nfriar el conflicto con Moscú,
extender en el tiempo el tratamiento de las medidas que no se pueden concretar,
parece ser la consigna de la Unión Europea que, el lunes, en Bruselas, volvió a
mostrar su impotencia frente a la dependencia del petróleo ruso al no poder
materializar ninguna sanción contra Rusia, quien sigue controlando militarmente a
Georgia.
Como ya se proyectaba, con el nuevo mapa de dominio regional del Cáucaso, y su virtual control
militar de Georgia, Moscú
se posicionó para producir una fisura en la alianza EEUU-UE que volvió a impedir
una medida clara contra sus intereses económicos.
Además, Rusia
es una "llave gasífera-petrolera"
de Europa, y resultaba materialmente imposible que el bloque europeo
aplicara contra Moscú las duras sanciones económicas que proponía
Washington.
Este fin de semana, por distintos
canales oficiales, Rusia lanzó advertencia de que podría tomar represalias si la
UE aplicaba sanciones económicas en su contra. Tanto el Gobierno como las fuentes
parlamentarias coincidieron que Moscú esta dispuesto a utilizar el "arma
energética" para contrarrestar una campaña de presiones económicas y de
aislamiento en su contra.
Al final del cónclave europeo del
lunes solo quedó un "comunicado": En un lenguaje duro, los Veintisiete
condenaron la "reacción desproporcionada" de Rusia a la acción militar
georgiana en Osetia del Sur, calificando de "inaceptable" la decisión rusa de
reconocer las independencias unilaterales de esta región y de la de Abjasia.
"La solución del conflicto debe
basarse en la independencia y la integridad territorial de Georgia y no en la
política de hechos consumados", señaló el presidente de turno de la UE, el
francés Nicolas Sarkozy, al término de la cumbre extraordinaria celebrada en
Bruselas.
Finalmente, los líderes europeos
(abrumados por las divisiones y los intereses contrapuestos en el bloque del
euro) decidieron dar a Moscú un plazo hasta noviembre para que "cumpla todos
los compromisos del acuerdo de alto el fuego" y proceda inmediatamente la
retirada de sus fuerzas de ocupación del territorio georgiano.
"Mientras no se haya producido la
retirada de las tropas (rusas) a sus posiciones anteriores al 7 de agosto, se
suspenden las reuniones encaminadas a la negociación del acuerdo de
colaboración" entre la UE y Moscú, estipula el documento de los dirigentes
europeos.
Además, la UE advierte que va a
estudiar "atentamente y en profundidad" las diferentes dimensiones de su
relación con Rusia, de aquí a la cumbre bilateral que está prevista para el 14
de noviembre en la ciudad francesa de Niza. En ese intervalo, los europeos
permanecerán "vigilantes" sobre el comportamiento de Rusia, que esperan sea
"responsable y fiel al conjunto de sus compromisos".
La "condena" de la conducta de
Rusia (que desde hace tres semanas se niega sistemáticamente a levantar el
bloqueo militar a Georgia) va acompañada, en las conclusiones del Consejo Europeo,
de un claro mensaje de apoyo político y económico a Georgia, y de un mensaje
a Ucrania, otra república ex soviética que -según "occidente"- Moscú
intenta controlar como a Georgia. "No podemos volver a las esferas de
influencia. Yalta ha quedado atrás", advirtió Sarkozy.
El presidente en ejercicio de la
UE (y principal aliado estratégico de Washington en Europa) también
anunció que Europa brindará "ayuda" a Georgia y continuará "completamente
involucrada" en la pacificación de la zona con el envío de observadores y
de una misión civil.
El próximo lunes Sarkozy viajará a
Moscú, acompañado del jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, y del
presidente de la Comisión de la UE, Jose Manuel Durao Barroso, para tratar de
obtener del presidente ruso, Dmitri Medvédev, avances en la aplicación íntegra
del "plan de paz" (en versión "occidental").
La misión intentará "persuadir" (ya no hay amenaza ni advertencia)
al gobierno ruso de que abandone la ocupación de las áreas estratégicas del
espacio económico y territorial de Georgia, así como de crear las condiciones
para una "discusión internacional" sobre la estabilización de las
regiones de Osetia del Sur y Abjasia.
¡Qué maravillosa muestra de
tolerancia y de elasticidad política", ironizaban el lunes analistas europeos
"indignados" con la resignación de la elite de poder europea ante el
hecho consumado del dominio militar de Moscú sobre Georgia.
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Un tanque ruso pasa junto al retrato del
primer ministro Vladímir Putin, en Tsjinvali, capital de Osetia del Sur.
(Foto EFE) |
Veneno "anti-ruso"
Movida por la indignación y la
impotencia de ver una Unión Europea sin capacidad de reacción y "arrodillada
ante Rusia" , la prensa europea destila veneno contenido contra Moscú y su
desafío militar al "Imperio unipolar".
