De cara al debate que hoy se da sobre la crisis actual, quisimos conocer
la lectura que de ella hace una de las voces estadounidenses más relevantes
en el análisis y la crítica de su país y del mundo, Noam Chomsky. Esto fue
lo que nos dijo.
Entrevista a Noam Chomsky
Por
Simone Bruno -
Alai-amlatina
-Quisiera
que hablemos sobre la crisis actual. ¿Cómo explicar que mucha gente la vio
llegar, pero quienes están a cargo de los gobiernos y de las economías no
estaban preparados?
Las bases para la crisis son predecibles. Un factor constitutivo de la
liberalización financiera es que habrá crisis frecuentes y profundas. De
hecho, desde que la liberalización financiera fue instituida hace cerca de
treinta y cinco años, se ha establecido una tendencia a incrementar la
regularidad de las crisis, y crisis cada vez más profundas. Las razones son
intrínsecas y entendidas: tienen que ver fundamentalmente con las bien
conocidas ineficiencias de los mercados. Así, por ejemplo, si usted y yo
hacemos una transacción, digamos que me vende un coche, podemos hacer un
buen negocio para nosotros mismos, pero no consideramos el efecto sobre
otros. Si le compro un coche, aumenta el uso de la gasolina, aumenta la
contaminación, aumenta la congestión, etcétera. Pero no contamos esos
efectos. Esto es lo que los economistas llaman externalidades, y no se
cuentan en los cálculos del mercado. Estas externalidades pueden ser
enormes. En el caso de las instituciones financieras, son particularmente
grandes. La tarea de una institución financiera es tomar riesgos. Si es una
institución financiera bien manejada, digamos Goldman Sachs, considerará los
riesgos para sí misma, pero la frase crucial aquí es para sí misma. No
considera los riesgos sistémicos, los riesgos para el conjunto del sistema,
si Goldman Sachs tiene una pérdida substancial. Y lo que eso significa es
que esos riesgos son subvalorados. Se toman más riesgos de los que deberían
tomarse en un sistema eficiente que toma en cuenta todas las implicaciones.
Es más, esta fijación errónea de precios se integra simplemente como parte
del sistema del mercado y de la liberalización de las finanzas.
Como consecuencia de la subvaloración de los riesgos, éstos llegan a ser más
frecuentes, y,cuando hay fracasos, los costos son más altos que lo
considerado. Las crisis llegan a ser más frecuentes, al tiempo que suben en
escala a medida que el alcance y la gama de transacciones financieras
aumentan. Por supuesto, todo esto se amplifica aún más por el fanatismo de
los fundamentalistas del mercado que desmontaron el aparato regulador y
permitieron la creación de instrumentos financieros exóticos y opacos. Es
una clase de fundamentalismo irracional porque queda claro que el
debilitamiento de mecanismos regulatorios en un sistema de mercado incorpora
un riesgo de crisis desastrosa. Se trata de actos sin sentido, salvo para el
interés a corto plazo de los amos de la economía y de la sociedad. Las
corporaciones financieras pueden, y lo han logrado, cosechar enormes
ganancias a corto plazo al emprender acciones extremadamente aventuradas,
incluyendo especialmente la desregulación, que hacen daño a la economía
general, mas no a ellas, por lo menos en el corto plazo que es lo que
orienta la planificación. No se podía predecir el momento exacto de una
crisis severa, ni se podía predecir el alcance exacto de la crisis, pero que
una ven-dría era obvio. De hecho, se han registrado crisis serias y
repetidas durante este período de desregulación creciente. Solo que hasta
ahora no habían golpeado tan duramente en el centro de la riqueza y del
poder, sino que han golpeado sobre todo en el tercer mundo. Veamos el caso
de los Estados Unidos. Es un país rico, pero para una mayoría substancial de
la población, los últimos treinta años probablemente figuren entre los
peores de la historia económica norteamericana. No ha habido crisis masivas,
guerras grandes, depre- siones, etc. Sin embargo, los salarios reales han
estado prácticamente estancados para la mayoría durante treinta años. Para
la economía internacional, el efecto de la liberalización financiera ha sido
bastante dañino. Se podía leer en la prensa que los treinta años pasados,
los del neoliberalismo, han mostrado el mayor descenso de la pobreza en la
historia del mundo, un enorme crecimiento, etc., y tiene algo de cierto,
pero lo que falta decir es que el descenso de la pobreza y el crecimiento
han ocurrido en países que hicieron caso omiso de las reglas neoliberales.
Los países que observaron las reglas neoliberales han su- frido gravemente.
