Sin lugar a dudas, Nicolás Sarkozy y Silvio Berlusconi son los dos más firmes
aliados de Washington y los propulsores convencidos de la "guerra contraterrorista"
en Europa, luego del alejamiento del poder de Tony Blair, y antes, de José María
Aznar. A tono con esa "línea ideológica", el actual presidente de Italia, y su
homólogo francés, se han convertido en los abanderados emblemáticos de la ola de
racismo xenófobo que se extiende (y contagia) como una mecha de pólvora por
todos los países que integran la Unión Europea. Tras el proceso de "criminalización
del inmigrante" iniciado por Nicolas Sarkozy en Francia, primero, y por Silvio
Berlusconi en Italia después, sobrevino esta semana la aprobación en el
Consejo de la Unión Europea
de una directiva que coloca a los inmigrantes ilegales en un régimen jurídico de
"delincuentes y criminales", y que sorprende por su dureza hasta a los
mismos representantes de la derecha política. Con las nuevas medidas, que
apuntan principalmente a la inmigración de origen islámico, y que se expanden
como pólvora entre los países miembros, la Unión Europea avanza un paso más y
complementa su alianza estratégica con Washington en materia de la "guerra
contra el terrorismo" impuesta como nueva lógica de invasión de países y de
conquista de mercados tras el 11-S.
Informe especial
IAR Noticias
Coincidiendo con la estrategia impulsada por Bush y Blair tras los
atentados de Londres, en julio de 2005, la ONU, entonces conducida por Koffi Annan, solicitó a los gobiernos del mundo una "definición más
clara" del terrorismo.
En sintonía como siempre con los intereses de Washington, ese año el
secretario de la ONU llamó a una "convención de la ONU contra el
terrorismo" la que serviría después de plataforma encubierta para un plan
"antiterrorista global" con epicentro en Washington y en la Unión Europea,
y cuyo meridiano serían el Pentágono y la inteligencia anglo-estadounidense
con la CIA a la cabeza.
Tras los
atentados de Londres, además de promover legislaciones y operativos más duros en
sus propios países, tanto Blair como Bush movieron sus piezas diplomáticas
orientadas a presionar a los gobiernos europeos para que profundizaran sus
acuerdos contenidos en el "plan contraterrorista" regional creado
después del
atentado del 11-M en España.
La columna
vertebral (o elemento primario) de ese plan continúan en el presente con las
distintas políticas anti-inmigración que apuntan básicamente contra las
comunidades islámicas "sospechadas" de albergar "células terroristas".
La ola
xenófoba y racista impulsada por los gobiernos derechistas europeos
aliados de Washington es sólo la máscara que encubre un plan de persecución y
encarcelamiento de extranjeros dentro de la guerra contra el "terrorismo
islámico" que utilizan tanto Washington como la UE para reformular sus políticas
internas de poder.
Dentro de ese contexto, hay que
interpretar a Silvio Berlusconi y a su partido
ultraderechista que el miércoles comenzaron a convertir en realidad la política de lucha contra la "inmigración ilegal"
en Italia que habían prometido durante la
campaña electoral.
Por medio de un decreto, dos
proyectos de ley que deberán ser aprobados en el Parlamento (en el que cuenta
con una mayoría absoluta) y tres decretos legislativos que entrarán en vigor en
dos meses, el gobierno de Berlusconi endureció en forma drástica la política
inmigratoria.
Roberto Maroni, ministro de Interior y número dos de la
xenófoba y racista Liga Norte, ha ultimado en apenas diez días un decreto
ley, conocido como el "paquete de seguridad", que incluye en principio 30
propuestas.
Las medidas consisten básicamente en convertir la inmigración clandestina en delito
(penado éste último con entre seis
meses y cuatro años de cárcel), prolongar el internamiento de los
inmigrantes hasta 18 meses, ampliar los motivos para su expulsión y agravar en
un tercio las penas de los delitos cuyo autor sea un "sin papeles".
Además, serán expulsados todos los "clandestinos" condenados a penas
superiores a dos años (ahora el mínimo es de 10 años) y encarcelados hasta
tres años quienes alquilen casas a los irregulares.
Además, bajo el proyecto de ley, la
entrada de familiares del inmigrante legal sería reducida a la de sus hijos y
padres. Y como ocurre actualmente en la Francia de Sarkozy, los padres serán
sometidos a exámenes de ADN, política que ha suscitado indignación entre
organizaciones no gubernamentales y católicas de la región.
También se amplía desde seis meses
hasta dos años el periodo de convivencia de los matrimonios mixtos para que el
cónyuge extranjero pueda obtener la nacionalidad, se restringe la reagrupación
familiar a padres e hijos y se prohíbe que los "sin papeles" puedan enviar dinero
al extranjero.
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Sarkozi y Berlusconi : los "ultraduros"
que quieren complementar el "plan contraterrorista" ya vigente en la Unión
Europea, con el plan de persecución y detención de inmigrantes que lo
complementa |
Berlusconi y su gobierno racista siguen la senda emprendida por el sionista
declarado, Nicolás Sarkozy, que cuando se hizo cargo del gobierno convirtió a la
inmigración en el centro de "todos los males" de Francia.