Para
The Guardian, “Rusia
no es tan poderosa militarmente como la Unión Soviética y su esfera de
influencia no es global. Es capaz de proveer armas a Siria o Irán, pero no está
en posición de comenzar una revolución en Cuba o Angola. La Rusia de hoy es
impúdicamente capitalista. Así que lo mejor sería dejar de imaginarnos una
simple batalla entre un sistema autoritario y el Occidente liberal. La sociedad
post-soviética, compuesta de muchas etnias distintas, es más compleja. Los
conflictos locales deben mantenerse como tales.”
En la misma línea de "minimizar" la capacidad rusa sostiene Le Figaro:
“Si bien Rusia no se cierra a la idea de una guerra fría, la amenaza que
representa no es comparable con la del extremismo islámico. Existen
coincidencias entre Occidente y Rusia, lo cual abre las vías a la
reconciliación. Sin embargo, las provocaciones del Kremlin con el reconocimiento
a Osetia del Sur y Abjazia no pueden pasar inadvertidas. Por supuesto, los
países occidentales cometieron un error al sellar la autonomía de la provincia
serbia de Kosovo. Pero Vladimir Putin y Dimitri Medvedev, a quienes el destino
de las minorías les tiene sin cuidado, comenzaron una lucha por el poder que la
Unión Europea no puede darse el lujo de perder. Es de esperarse que la
diplomacia y las presiones de tipo económico lleven a los rusos de nuevo hacia
la cordura."
Para el periódico rumano Evenimentul Zilei: “La mayoría de las ganancias
por exportación de materias primas rusas van a dar a manos de oligarcas,
mientras que la mayoría de la población se enfrenta a la pobreza. Por ello, una
forma de meter en dificultades al Kremlin consistiría en investigar la legalidad
de los negocios de aquellos oligarcas rusos que viven en Occidente. Ello
orillaría a Moscú a mejorar sus relaciones con el resto del mundo. A corto
plazo, es importante que los miembros de la OTAN y de la Unión Europea por lo
menos simulen unidad ante este reto”.
El diario Aftenposten, de Oslo, sigue la misma línea de "descalificación"
del poder ruso: “Rusia ha lanzado un reto a sus vecinos, tanto de Oriente como
de Occidente. Seguro que el país es rico y poderoso, pero no tanto como para
poner en jaque a las instituciones mundiales, al derecho internacional y a sus
propios vecinos. Al hacerlo, Rusia caería en el intento. Uno podría esperar que
estas conclusiones encuentren buen puerto en Moscú, y que se abra la salida a la
espiral en que se encuentra la política internacional de seguridad. El primer
paso es que Rusa acepte y lleve a cabo, tal y como está, el acuerdo de paz para
Georgia.”
Ese es el tono, en general, que utiliza la prensa europea para criticar la
decisión de Moscú de arrebatarle el enclave energético georgiano a EEUU y la UE,
calificando la acción militar del Kremlin como la consumación de los "sueños
imperialistas" de Vladimir Putin.
Otros como el Der Tagesspiegel, de Berlín, apelan a la "reflexión": “Las
palabras cobran fuerza propia; nadie debería escoger palabras demasiado fuertes
ni pronunciarlas demasiado alto puesto que pueden provocar reacciones tanto de
uno como otro bando. Por lo mismo el lema debería ser hablar pero no amenazar.
Indicarles a los rusos cuánto es lo que se ha logrado conjuntamente y cuánto se
podría perder si se actúa unilateralmente. Recordarles que la OTAN es tanto una
alianza internacional como una alianza de defensa cuya misión es defender
valores como la libertad. Y recordarles que también Rusia se beneficia de
Occidente cuando abastece gas. La dependencia es bilateral”.
En cambio, el periódico
Der
Standard, de Viena, machaca sobre la "sovietización" de Rusia: "La KGB del
ex presidente ruso, Vladimir Putin, tiene muchas caras. La de Dimitri Medvedev
es una más de ellas. Rápidamente queda desenmascarado el nuevo hombre en el
Kremlin, el supuesto liberal, Dimitri Medvedev. Recientemente criticó el
nihilismo de derecha imperante en Rusia e impresionó al ministro de Relaciones
Exteriores alemán con su defensa de la libertad y el derecho como base de la
actuación estatal en Rusia. El que Medvedev apoye el avance militar contra
Georgia y el reconocimiento formal de las provincias separatistas por encargo
del verdadero jefe Vladimir Putin, confirma que es sólo una “cara bonita”, parte
de aquella mafia del KGB que no quiere soltar las riendas de la mano. No sólo en
los países bálticos impera el miedo. Todos los países que gracias a la “mayor
catástrofe geopolítica del siglo” (según Putin al referirse al derrumbe de la
República Soviética) quedaron en libertad y conocen las demandas imperialistas del
Kremlin”.
