os que miraron en directo por
televisión el desarrollo y la culminación de la reunión del Grupo Río, reunido
en Santo Domingo para tratar la triple "escalada militar"
Colombia-Venezuela-Ecuador tras el asesinato de Raúl Reyes, seguramente habrán
sentido la misma sensación que experimentan los seguidores del dúo Pimpinela
cuando termina una de sus falsas peleas musicales: Todo fue un show.
La triple "guerra tropical"
desatada simultáneamente entre Colombia, Venezuela y Ecuador tras el asesinato
del segundo jefe de la FARC, Raúl Reyes, incluyó una movilización de
tropas en la frontera por parte de los gobiernos de Chávez y de Correa, además
del retiro de sus embajadores de Bogotá.
Nicaragua, en "solidaridad",
también rompió las relaciones con Colombia el jueves pasado, y su presidente
Daniel Ortega, también acusó de "asesino" a Uribe.
Además de los tambores de guerra,
tanto Chávez como Correa iniciaron una guerra mediática cruzada contra el
presidente de Colombia, durante la cual la acusación más chica de ambos hacia
Uribe fue la de haber asesinado a sangre fría a Reyes por orden de EEUU.
Un tercer escenario de la "guerra
tropical" se montó luego en la reunión de presidentes (léase gerentes de
enclave por "derecha" y por "izquierda" del Imperio) del llamado Grupo Río en
Santo Domingo, donde se desarrolló una cuádruple guerra, esta vez en el plano de
los discursos, entre Chávez, Correa y Daniel Ortega, de Nicaragua, por un lado,
y Uribe por el otro.
Chávez, Correa y Ortega, pedían que
el organismo condenase a la Colombia de Uribe por "violación de la soberanía"
de Ecuador, mientras le enrostraban al presidente colombiano una categoría
política parecida a la de un "Hitler sudamericano" al servicio del Imperio yanqui
que lo mueve como un títere.
Uribe, por su parte, respondía a los
ataques acusando a su vez de "farsa" a sus detractores, dado que, según
él, Colombia solo estaba desarrollando la "guerra contraterrorista" contra
las FARC en el plano de la "legalidad", que por otro lado, señalaba Uribe, estaba
siendo
apoyada por todos los gobiernos de la región que se encontraban en el cónclave.
Trasmitido en directo, el "show
bélico" entre los "izquierdistas" y el "cachorro" subía de tono mientras captaba
la tensión internacional a través de las grandes cadenas televisivas que
mostraba el rostro de los contendientes en tensos primeros planos.
Correa lo acusó a Uribe de
"comandar el asesinato de Reyes y un ataque contra mi Patria", y Chávez
denunció que Bush y el presidente de Colombia lo querían convertir en un "Milosevic
latinoamericano" juzgándole en una corte internacional por "financiar el
terrorismo".
El tono de los discursos era de
"guerra abierta" y las posiciones eran tan irreductibles y enfrentadas que de
las pantallas parecían desprenderse chisporroteos de pólvora.
Entre estos dos bandos (el "cachorro"
y los "izquierdistas") también montaron su propio show los integrantes de un
tercer grupo (el de los impulsores de la "paz y la legalidad") liderado
por la mandataria argentina, Cristina Kirchner, embanderada con el discurso de
exigirle a Uribe que persiga a las FARC pero dentro del marco de la "ley y la
democracia".
Con una nueva réplica de Uribe a
Correa y a Ortega, el enfrentamiento tocó un pico de "tensión extrema" y
la guerra parecía a punto de comenzar en el mismo recinto, cuando de pronto
Correa se levantó y le propuso a Uribe que le enviara las "pruebas" enseguida
(no se sabe bien de qué) y Ecuador dejaría zanjado el diferendo.
La propuesta de Correa levantó un
aplauso unánime en el recinto, lo que hizo decir al presidente de República
Dominicana, el anfitrión, que la crisis había terminado.
