|
 |
|
Represión militar contra manifestantes y monjes budistas
en la ciudad de Lhasa. |
En el razonamiento de Chossudovsky una operación militar dirigida contra Irán
sólo puede tener éxito si se daña la estructura de las alianzas militares que
vinculan a Irán con China y Rusia.
Rusia y China, con su poderío
económico creciente y su renovado sistema de armamento nuclear y convencional,
vienen sellando pactos y acuerdos estratégicos que comienzan a desafiar cada vez
más a la hegemonía imperial estadounidense y europea en relación con Asia, Irán,
Medio Oriente y América Latina.
En agosto, repitiendo ejercicios
militares conjuntos de 2005 y 2006, en el marco de la Organización pro
Cooperación de Shanghai (OCS), Moscú y Beijing, reafirmaron su alianza
estratégica en Asia Central. Participaron además Kadsajstán, Türkmenistán,
Kirghizia, Uzbekistán y Tadyikistán.
En resumen: Las dos potencias que
hoy están expuestas a los "golpes de la CIA" ("revoluciones naranja" en
el área de influencia rusa, y "revolución de los monjes" en el área de
influencia china), son las que más abiertamente desafían la hegemonía imperial
del eje sionista Washington-Unión Europea en una disputa por áreas de
influencia que los expertos denominan neo-guerra fría.
En este escenario, con el petróleo
y los recursos de supervivencia en el centro, Tibet y Birmania (al igual que
Ucrania, Georgia, Bielorrusia y el resto del espacio post-soviético) son piezas
de un tablero estratégico de disputa intercapitalista (guerra fría) que
tiene como protagonistas centrales al eje Rusia-China, de un lado, y al eje
Washington-Unión Europea, del otro.
En este teatro de conflicto (como
marco general) hay que situar lo que está sucediendo en Tibet y con el boicot a
los Juegos Olímpicos, que forman parte de la estrategia EEUU-UE para armar
conflictos "secesionistas o
"democratizadores" que perjudiquen a las dos principales potencias
que se oponen a su supremacía geopolítica estratégica, tanto en Asia como en
Europa del Este.
Con la excepción de la frontera norte, que limita con la Federación Rusa,
Mongolia y Kazajstán, China está rodeada por bases militares de EEUU,
señala Chossudovsky.
Desde la invasión y ocupación de Afganistán en 2001, EEUU tiene una presencia
militar en la frontera occidental de China, en Afganistán y Pakistán. EE.UU. se
propone establecer bases militares permanentes en Afganistán, que ocupa una
posición estratégica que limita con las antiguas repúblicas soviéticas, China e
Irán.
Además, EEUU y la OTAN también han establecido desde 1996, lazos militares con
varias antiguas repúblicas soviéticas bajo el GUUAM (Georgia, Ucrania,
Uzbekistán, Azerbaiján y Moldava). En la era post 11-S, Washington ha utilizado
el pretexto de la “guerra global contra el terrorismo” para desarrollar una
presencia militar de EEUU. en los países del GUUAM.
China también tiene intereses petroleros en Eurasia, así como en África
subsahariana, que afectan intereses petroleros anglo-estadounidenses.
Por lo tanto, señala
Chossudovsky, lo que está en juego en la
pulseada con China y Rusia es el control geopolítico sobre el corredor eurasiático.
|
 |
|
El presidente de China, Hu Jintao y su aún
homólogo ruso, Vladimir Putin, observando ejercicios militares, durante las jornadas de la Organización pro
Cooperación de Shanghai (OCS) |
El trasfondo de la "guerra fría"
En el marco de la disputa geopolítica
en Euroasia,
EEUU y sus
socios de la Unión Europea, utilizando la fachada de organizaciones no
gubernamentales (ONGs), vienen realizando campañas desestabilizadoras y golpes
de Estado (llamados "revoluciones naranja" o "revueltas populares") contra
gobiernos pro-rusos en el espacio post-soviético de Asia y Europa del Este.
