(IAR
Noticias)
16-Noviembre-08
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Consultando el precio del petróleo en un
diario de Arabia Saudita. |
Las petromonarquías árabes se enfrentan a una triple amenaza:
demográfica, militar y nacional.
Por
René Naba (*)-
Rebelión
Traducido para Rebelión por Caty R.
Primera parte:El G20, una nueva configuración del orden
internacional
La «angloesfera wasp» (blanco, anglosajón, protestante) ya no
es el centro de Estados Unidos, Estados Unidos ya no es el centro de
Occidente, ni Occidente es el centro del mundo.
El G20, la agrupación de las veinte primeras potencias económicas del
mundo, se celebra el 15 de noviembre en Nueva York para tratar de remediar
el desorden del sistema bancario occidental con una política que firma la
cooptación forzosa de los países extra occidentales y prescribe un nuevo
orden financiero internacional.
De los veinte países miembros de este foro, que marcará un hito en la
historia, el mundo occidental está representado por nueve miembros (Estados
Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Canadá, Italia, Australia, España y
la Unión Europea); Asia por cinco miembros (China, India, Japón, Indonesia y
Corea del Sur); América Latina por tres (Brasil, Argentina y México),
Oceanía y el mundo árabe por un miembro cada uno, Australia por Oceanía y
Arabia Saudí por el mundo árabe. África, a pesar del gran prestigio moral de
Sudáfrica y el poder económico de Nigeria, está ausente de este foro,
marcado por una «sobrerrepresentación» de Europa (seis miembros de veinte,
es decir, el 30% del G20) y una «subrepresentación» del mundo árabe
musulmán, a pesar de lo mucho que se le requiere para el reflotamiento de la
economía occidental.
Sobre el fondo de una viva rivalidad entre el Reino Unido y Francia, el
Primer Ministro británico con un estilo de tranquila eficiencia que
contrasta con el activismo chovinista de su homólogo francés, ha instado a
las petromonarquías a que contribuyan a la financiación de un nuevo fondo
internacional dirigido a ayudar a la economía de los países siniestrados por
la quiebra bancaria estadounidense. Gordon Brown, que para muchos
observadores internacionales es la representación del auténtico salvador del
sistema económico occidental por ser el primer impulsor de la
recapitalización estatal del sistema bancario europeo, hizo esa propuesta
durante su gira por el Golfo a principios de noviembre, mientras que el
Presidente Nicolas Sarkozy proyectaba crear un fondo soberano en Francia
para detener una nueva invasión sarracena (esta vez económica, un «Poitiers
económico» en resumen), con el fin de evitar que los fondos soberanos árabes
o asiáticos se apoderen de las joyas de la economía francesa.
Presidente de turno de la Unión Europea, Nicolas Sarkozy se ha implicado
de una forma frenética en la preparación de esta cumbre, hasta el punto de
presentarse como líder interino del campo occidental durante el crepúsculo
del gobierno del presidente de EEUU George Bush. Sin embargo, debido al
prestigio del recién llegado a la escena internacional, el Presidente electo
estadounidense Barack Hussein Obama, primer presidente afroestadounidense de
la historia, Sarkozy puede ver cómo su guardia personal de la diversidad
cultural, en pleno naufragio, Rachida Dati (Justicia), Rama Yade (Derechos
humanos) y Fadela Amara (Vivienda e inserción social), queda relegada a un
mero chisme social. El aura mediática de Nicolas Sarkozy también puede
sufrir menoscabo por la conferencia sobre el «diálogo de las religiones» que
se celebra el 11 de noviembre en Nueva York con la participación conjunta,
por primera vez, del rey Abdalá de Arabia Saudí y el Presidente israelí
Simon Peres.
Más allá de esta fiebre diplomática, el G20 de Washington marca de forma
subliminal la nueva configuración del orden internacional que se desprende
al final del doble mandato de George W. Bush (2000-2008), que se resume en
la siguiente ecuación: La «angloesfera wasp» (blanca, anglosajona,
protestante) ya no constituye el centro de Estados Unidos, Estados Unidos ya
no es el centro de Occidente, ni Occidente el centro del mundo.
Segunda parte
I. Las petromonarquías: una prefiguración futurista de las ciudades
mercados del futuro, rivales contemporáneas de Hong Kong y Montecarlo.
El cambio estratégico operado en la geoeconomía mundial por la irrupción
de los fondos soberanos árabes en el capital de las grandes firmas
occidentales, ha puesto de manifiesto la audacia de los inversores árabes en
su deseo de diversificar su economía, pero ha señalado a las petromonarquías
árabes como el chivo expiatorio ideal del derrumbamiento del sistema
financiero occidental y ha revelado, al mismo tiempo su vulnerabilidad,
debido a su configuración. Una constelación de microestados que oscilan
entre el gigantismo económico y el enanismo político, frente a un triple
peligro resultante de su enorme dependencia de la mano de obra extranjera,
de su enorme dependencia militar frente a Estados Unidos y de las constantes
extravagancias de los monarcas que llegan hasta el punto de acentuar el
descrédito y debilitar a las seis petromonarquías del Golfo debido a su
completo desfase con la lucha que llevan a cabo los movimientos
contestatarios árabes contra la hegemonía occidental, tanto en Líbano (Hezbolá),
como en Iraq (Moqtada Sadr) o en Palestina (Hamás).