The Times, de Londres,
aboga por la profundización del aislamiento económico de Rusia: "El bienestar y
la fuerza rusas, que este país está por lo visto decidido a mal utilizar, es
producto puro de su integración a la comunidad internacional. Por lo mismo
amenazar con su asilamiento podría tener éxito. Se han retirado miles de
millones de dólares de los mercados financieros de Moscú. La constante
irreverencia rusa impulsa por un lado la huida de capitales y por el otro el
retroceso de las inversiones. Se podría pensar en la imposición de restricciones
de visados para ministros y oligarcas. Y si Ucrania y Georgia no están aún en
condiciones de ingresar a la OTAN, sus líderes deberían por lo menos, tal como
lo demandan, recibir un fuerte apoyo. Titubear sólo hace más peligrosa la
situación ya de por sí peligrosa”.
¿Sangran por la herida? Los
medios europeos son la mejor muestra de que Rusia -tal como lo plantea
abiertamente el gobierno del Kremlin- sustituyó el lenguaje "disuasivo" por
el hacha de guerra en la disputa por áreas de influencia con el eje
imperialista occidental USA-UE en el espacio post-soviético.
La oportunidad "hace al ladrón", y
el poder del Kremlin aprovechó el "acto fallido" de la invasión militar
de Georgia a Osetia del Sur para lanzar un contraataque demoledor en varios
frentes que dejó a EEUU y sus socios europeos sin respuesta en el tablero.
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Medvedev se dirige a los
ciudadanos rusos por televisión. (Foto AFP) |
Cómo sigue la guerra
Para los analistas y medios rusos,
en general, el capitulo del cónclave europeo del lunes es la mejor prueba de que en
el conflicto del Cáucaso Moscú ganó la primera batalla. Pero en Moscú, los
generales y funcionarios van por más.
Para el Kremlin y su Estado Mayor la
cuestión parece estar clara: Después de la derrota de Georgia (un Estado títere de
Washington), la región no puede volver a su status anterior de presión militar
de la OTAN y hegemonía encubierta de EEUU.
Rusia "no
puede aceptar un orden mundial en el que todas las decisiones las tome un solo
país, incluso aunque se trate de uno tan serio como Estados Unidos", dijo el
fin de semana el presidente Dmitri Medvédev, quien anunció los cinco principios clave de
la política exterior de Rusia basados en el restablecimiento de la "multipolaridad" como
fundamento
esencial de las relaciones internacionales.
Emergente de las cenizas de la Unión Soviética y de la Guerra Fría, y luego de
expulsar del poder al lobby sionista infiltrado con Yeltsin tras la caída de la
URSS, Rusia (hoy conducida desde las sombras por Putin) se proyecta hacia la
consolidación de un Imperio forjado a partir de la vieja sociedad capitalista de
las armas, el petróleo y las finanzas.
Ya no se trata de una enfrentamiento entre dos sistemas "diferentes", sino
de un
reposicionamiento de la "Guerra Fría", no ya entre dos sistemas opuestos
(el capitalista y el comunista) sino entre potencias capitalistas que se
disputan la hegemonía del poder mundial.
Rusia, con su bota militar puesta
en Georgia, hoy desafía el poder global del eje USA-UE que hasta ahora jugó como
locomotora "unipolar" del nuevo orden mundial del sistema capitalista.
Pero, es imposible pensar que
USA-UE (golpeados pero no derrotados en el tablero de Georgia) abandone el botín
de guerra del enclave energético georgiano.
Según un analista de la agencia
rusa RIA Novosti: "Occidente "cruzó el Rubicón" con los planes de
emplazar el escudo antimisiles estadounidense en Europa y cuando impuso su
solución a la problemática serbia. Al ignorar de plano la postura de Rusia en
estos dos asuntos, Occidente provocó una reacción de respuesta que implicó en
primer lugar el riesgo del uso de la fuerza y segundo, de que Moscú optara por
soluciones propias a los asuntos conflictivos en el espacio postsoviético sin
tener en cuenta la opinión de Occidente".
"Describir por centésima vez los cinco días de guerra en el territorio georgiano
no vale la pena. Lo importante es constatar que su consecuencia geopolítica no
es que Rusia reconoció a Osetia del Sur y Abjasia, sino que hemos vuelto a la
confrontación entre Rusia y Occidente", señala .
"Por lo visto, las partes
intentarán imponer sus argumentos utilizando recursos políticos y económicos, y
aquí llegamos a una situación interesante: la integración de Rusia a la economía
mundial ocurrida los últimos quince años, impedirá a que Occidente pueda
perjudicar a Moscú seriamente en el campo económico porque al hacerlo, puede
salir perdiendo en la misma medida o incluso más", agrega.
¿Y donde ocurrirá el próximo round de confrontación?, se pregunta la agencia
rusa.
"En un 100 % es difícil afirmar, pero teniendo en cuenta los últimos
acontecimientos y su perspectiva de evolución, esa confrontación puede ocurrir
en el territorio ucraniano, donde se decidirá el destino no sólo de la
Flota rusa del mar Negro, sino también la influencia de Moscú en Europa
Oriental", añade Ria Novosti.
La guerra continúa, dicen los
números (y la realidad) para Moscú y USA-UE.