Los grandes países productores de
petróleo están sumamente preocupados porque la crisis de
crédito global y la caída en los precios del petróleo comienzan a obligar a sus
gobiernos a reducir los presupuestos y a retrasar proyectos.
El mercado petrolero fue marcado en
2008 primero por la escalada meteórica de los precios, hasta casi US$ 150
del barril, antes de una caída brutal y sin precedentes, por debajo de los
US$35, la semana pasada.
Con la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers, en septiembre, y el
estallido de la crisis financiera, esta lógica se invierte. Huyendo ahora de la
deflación, los inversores dan la espalda al petróleo, además dominados por
una necesidad urgente de liquidez.
La caída en la demanda de petróleo
en EEUU y Europa este año ha sido un factor significativo en la reducción
de los precios en más de 50% frente a su auge de mediados del año.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) sostuvo que "se extiende la
debilidad de la demanda en la mayoría de los países de la OCDE", la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que incluye entre
sus miembros a los 30 países más industrializados.
Paralelamente, el consumo de carburantes empieza a caer en los países
industrializados, y los estadounidenses, principales consumidores de oro negro
del mundo, dejan sus vehículos de potentes cilindradas en el garaje.
Los temores a que los días de
abundancia estén por terminar son más fuertes en Rusia, Irán y Venezuela, cuyos
gobiernos han caído en una dependencia de los ingresos del petróleo para
fortalecer sus economías, que sin ese aporte serían inestables.
Los ministros de la OPEP, en la
reunión en Argelia del miércoles, intentan un mayor recorte de la producción hasta el momento,
en un intento por controlar el colapso de los precios del petróleo.
Miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Rusia y
otros productores quieren frenar un derrumbe de más de un 70 por ciento de los
precios del petróleo desde julio, ahora cuando el crudo estadounidense opera a
poco menos de US$ 40 por barril.
La implosión del mercado de petróleo reduce las ganancias de los exportadores
y provoca grandes déficits de presupuesto.
En este contexto, los principales
países exportadores de gas, entre ellos Rusia, Irán y Venezuela ( que lo
son a su vez de petróleo),
finalizaron la creación de una nueva organización con el objetivo de
coordinar sus políticas.
Su sede permanente estará en Qatar, señalaron los asistentes al Foro para los
Países Exportadores de Gas (FPEG) que se está llevando a cabo en Moscú con
representantes de 16 países.
La FPEG era hasta ahora un grupo informal pero la adopción de estatutos,
anunciada este martes, hizo que algunos analistas volvieran a expresar su
preocupación de que lo que se esté creando sea una especie de OPEP del gas., según el corresponsal de
la BBC, James Rodgers.
El nuevo grupo surge en momentos en
que el poder de la OPEP parece declinar. La semana pasada, la organización
realizó su recorte de producción más grande de la historia: 2,2 millones de
barriles diarios. Aun así, la medida no logró detener la caída del precio
del crudo.
Las comparaciones que se trazan entre el foro gasífero y la OPEP llegan cuando
Europa ya se encuentra nerviosa por su dependencia de Rusia.
Esas preocupaciones se reforzaron
esta semana cuando Gazprom amenazó con cortar los envíos de gas a Ucrania debido
a una deuda pendiente, y les advirtió a los clientes europeos que la disputa
también podría poner en peligro sus entregas, la mayoría de las cuales pasan por
Ucrania.
La advertencia trajo recuerdos de
enero de 2006, cuando Gazprom le cerró la llave de paso a Ucrania,
afectando la provisión de gas a Europa occidental.
Los ministros de Energía que
asistieron a la reunión en Moscú afirmaron que su objetivo era estabilizar los
precios y monitorear el mercado del gas.
Algunos países que consumen gas temen
que el grupo busque darse a sí mismo un formato similar al de la Organización de
Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y que como ésta, intentaría manipular
los precios imponiendo cuotas de producción.
Los temores por la caída en los precios
del gas y la débil demanda afloraron rápidamente y
representantes de los países dijeron que Rusia debería haber sacrificado parte de
su propia producción de petróleo para apoyar la promesa de su presidente, Dimitry Medvedev,
de apoyar las reducciones de suministro de la OPEP.
Los críticos del Kremlin señalaron que una importante forma de
ayudar a los precios del gas es levantar el valor del petróleo.
“Necesitamos corregir la situación del mercado de petróleo y así reparar la situación del
mercado de gas”, indicó a los ministros el más alto funcionario de petróleo libio, Shokri Ghanem.
Por su parte, Rusia, que también es el segundo
exportador mundial de crudo, ha dicho que está considerando todas las opciones,
incluyendo unirse a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP),
para defender sus intereses nacionales.
Pero el colapso de los precios
del crudo no solamente ya actúa como un detonante central de la crisis recesiva
global, sino que además produce una diáspora divisionista en el seno de la
OPEP.
Con la probable incorporación de
Rusia se estaría configurando una "OPEP paralela" definida por el
eje Rusia-Irán-Venezuela, que actualizaría, en el actual contexto, la
"guerra fría" por el control de la energía entre Washington y Moscú. Esta
disputa va a adquirir relevancia estratégica fundamental en el marco de la
crisis recesiva global en el 2009.
En resumen, el colapso de los precios
del crudo no solamente ya actúa como un detonante central de crisis recesiva
global, sino que además produce una diáspora divisionista en el seno de la
OPEP.
A su vez, la "OPEP paralela"
impulsada por el eje Rusia-Irán-Venezuela, reconfigura la "guerra fría" por el
control de la energía entre Washington y Moscú que va a adquirir
relevancia estratégica fundamental en el marco de la crisis recesiva global en
el 2009.
En suma, el colapso del oro
negro (junto con sus conflictos conexos) y la desocupación masiva
(producto de la recesión) ya se han convertido en los detonantes centrales de la
crisis social cuyo desenlace asoma en el calendario del 2009.