Según fuentes de la policía local citadas por Reuters y Europa Press,
"decenas" de civiles, entre 11 y 29, murieron el miércoles 26 como
consecuencia de un ataque aéreo estadounidense en la localidad de Hilla, al sur
de Bagdad, durante una operación represiva de apoyo al Ejército iraquí. La
operación se ejecutó en el marco de la sangrienta guerra interna que sostiene el
ejército iraquí con las facciones armadas chiítas lideradas por el clérigo
Moqtada Al Sadr.
En un escenario de recrudecimiento de la violencia en Irak, fuentes policiales
informaron de once muertos y 18 heridos en el ataque, lanzado el miércoles a la
noche después de que las fuerzas de seguridad iraquíes pidieran apoyo aéreo
para sus combates calle por calle con las milicias chiíes en el barrio de
Thawra, en esta localidad.
Según Reuters, otras fuentes policiales han elevado el balance a 29 muertos y
39 heridos e indicaron que seis casas quedaron destruidas como consecuencia
del bombardeo, que duró una hora. Otras fuentes de seguridad se limitaron a
informar de "decenas" de muertos y heridos.
Las fuerzas estadounidenses confirmaron el ataque y han asegurado que desconocen
el número de víctimas, aunque han negado que sea una cifra muy alta.
La portavoz militar norteamericana en el sur de Bagdad, la comandante Allayne
Conway, señaló que los helicópteros estadounidenses respondieron a una llamada
de socorro lanzado por las unidades de la Policía especial SWAT en Hilla.
"Estamos investigando cuántos enemigos han muerto, las primeras informaciones
hablan de cuatro", afirmó.
Operación represiva y ultimátum
La nueva "operación masacre" de la
aviación norteamericana en Irak, se dio en el marco de los enfrentamientos entre
fuerzas de seguridad iraquíes -apoyadas por el ejército norteamericano- y
milicias chiítas seguidoras del clérigo Muqtada al Sadr que continuaron el miércoles,
por segundo día consecutivo, en el puerto petrolero de Basora, en el sur
de Irak, en una nueva jornada de violencia que culminó con al menos otros 32
muertos, elevando a 62 las víctimas fatales en estos combates.
Además, hay más de 200 heridos
atendiéndose en hospitales, según fuentes sanitarias citadas por agencias
internacionales.
Otras ciudades con combates fueron
Al Qut y Diwaniyah, y la mayoría de las víctimas son civiles, entre ellos niños
y mujeres.
En Bagdad, la capital, también se
han producido choques entre el Ejército Mahdi y soldados iraquíes y
estadounidenses.
El Ejército Mahdi, del clérigo Moqtada Al Sadr, también lanzó ataques en Bagdad,
y en toda la capital se escuchaban estallidos de cohetes y morteros.
Al mismo tiempo, varios proyectiles fueron lanzados contra la "Zona Verde", el
enclave fortificado en el centro de Bagdad donde se encuentran las instituciones
oficiales iraquíes y la embajada de EEUU.
En ese ataque murieron 8
iraquíes y 3 responsables norteamericanos fueron heridos, dijo la vocera de
la embajada, Mirembe Nantongo.
El primer ministro iraquí, Nuri al
Maliki, dio un ultimátum de 72 horas para que los combatientes chiítas
entreguen sus armas, una meta que los observadores ven como improbable.
Abdel Karim Jalaf, el portavoz del
ministerio del Interior, señaló ante la prensa que con el operativo lanzado el
martes Maliki quería dar la posibilidad de rendirse a "los que no tengan las
manos manchadas de sangre", y anunció que el ejército iraquí continuará sus
operaciones hasta que "alcance sus objetivos".
Las fuerzas de seguridad iraquíes lanzaron el martes su operación llamada "La
carga de los caballeros" contra las milicias chiítas, con el objetivo de
"respetar el orden y la ley".
Moqtada Al Sadr, líder de la facción armada chiíta, el Ejército Mahdi, llamó a una mesa de
negociaciones para poner fin a los choques que empezaron en Basora y se
extendieron a la capital, Bagdad, y a otras ciudades.
El clérigo chiíta, encabezó, en
2004 y 2005, levantamientos contra las tropas ocupantes norteamericanas, pero
luego se sumó al gobierno colaboracionista iraquí conformado por una coalición
de facciones chiítas.
El "levantamiento" de Al Sadr
contra el ejercito iraquí (conformado por el poder chiíta) se da en el marco de
acusaciones de EEUU responsabilizando a Irán de utilizar a las
facciones "terroristas" chiítas para desestabilizar a Irak, a cuya cabeza se
encuentra Moqtada Al Sadr y su grupo armado.
Basora, es la segunda ciudad más importante de Irak, en gran medida el
corazón económico del país y un puerto clave para las exportaciones de petróleo,
con salida al Golfo Pérsico.
Allí son mayoría los chiítas,
enfrentados y divididos entre la rama más radical de Al Sadr y el resto del
liderazgo religioso y político de esa fracción musulmana.
Tropas británicas tuvieron el control de Basora desde la invasión de marzo de
2003 -la semana pasada se cumplieron cinco años de conflicto-, pero en
diciembre de 2007, el Reino Unido entregó el mando a autoridades locales.
El miércoles 26, EEUU pidió colaboración a Irán para desmovilizar a las milicias
iraquíes.
"No hay ninguna duda de que
el gobierno iraní tiene una influencia importante en Basora y en el sudeste de
Irak en general", dijo en Bagdad el general Kevin Bergner en conferencia de
prensa.
En Nayaf (centro-sur de Irak),
Liwa Sumaysim, la oficina de Moqtada Al Sadr anunció que este jueves habrá
manifestaciones de apoyo a Al Sadr en Bagdad y Amara, otra ciudad sureña,
donde predominarán las críticas al gobierno de Al Maliki y a la ocupación de
Irak por el ejercito nortamericano.
Lo que hace pensar a los
observadores que el baño de sangre desatado por la guerra interna por el poder
entre el gobierno y las facciones armadas chiítas todavía no ha llegado a su
fin.