Con una inusual consigna de "guerra contra la pobreza", los gobernantes
capitalistas (de países centrales y dependientes) responsables de la pobreza
mundial se reunieron en Roma este martes para debatir en una cumbre la "crisis alimentaria" disparada por los altos precios del petróleo y de la energía.
La emergencia alimentaria producida
por la escalada de los precios del petróleo, con su inmediato emergente de
conflictos sociales que ya empiezan a extenderse por los países periféricos,
determinó, a mediados de abril, una operación "salvataje de los pobres"
protagonizada por el
Banco Mundial, el FMI y el G-7.
La indivisible relación del aumento
del petróleo con la escalada mundial del precio de los alimentos, y con los
consecuentes procesos inflacionarios que se generan como consecuencia, no
solamente prendió las luces de un alerta mundial sino que además ya está
desatando protestas y rebeliones que se multiplican tanto por los países
pobres como en las naciones centrales, principalmente en Europa, donde se
expanden los bloqueos y cortes de ruta. La Unión Europea presionó a la OPEP,
quien admitió que no "puede hacer nada" ante la especulación financiera que eleva
los precios del oro negro.
La escalada de los precios del
petróleo tiene como efecto inmediato la disparada del precio de los alimentos a
nivel mundial, multiplicando a escalas siderales las ganancias de los
consorcios petroleros y de los pulpos de la industria de la alimentación.
A su vez, los especuladores bursátiles se hacen un festín con las
acciones petroleras en suba en los mercados energéticos.
En las antípodas, y a modo de "producto final"
de esta fiesta capitalista de
los "mercados", miles de millones de seres humanos en las áreas más empobrecidas
y desprotegidas del planeta se ven privados del acceso a los alimentos de
consumo básico y se empiezan a rebelar por medio de revueltas y estallidos
sociales.
En este escenario, y en forma
inédita, el FMI, en los últimos días, la ONU, el Banco Mundial, el G-7 (grupo que
reúne a los países más ricos del mundo) junto con las principales autoridades del
sistema capitalista se han puesto en "denunciantes" de la propia lacra que
generan a escala global:
El
hambre.
Increíblemente, estas instituciones representativas del capitalismo
transnacional depredador de recursos naturales y de mano de obra que han
convertido al planeta en una "economía de enclave" controlada por unas pocas
corporaciones, hoy advierten que el mundo está
amenazado por una crisis alimentaria.
Siguiendo esta tendencia, 44 presidentes de países capitalistas
(instrumentadores) se reunieron este martes en una cumbre en Roma
para analizar los "efectos" del alza del precio de los productos agrícolas y del
cambio climático en la seguridad alimentaria, que intentará coordinar una primera
respuesta mundial a esa problemática.
Entre los presidentes que viajaron a
la capital italiana figuran el de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; Bolivia,
Evo Morales; Nicaragua, Daniel Ortega y Argentina, Cristina Fernández, así como
el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.
Otros gerenciadores de políticas capitalistas presentes son el primer ministro
italiano, Silvio Berlusconi, y el japonés, Yasuo Fakuda, además de los
presidentes de Francia, Nicolas Sarkozy y de Irán, Mahmud Ahmadinejad.
"Las amenazas son obvias",
dijo Ban Ki Moon, el jefe de la ONU, a los delegados de 191 países y exigió
pasar de las palabras a la acción.
Ban Ki-moon, que ya está en Roma para participar en la Cumbre, ha señalado que
el aumento de los precios de los productos alimentarios está teniendo un
"impacto devastador sobre los más pobres entre los pobres".
En vísperas de la cumbre, Ban dijo
que "literalmente estamos pagando el precio" de no haber invertido lo suficiente
en agricultura, obviando un detalle: los precios suben y los alimentos escasean
por la gran especulación capitalista de los consorcios de la alimentación que
solo buscan su rentabilidad y no la distribución equitativa.
"Si no se maneja apropiadamente, este
asunto podría desencadenar una cascada de otras crisis, afectando al
crecimiento, el progreso social e incluso la seguridad política alrededor del
mundo", advirtió cada vez más "lúcido", el jefe de la ONU en Roma.
El anfitrión de la conferencia, la
Organización de Naciones Unidas para los Alimentos y la Agricultura (FAO, por
sus siglas en inglés), advirtió a los países industrializados que podría
ocurrir una catástrofe a menos que aumenten su producción, eliminen barreras
y lleven la comida a donde más se necesita.
Según datos del Banco Mundial,
citados por las ONG, los precios mundiales han subido un 83% en los últimos tres
años y esta situación ha llevado a la pobreza a más de 100 millones de personas.
La cita en Roma, a la que tanto la FAO como algunas ONG han calificado de
"oportunidad histórica para relanzar la lucha contra el hambre y la pobreza e
impulsar la producción agrícola en los países en desarrollo", parte con el
objetivo en primer lugar de identificar los nuevos "retos de la seguridad
alimentaria mundial" y lograr una comprensión mejor de la relación que existe
entre seguridad alimentaria, cambio climático y bionergía.
Obviamente, que de lo central, la
política de concentración capitalista y rentabilidad especulativa con los
alimentos (la causa de la suba y la escasez) en Roma no se va a hablar.
La fuerza de tarea creada por Ban, el
jefe de la ONU, para hacerle frente a la "crisis alimentaria" presentará
un informe de 38 páginas con medidas cuya implementación tendría un costo de
US$15.000 millones.
Esa cifra resulta absurda
comparada con las cifras multimillonarias que ganan las petroleras y las alimentarias, productoras de la crisis alimentaria que azota a los más
pobres del mundo.
El monto estimado por la ONU para
"luchar contra la pobreza" equivale a menos de un 15% de la ganancia
anual de US$ 110.000 millones proyectada por los cuatro primeros pulpos
petroleros, Exxon, Shell, Chevron y BP.
La conferencia comenzará con un
discurso del presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano; seguido
del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon; y el director general de la FAO,
Jacques Diouf.
Asimismo, está previsto un mensaje
especial para la ocasión del Papa Benedicto XVI.