Todo el espectro político, desde la izquierda ‘libertaria’, pasando por los
editores progresistas de The Nation, hasta el partido de extrema
derecha compuesto de neo-conservadores/belicistas sionistas y los académicos
de Berkeley/Chicago/Harvard partidarios del libre mercado ha aclamado con una
sola voz la elección de Barack Obama como ‘un momento histórico y decisivo’ de
la historia estadounidense, y otros histrionismos. Por razones totalmente
externas a las eyaculaciones emocionales de sus promotores, es cierto
que es un momento histórico: Sólo hay que constatar la brecha abismal
entre la demagogia de su campaña ‘populista’ y sus antiguas relaciones
carnales cada vez más estrechas con los personajes políticos más retrógrados,
con los corredores de poder y con los apoyos millonarios financieros e
inmobiliarios.
Un análisis somero de quiénes son sus asesores principales de campaña, de
cuáles son sus compromisos públicos con los especuladores de Wall Street, con
los militaristas civiles, con los sionistas celosos y con los abogados
corporativos evidencia lo que se ocultó al electorado mediante la imagen de
Obama de ser el amigo del pueblo y dar el mensaje elocuente de ‘esperanza’.
Ganó eficazmente la confianza, los dólares y las decenas de millones de votos
al prometer ‘cambio’ (impuestos más altos para los ricos, el fin de la guerra
de Irak y la reforma del sistema nacional de salud); sin embargo, sus asesores
de campaña sugerían la continuación de las políticas militares y económicas de
la Administración Bush (confirmada más tarde por los nombramientos más
estratégicos).
A las tres semanas de su elección, nombró a todos los posos políticos que
habían provocado las guerras interminables de las últimas dos décadas, y a los
diseñadores de las políticas económicas responsables de la quiebra financiera
y la recesión cada vez más profunda que azota a decenas de millones de
estadounidenses hoy y previsiblemente en el futuro. Podemos afirmar que la
elección de Obama ciertamente representa un hito en la historia
estadounidense: La victoria del mayor estafador y sus cómplices de la historia
reciente.
Habló con los trabajadores y trabajó con los amos de éstos.
Paseó el color de su piel delante de las minorías mientras borraba
cualquier mención de sus quejas socio-económicas.
Prometió la paz para Oriente Próximo a la mayoría de los jóvenes
estadounidenses y jura servilmente lealtad eterna al Partido de la Guerra de
los sionistas estadounidenses que obedecen a un poder colonial extranjero
(Israel).
Obama, a una escala mayor, es la encarnación perfecta del Hombre de
Confianza de Melville. Te distrae mientras te quita la cartera. Te da las
gracias mientras te manda a luchar en nombre de un país extranjero en una
guerra en Oriente Próximo. Dice solemnemente piedades vacías mientras vacía
los fondos de la Seguridad Social para rescatar a los principales financieros
que te estafaron de tus inversiones de jubilación. Nombra y alaba a los
arquitectos de los planes de pirámide desplomados mientras promete que el
futuro será mejor.
Es cierto, “nuestros mayores críticos intelectuales”, nuestros
izquierdistas ‘libertarios’ y anarquistas académicos utilizaron sus
conferencias donde cobran 5 cifras como plataformas para promocionar la
candidatura del estafador: Describieron el tono político del estafador como
“respuesta a las necesidades más sentidas de nuestro pueblo”. Alabaron al
estafador cuando habló de ‘cambio’ y de ‘darle la vuelta de 180 grados al
país’. Es cierto, Obama dio una vuelta de 360 grados: Nos devolvió a las
políticas y a los arquitectos responsables de nuestro actual desastre
político-económico.
Los seguidores progresistas y auto-narcotizados del estafador
El contraste entre la retórica de la campaña de Obama y sus actividades
políticas fue transparente, público y evidente para todos, salvo para las
masas hipnotizadas y los ‘progresistas’ auto-narcotizados quienes se
inventaron argumentos en su favor. De hecho, incluso después de la elección de
Obama y el nombramiento tanto de los cómplices de Clinton /Wall Street a los
más altos puestos económicos como de los arquitectos de las guerras imperiales
prolongadas (Hillary Clinton a Secretaria de Estado y Robert Graves de la
Administración Bush a Secretario de Defensa), los ‘verdaderos creyentes
progresistas’ encontraron razones para representar, cual perrito faldero, la
charada. Muchos progresistas argumentaron que los nombramientos de belicistas
y timadores por parte de Obama fue un truco para ganar tiempo ahora y
desplazarse a la ‘izquierda’ más adelante.
