La histórica Plaza de Mayo fue el
epicentro de un "cacerolazo espontáneo" que se fue gestando en los más
importantes barrios de clase media de la capital argentina ( Belgrano,
Caballito, Barrio Norte, entre otros) y se trasladó espontáneamente al centro de
la capital con
cánticos e improvisados carteles escritos a mano que pedían a la presidente
¡Que se vaya!
Cuando la concentración
(trasmitida en vivo por todos los canales de televisión) se empezaba a tornar
masiva irrumpió en la plaza el "grupo de choque K" conducido por el
piquetero Luis D'Elía, que avanzó contra los manifestantes a golpes de palos y
de puños y disolvió la concentración ante la mirada pasiva de la policía que no
actuó.
El grupo de D'Elía, es una de las
tantas facciones de "piqueteros" que se asimilaron (con sueldos y prebendas)
como mercenarios del gobierno de Cristina-Kirchner y su función consiste en
romper actos de la oposición y organizar actos oficialistas, como el que le
organizaron a Chávez cuando armó una movida "Anti-Bush" en la Argentina, el año
pasado.
Pero el cacerolazo espontáneo
(simultáneo en todo el país) que convergió en Plaza de Mayo, fue el desenlace
inmediato de una movilización a nivel nacional de, en su mayoría, pequeños y
medianos productores agrarios (quienes durante el martes cortaron rutas en toda
la Argentina) y la respuesta a un
duro y agresivo discurso de Cristina casi al cierre de una jornada de
paro del campo y protesta derivó en una verdadera rebelión social espontánea
en las últimas horas del día.
Hace catorce días, convocados por
las cuatro organizaciones que agrupan al sector agrícola (Sociedad Rural, Coninagro, Confederaciones Rurales Argentinas y Federación Agraria) los agropecuarios se
lanzaron al paro con un único reclamo en la agenda: que el Gobierno dé marcha
atrás con la resolución que aplica retenciones móviles (impuestos) a los
granos, ya que ese esquema impone una fuerte suba del tributo a la soja (pasó de
35 a 44%) -lo cual se considera "confiscatorio"- y además implica la
fijación de precios máximos hasta 2012. Pero el Ejecutivo ratificó esa
medida.
De esta manera, el conflicto
ingresó en un callejón sin salida, mientras los supermercados y centros
de expendio de alimentos comenzaron a quedarse desabastecidos con la
desaparición de alimentos básicos como carne, leche y verdura,
desabastecimiento que se
acrecienta en las últimas horas y produce un enorme descontento y malestar
social.
Sin reparar que los que cortan
rutas no son los empresarios trasnacionales y grandes pulpos del sector agrícola
y alimentario (que controlan el mercado interno y el comercio exterior de la
Argentina), sino pequeños productores de la cadena (a quien el
"impuestazo" los lleva a la quiebra), el gobierno de Cristina (con
Néstor Kirchner detrás de las decisiones) calificó la propuesta de "piquete de los sectores de
la abundancia".
Construido a partir del manejo
mediático y de la compra de periodistas, la administración Kirchner, no supo
"oler" el mensaje que trasmitían al país las imágenes y los discursos
trasmitidos en vivo por la TV de los pequeños chacareros movilizados y
cortando rutas en todo el país: Los "piquetes de la abundancia" que
denuncian y atacan Cristina y sus funcionarios, son en realidad, pequeños
productores, en general con parcelas de producción que van de las 50 a las 100
hectáreas, mayoritariamente movilizados en forma espontánea, y que
explican constantemente ante cámaras la situación de
bancarrota a que los conduce el impuestazo, mientras muestran sus camionetas, la
mayoría destartalados y de modelos antiguos.
Este error conceptual de apreciación mediática ("piquetes de la abundancia")
por parte de los constructores del marketing y del discurso gubernamental, llevó
a que los televidentes, y los propios afectados por los cortes de ruta
(camioneros, ómnibus de pasajeros, y automovilistas) se identificaran con la posición de
los huelguistas.
Este factor, agregado
a la decisión
del gobierno de no dar marcha atrás al impuesto que generó el conflicto y al
descontento social producido por el desabastecimiento de alimentos, desencadenó una
reacción social espontánea que la dirigente opositora Elisa Carrió
definió como "el incendio de Cristina".