En 2007, Nicolas Sarkozy se hizo elegir proponiendo la creación de un Ministerio de la Inmigración
y la Identidad Nacional y propagandizando la puesta en práctica de una política
de "inmigración elegida y no impuesta".
En la práctica eso supuso fijar
"cuotas" de inmigrantes a expulsar (25.000 en 2007, 26.000 en 2008) y negarse a
toda regularización masiva.
Finalmente, el jueves 22, con
casi tres años de debates y una intensa negociación en las últimas dos semanas,
el Consejo de la Unión Europea aprobó la nueva directiva para
repatriar a los inmigrantes ilegales.
La legislación permite retenerlos un
máximo de 18 meses y deja a los Estados miembros la libertad de limitar la
asistencia jurídica gratuita.
La polémica ley, que no obliga a modificar las normas nacionales de la mayoría
de los países de la UE, aunque sí a establecer topes de internamiento en nueve
socios que carecen de guías, aún debe pasar en junio por la votación del
Parlamento Europeo y el "sí" final de los ministros de Justicia e Interior de
los Veintisiete.
Pero la negociación, donde se ha involucrado también a la Eurocámara, está casi
cerrada y fuentes diplomáticas consideran "probable" su aprobación rápida.
El texto anima a intentar la marcha voluntaria de la UE del inmigrante ilegal,
pero, si no colabora, permite su retención durante seis meses más un año
adicional si el Estado no logra identificar la nacionalidad del detenido o si su
país de origen no colabora con el papeleo.
Pero la ola xenófoba que hoy se
expande por los países de la UE, ya se había instalado previamente
en otros gobiernos europeos aliados de Washington como Alemania y Reino Unido
que conforman, a su vez, la columna vertebral de la guerra contra el
"terrorismo islámico" y la inmigración ilegal en el continente europeo.
Los inmigrantes irregulares se
encuentran en Alemania con una de las normativas más estrictas dentro de la UE.
La ley permite retener a un
extranjero bajo arresto preventivo durante seis semanas en caso de que el
juez lo considere necesario para facilitar el proceso de expulsión o evitar
complicaciones.
Si el extranjero ha escapado durante
procedimientos de expulsión anteriores o el juez considera que existe un riesgo
real de fuga, la ley permite un arresto cautelar de seis meses que puede
prolongarse por otros 12 meses más. Por lo que un inmigrante irregular puede
pasarse hasta 18 meses encerrado en espera de su expulsión.
En Reino Unido, el actual primer
ministro, Gordon Brown, ha anunciado que los inmigrantes sólo tendrán pleno
acceso a ayudas sociales al adoptar la ciudadanía británica, lo que exige al
menos dos años de residencia a los familiares de un británico y cinco años a los
demás.
En el área de los demandantes de
asilo e inmigrantes sin papeles, el Gobierno de Brown agilizó los
procesos de expulsión restringiendo los derechos de apelación. La gran
mayoría de los expulsados son demandantes de asilo a los que se les niega su
petición
Solo 24 horas después de que el
Gobierno de Silvio Berlusconi aprobase el durísimo paquete de medidas contra la
inmigración ilegal, su ministro de Política Comunitaria, Andrea Ronchi, acudió a
Madrid para explicárselo al Gobierno español, el que con menos disimulo ha
mostrado su "desagrado" por una reforma que convierte a los indocumentados en
delincuentes.
Le recibió su homólogo, el secretario de Estado Diego López Garrido, quien le
dijo que "convertir la inmigración ilegal en delito puede derivar flujos
migratorios de forma desproporcionada hacia otros países".
El español Garrido reconoció
que también le había expresado al ministro italiano, "con toda franqueza", la
"doble preocupación" española porque la deriva que ha tomado Italia "no es la
mejor vía para avanzar hacia una política común europea" sobre inmigración y
"puede afectar negativamente a países del entorno".
El ministro italiano reconoció que la
política de Berlusconi puede afectar a otros países, pero subrayó que su
prioridad es que los italianos dejen de sentir miedo. "Que no entre nadie en
tu casa, que se respete a tus hijos y no roben tus propiedades".
En momentos en que países del Este se
incorporan a la Unión Europea (UE), el gobierno de Berlusconi también pondrá el
ojo en los ciudadanos del bloque europeo, quienes deberán cumplir mayores
requisitos para residir en suelo italiano.
“Los ciudadanos deberán tener
ingresos adecuados para poder mantenerse y mantener a su familia y no obligar al
Estado a cubrir su seguridad social”, señaló el ministro de Interior, Roberto
Maroni.
De esta manera, la Italia de
Berlusconi y la Francia de Sarkozy encabezan el pelotón de los "ultraduros" que
quieren complementar el "plan contraterrorista" ya vigente en la Unión Europea,
con el plan de persecución y detención de inmigrantes que lo complementa,
y que apunta principalmente a la comunidad de origen islámico.
Con las nuevas medidas que se
expanden como pólvora entre los países miembro , la Unión Europea avanza un paso
más y complementa su alianza estratégica con Washington en materia de la
"guerra contra el terrorismo" impuesta como nueva lógica de invasión de
países y de conquista de mercados tras el 11-S.