En el mundo capitalista del
siglo XXI, sobran las dudas, y se perdieron por completo las certezas, señalan
los pocos que todavía utilizan el recurso de la lógica para supervivir a la
decadencia.
Veinte años atrás, las cosas
eran más precisas, había dos Imperios, dos estructuras
militares-tecnológicas-nucleares compitiendo por el dominio del mundo, y
existían opciones más claras para estar de un lado o del otro:
comunista o anticomunista, así de simple eran la cosas por el planeta
Tierra.
Cuando estalló y desapareció
la Unión Soviética, se terminaron los puntos referenciales del análisis
estratégico. Ya no hay conflicto Este-Oeste, donde la CIA jugaba para los intereses geopolíticos de EEUU, con su contrapartida, la KGB soviética,
pisándole los talones por el mundo de las operaciones encubiertas.
En
el mundo de la "guerra fría", uno se situaba del lado que mejor le convenía: o los soviéticos o los
norteamericanos, desde donde las perspectivas del campo aliado y
enemigo estaban claras. Se peleaba para los yanquis o se peleaba para los
soviéticos. Se peleaba para los que apoyaban la revolución anticapitalista, o se
peleaba para el Imperio capitalista. Había bandera, causa e identificación
del enemigo, y las confusiones solo cabían en las cabezas de los curas o en
las ideas de los filósofos metafísicos.
Cuando colapsó la Unión
Soviética, no solamente se fragmentó la inteligencia humana (que quedó mirando
con un solo ojo: el ojo yanqui-dependiente), sino que se fragmentó el propio
Imperio que se quedó sólo y sin enemigos.
Y como corresponde a las
leyes de la dialéctica materialista , y como producto del salto cualitativo y de
las contradicciones capitalistas, el Imperio norteamericano se fragmentó y
estalló en mil pedazos.
Los estrategas del conflicto
Este-Oeste quedaron fuera de uso. Ya no había totalidad para analizar, la
guerra de un bloque contra otro bloque, sino pedazos de historia y de presente
esparcidos por el piso y sin conexión entre sí. Los intereses
individuales o de grupo, se impusieron por encima de las fachadas estructurales
de los Estados nacionales. Triunfó el individualismo como la nueva ideología
reinante.
El imperio exportó "libre
mercado" y
privatizaciones, y terminó privatizándose a sí mismo. La CIA se convirtió
de una sociedad anónima de Estado a una sociedad anónima de grupos
privados. Las estructuras elefantiásicas de los servicios de
inteligencia estadounidenses conservaron su funcionamiento burocrático estatal,
pero en el marco operativo ya no siguen un mismo patrón: como en el
Antón Pirulero, cada facción atiende a su juego e intereses económicos.
Todavía nadie tomó
conciencia: pero en EEUU ya no hay Imperio, sino fracciones atomizadas
de Imperio que compiten y luchan entre sí por la vieja causa
originaria del capitalismo: el dinero y la concentración de riquezas.
Ya no hay hipótesis de
enemigo externo, sino hipótesis de enemigo interno. Las guerras ya no
son entre Estados, sino entre grupos que quieren controlar el Estado imperial.
La CIA delata a la CIA. El Departamento de Estado, delata al Departamento de
Estado. Todos se "mejicanean" el botín. Ya no hay "mundo civilizado" que
defender de las garras de la barbarie comunista, sino mercados y espacios
de poder que defender de las garras de los competidores.
Ya no hay figura de
"traición a la patria" sino figura de traición a los negocios. Los
halcones y el lobby judío republicano hoy controlan el Estado para hacer negocios, y los
demócratas con Obama van a controlar el Estado para hacer negocios. No hay diferencias
plausibles ideológicas o políticas, salvo en el interés comercial.
Lo de las guerras
invasoras, las matanzas sistemáticas de la conquista militar, viene como
añadidura de la extensión de los negocios y de la acumulación capitalista, más
que como filosofía de preservación imperial.
Ya no hay análisis
estratégico posible en el mundo atomizado del Imperio yanqui, solo hay
desplazamientos tácticos, infinidad de piezas moviéndose simultáneamente y sin
conexión aparente por los espacios del universo comunicacional
individualista
dominante.
Ya no hay espacio para
cerebros totalizados y pensantes: Solo quedan micros pensamientos sin conexión,
micros emociones sin conexión, y micros programas sin conexión: El ser humano es
un microchip, que nace, se reproduce y muere en un estudio de televisión.
Lo de la información,
procesamiento y síntesis es prehistoria: El movimiento robótico suplantó a
la "materia viva pensante" por el pensamiento muerto de las imágenes sin
conexión.
Las máquinas del "nuevo
orden mundial" heredaron lo que queda del Imperio capitalista.
El sistema estalló el día que
el sionismo dominante decidió asesinar a lo único que quedaba con vida: El
cerebro humano.
Desde entonces, vivimos en el
reinado de los zombies.