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Chávez y Uribe "sellando la paz" en
la cumbre del Grupo Río, en marzo pasado. |
Por Manuel
Freytas (*)
Informe especial
Cuando EEUU sustituyó a la
estrategia "dura" de los militares de la "seguridad nacional" por
la estrategia "blanda" de los políticos de la "democracia y la
paz", en Washington ni siquiera se imaginaban el final de proceso.
Desde hace más de 20 años, en
América Latina la democracia de mercado (el "poder blando") convive con la
cadena de bases del Comando Sur cuya misión es preservar la hegemonía militar
norteamericana en la región (el "poder duro").
Se trata de una estrategia de
"dos caras" orientada a preservar el dominio
geopolítico y militar del imperio norteamericano en
su histórico Patio Trasero.
En este escenario, el Imperio fija
sus reglas de control de gobiernos regionales (hoy "democráticos") en tres
parámetros: gobernabilidad, estabilidad económica y "paz social".
De modo tal, y por vigencia de la
nueva estrategia imperial, el "enemigo" en América Latina ya no es el
"subversivo comunista" de la "Guerra Fría", sino el "terrorista
desestabilizador" que atenta contra los principios establecidos de la
gobernabilidad, la estabilidad económica y la "paz social".
Durante casi una década, la
calificación de "enemigo" estuvo simbolizada en el presidente de
Venezuela, Hugo Chávez.
El marketing imperial depositó en
la figura de Chávez el peor de todos los símbolos del mal que acecha a la
"democracia": La "desestabilización".
El Departamento de Estado presentó
a Chávez en distintos matices de "desestabilización": "comunista",
"dictador", "terrorista" aliado de las FARC, etc.
Como efecto inverso, a Chávez le
benefició esta caracterización imperial de su figura: Ser el "enemigo número
uno" de Washington le reportó caudal electoral e influencia notoria sobre la
mayoría de la izquierda en América Latina.
Más virulencia ponía el Imperio
para atacarlo, más crecía el centimetraje de Chávez en la prensa internacional y
su discurso cobraba vuelo "revolucionario" de la mano de Cuba y de la
izquierda regional.
Pero en esta dinámica se producían
dos contradicciones notorias que nadie observaba:
1) Chávez
ganó y conservó el
poder por medio de elecciones democráticas, por lo tanto las imputaciones de
Washington sobre su condición de "dictador" y "terrorista" eran falsas.
En realidad, Chávez jamás "desestabilizó" a Venezuela ni exportó a través del
discurso, "desestabilización" al resto de América Latina.
2) Chávez en ningún momento
(pese a las medidas "nacionalizadoras" y algunas "expropiaciones" particulares)
terminó con el sistema capitalista en Venezuela. Al contrario, y como
está documentado, Wall Street y la prensa estadounidense siempre elogiaron las
"oportunidades de negocios" y el crecimiento notable de la sociedad de consumo
en Venezuela. Por otra parte, estadísticas numéricas oficiales acreditan que
Venezuela es el principal socio comercial de EEUU en la región. De tal manera
que, en la realidad, Chávez es un gobernante capitalista, y no un
"revolucionario" como lo visualiza la izquierda.
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Chávez, el "desestabilizador
revolucionario"
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El resumen de estas dos
contradicciones fundamentales conjugaba un resultado: A) Chávez ganaba
elecciones, aumentaba su imagen internacional y su influencia resultaba
gravitante para que otros "revolucionarios" accedieran a la presidencia de sus
países (Morales, Correa, etc). B) Washington había encontrado el símil más
perfecto del "enemigo" (sustitutivo del "comunismo") para fundamentar la
lucha por los cimientos estratégicos de la "gobernabilidad" del sistema en la
región.
El proceso siguió así hasta que
llegaron Uribe y la escalada bélica Colombia-Venezuela con las FARC
en el medio.
A Chávez el conflicto regional
suscitado con Colombia tras el asesinato del segundo de las FARC, Raúl Reyes, lo
encontró debilitado: Venía de perder su primera elección (el referendo
reeleccionario) y Venezuela ya empezaba a padecer los primeros síntomas de
inflación y desabastecimiento de alimentos.
Uribe, siempre representó para
Chávez el caballito de batalla
ideal para ganar influencia en la interna
regional.
Cuando calificó al presidente
colombiano de "cachorro del Imperio", Chávez sintetizó en Uribe la mejor
imagen de Bush en la región.
Así como EEUU demonizó a Chávez
como "terrorista y desestabilizador", el presidente venezolano demonizó a
Uribe como el "servidor incondicional" de Washington.
Ambas tácticas, en las antípodas,
cumplían con el mismo propósito: Galvanizar y atraer aliados.
En la práctica: Ni Chávez era "tan
enemigo" de EEUU, ni Uribe (salvo el Plan Colombia) era el "mejor aliado" de
EEUU, ya que -sin excepción- todos los gobiernos de la región se mantienen
dentro del sistema y el programa capitalista exportado por Washington, y están
estructurados sobre los pilares de la gobernabilidad, la estabilidad económica
y la "paz social".
Pero este proceso (del "cachorro"
y el "desestabiizador"), finalizó cuando Chávez y Uribe dieron por terminado el
conflicto regional y se dieron la mano durante la cumbre del Grupo Río,
elogiados calurosamente por Washington y sus socios de la Unión Europea.