Como ya
se ha revelado
a través de la historia, la maquinaria internacional EEUU-UE, durante todos esos
procesos, intentó sustituir a líderes nacionalistas
ex soviéticos por otros "más democráticos" aliados de "occidente", como
fue el caso de Yushenko en Ucrania, cuya campaña fue alevosamente financiada y
dirigida desde el Departamento de Estado norteamericano, por su propia esposa,
que trabajó como asesora de Bush.
Las protestas y los movimientos de caos planificado y desestabilización
callejeros tras comicios electorales (Georgia, Ucrania y Bielorrusia) fueron
organizados por ONGs financiadas y dirigidas por Washington utilizando las
redes económicas de la CIA canalizadas a través de la USAID (Agencia de los
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) , según informes de la
inteligencia rusa expuestos en el parlamento moscovita.
La
maniobra fue ensayada en Georgia (2003) y Ucrania (2004) con las denominadas
"revoluciones naranja" o "revoluciones de terciopelo", y otros tantos intentos
se probaron con Kazajstán, Azerbaiyán, Uzbekistán y Bielorrusia, donde no
pudieron obtener los resultados esperados.
En esa línea, se inscribió la "rebelión de
los monjes" de septiembre pasado en Birmania (ferozmente abortada y
reprimida por la junta militar birmana), en el sudeste asiático, para
desestabilizar y derrocar a la junta militar aliada de Rusia y de China,
utilizando, como ya se hizo en Asia y Europa del Este, "revueltas populares"
que piden "democracia" y "derechos humanos" a tono con reclamos de EEUU y la
Unión Europea en la ONU.
El eje vertebrador de la "rebelión de los monjes" tibetana, el Dalai Lama,
un peón sin careta de EEUU, fue recibido por la presidenta de la Cámara de
Representantes estadounidense, la demócrata Nancy Pelosi, dando la pauta de que
demócratas y republicanos -más allá de la guerra electoral- se encuentran unidos
en la misión de hacer arder el Tibet para desestabilizar a China.
Pelosi, una operadora del lobby sionista "liberal" en el Congreso, definió al
Dalai Lama como la "encarnación de la no violencia" señalando que
"el mundo observa" los acontecimientos en China.
El
nuevo capítulo de la "rebelión de los monjes" en Tibet se lanzó -no por casualidad- en un momento en
que la mirada internacional está fija sobre China debido a la organización de
los próximos Juegos Olímpicos a realizarse en ese país.
Tibet,
conjuntamente con los
territorios en disputa de Xinjiang y Taiwán, representan los mayores conflictos
secesionistas (y el centro de las operaciones desestabilizadoras de la CIA)
para los líderes chinos.
Según Michel Chossudovsky "Consecuente con su política de debilitar y terminar por despedazar la República
Popular China, Washington apoya a movimientos secesionistas tanto en Tibet como
en la región autónoma Xinjiang-Uigur que limita con el noreste de Pakistán y
Afganistán".
En la región de Xinjiang-Uigur, el espionaje paquistaní (ISI), actuando en vinculación con la
CIA, apoya a varias organizaciones islamistas con base en China., y que son
entrenadas por la CIA.
El objetivo
declarado de esas organizaciones islámicas establecidas en China -según
Chossudovsky- es el
"establecimiento de un califato islámico en la región".
La operación, en parte descripta por
Chossudovsky, forma parte de una
estrategia global de desestabilización de China, que hoy está utilizando al
Tibet y a los Juegos Olímpicos como pantalla de proyección internacional.
Los monjes budistas del Dalai Lama,
los "terroristas islamistas" en la frontera con Pakistán, el "gobierno tibetano
en el exilio" y las ONG de "derechos humanos" (pantallas de la CIA), las
operaciones internacionales de boicot de los Juegos Olímpicos contra China, las
campañas en contra de la prensa internacional, las maniobras de aislamiento
en la ONU, conforman el brazo armado del eje USA-UE para estrangular al
régimen de Pekin.
Debilitando a China, el eje USA-UE
busca restarle espacio geopolítico de maniobra a Irán y Rusia, aliados
estratégicos de Pekín en la guerra (por ahora "fría") por el control del
petróleo y de los recursos estratégicos del espacio euroasiático.
Ese es el objetivo central,
encubierto por la farsa internacional con los "derechos humanos".