Es así que hubo un gran crecimiento en Asia del Este, pero no hicieron caso
de las reglas. En América Latina, donde observaron las reglas rigurosamente,
fue un desastre.
- José Stiglitz escribió recientemente en un artículo que esta última crisis
marca el fin del neoliberalismo; y Chávez en una rueda de prensa dijo que la
crisis podría ser el final del capitalismo. ¿Cuál cree que es más cercano a
la verdad?
Primero, debemos tener claro que el capitalismo no puede terminar, porque
nunca comenzó. El sistema en el que vivimos debe llamarse capitalismo de
Estado, no simplemente capitalismo. En el caso de Estados Unidos, la
economía se apoya muy fuertemente en el sector estatal. Por el momento, hay
mucha angustia sobre la socialización de la economía, pero eso es solo una
broma pesada. La economía avanzada, la alta tecnología y similares siempre
han dependido ampliamente del sector dinámico de la economía estatal. Es el
caso de la informática, la Internet, los aviones, la biotecnología, casi
todo lo que está a la vista. El MIT (Massachusetts Institute of Technology),
de donde le estoy hablando, es una especie de embudo, en la cual el público
vierte el dinero y de allí sale la tecnología del futuro, que será entregada
al poder privado para que saque las ganancias. Entonces tenemos un sistema
de socialización de los costos y riesgos y privatización del beneficio. Y
eso no solo en el sistema financiero, sino en toda la economía avanzada.
De modo que, para el sistema financiero, probablemente el resultado será más
o menos como lo describe Stiglitz. Es el final de una cierta era de la
liberalización financiera conducida por el fundamentalismo de mercado. El
Wall Street Journal lamenta que Wall Street como la hemos conocido ha
desaparecido con el derrumbe de la banca de inversión. Y se darán algunos
pasos hacia la regulación. Eso es cierto. No obstante, las propuestas que se
están formulando, por extensas y severas que sean, no cambian la estructura
de las instituciones básicas subyacentes. No hay ninguna amenaza al
capitalismo de Estado. Sus instituciones fundamentales seguirán siendo las
mismas, quizás incluso sin remezones. Pueden reacomodarse de varias maneras,
algunos conglomerados podrían absorber otros, algunos incluso podrían ser semi-nacionalizados tibiamente, sin que ello afecte mayormente la
monopolización privada de la toma de decisiones. No obstante, como van las
cosas, las relaciones de propiedad y la distribución de poder y riqueza no
cambiarán significativamente; si bien la era del neoliberalismo, vigente
desde hace unos treinta y cinco años, seguramente será modificada de manera
significativa. Sea dicho de paso, nadie sabe qué tan grave se volverá esta
crisis. Cada día trae nuevas sorpresas. Algunos economistas están
prediciendo una verdadera catástrofe. Otros piensan que puede ser remendada
con un trastorno modesto y una recesión, que probablemente será peor en
Europa que en EE.UU. Pero nadie sabe.
- ¿Ud. piensa que veremos algo parecido a la
depresión, con la gente sin trabajo haciendo largas filas para conseguir
alimentos,en EE.UU. y Europa? ¿Y de ser así, veremos una gran guerra para
reponer a las economías en pie, o una terapia de shock, o si no qué?
No creo que la situación sea comparable con el período de la gran depresión,
aunque hay algunas semejanzas con esa época. Los años ‘20 eran también un
período de especulación salvaje y de una enorme expansión del crédito y de
los préstamos, con la creación de una enorme concentración de riqueza en un
sector muy pequeño de la población, y la destrucción del movimiento
sindical. En esto hay semejanzas con el periodo actual. Pero también hay
muchas diferencias. Existe un aparato mucho más estable de control y
regulación que resultó del New Deal y aunque se ha erosionado, buena parte
de él permanece intacto. Además, ya hay la comprensión de que los tipos de
políticas que se veían como extremadamente radicales en el período del New
Deal ahora son más o menos normales. Así, por ejemplo, en el reciente debate
presidencial, John McCain, el candidato de la derecha, propuso medidas
tomadas del New Deal para enfrentar la crisis de vivienda. Entonces hay la
comprensión de que el gobierno debe asumir un papel importante en la gestión
de la economía y de hecho tienen cincuenta años de experiencia en ella para
los sectores avanzados de la economía.
Mucho de lo que se lee sobre esto es pura mitología. Por ejemplo, leemos que
la creencia apasionada de Reagan en el milagro de los mercados ahora está
siendo atacada, siendo que a Reagan se le ha asignado el papel del Gran
Sacerdote de la fe en los mercados. De hecho, Reagan fue el presidente más
proteccionista de la historia económica estadounidense de la posguerra. Él
aumentó las barreras proteccionistas más que todos sus precursores juntos.