Si nunca han reconocido sus errores históricos públicamente, estos mismos
progresistas se pusieron a escribir ‘cartas abiertas al Presidente’ abogando a
favor de ‘la causa del pueblo’. Quizá sus epístolas logren evadir la
destructora de papel del Jefe de la Casa Blanca, Rahm Emanuel.
El prestidigitador que habló de ‘cambio’ ahora habla de ‘experiencia’ al
nombrar a puestos tanto mayores como menores a los mismos rocines políticos
que rotan discretamente entre Wall Street, Washington, la Reserva Federal y
los ambientes académicos. En vez de ‘cambio’, hay continuidades absolutas de
diseñadores de políticas, y sobre todo vínculos mayores entre militaristas,
Wall Street y los nombramientos de Obama. Los verdaderos creyentes
progresistas, enfrentados con el fracaso total, se agarran a un clavo
ardiendo. Obligados a reconocer que todos los nombramientos de Obama
representan los posos del pasado corrupto y sangriento, esperan y rezan para
que las circunstancias extremas actuales conviertan a estos belicistas
impenitentes y partidarios de toda la vida del capital financiero en
defensores de un estado de bienestar keynesiano resucitado.
Más al contrario, Obama y sus hombres en el Pentágono, Departamentos de
Estado y Justicia, y agencias de Inteligencia y Seguridad están pidiendo
grandes aumentos en gastos militares, envíos de tropas y militarización
interior para recuperar las fortunas perdidas de un imperio en declive. Obama
y sus hombres proyectan proseguir con energía la guerra global de Clinton-Bush
contra los movimientos nacionales de resistencia en Oriente Próximo. Sus
asesores de más confianza, que colocan a Israel como prioridad, han echado el
ojo a Irán, Siria, Afganistán, Pakistán, Somalia, Sudán, Palestina e Irak.
La estafa económica de Obama
Luego está el contraste entre los billones que Obama regalará a los
timadores financieros (y cualquier otra empresa privada capitalista ‘demasiado
grande para fallar’) y su compensación cero para los 100 millones de cabezas
de familia estafados por valor de 5 billones de dólares en concepto de ahorros
y pensiones por parte de sus nombrados cohortes y los que se han beneficiado
de los rescates. Ni un solo centavo será destinado a los parados de larga
duración. Ni un solo hogar será rescatado de la amenaza de desahucio.
Obama es la marca registrada de una red de personal de confianza. Es una
banda bien organizada de políticos eminentes, recaudadores de fondos,
buscavidas de los medios de comunicación, magnates inmobiliarios y macarras
académicos. Se unen a ellos y los encubren los funcionarios y rocines del
Partido Demócrata. Como el virtuoso, Obama proyectó la imagen y siguió el
guión. Pero la financiación y todo el tinglado ‘populista’ fueron construidos
por los partidarios inflexibles del libre mercado, por los que ponen a Israel
primero, tanto judíos como gentiles, por los belicistas de Washington y por
todo un ejército de burócratas multimillonarios.
La estafa electoral sirvió para algo más que la mera propulsión de una
docena de artistas estratégicos de la estafa hacia puestos relevantes de la
Casa Blanca. Primero, la banda estafadora de Obama desvió la rabia e ira de
decenas de millones de estadounidenses económicamente machacados y sangrados
por la guerra, de forma que la hostilidad no se vertiera sobre una presidencia
y un congreso desacreditados, o sobre un sistema político grotesco de un
partido con dos facciones, y diera como resultado la acción directa o al menos
un nuevo movimiento político.
En segundo lugar, la imagen de Obama proporcionó una tapadera temporal
para el regreso y la continuidad de todo lo que detestaba el pueblo
estadounidense – los arrogantes timadores intocables, el desempleo creciente y
la incertidumbre económica, la pérdida de hogares y ahorros de toda una vida,
y las guerras imperiales interminables.
Siendo las estrellas de la película Paul Volker, ‘Larry’ Summers, Robert
Gates, los Clinton, Geithner, Holder y General (‘Tú bebe tu kool-aid mientras
yo ocupo mi sitio en el Consejo de Administración de Boeing’) Jim Jones
(Cuerpo de Marines de los Estados Unidos USMC), Obama nos obsequia con un
nuevo pase de intervenciones militares y crímenes de guerra, bandidaje en Wall
Street, Abu Graib, buscavidas del Comité Estadounidense-Israelí de Actividades
Políticas AIPAC y todas las demás pamplinas diversas. Nuestro Gunga Din hecho
en Harvard da a entender que habla en nombre de todos los sujetos
coloniales pero actúa en el interés del imperio, de sus vampiros
financieros, y de sus criminales de guerra y sus sanguijuelas de Oriente
Próximo de la Tierra de los Elegidos.
