l desarrollo de la etapa post-bélica
demuestra que el gobierno de Moscú está buscando (al mejor estilo de Putin) un
"equilibrio" entre el cumplimiento de la "formalidad diplomática" del acuerdo de
alto el fuego suscripto con Georgia (con mediación de Francia) con una
profundización del control militar estratégico que hoy detenta sobre la región
del Cáucaso y Georgia.
Para el Kremlin y su Estado Mayor la
cuestión estaría clara: Después de la derrota de Georgia (un Estado títere de
Washington), la región no puede volver a su status anterior de presión militar
de la OTAN y hegemonía encubierta de EEUU.
Con el reforzamiento del cerco
militar sobre Georgia, Rusia controla de hecho el estratégico oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC),
una llave de acceso del petróleo del Caspio hacia Europa, que Moscú ya estaría
barajando como herramienta para negociar un "nuevo orden regional" que lo
tenga como protagonista central.
Según agencias rusas y "occidentales" el presidente
ruso, Dmitri Medvedev, le comunicó este domingo a su homólogo francés,
Nicolás Sarkozy, en conversación telefónica, que el lunes comenzará la
"retirada" de las tropas rusas desplegadas en Georgia, aunque no precisó la
modalidad ni el calendario del retiro total.
Según la interpretación de algunos
analistas rusos, pese a que se realizará un retiro gradual y formal de las tropas, los enclaves
estratégicos de control militar de la región no se desmontarán aunque el Kremlin haya
firmado "oficialmente" el acuerdo del cese al fuego al que el canciller francés
definió como un "pedazo de papel".
De acuerdo
con esas interpretaciones, las claves de ese dispositivo de control militar
estratégico cuenta con tres emplazamientos : Osetia del Norte y la
frontera rusa por el norte, Osetia del Sur, como centro de proyección
a Tiflis, y la Flota del Mar Negro, como plataforma de monitoreo del
movimiento aéreo y portuario de Georgia.
En ese escenario, la estrategia de
Moscú estaría orientada a "ganar tiempo" con retiros parciales y lentos
de tropas para cubrir las reglas "diplomáticas", manteniendo y fortificando el
dispositivo militar de "cerco" sobre Georgia y el resto de la región.
Pero la estrategia rusa ya generó una
reacción en EEUU y la Unión Europea, que por ahora se muestran impotentes y sin
medidas claras para neutralizar la operación de Moscú.
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Mapa de la región
del Cáucaso |
Tanto Washington como su Estado
títere de Georgia, calificaron de "ambigua y confusa" la promesa de retiro
reiterando sus advertencias de que las tropas rusas de combate deben
abandonar de inmediato y sin más preámbulos el territorio georgiano y las
provincias separatistas de Osetia del Sur y de Abjasia, o Moscú deberá
enfrentar un aislamiento internacional.
Un comunicado del Estado Mayor
militar ruso precisó aún más los alcances de la decisión rusa.
En el comunicado, la plana mayor
militar del Kremlin precisó que la retirada de las tropas rusas de Georgia
será "gradual" e insistió en la necesidad de que éstas continúen cumpliendo
con su "misión de paz" en la zona de conflicto.
El general Anatoli Nogovitsin, subjefe del Estado Mayor del Ejército ruso, añadió que las tropas
rusas también se ocupan de liquidar las secuelas de la catástrofe humana
provocada por la guerra. "En estos momentos, las tropas rusas mantienen el
control sobre tres ciudades georgianas (Gori, Senaki y Zugdidi), además de
mantener el cerco sobre el puerto de Poti, en el Mar Negro, con la Flota Rusa
monitoreando todos los movimientos", precisó.
"La principal tarea de las tropas
rusas de paz y de las unidades del 58 Ejército en la zona de conflicto es estar
en permanente alerta para cumplir con sus misiones de pacificación", aseguró en
una rueda de prensa el general Anatoli Nogovitsin.
Hay que puntualizar que -según medios
y analistas rusos- Moscú sostiene que la fracasada invasión de Georgia del Sur
tenía como objetivo una intervención de la ONU y el despliegue de "fuerzas de
paz" que marginaría a las fuerzas rusas de la función que cumplían en
la región en el marco del la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que
aglutina a las ex repúblicas soviéticas.
El fracaso de la invasión de Georgia
a Osetia del Norte, y el posterior contraataque y despliegue de sus tropas, le
permitió a Moscú la posibilidad de reposicionarse militarmente sobre
Georgia y sobre el grifo petrolero del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC),
desnudando el corazón estratégico del conflicto que no es otro que el control
del flujo petrolero del Caspio hacia Europa.
