Si
bien su discípulo y protegido, Dmitri Medvedev, hoy ejerce la presidencia, en
Rusia no hay doble comando: manda Putin, destacaron el miércoles medios
europeos y estadounidenses.
Medvedev debe el ascenso de su
carrera en la élite del poder ruso al propio Putin, quien lo trajo a su
círculo de colaboradores cercanos desde el inicio de los años 1990 para trabajar
en el equipo de gobierno local en San Petersburgo.
Apostando a su continuidad en el
poder "por otras vías", el ex presidente ruso proyectó como candidato
presidencial de Rusia en el 2008 a Dmitri Medvedev, con el compromiso de formar
un equipo para conducir Rusia con Putin en el liderazgo de las decisiones.
Este es
el argumento central que esgrimen los expertos a la hora de señalar a Putin como
el actual "poder en las sombras de Rusia" desde su cargo de primer
ministro, que asumió por imposibilidad de volver a postularse tras el fin
de su segundo mandato constitucional en el 2008.
Putin, formado en el mundo del espionaje (KGB) y con un curriculun que incluye
una tesis doctoral sobre la utilización del petróleo como instrumento de poder
geopolítico-económico estratégico, comenzó su proyecto de reposicionara
Rusia como gran potencia mundial luego de la caída de la URSS, utilizando
como herramienta sus colosales reservas de petróleo y gas y su condición de país
pivote entre Asia oriental y Europa.
En el presente, favorecido por los altos precios del petróleo, con US$ 600.000 millones en
reservas y con su renovado sistema de armamento nuclear y convencional, Rusia comienza a desafiar a la hegemonía imperial estadounidense en
todos los frentes, principalmente en el terreno nuclear y armamentista.
Sus colosales alianzas económicas-energéticas y
geopolíticas-militares estratégicas con China, Irán, Medio Oriente y el eje
asiático lo perfilaron a Putin como "imprescindible" para la continuidad del
poder en Rusia.
En el marco de la llamada "crisis de los misiles" con EEUU en Europa, y
en medio de un recrudecimiento de la nueva "guerra fría", Rusia, entonces
aún con Putin en
la presidencia, colocó su bandera debajo del Polo Norte, paralelamente a los
movimientos que ejecutan sus bombarderos nucleares en el Pacífico y a los
ejercicios militares con China.
Además, Rusia multiplicó sus
anuncios de fabricación de nuevos armamentos estratégicos y convencionales, e
incrementó en grados notables sus exhibiciones de fuerza militar ante Occidente
para mostrar la voluntad de mantener sus ambiciones de superpotencia en
expansión.
Según los analistas estadounidenses,
con Putin como "el poder en las sombras", la operación militar en Georgia y en
el Cáucaso demuestra que tras 16 años de declive militar y diplomático ante EEUU,
Rusia recupera el poderío militar en un abierto desafío a Washington y a las
potencias occidentales.
Según la BBC, al utilizar la fuerza
en el conflicto por la república separatista de Osetia del Sur, Rusia demostró
que "ya no está dispuesta a seguir tolerando las aspiraciones de la OTAN de
extenderse en Europa de Este".
Al mismo tiempo -señala- , el hecho de que Occidente no pudo responder
contundentemente para defender a su aliado, Georgia, también "ha probado que
Rusia está recuperando el terreno que perdió como potencia mundial".
Muchos expertos coinciden en que,
con su apabullante acción militar en el Cáucaso, Rusia mandó un mensaje
contundente a EEUU para que congele sus planes y desplazamientos
militares en Europa del Este donde, por medio de la OTAN, ha creado un
cerco alrededor de de las fronteras de Rusia.
Georgia no es un elemento suelto en
el tablero: El conflicto militar
entre Rusia y Georgia en el Cáucaso es sólo uno de los frentes de operaciones de
la guerra (por ahora "fría") por áreas de influencia que mantiene la alianza EEUU-UE-OTAN contra el eje Rusia-China en euroasia y los ex enclaves soviéticos.
Durante los dos períodos
presidenciales de Putin, y utilizando como herramientas estratégicas el petróleo
y el desarrollo armamentista, Rusia se proyectó como la gran potencia del siglo XXI en abierta competencia con EEUU y sus socios de la Unión Europea.
En noviembre pasado, en Tayikistán,
en el marco de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y
la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), se estableció un
convenio para la puesta en marcha de un bloque politico-militar que ya se
presenta como un reto a la Alianza Atlántica (OTAN) no sólo en Asia Central sino
en todo el continente eurasiático.
Con la derrota y desaparición de
la URSS (punto de referencia geopolítico y logístico de la "revolución
socialista" y de sus movimientos armados) desapareció el sistema comunista, y
el sistema capitalista occidental de "libre mercado" ingresó al nuevo "orden
mundial" convertido en sistema hegemónico unipolar liderado por EEUU como
potencia locomotora.
En el nuevo contexto internacional,
la llamada nueva "guerra fría" de Rusia con EEUU (y el bloque aliado de la Unión
Europea) es principalmente por áreas de influencia comercial y competencia por
los mercados: el Estado capitalista ruso vs. el sistema capitalista
occidental de libre mercado, liderado por EEUU como potencia locomotora.
Pero hay otra lectura de los
analistas rusos, según la cual, Rusia, socia estratégica del régimen de Teherán,
intenta disuadir con su aparato militar a EEUU de un ataque a Irán que podría
desencadenar un conflicto militar entre ambas potencias.
Para el conjunto de los analistas europeos y
estadounidenses,
la asociación estratégica Rusia-Irán y el "efecto musulmán" son las dos
cartas fundamentales que los halcones norteamericanos e israelíes deberán
evaluar antes de lanzar los misiles contra las instalaciones nucleares de
Teherán.
Petróleo y "efecto musulmán": una combinación letal que podría convertir un ataque militar a Irán en una tercera guerra mundial íntercapitalista con EEUU
y Rusia como actores principales.Según
sugieren algunos analistas militares estadounidenses, la demostración del poder
militar de Rusia en Georgia también esta destinado a que los estrategas y
generales del Pentágono "piensen dos veces" antes de atacar Irán.