Las dos caras de Obama
Como la cara de Jano en las monedas de la república romana, Obama y sus
íntimos amigotes bromearon cínicamente sobre ‘cuál es la cara real de Barack’,
conscientes de la estafa que perpetraban durante la campaña. En realidad, sólo
hay una cara – la de un Obama muy comprometido, consecuente y sin tapujos,
demostrando con sus nombramientos la cara de un constructor de imperio.
Obama es un militarista a las claras con el firme propósito de reconstruir
el imperio estadounidense hecho jirones. El Presidente Electo es un defensor
de Wall Street imperturbable – colocando la recuperación de los grandes bancos
y empresas de inversión como prioritaria. Las personas nominadas para los
puestos económicos más relevantes (Tesorería, asesores de la Casa Blanca)
están bien capacitadas (largo servicio en la oligarquía financiera) para
perseguir la agenda de Wall Street de Obama. No hay ni un solo miembro de su
equipo económico que represente o haya defendido los intereses de las clases
asalariadas (ni siquiera de las pequeñas y medianas empresas procedentes de la
industria productiva).
Los propagandistas de Obama sostienen que sus nombramientos reflejan su
preferencia por la ‘experiencia’ – esto es verdad: Su equipo ha tenido mucha
‘experiencia’ en aumentar los beneficios empresariales, compras y especulación
en el transcurso de sus largas y lucrativas carreras. Obama no quiere a
jóvenes sin historiales de haber servido a las Grandes Finanzas cuyos
intereses le son cruciales. Quería a funcionarios económicos de confianza que
reconocieran que la tarea central de su régimen es la refinanciación
millonaria. Los nombramientos de los Summers, Rubins, Geithners y Volkers
encajan perfectamente con su ideología: Son la mejor elección para sus metas
económicas.
Los críticos de estos nombramientos hablan de los ‘fallos’ de estos
economistas y su papel en ‘el colapso del sistema financiero’. Estos críticos
no reconocen sin embargo que sus ‘fallos’ no es lo más relevante, sino su
compromiso inquebrantable con los intereses de Wall Street y su voluntad para
sacar billones de dólares más a los contribuyentes estadounidenses con el fin
de sostener a sus colegas de Wall Street.
Con Clinton y Bush, previo al desplome financiero, éstos ‘liberalizaron’ la
práctica de timar a 100 millones de estadounidenses de billones de ahorros y
pensiones privados. En la crisis actual, éstos son exactamente las personas
necesarias para timar a la tesorería de los Estados Unidos los billones de
dólares que necesitan para rescatar a sus compañeros oligarcas. El Presidente
Blanco (Bush) deja excrementos humeantes en las alfombras de la Casa Blanca, y
Wall Street llama al ‘histórico’ Presidente Negro Obama para organizar la
limpieza.
Obama, el militarista, supera a su antecesor
Lo que hace a Obama un militarista y defensor de Wall Street mucho más
audaz que Bush es que tiene la intención de perseguir políticas militares que
ya han dañado al pueblo de Estados Unidos nombrando a personas que
ya han sido desacreditados en el contexto de guerras imperiales
falladas y una economía interior fracasada. Mientras Bush empezó sus guerras
después de que la paz acostumbrada de Estados Unidos fuera destrozada por el
clima de miedo orquestado a raíz del 9/11, Obama tiene la intención de lanzar
su intensificación de los gastos militares en el contexto de un desencanto
público generalizado con las guerras en curso, con déficits fiscales
monumentales, con presupuestos militares inflados y después de que 100.000
soldados estadounidenses hayan muerto, estén heridos o destrozados
psicológicamente.
Los nombramientos de Obama de Clinton, General Jim Jones, el ciudadano
israelí Rahm Emmanuel y el ultra-sionista Dennis Ross, encajan perfectamente
con su agenda imperial-militarista de intensificación de la agresión militar.