A) Arabia Saudí, la «King City Abdallah» y el puente sobre el Mar Rojo
para la conexión de Asia y África.
Propulsada por el nuevo boom petrolero, la nueva edad de oro del Golfo se
anuncia prometedora, salvo inoportunos contratiempos que provocan graves
trastornos. Una fortuna de 1,9 billones de dólares (1) está destinada a
inversiones en la zona hasta 2015, con el fin de diversificar las economías
rentistas de esos países y prepararse para el «post petróleo». Es decir,
inversiones del orden de 271.000 millones de dólares al año durante siete
años para una zona que cuenta con 35 millones de habitantes repartidos en
seis estados (Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y
el Sultanato de Omán).
Arabia Saudí prevé inyectar en su economía 855.000 millones de dólares,
el 39% en el sector privado, 19% para la energía, 15% para perforación y
prospección y 13% en la industria petroquímica. Así, el rey Abdalá de Arabia
Saudí ha decidido crear un millón de puestos de trabajo con la construcción
de seis ciudades económicas para atraer industrias diversificadas (2). La «King
Abdullah City» sobre el Mar Rojo, al norte de Yida, deberá estar terminada
en 2008 con un puerto y todas las infraestructuras y accesorios para atraer
2.500 empresas y a sus ejecutivos. El coste de este proyecto se estima en
cerca de 400.000 millones de dólares. Kuwait, por su parte, ha puesto en
marcha un plan quinquenal (2009-2014) de 105.500 millones de dólares
dirigido a convertir el emirato en un centro financiero de dimensión
internacional. A la vista de la experiencia precedente del primer boom
petrolero, cuando el despilfarro y la mala gestión fueron la práctica
corriente, el nuevo maná petrolero parece mejor gestionado. El deseo de
preservar los recursos de las futuras generaciones está más presente, pero
el principal hándicap que padece el mundo árabe es su ausencia total de
críticas al hecho de su balcanización y su permanencia bajo la tutela
estadounidense, que endeuda su desarrollo con los proyectos de dimensión
regional. Las obras urbanísticas de Dubai, Qatar y otros principados del
Golfo, tan alabadas por su audacia arquitectónica, ya aparecen como la
prefiguración futurista de las ciudades mercados del futuro. La
concentración de grandes conglomerados de dimensión internacional, como la
firma petrolera estadounidense «Halliburton», la inmobiliaria de EEUU «Donald
Trump» y una serie de sociedades informáticas, electrónicas,
automovilísticas o de telefonía móvil (Macintosh, Apple, Nokia, etc.) en la
zona franca de Yebel Ali a Dubai, confirman a los principados petroleros en
su papel de centro de gravedad del comercio intercontinental entre
Asia-Europa y Asia-África, de intersección entre el istmo medio oriental y
bisagra de tres masas continentales, África, Asia y Europa, con grandes vías
de comunicación terrestres y marítimas y pasajes estratégicos (Estrecho de
Ormuz, Bâb el Mandeb, Canal de Suez). Ente los proyectos emblemáticos
saudíes figura, por otra parte, el de Tariq Bin Laden, hermano de Osama Ben
Laden, el jefe de la organización clandestina panislámica «al Qaeda», que
prevé comunicar Asia y África por un puente colgante en el estrecho de Bab
el Mandeb con la unión del Mar Rojo y el océano Indico, por una conexión
directa por la ruta entre Yibuti y Yemen. Ese proyecto de 200.000 millones
de dólares prevé la movilización de 850.000 trabajadores para la
construcción de dicho puente, de 28 kilómetros.
B) Dubai y la zona franca de Yebel Ali
Dubai, que alberga un importante mercado de metales preciosos en el que
las transacciones, por su amplitud, ya rivalizan con Singapur y Suiza, así
como una zona franca de los medios de comunicación donde se ubican una
cuarentena de cadenas vía satélite y sus servicios anexos, albergará además,
de aquí a finales de la década, el aeropuerto más importante del mundo con
una plataforma (HUB) destinada a descongestionar y desviar el tráfico de los
aeropuertos europeos (Heathrow y Roissy-Charles de Gaulle, en particular).
También tiene en proyecto la edificación de la torre más alta del mundo «Bourj
al Arab», de una altura de 1.200 metros en 140 plantas, y un puerto con un
importante puerto deportivo ganado al mar que protegerá una isla artificial
en forma de palmera, un complejo inmobiliario de lujo con 200 mansiones, 40
hoteles de alta gama y un gigantesco centro comercial de más de mil tiendas
para la venta de productos libres de impuestos «Duty Free Shop». Dubai
ambiciona, en efecto, hasta 2015, atraer a 200.000 visitantes diarios, en
viajes de negocios y turismo, mientras que el mayor principado, Abu Dhabi,
sede de la Federación, se lanza a un ambicioso programa de hostelería de
gran lujo confiado al conglomerado hotelero «Al Jumeirah» para la
construcción de cien hoteles por todo el mundo, algunos de siete estrellas,
una clasificación de reciente creación especialmente concebida para ese
grupo y que podría servir de norma hotelera en el siglo XXI.