Convocó al Pentágono a desarrollar proyectos para entrenar a administradores
norteamericanos rezagados en métodos avanzados de producción japoneses.
Operó uno de los salvamentos bancarios más grandes de la historia
norteamericana, y conformó un conglomerado basado en el Estado para tratar
de revitalizar la industria de semiconductores. De hecho, él creía en un
gobierno poderoso, de intervención radical en la economía. Cuando digo “Reagan”,
me refiero a su administración; lo qué él creyó sobre todo esto, si creyó
algo, realmente no lo sabemos, y no es muy importante.
Hay mucha mitología que tenemos que desmontar, incluyendo lo que se dice del
gran crecimiento y la reducción de la pobreza. En los propios EE.UU., en la
medida en que sí se aplicaron las reglas neoliberales, fueron bastante
dañinas para la mayoría de la población. Viendo más allá de la mitología,
podemos percibir que una economía capitalista de Estado que, particularmente
desde la segunda guerra mundial, ha dependido muy fuertemente del sector
estatal, ahora está volviendo a depender del Estado para el manejo del
sistema financiero que se derrumba.Por ahora, no hay señales de que se
producirá nada parecido al desplome de 1929.
- Entonces, ¿no considera que nos encaminamos hacia un cambio en el orden
mundial?
Bueno, hay cambios muy significativos en el orden mundial y esta crisis
quizás contribuirá a ellos. Pero han estado en camino desde hace algún
tiempo. Uno de los cambios más grandes en el orden mundial, lo estamos
viendo ahora en América Latina. Se dice que es el patio trasero de EE.UU. y
que desde hace tiempos EE.UU. la maneja. Pero esto está cambiando. Apenas
hace algunas semanas, a mediados de septiembre, se dio una ilustración muy
dramática de ello. El 15 de septiembre hubo una reunión de UNASUR, la Unión
de Naciones Suramericanas, donde acudieron todos los gobiernos
suramericanos, incluyendo Colombia, el favorito de EE.UU. Tuvo lugar en
Santiago, Chile, otro favorito de EE.UU. La reunión salió con una
declaración muy contundente en apoyo a Evo Morales de Bolivia, y en rechazo
a los elementos cuasi-secesionistas en ese país, que cuentan con el apoyo de
Estados Unidos. Hay una lucha muy significativa en Bolivia. Las élites se
están movilizando por la autonomía y quizás la secesión, llegando a niveles
fuertes de violencia, con la evidente venia de EE.UU. Pero las repúblicas
suramericanas asumieron una postura firme, en apoyo al gobierno democrático.
La declaración fue leída por la presidenta Bachelet de Chile, una favorita
de Occidente. Evo Morales respondió agradeciendo a los presidentes por su
respaldo, a la vez que señaló, correctamente, que ésta era la primera vez en
500 años que América Latina había tomado su destino en sus propias manos,
sin la interferencia de Europa ni, sobre todo, de EE.UU. Ése es un símbolo
de un cambio muy significativo que está en curso, a veces llamado la marea
rosada. Fue tan importante que la prensa estadounidense no lo reportó. Hay
una oración aquí y allí en la prensa que anota que algo sucedió, pero
suprimen totalmente el contenido y la importancia de lo que sucedió.
Esto es parte de un proceso a largo plazo, en el cual Suramérica está
comenzando a superar sus enormes problemas internos y también su
subordinación a Occidente, principalmente a los Estados Unidos. Suramérica
también está diversificando sus relaciones con el mundo. Brasil tiene
relaciones cada vez mayores con Sudáfrica e India, y particularmente China,
que está cada vez más involucrada con inversiones e intercambios con los
países latinoamericanos. Son procesos extremadamente importantes, que ahora
están comenzando a llegar también a América Central. Honduras, por ejemplo,
es la clásica república bananera. Fue el campamento base para las guerras
del terror de Reagan perpetradas en la región y se ha subordinado totalmente
a EE.UU. Pero Honduras se sumó recientemente al ALBA, la Alternativa
Bolivariana para los Pueblos de América, basada en Venezuela. Es un pequeño
paso, pero no deja de ser muy significativo.
- ¿Ud. piensa que estas tendencias en Suramérica, como ALBA, UNASUR y los
grandes acontecimientos en Venezuela y Bolivia y otros países, pudieran ser
afectados por una crisis económica de la dimensión que ahora estamos
enfrentando?