Y se produjo el milagro que dejó
boquiabiertos y sin saber qué decir hasta a los conductores de la cadena
imperialista CNN: Uribe se fue a saludar y abrazar con Correa, luego hizo lo mismo con Chávez
mientras éste lo palmeaba y le hacia bromas, y luego se dirigió a abrazarlo a
Ortega, con quién bromeó diciéndole que le pagara el pasaje de vuelta de su
embajador (expulsado por el gobierno de Nicaragua).
Y, colorín colorado, la guerra
tropical entre el "cachorro" y la "revolución", para la sorpresa masiva de
conductores y teleespectadores, terminó como había empezado: con un final de
show al estilo del dúo "Pimpinela".
El "cachorro" del Imperio y los
"gobiernos revolucionarios", luego de una feroz batalla mediática y discursiva,
resolvieron hacer la "paz" y como por obra de un milagro despareció la
"tensión regional" y la "escalada militar" fue reemplazada por augurios de
negociaciones de "recomposición de relaciones".
El gobierno de Venezuela anunció este
domingo la normalización de sus relaciones diplomáticas con Colombia y
ordenó trasladar "de inmediato" al personal de la embajada en Bogotá, que había
cerrado hace una semana.
En un comunicado de la Cancillería,
Venezuela destacó que tras la desactivación de la crisis regional de la semana
pasada
en la Cumbre del Grupo Río, el gobierno "ha decidido reestablecer el normal
funcionamiento de sus relaciones diplomáticas con el gobierno de Colombia".
"El gobierno procederá a trasladar a Bogotá, de manera inmediata, al personal
diplomático encargado de ejercer la representación de la república ante el
gobierno de Colombia", señala el comunicado.
Igualmente, Venezuela "ha comunicado a las autoridades colombianas su mejor
disposición para recibir en Caracas, en el más breve plazo, al personal
diplomático que el gobierno de la hermana república tenga a bien trasladar",
añade el texto.
El sábado, Chávez ordenó el
regreso a los cuarteles de las tropas y tanques que había desplegado en la frontera
de casi 2.200 kms con Colombia, unos 6.000 hombres, en el marco de la
normalización de las relaciones.
Se espera también que a partir de este lunes se regularice totalmente el
intercambio comercial, especialmente el paso de mercancía a través de la
frontera terrestre.
A lo largo de la semana, los funcionarios venezolanos de los puestos de control
fronterizos retuvieron la mayor parte de los camiones que traían mercancía de
Colombia, país con el cual el intercambio comercial llegó a unos 6.000 millones
de dólares al cierre de 2007.
Y la gran pregunta de los analistas
del sistema: ¿Será duradera la paz?.
Es muy difícil precisar la
continuidad segura de la "guerra
tropical" Colombia-Venezuela si no se integran los tres planos de
análisis simultáneos que contiene: Chávez, por un lado, Uribe, por
otro, y EEUU, el gran movedor de las piezas en el tablero, por
otro.
Y los objetivos, sucintamente
descriptos, son contrapuestos: Uribe quiere sacarse de encima a Chávez y
quitarle protagonismo internacional con las FARC, Chávez quiere seguir haciendo
"guerra asimétrica" y construyendo "revolución socialista" por TV, y EEUU quiere
meter a Chávez y a Uribe en una guerra regional de verdad.
Por ahora, después de la guerra de
cotillón saldada en el Grupo Río, la "paz" campea pero sólo por un rato.
Chávez ya envió la primer estocada:
"Oye, Marulanda, porqué no me la envías a Ingrid" (Betancourt).
Y Uribe respondió precisando el
escenario de la nueva guerra tropical: "Colombia solo acepta la mediación de la
Iglesia y de organizaciones internacionales" en el caso de intercambio de
prisioneros con las FARC.
Y EEUU permanece callado a la espera
de que los tanques vuelvan a la frontera.