A partir
del control militar de Georgia y del Cáucaso, Moscú se posiciona claramente en
tres escenarios: El control del estratégico oleoducto
Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC),
una negociación por separado con Alemania y Francia que
produce una fisura en las relaciones USA-UE con el petróleo del Caspio como
protagonista, y el envío de una clara advertencia (especialmente para Ucrania,
Polonia y Rep. Checa) de que Moscú puede extender la lección de Georgia a
otros enclaves pro-EEUU del espacio postsoviético.
A su vez, el afianzamiento militar
del control territorial y sobre el estratégico BTC le permite a Moscú presionar
sobre la UE para la no aceptación de Georgia en la OTAN. Si Georgia
ingresara a la OTAN se completaría el círculo de aislamiento de la Flota Rusa
del Mar Negro.
En los últimos años, países
post-soviéticos que tienen costas en el Mar Negro se integraron a la Alianza: en 2004 (además de Turquía) Rumania y Bulgaria se agregaron a la OTAN y
estos dos últimos desde principios de 2007, además, se integraron a la Unión
Europea. La estrategia de Washington buscaba (y busca) claramente el
aislamiento de Rusia y su flota en la región.
El dominio ruso del Mar Negro,
además, tiene una clara incidencia geopolítica-militar sobre Irán y Turquía (una
llave militar de EEUU) y juega un papel estratégico en el desarrollo del conflicto de Medio Oriente.
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Mapa del oleoducto BTC: por él pasa la mayor parte de crudo que produce la región. |
En las últimas horas la prensa rusa
difundió versiones según las cuales Moscú podría amenazar con la interrupción
del estratégico oleoducto que trasporta petróleo a Europa desde el Caspio y
cuyas redes de tendido pasan a través de Georgia.
En su nueva guerra fría por áreas de
influencia con Moscú, EEUU construyó el BTC, un oleoducto que parte del
Azerbaidjan y concluye en el Mediterráneo, en Turquía, para evitar
el territorio de Rusia (e Irán), con el propósito claro de monopolizar la
explotación y el transporte del petróleo y el gas asiáticos.
Es la única tubería que lleva al
continente europeo el crudo del Caspio sin pasar por Rusia e Irán, que hasta su
construcción ostentaba el monopolio de los suministros de hidrocarburos
procedentes de Asia Central.
El oleoducto BTC, que empezó a
funcionar en el 2006, se extiende a través de Chechenia y las provincias
separatistas de Abjazia y Osetia del Sur en Georgia.
Debido a su importancia
geopolítica-militar y económica en la competencia por áreas de influencia con
Rusia, EEUU proporcionó a Georgia multimillonarias cifras en ayuda económica,
dotándola de armamento y equipamiento estadounidense de última generación en el
espacio post-soviético.
El BTC ha costado unos 3.600 millones
de dólares (unos 2.370 millones de euros), que aportaron varias petroleras
internacionales, entre las que se destacan British Petroleum y las norteamericanas
Chevron y Conoco-Philips.
De ser destruido o interrumpido el vital oleoducto,
el monopolio de los suministros de petróleo volvería a la
ruta rusa, a través de Bielorrusia y Ucrania. Puesto en funcionamiento en
2006, el BTC permite a Europa obtener diariamente 1,2 millones de barriles de
crudo.
Esta es la principal carta en la
manga de Moscú para forzar a la Unión Europea (la principal perjudicada en caso
de interrupción del flujo petrolero) a negociar un acuerdo al margen de
Washington y de sus petroleras.
Rusia, por medio de la anterior administración de Putin, inició una estrategia
de apuntalamiento de sus relaciones con Europa a partir de su desarrollo con
el petróleo y la energía.
De la mano del gigante petrolero estatal ruso, Gazpron, Putin avanzó en acuerdos
sectoriales con Alemania, Austria, Italia y Francia.
Gazprom ya distribuye el gas en
Italia, con Alemania mantiene un contrato de provisión de gas por el Báltico,
y en Rusia le ha otorgado contratos a la Total francesa, rompiendo
la hegemonía de las petroleras anglo-norteamericanas.
El nuevo mapa de dominio regional del Cáucaso, y su virtual control militar de Georgia, posiciona a Moscú para avanzar hacia la consolidación de nuevos acuerdos
energéticos con Europa produciendo una fisura en la alianza EEUU-UE con -todavía
impensables-influencias en el mapa del poder regional.
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(*) Manuel Freytas
(manuelfreytas@iarnoticias.com) es
periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más referenciados de la red. Ver sus trabajos
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