Bueno, serán afectados por la crisis, pero por el momento, no tanto como
Europa y EE.UU. Si se mira la bolsa en Brasil, se derrumbó muy rápidamente,
pero los bancos brasileños no están en quiebra. Asimismo, en Asia, las
bolsas están declinando agudamente, pero los gobiernos no están tomando el
control de los bancos, como sucede en Inglaterra y EE.UU. y buena parte de
Europa. Estas regiones, Suramérica y Asia, de alguna manera se han aislado
de las calamidades de los mercados financieros. Lo que desató la crisis
actual fueron los préstamos subprime para activos construidos sobre arena, y
éstos, claro, están en manos de estadounidenses, aunque al parecer, la mitad
está en bancos europeos. El hecho de poseer activos tóxicos basados en
hipotecas les ha involucrado muy rápidamente en estos acontecimientos -y
además tienen sus propias crisis de la vivienda, particularmente Gran
Bretaña y España-. Asia y América Latina han sido mucho menos expuestas, por
haber mantenido estrategias de crédito mucho más cautelosas, particularmente
desde el descalabro neoliberal de 1997-8. De hecho, un gran banco japonés,
Mitsubishi UFG, acaba de comprar una parte substancial de Morgan Stanley, en
EE.UU. Entonces no parece, hasta ahora, que ni Asia ni América Latina
estarán afectadas tan gravemente como EE.UU. y Europa.
- ¿Piensa que habrá una gran diferencia entre Obama y McCain como
presidente para asuntos como el Tratado de Libre Comercio y el Plan
Colombia? Porque en Colombia, donde vivo, se puede sentir que el presidente
y el establecimiento están algo asustados frente a una elección de Obama. Sé
que usted tiene la sensación que Obama es como una hoja en blanco; ¿pero
piensa que habrá una diferencia?
En efecto, Obama se ha presentado más o menos como una hoja en blanco. Pero
no hay motivo para que el establecimiento colombiano se asuste de su
elección. El Plan Colombia es política de Clinton y hay muchas razones de
suponer que Obama será otro Clinton. Él es bastante impreciso, a propósito.
Pero cuando explicita políticas, se parecen mucho a políticas centristas,
como Clinton, que modeló el plan Colombia y militarizó el conflicto, etc.
- Tengo a veces la sensación que los dos periodos de Bush se dieron en un
contexto de cambio del orden mundial, tratando de mantener el poder con el
uso de la fuerza, y que en cambio Obama podría representar la cara buena
para renegociar el orden mundial. ¿Qué opina?
Recuerde que el espectro político en EE.UU. es bastante estrecho. Es una
sociedad manejada por las empresas, básicamente, es un Estado de partido
único, con dos facciones, demócratas y republicanos. Las facciones tienen
algunas diferencias, y éstas a veces son significativas. Pero el espectro es
bastante estrecho. La administración Bush, sin embargo, se situaba bastante
más allá del final del espectro, con nacionalistas radicales extremos,
creyentes extremos en el poder del Estado, en la violencia en el exterior,
en un alto gasto gubernamental. De hecho estaban tan fuera del espectro que
han sido criticados ásperamente incluso por parte del mainstream, desde los
primeros tiempos.
Quienquiera que asuma el mandato, es probable que vaya a desplazar el
tablero más hacia el centro del espectro, Obama quizás en mayor medida.
Entonces contaría que en el caso de Obama, habrá algo así como un
renacimiento de los años de Clinton, adaptado por supuesto a las
circunstancias cambiantes. En el caso de McCain, sin embargo, es bastante
difícil de predecir. Él es temerario. Nadie sabe lo que haría...
- Ahora que estamos llegando al fin de la globalización neoliberal, ¿existe
la posibilidad de algo realmente nuevo, una globalización buena?
Pienso que las perspectivas están mucho mejor de lo que han estado antes. El
poder está todavía extraordinariamente concentrado, pero hay cambios, a
medida que la economía internacional se hace más diversa y compleja. El Sur
se vuelve más independiente. Pero si se mira a EE.UU., aún con todo el daño
que Bush ha hecho, sigue siendo la economía homogénea más grande, con el
mercado interno más grande, la fuerza militar más fuerte y tecnológicamente
más avanzada, con gastos anuales comparables a los del resto del mundo
combinados, y con un archipiélago de bases militares a través del mundo.
Éstas son fuentes de continuidad, aun cuando el orden neoliberal se está
erosionando tanto dentro de EE.UU., como en Europa e internacionalmente, a
medida que crece la oposición a dicho orden. Entonces, hay oportunidades
para un cambio real, pero hasta donde llegarán depende de la gente, de lo
que estemos dispuestos a emprender.