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Represión militar contra manifestantes y monjes budistas
en la ciudad de Lhasa en marzo de 2008. |
Los Juegos Olímpicos, con su
proyección masiva a escala mediática internacional, se han convertido en un
teatro de operaciones de la guerra por áreas de influencia que mantienen
los dos polos gravitantes del poder mundial en la era de las comunicaciones.
Tibet, la revuelta de los monjes
encabezada por el Dalai Lama, las versiones de un posible "ataque
terrorista" durante el evento, son apenas la cara "formal", la frutilla de la
torta, de un conflicto mundial por áreas de influencia que la
prensa internacional intenta mostrar dentro del marco acotado de un conflicto
de China con el "mundo".
Por el contrario, la realidad (con
datos procesados de la propia dinámica informativa del sistema) muestra a las
claras que el marco "deportivo" de los Juegos es solo una cáscara formal que
encubre una disputa intercapitalista profunda por áreas de influencia con dos
polos definidos: El eje EEUU-UE por un lado, y el eje Rusia-China, Irán, por el
otro.
Desde sus propios inicios el proceso
informativo internacional sobre los Juegos Olímpicos mostró dos objetivos contrapuestos:
China trata de utilizar el evento como vidriera de proyección mediática de su
imagen de potencia mundial emergente, y EEUU y la Unión Europea intentan
boicotearlo argumentado la "violación de los derechos humanos" en el
Tibet por parte del gobierno de Beijing.
Y la explicación es clara: Los Juegos
Olímpicos se han convertido en una "pantalla mundial" expuesta a la
avidez consumista de miles de millones de televidentes alienados a lo largo y a
lo ancho del planeta.
La realidad estratégicamente
analizada muestra que, utilizando de pretexto una
campaña mediática internacional con la "violación de derechos humanos"
en China, el eje USA-UE busca restarle espacio geopolítico de maniobra a Irán y Rusia,
aliados estratégicos de Pekín en la guerra (por ahora "fría") por el control del
petróleo y de los recursos estratégicos del espacio euroasiático.
Por su parte, el gobierno chino
(capitalista y represor en su política interna) con su clásico "doble discurso"
político y diplomático intenta bajar el voltaje de la campaña en su contra
mostrando al Dalai Lama (un simple empleado de Washington) como el
"gran desestabilizador" de los Juegos Olímpicos.
La realidad indica que China, la
tercera potencia económica mundial, con poder nuclear y 1300 millones de
habitantes, desafía cada vez más la hegemonía de EEUU y la Unión Europea como
centros irradiantes del sistema capitalista a escala planetaria.
Al contrario de lo que quieren
mostrar la prensa internacional y sus analistas, en el centro de la disputa no
están el Tibet y el Dalai Lama, sino el petróleo y el posicionamiento
geopolítico estratégico en el teatro de operaciones euroasiático definido como
una lucha entre el bloque de la OTAN y el bloque compuesto por Rusia, China e
Irán.
Rusia y
China, con su poderío económico creciente y su renovado sistema de armamento
nuclear y convencional, vienen sellando pactos y acuerdos estratégicos que
comienzan a desafiar cada vez más la hegemonía imperial estadounidense y
europea en relación con Asia, Irán, Medio Oriente y América Latina.
En agosto de 2007,
repitiendo ejercicios militares conjuntos de 2005 y 2006, en el marco de la
Organización pro Cooperación de Shanghai (OCS), Moscú y Beijing, reafirmaron su
alianza estratégica en Asia Central con la participación de Irán como una
"tercera pata" proyectada al Medio Oriente.
China y Rusia, las dos potencias que
hoy están expuestas a los "golpes de la CIA" ("revoluciones
naranja" en el área de influencia rusa, y "revolución de los monjes"
en el área de influencia china), son las que más abiertamente desafían la
hegemonía imperial del eje sionista Washington-Unión Europea en una disputa por
áreas de influencia que los expertos denominan neo-guerra fría.
En este
cuadro, con el petróleo y los recursos de supervivencia en el centro, Tibet y
Birmania (al igual que Ucrania, Georgia, Bielorrusia y el resto del espacio
post-soviético) son piezas de un tablero estratégico de disputa
intercapitalista (guerra fría) que tiene como protagonistas centrales al eje
Rusia-China, de un lado, y al eje Washington-Unión Europea, del otro.
En consecuencia, China y Rusia,
además de ser socios estratégicos de Teherán en el plano comercial, representan
un reaseguro de protección nuclear-militar para Irán en su guerra de
supervivencia contra el eje EEUU-Israel-UE.
En el razonamiento estratégico de
los expertos, una operación militar de alto espectro dirigida contra Irán sólo
puede tener éxito si se daña simultáneamente la estructura de las alianzas
comerciales, militares y geopolíticas que
vinculan a Irán con China y Rusia.
Esto le confiere a los Juegos
Olímpicos de Beijing su condimento mediático esencial: Las posibilidad de un
atentado "terrorista" con sello islámico y origen en Teherán.
