Después de reconocer la independencia de las regiones rebeldes de Abjasia y
Osetia del Sur, el régimen de Moscú se vio sometido a una furiosa reacción de
las potencias "occidentales" motorizada desde Washington y la Unión Europea. No
obstante, el gobierno del Kremlin, en control militar de Georgia, permaneció
inmutable y siguió desafiando con palabras duras al eje imperial
USA-UE.
Informe
IAR Noticias
Mientras
analistas europeos se preguntaban el martes si el planeta no estará ya al borde
de una tercera guerra mundial capitalista, Washington, la UE y la potencias
aliadas arremetían con ferocidad contra Rusia por el hecho de reconocer a Abjasia y a Osetia
del Sur como "Estados independientes".
Las mismas potencias que participaron
del genocidio militar en Serbia, a fines del 90, para luego declarar la
"independencia de Kosovo" controlada por EEUU y la UE, montaron en cólera cuando
Rusia decidió hacer lo mismo con las provincias separatistas, una de las cuales
fue invadida por Georgia en la primera semana de agosto.
Luego de reconocer su independencia,
el presidente ruso dio la orden a su ministro de Exteriores para
establecer "relaciones diplomáticas" con representantes de dichas regiones
georgianas.
Además, Moscú le garantizó asistencia
militar a las regiones separatistas, según declaró el ministro en una entrevista
con la CNN.
Con esta decisión, Medvedev desafía
abiertamente a la administración estadounidense de George W. Bush, que
tachó de "inaceptable" la independencia de estas dos regiones rebeldes, que
lucharon en los 90 contra su pertenencia a Georgia, logrando una autonomía de
facto respecto a Tiflis
Luego de conocerse la decisión de
Moscú, se desató una tormenta internacional.
La secretaria de Estado de EEUU,
Condoleezza Rice, calificó de "deplorable" el reconocimiento de independencia y
dijo que esa decisión "coloca a Rusia en contradicción con una resolución del
Consejo de Seguridad (de la ONU), del que es parte".
El secretario General de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, afirmó
que las acciones de Rusia en las últimas semanas, incluido el reconocimiento de
la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, "ponen en duda" su compromiso
"con la paz y la seguridad en el Cáucaso".
La Unión Europea también condenó la decisión rusa a través de un comunicado de
la presidencia francesa. Añadió que "es contraria a los principios de
independencia, soberanía e integridad territorial de Georgia".
El presidente Sarkozy, que medió el alto el fuego entre Rusia y Georgia, convocó
a una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno para tratar sobre el conflicto
para el próximo 1 de septiembre.
Reino Unido, a través de Ministerio de Asuntos Exteriores, rechazó
"categóricamente" la decisión asegurando que el Gobierno británico "reafirma
la soberanía y la integridad territorial de Georgia".
La canciller alemana, Angela Merkel, criticó duramente el reconocimiento de
la independencia diciendo que la decisión es "en absoluto inaceptable".
La Organización para la Seguridad y
Cooperación en Europa OSCE condenó la decisión. "El reconocimiento de la
independencia de Osetia del Sur y Abjasia viola los principios fundamentales de
la OSCE", comentó Alexander Stubb, presidente en funciones.
La semana pasada la OSCE decidió el envío de más de un centenar de observadores
a Georgia para vigilar el frágil alto el fuego y supervisar el repliegue ruso.
Por otro lado, al conocer el anuncio de Medvedev, ciudadanos de Abjasia
dispararon al aire y abrieron botellas de champán para celebrarlo. "Estamos
felices. Todos tenemos lágrimas en los ojos y estamos orgullosos de nuestro
pueblo", dijo una abogada a Reuters.
Anticipándose a las reacciones, y
después de comunicar su decisión, Medvedev afirmó en la televisión rusa que
'"Rusia no tiene nada que temer".
"Rusia no tiene nada que temer,
incluida una nueva "guerra fría" con Occidente, señaló el presidente ruso,
para quien la decisión no fue "fácil".