En un discurso que selló el
principio de su pérdida de legitimidad, y el principio de su debacle política,
Cristina dijo: "No me voy a someter a ninguna extorsión", calificó
las protestas como "piquetes de la abundancia" y "pasos de comedia" de
los sectores que -aseguró- tuvieron "la mayor rentabilidad" por las
políticas que su esposo, Néstor Kirchner, impulsó desde 2003.
El error conceptual oficial,
confundir a los pequeños chacareros con los "sectores de la abundancia" (a
los que el gobierno K protege y favorece), produjo una reacción en cadena que se
extendió desde los sectores en huelga hasta el resto de la sociedad acicateada por
los canales de televisión que muestran noche y día a los verdaderos
protagonistas del paro agrario.
Luego del discurso presidencial las cuatro entidades agrarias (que agrupan en su
seno a los grandes pulpos del sector y a medianos y pequeños productores)
extendieron la protesta por tiempo indeterminado.
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Mujeres en un "cacerolazo" en Barrio
Norte, de la capital argentina, el miércoles. (Foto Infobae) |
"Esto es muy grave. (La presidenta) eligió el camino de la confrontación. Me
pregunto qué viene después de esto, el estado de sitio y la represión",
señaló el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, tras el discurso
presidencial.
Sectores de la oposición, como los
radicales y Elisa Carrió, reaccionaron con críticas al Gobierno, y
reapareció el ex presidente Eduardo Duhalde con advertencias sobre la situación.
La Iglesia, en tanto, hizo un llamado al diálogo.
Elisa Carrió, la opositora más
"mediática" al gobierno K, difundida en vivo por todos los canales de noticias,
calificó al discurso de Cristina de "provocador y violento" y a su
gobierno de "dictatorial y represor".
Este miércoles, la prensa
argentina señala que, aunque no se mostró en público, Néstor Kirchner estuvo muy
activo evaluando y dirigiendo junto a su esposa una situación que se desbordó y
se le fue de la mano al gobierno.
En los medios escritos, radios y
canales de TV más "críticos" al gobierno, se decía, el martes por la noche, que
si el grupo de choque piquetero de D'Elía no hubiera roto la manifestación
espontánea de Plaza de Mayo, la concentración posiblemente hubiera crecido hasta
convertirse en un pedido de renuncia masiva a Cristina, emulando al
famoso cacerolazo que derrocó al gobierno de De La Rúa a fines del 2001.
De cualquier manera, este
miércoles, de sur a norte, la Argentina se despertó con un clima de "cacerolazo
social" remozado contra el gobierno de los Kirchner, que se expresa en otra
jornada de paro agrario con cortes de rutas (trasmitido en vivo por las radios y
todos los canales de TV) con fuertes críticas al gobierno y sus actitudes
"represivas".
El escenario de "guerra social
latente" se alimenta con continuos planos e imágenes de "góndolas vacías"
que muestran constantemente los canales de TV que, mayoritariamente (incluso los
aliados del gobierno) se han convertido en los trasmisores del "malestar
social" y las críticas contra el gobierno.
A las diez de la mañana del
miércoles, en la Argentina, una lectura de cuadro político y social imperante
(alimentado por los medios de comunicación y las críticas al gobierno) indica
que la situación, de no mediar un dialogo inmediato entre las partes en
conflicto, avanza hacia un desenlace marcado por la conflictividad social.
Algunos medios ya están lanzando la
versión de un posible "cacerolazo bis" a nivel nacional convocado por los
sectores en huelga, mientras que desde el gobierno, organizado por el propio
Kirchner, se prepara una marcha en defensa del gobierno de Cristina.
Y hay una paradoja: El gobierno de
los Kirchner, que asimiló y domesticó a la dirigencia sindical y a sectores de
los "piqueteros", que construyó su inmenso poder a electoral a través de la
compra de medios y de periodistas, que controló y asimiló con prebendas y
beneficios económicos a grandes sectores de la izquierda, hoy se encuentra
acorralado y amenazado hasta por los propios sectores sociales que los
reeligieron (por medio del voto a Cristina) en octubre pasado.
Las radios argentinas, este
miércoles, se encuentran atestadas de testimonios de personas que dicen "haber
votado a Cristina" y que han participado del "cacerolazo" espontáneo
durante la
noche del martes.
En resumen, y tal como se verifica
en la realidad inmediata, el gobierno de la dupla Cristina-Kirchner, gerentes
intachables de los bancos y trasnacionales que controlan todo el sistema
económico-productivo de la Argentinas, ingresó (sorpresivamente), tal como
dice Elisa Carrió, en el "incendio" social.