Tras la recomposición de
relaciones diplomáticas entre Caracas y Bogotá, algo "cambió" en la
relación de Chávez con Uribe, y algo "se rompió" en la relación de Chávez
con las FARC.
En la última cumbre entre ambos,
Chávez resaltó los puntos de coincidencia con Uribe y lo trató de
"hermano". El colombiano, por su parte le respondió con conceptos
equivalentes.
En el medio de ambos, Washington
se deshizo en elogios al "cambio de Chávez" y a las implicancias
"positivas" que tendrían para la región la recomposición de relaciones
Colombia-Venezuela.
Atrás, muy atrás, quedaron la
"guerra asimétrica" y los insultos de Chávez contra el Imperio
estadounidense, y su equivalente en las antípodas: Las acusaciones de
"desestabilizador terrorista" proferidas por Washington contra Chávez.
Y lo más novedoso: Chávez comenzó
a sustituir gradualmente la palabra "antiimperialismo" por la palabra
"paz" en sus discursos.
Y la "paz" (la ausencia de
guerra, aún en forma discursiva), casualmente, es uno de los requisitos
básicos para que se cumplan los objetivos de máxima de la "gobernabilidad" y la
"estabilidad económica" exigidas por Washington a los gobiernos de la región.
Pero faltaba aún lo más
asombroso: Chávez pidió a las FARC que abandonaran la lucha armada, que
devolvieran los rehenes y se integraran al proceso democrático.
“La guerra de guerrilla pasó a
la historia y ustedes en las FARC deben saber una cosa: ustedes se han
convertido en una excusa del imperio para amenazarnos a todos, son la excusa
perfecta", señaló Chávez dejando a sus seguidores de izquierda sin aliento.
¿Chávez viró a la derecha?,
se preguntaron estupefactos desde la izquierda y el "progresismo" regional.
Chávez, sin emitir registro del
aluvión desatado, siguió con su rutina discursiva de "anteponer la paz" a
cualquier otra consideración política sobre el Imperio y la región.
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Uribe, el "cachorro"
servil. |
Su reciente abrazo con Uribe en
Venezuela no hizo nada más que "institucionalizar" el cambio: Chávez ya
no pelea tanto contra el Imperio, y sus energías están concentradas en la
preservación de la "paz" y en la conservación del proceso constitucional en la
región.
Chávez, sin aviso
previo, pasó de sostener la bandera de la "revolución", a defender la bandera
emblemática de la estrategia de dominio con el poder "blando": La democracia
y la paz.
Y hay un hecho probado por las estadísticas sobre riqueza y pobreza: La
democracia y la paz son los requisitos esenciales para que
Washington y las trasnacionales capitalistas sigan depredando los recursos de
América Latina sin huelgas ni rebeliones sociales en el horizonte.
¿Chávez se "derechizó" o
Uribe se "izquierdizó"?
Ni lo uno ni lo otro: Uribe está
donde siempre estuvo, y Chávez solo entró en un proceso de lógica
coincidente entre el discurso y la práctica.
El "Chávez revolucionario"
nunca "cerró" con la Venezuela capitalista convertida en el paraíso de los
inversores y en la meca dorada de la sociedad de consumo latinoamericana.
Chávez no hizo otra cosa que
otorgar "coherencia" a su discurso: Ahora sus palabras (salvo alguna
que otra disgresión
"antiimperialista") ya casi coinciden con los
hechos.
Y hay una explicación que lo
justifica: Chávez nunca estuvo en la "revolución", sino en el "pragmatismo".
La "revolución" le permitió
conseguir poder político, consenso electoral e influencia regional e
internacional.
Y el "pragmatismo" le permitió
comprender que su poder se le fue diluyendo en el tiempo.
Y el tiempo de Chávez comenzó su
conteo regresivo cuando perdió el referendo por su tercera reelección, en
diciembre de 2007.
Lo demás, fue una sumatoria de
batallas perdidas: El fracaso de la mediación con las FARC y la crisis
económica en Venezuela, entre las más sobresalientes.
Sin la posibilidad de ser
reelegido, sin "mística ganadora" y sin un heredero de confianza (el
chavismo vive una guerra de lobos), el pragmatismo le indica a Chávez que tiene
que recomponer relaciones políticas más cordiales con EEUU.
Ese es el objetivo de Chávez tanto
como el de Cuba. Y es el principal dilema de las FARC que se han quedado
solas en el camino de la lucha armada.
Esto implica que, además de
preservar la "gobernabilidad" y la "estabilidad económica" Chávez debe
convertirse en garante de la "paz social" sin exabruptos de "guerra
verbal" con el Imperio ni matices militaristas de "guerra asimétrica".
Con sus aliados (Evo
Morales,
Cuba, Correa) en crisis y acorralados: Chávez decidió pensar en su propio
futuro.
Venezuela, posiblemente (y a pesar
de contar con el petróleo), se convierta en uno de los primeros países
latinoamericanos en ser impactado de lleno por el proceso
inflacionario-recesivo que se extiende desde Europa y EEUU hacia todo el
planeta.
Una crisis económica enmarcada
en la "guerra
contra el Imperio", sería el "peor escenario" para Chávez, y la mejor
legitimación de un golpe de Estado para derrocarlo.
Pragmatismo y supervivencia:
La gran explicación para el "pacifismo" y la derechización ascendente de Chávez.
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(*) Manuel Freytas
(manuelfreytas@iarnoticias.com) es
periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más referenciados de la red. Ver sus trabajos
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