Y hay una explicación: Tibet,
conjuntamente con los territorios en disputa de Xinjiang y Taiwán,
representan los mayores conflictos secesionistas (y el centro de las
operaciones desestabilizadoras de la CIA) para los líderes chinos.
Para los expertos, y como parte de
una estrategia global de desestabilización de
China, que hoy está utilizando al Tibet y a los Juegos Olímpicos como
pantalla de proyección internacional, en la región de Xinjiang-Uigur, el
espionaje paquistaní (ISI), actuando en vinculación con la CIA, apoya a varias
organizaciones islamistas con base en China.
Desde la invasión y ocupación de
Afganistán en 2001, EEUU tiene una presencia militar permanente en la frontera
occidental de China, en Afganistán y Pakistán, con una posición estratégica en
las fronteras con China e Irán.
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Bush y el Dalai Lama |
Bush y el fantasma "terrorista"
En este escenario, no sorprende que,
a una semana de la iniciación de los Juegos, el Pentágono, por medio de un
informe, defina una estrategia fundamentalmente dirigida en el corto y mediano
plazo a evitar las amenazas que plantean "movimientos extremistas violentos,
como Al Qaeda y sus asociados".
"En el futuro previsible, el panorama
estratégico estará definido por la lucha global contra la ideología extremista
violenta que busca derribar el sistema internacional" basado sobre los Estados,
señala el documento en referencia a Al Qaeda y sus "asociados", precisa el
informe del Pentágono sobre la nueva estrategia de seguridad de EEUU.
Como si faltara algo, y en el mismo
marco, el secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, llamó tomar
recaudos contra el creciente poderío militar de "Estados renegados como Irán
y Corea del Norte" y potenciales rivales, en especial China y Rusia.
La aparición del informe no es casual
en el clima del atentado "terrorista" latente que rodea el desarrollo de
los Juegos Olímpicos.
Además el inicio de las olimpíadas en
Beijing coincide con el rechazo contundente de Irán al ultimátum
de EEUU y las potencias occidentales para que abandone su programa nuclear a
cambio de no ser sometido a nuevas y más duras sanciones y presiones.
Pero el dato más "llamativo" (y
sugerente) es el sorpresivo anuncio de la presencia de Bush en la
inauguración de los Juegos Olímpicos el próximo viernes.
Rompiendo con la barrera del
"boicot", y con grandes resistencias dentro de la UE y de los EEUU, el
Departamento de Estado anunció que Bush iniciará una gira por Asia que incluye
una escala en la inauguración de los Juegos Olímpicos en China.
El anuncio hizo estallar el tablero:
Para el poder europeo el presidente norteamericano está legitimando con su
presencia las aspiraciones de China, y para el poder norteamericano Bush se
expone a un "ataque terrorista".
A cinco días del evento, el
despliegue descomunal de la policía y el ejército chino muestran una imagen
blindada de prevención "antiterrorista" que enmarcará la presencia del
presidente imperial en la inauguración de la olimpíadas.
Alrededor de
150.000 miembros del ejercito y la policía fueron movilizados bajo el lema "Juegos Olímpicos sin incidentes",
un eslogan que ha sido muy repetido por la propaganda oficial china.
Unos 300.000 voluntarios participarán también en operaciones de este tipo
y las autoridades han prometido 50.000 euros a las personas que den
informaciones sobre posibles amenazas contra los Juegos Olímpicos.
Este lunes
la agencia oficial de noticias de China, Xinhua, dijo que al menos 16 policías
murieron y otros tantos resultaron heridos en un ataque con explosivos
perpetrado contra una comisaría en la región noroccidental de Xinjiang.
¿Porqué
Bush en China?
En primer lugar (y por razones del
aparato de seguridad que lo rodea), Bush no podría ser alcanzado por un
ataque terrorista.
En segundo lugar, el principal
protector de la seguridad de Bush será el propio gobierno chino cuya
imagen internacional se desmoronaría frente a un atentado contra el presidente
norteamericano.
Y hay una tercera conclusión: Un
atentado "terrorista islámico" contra los Juegos Olímpicos con Bush adentro de
China, por más limitado que fuere, sería un ataque contra la investidura del
presidente de EEUU.
¿Qué mejor argumento para atacar
Irán, el "exportador de movimientos extremistas violentos"?
La hipótesis está abierta.
Tan viva como las confirmaciones de
que los monjes
budistas del Dalai Lama, los "terroristas islamistas" en la frontera con
Pakistán, el "gobierno tibetano en el exilio", las ONG de "derechos humanos"
(pantallas de la CIA), las operaciones internacionales de boicot contra China, las campañas en contra de la prensa internacional, las
maniobras de aislamiento en la ONU, conforman el brazo político-mediático del eje USA-UE
para estrangular al régimen de Beijing.
El objetivo encubierto (de la
presencia de Bush en China) es Irán.
Lo que resume los Juegos Olímpicos
como teatro mediático del conflicto de Medio Oriente y de la nueva Guerra Fría.
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(*) Manuel Freytas es
periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más referenciados de la red. Ver sus trabajos
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