Reuters, se registraron enfrentamientos en Trípoli, la segunda mayor
ciudad del Líbano, entre hombres armados a favor y en contra del gobierno.
Fuentes de seguridad dijeron que al menos dos personas murieron y cinco
resultaron heridas.
Según Reuters, cientos de soldados apoyados por vehículos blindados
establecieron bloqueos en las calles y tomaron posiciones en la zona musulmana
de la capital. No había hombres armados a la vista, pero jóvenes mantenían
barricadas en algunos caminos principales, asegurándose de que los puertos
aéreos y marinos de Beirut permaneciesen cerrados.
La oposición liderada por Hezbolá, mientras tanto, dijo que mantendría una
campaña de "desobediencia civil" hasta que todas sus demandas sean
cumplidas.
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Combatiente de Hezbolá |
La tensión regional
El deterioro de la situación en el
Líbano y en todo Oriente Medio disparó en los últimos días los temores al estallido de
una nueva guerra entre el grupo chií Hezbolá e Israel, que podría ser inminente,
según fuentes israelíes y libanesas citadas por la prensa árabe e Israelí.
Declaraciones de los últimos días del líder de Hezbolá ratificaron esa tendencia alimentada por
múltiples señales y movimientos militares.
El líder de Hezbolá volvió a advertir que la
organización político-militar está preparada para una guerra
abierta más allá de las fronteras del Líbano contra Israel a
quien responsabilizó de la muerte del
comandante militar de ese grupo Emad
Mugniyeh el 12 de febrero pasado .
El asesinato en Siria
de un comandante de Hezbolá, a fines de marzo, por medio de un atentado atribuido a
los servicios secretos de Israel, reactualizó a Líbano como eje
de un conflicto que puede desembocar en una guerra regional
con Irán y Siria como protagonistas centrales.
Además de involucrar
nuevamente a Irán y Siria y poner nuevamente a la región en
pie de guerra el asesinato del comandante de Hezbolá reavivó
el cuadro de "guerra civil" en Líbano y otorga a Israel y a EEUU
nuevos argumentos para una nueva intervención militar en la región.
La masacre aérea israelí de 33 días
en 2006 se cobró más de 1.200 vidas libanesas y 4000 heridos, además de destruir
la economía y la infraestructura de Líbano, y no logró los objetivos marcados
por Tel Aviv (la destrucción de Hezbolá), según el informe Winograd encargado a
una comisión no independiente por el ejecutivo israelí para depurar
responsabilidades.
Luego del bombardeo israelí de
julio-agosto de 2006
, tanto Washington como Tel Aviv
descartaron una operación militar en gran escala, tanto en Líbano como en Gaza, por temor a que una
nueva masacre de civiles y un nuevo fracaso militar detone una oleada de
repudio internacional y complique sus planes en la ONU con Irán y Siria.
Por lo tanto, concentraron sus
esfuerzos en un Plan B (que tiene a la ONU como actor central) cuyo
objetivo estratégico principal es una intervención militar en Líbano y Gaza desplegando una fuerza
militar ofensiva conducida por la OTAN (como la que está actuando en
Afganistán) para que tome el control en reemplazo de de las fuerzas "no
ofensivas" de la ONU.
De conseguirse este objetivo, y
como ya está sucediendo en Afganistán con el gobierno títere de Karzai, las
administraciones de Abbas y de los "antisirios" encabezados por Fuad Siniora, con sus respectivos aparatos
militares, pasarían a cumplir el rol de "auxiliares" de las fuerzas
represivas de la OTAN contra Hamás, Hezbolá y las organizaciones de
resistencia a Israel.
De esta manera, Israel y EEUU,
mimetizados en el control de la fuerza multinacional, controlarían una nueva
operación militar de exterminio de Hamás y Hezbolá, sin exponer a sus
ejércitos al desgaste de nuevas invasiones militares abiertas que ya han
demostrado su inoperancia desde el año pasado hasta aquí.
La operación relámpago de "toma de
Beirut" lanzada por Hezbolá rompió el equilibrio de poder, mostró la extrema
debilidad combativa de los grupos prosirios, y volvió a poner contra las cuerdas
al gobierno colaboracionista de Fuad Siniora que sigue mostrando para cumplir
con la promesa realizada a Washington de "desarmar a Hezbolá".
Para los analistas y observadores, de
nuevo con Hezbolá victoriosa, en Líbano se profundiza un nuevo capitulo de una
guerra regional latente que tiene a Israel, Irán y Siria como los protagonistas
centrales.