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Ateentado a las torres gemelas en Nueva York, el
11-S |
La estrategia del "terrorismo
latente"
Muchos expertos interpretan que en esta revitalización permanente de la "guerra
contraterrorista", con epicentro en Londres y Washington, busca producir una
compensación y argumentos para justificar nuevos ataques contra Irán y el mundo
islámico, tras el traspiés militar israelí en Medio Oriente y el fracaso
militar de EEUU en Irak.
EEUU y Gran Bretaña, por medio de la "psicosis terrorista" disparada con nuevos
"alertas", dispositivos de seguridad en aeropuertos, y denuncias de atentados en
aviones, o de planes descubiertos antes de ejecutarse, mantienen la vigencia
del "peligro terrorista islámico" como neutralización sus derrotas en Medio
Oriente y afianzamiento de nuevos planes de ataque a Gaza, Siria, Libano e Irán.
Gran
Bretaña, el gran aliado de Bush en el uso y aprovechamiento de la "amenaza
terrorista" dio una dimensión continental a la amenaza del terrorismo islámico,
denunciando amenazas y complots que tratan de demostrar que Europa en su
conjunto enfrenta un riesgo "real" y "persistente" de un ataque
devastador, incluido las armas nucleares.
Para muchos expertos, el
gran
movimiento de piezas que EEUU y Gran Bretaña continúan realizando con las
"alertas" y denuncias de planes "terroristas" se orientan a reinstalar el
"peligro del terrorismo islámico" en Europa y EEUU, a modo de preparación
de nuevas agresiones militares en el Medio Oriente.
El M-16 británico, aliado estratégico
del eje de inteligencia CIA-Mossad, viene alertando constantemente sobre un
nuevo ataque en Londres. De la misma forma lo hacen los servicios franceses e italianos
que advierten sobre atentados en ciudades europeas, lo que acrecienta las tesis de un
"11-Bis" en curso.
Históricamente, las advertencias de ataques "terroristas" denuncias de "ataques
frustrados" y las
alertas de "máxima seguridad" (como las que ya rigen en Europa y EEUU) así como
una revitalización y profundización de los "planes antiterroristas" (como
se está haciendo en España, Francia e Italia) estuvieron orientados a dar una nueva
cuota de credibilidad al escenario de la "guerra contra el terrorismo"
lanzada tras el 11-S en EEUU.
Estos
anuncios de descubrimientos de "complots" o "planes terroristas", a los
que a veces se agregan las "amenazas", por los clásicos "videos",de Bin Laden y
Al Qaeda, forma parte del bagaje casi burocrático del mantenimiento de la
"guerra contraterrorista" lanzada como nueva lógica de conflicto mundial
tras el 11-S en EEUU.
Desde el 11-S hasta aquí la leyenda
mediática y las apariciones cíclicas de Bin Laden y Al Qaeda sirvieron para
justificar una nueva "doctrina de seguridad nacional" que tiene al
"terrorismo internacional" y a las dictaduras del "eje del mal" como el
justificativo esencial de las "guerras preventivas" que la maquinaria militar
norteamericana implementó tras los atentados de Nueva York para apoderarse de
mercados y de recursos naturales, principalmente petróleo.
El
espionaje ilegal lanzado por la administración Bush tras los atentados del
11-S en EEUU -posibilitado por la nivelación planetaria de la "guerra
contraterrorista"- se aplica en la mayoría de los países centrales y
dependientes, principalmente en América Latina, donde los gobiernos y
ejércitos mantienen convenios y acuerdos de cooperación con el Comando Sur de EEUU para combatir al terrorismo.
La
conformación de acuerdos militares y de "planes contraterroristas" por
parte de esos Estados, aseguran, a su vez, que los complejos militares y la
industria de la guerra (venta de sistemas y armas para combatir el "terrorismo")
sigan funcionando a full movilizando tecnología de punta y capital financiero
con asiento en la catedral de Wall Street.
Tras
cada aparición "terrorista" se reafianza la "guerra contraterrorista" de Bush en
el planeta, y los países capitalistas la utilizan para sus propios intereses
de control interno.
Tras
los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres (el principal centro de
denuncias de "planes terroristas) el gobierno de Blair consolidó su propia
legislación "contraterrorista" que ahora es utilizada para la persecución y
detención de inmigrantes islámicos "indeseables", entre otras cosas.
Reunido a mediados de septiembre de 2005 en el marco de la 60 Asamblea General,
el Consejo de Seguridad de la ONU, y en un claro aprovechamiento político del
7-J en Londres, aprobó dos resoluciones de forma unánime haciendo un llamamiento
a los Estados a reforzar la "guerra contra el terrorismo", tal como lo
impusieron en agenda EEUU y Gran Bretaña.
Como
consecuencia de esta política de recreación constante de la "amenaza terrorista"
a escala planetaria implementada por las grandes cadenas mediáticas, la "guerra
terrorista" se ha constituido en la principal hipótesis de conflicto de los
gobiernos del mundo.
De esta manera,
al imponer la "guerra contraterrorista global" nivelada como hipótesis de
conflicto central para todas las naciones, EEUU reafirma su propia doctrina
de "seguridad nacional" y agenda de "guerras preventivas" en todo el planeta.
En cada una de las
invasiones militares para "terminar con el terrorismo" (Irak, Afganistán,
y anteriormente, con Clinton, la invasión a Yugoslavia) las corporaciones
armamentistas, petroleras, tecnológicas y de servicios del Complejo Militar
Industrial norteamericano, así como los megagrupos financieros y bancos de
inversión de Wall Street, abrieron "nuevos mercados" y cosecharon millonarias
ganancias con la ocupación militar.
Durante cada
invasión para "destruir al terrorismo", las armamentistas aumentaron su
flujo de ventas con las tropas ocupantes, las petroleras extrajeron y
comercializaron petróleo favorecidas por el control sobre los Estados invadidos,
las de servicios (incluidas las empresas de seguridad) concretaron
multimillonarios contratos con el Pentágono, y los bancos y megaconsorcios de
Wall Street levantaron ganancias multimillonarias financiando la
"reconstrucción" de los países destruidos por los bombardeos.
Paradojalmente, en un
mundo sin guerras militares convencionales, la "guerra contraterrorista
global" (la "civilización occidental" contra el "eje del mal") posibilita que
las invasiones militares capitalistas por conquista de mercados y el desarrollo
expansivo y concentrador de las trasnacionales y bancos capitalistas se sigan
realizando por "otras vías".
La leyenda
terrorista-mediática de Bin Laden y la "guerra contraterrorista" esta
construidas a la medida de la nueva lógica expansiva del capitalismo
transnacional con sede en Wall Street.
Detrás de ese
nuevo mito, Estados Unidos y las empresas y bancos trasnacionales desarrollan su
nueva estrategia de conquista militar de mercados en Asia, Africa,
América Latina y Medio Oriente.
Bin Laden y la
"guerra contraterrorista", como ayer lo fueron la "guerra fría" y el comunismo
soviético- son el nuevo legitimador internacional de las políticas de
conquista militarista emergentes de la Nueva Doctrina de Seguridad
norteamericana.
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