Su selección de candidatos en el terreno de la inteligencia también encaja
perfectamente con la prioridad de Obama de recuperar el liderazgo mundial de
Estados Unidos (reconstruir las redes imperiales de Estados Unidos). Toda la
charlatanería de los medios sobre los esfuerzos de Obama de ‘bipartidismo’,
‘experiencia’ y ‘competencia’ tapa los asuntos fundamentales: Las personas
elegidas de los dos partidos están completamente comprometidas con la
construcción del imperio militar. Todos están a favor de “un nuevo esfuerzo
por renovar la posición de Estados Unidos en el mundo” (léanse ‘la
dominación imperial de Estados Unidos en el mundo’), de acuerdo con lo que
dijo la futura Secretaria de Estado Hillary Clinton. El General James Jones,
la elección de Obama para la Seguridad Nacional, presidió las operaciones
militares durante el período de Abu Graib/Guantánamo. Apoyó con fervor el
aumento de tropas en Irak y aboga por un gran aumento del gasto militar,
100.000 efectivos y la militarización de la sociedad doméstica estadounidense
(sin mencionar sus relaciones financieras personales con el complejo
industrial militar). Robert Gates, como el Secretario de Defensa de Obama,
apoya la guerra imperial universal, unilateral y sin límite. Cuando el número
de países aliados de Estados Unidos en Irak caiga de 35 a 5 el 1/1/2009 y el
régimen títere iraquí está pidiendo la retirada de todos los soldados
estadounidenses para 2012, Gates, el intransigente, insiste en una presencia
militar permanente.
El asunto de ‘la experiencia’ gira alrededor de dos cuestiones: (a) la
experiencia relacionada con ¿qué prácticas políticas pasadas? (b) la
experiencia necesaria para perseguir ¿qué políticas futuras? Toda la
experiencia pasada de los nombramientos está relacionada con guerras
imperiales, conquistas coloniales y la construcción de estados amigos. La
‘experiencia’ de Hillary Clinton fue su apoyo al bombardeo de Yugoslavia y la
invasión de la OTAN de Kosovo, su apoyo al Ejército de Liberación de Kosovo (KLA),
una organización terrorista-criminal internacionalmente reconocida, y los
bombardeos implacables de Irak en la década de los 90, la invasión criminal de
Bush de Irak en 2003, el bombardeo asesino de núcleos civiles en el Líbano por
parte de Israel… y ahora las llamadas a voz en grito para la ‘destrucción
total de Irán’. Clinton, Gates y Jones no han propuesto nunca durante su
carrera política la negociación pacífica de disputas con cualquier adversario
de los Estados Unidos o Israel. Dicho de otra manera, su ‘experiencia’
alardeada se basa exclusivamente en su enfoque militarista unidimensional de
las relaciones exteriores.
Y la ‘competencia’ ¿para hacer qué? En términos generales, Los Tres (Clinton,
Gates y Jones), han demostrado la mayor incompetencia para librar a los
Estados Unidos de guerras coloniales perdidas, costosas y dilatadas. Les falta
la más mínima capacidad de reconocer que la construcción de imperios
militaristas en el contexto de estados independientes ya no es viable, que sus
costes pueden arruinar una economía imperial y que las guerras sin fin
erosionan su legitimidad a los ojos de la ciudadanía.
Incluso dentro del marco del pensamiento estratégico, geopolítico e
imperial, sus posicionamientos demuestran la más alta incompetencia: Apoyan
ciegamente a un pequeño estado colonial ideológicamente fanático y altamente
militarizado (Israel) frente a 1.5 billones de musulmanes que viven en
naciones ricas en recursos minerales y petrolíferos con mercados lucrativos,
potencial inversor y situadas en el centro estratégico del mundo. Promocionan
guerras totales contra poblaciones enteras, como ocurre en Afganistán, Irak y
Somalia, sin la menor posibilidad de ganarlas. Son verdaderamente los
‘Maestros de la Derrota’.
Obama nombró a ‘Los Tres’ por su experiencia, competencia y apoyo
bipartidista en la persecución de guerras imperiales. No se percató de sus
fallos deslumbrantes, sus violaciones flagrantes de las normas básicas de la
civilización (los derechos humanos de decenas de millones de civiles en
naciones soberanas) a causa de su voluntad de perseguir las ilusiones de un
nuevo orden mundial dominado por los Estados Unidos.
Conclusión
El compromiso profundo de Obama de convertirse en el salvador del imperio
estadounidense se evidencia en el nombramiento a los puestos más relevantes de
los políticos y generales más mediocres y fallidos basándose en su voluntad de
perseguir la construcción de imperios militaristas mientras la economía
doméstica se desploma y la ciudadanía se empobrece y se desangra.
Igual que la campaña electoral y victoria posterior de Obama entrarán en
los anales de la historia como la estafa política del nuevo milenio, sus
nombramientos políticos y económicos marcarán otro momento ‘histórico’: El
nombramiento de especuladores y belicistas fallidos y corruptos. Unámonos a la
celebración inaugural de nuestro ‘Primer Presidente Imperial Afro-Americano’
¡que gana mediante la estafa y gobierna con las armas! .
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* La dra. Eva Golinger es directora de la Fundación Centro de Estudios
Estratégicos de Seguridad (CESE)