C) Abu Dhabi, capital de la cultura, el deporte y el cine
Abu Dhabi, que alberga una copia del Museo del Louvre y prevé instalar
una copia del Guggenheim en 2009, también se ha lanzado sobre el deporte de
competición profesional y el cine, con vistas a fortalecer la posición del
emirato como capital cultural, deportiva y de desarrollo económico, y a
través de esas adquisiciones dirigir los focos hacia este principado
petrolero. Un fondo soberano de los Emiratos Árabes Unidos, «Abu Dhabi
United Group» (Adug), también se ha convertido en accionista mayoritario del
club inglés de primera división «Manchester City», por un importe de 245
millones de euros dirigido a convertir a dicho club en «el principal club de
la liga». Uniendo la acción a la palabra, el fondo ha anunciado el fichaje
de de Robinho que la temporada pasada jugó en el Real Madrid por unos 32,5
millones de libras (42 millones de euros) un récord para el campeonato
británico. Abu Dhabi también dirige sus ojos hacia Hollywood con el proyecto
de invertir 1.000 millones de dólares en la producción de películas. Se ha
constituido una compañía al efecto, la «Abu Dhabi Media Company», que
financiará ocho películas al año durante cinco años (5).
Todos los principados petroleros en conjunto, a través de una serie de
manifestaciones internacionales de primer orden, pretenden dotarse de un
aura cultural (instalación de un anexo de la Universidad parisina Pantheon-Sorbonne
(París I) además de la réplica del Louvre en Abu Dhabi), para acceder al
rango de las ciudades mundiales del siglo XXI. Ya se consideran y se desean
como las rivales de Hong Kong y Montecarlo. A guisa de reclamo, los Emiratos
han puesto a disposición de celebridades mundiales de la política y el
espectáculo lujosos apartamentos, especialmente en uno de los mayores
complejos inmobiliarios del mundo, el «Jumeirah Beach Complex». El campeón
mundial de Fórmula I, el piloto alemán Michael Schumacher y las celebridades
de Hollywood se han beneficiado especialmente de esas facilidades un gesto
obsequioso que se sitúa en la gran tradición de la hospitalidad árabe. En
una señal premonitoria, el pasado mes de julio Qatar lanzó un ataque
financiero dirigido a apoderarse de la minoría de bloqueo de la «Societé des
bains de mer» de Mónaco, que gestiona las instalaciones portuarias y los
centros de ocio del principado. El fracaso de ese intento no excluye que
insistan. 79.000 habitantes de los emiratos poseen fortunas netas superiores
al millón de dólares, aparte de la residencia principal, es decir, un
aumento del 14% en 2008 con respecto a 2007. En el conjunto de Oriente Medio
el número de multimillonarios aumentó en 200 en un año, pasando de 1.300 en
2007 a 1.500 en 2008, induciendo los patrones de consumo ostentoso (4).
II. El peligro demográfico: Abu Dhabi y Dubai, las dos «ciudades
indias» más bellas del mundo.
Ciertamente los «royalties», los ingresos petroleros, constituyen sin
duda el motor del desarrollo económico regional, pero el boom inmobiliario y
la considerable expansión del sector terciario de estos estados rentistas no
habrían alcanzado nunca su actual expansión sin la colaboración constante de
los trabajadores anónimos de la economía de los servicios, los abandonados
de la sociedad de la abundancia, la mano de obra extranjera moldeable y
servil originaria, principalmente, de los países asiáticos, hasta el punto
de que el nuevo embajador de la India en los Emiratos presumió
recientemente, durante la presentación de sus credenciales en abril de 2008,
de que «Abu Dhabi y Dubai son las dos ciudades indias más bellas del mundo»
en un homenaje indirecto a la contribución de sus compatriotas (5).
Los principados del Golfo presentan, en efecto, la singularidad única en
el mundo de contar con más trabajadores extranjeros que nacionales, y el
número de obreros en los edificios supera con creces el número de
ciudadanos, hasta el punto de que Kuwait pretendió el pasado mes de julio
desprenderse, también él, de sus «sin papeles» y propuso a las Comoras que
acogieran a cuatro mil personas a cambio de grandes inversiones kuwaitíes en
el sector económico, mientras que Abu Dhabi, para disuadir de la instalación
permanente a los inmigrantes asiáticos, propuso limitar a un único período
de seis años los permisos de trabajo y residencia. La oferta de Kuwait fue
rechazada por las autoridades de Comoras porque sería peligrosa para la
cohesión nacional y la propuesta de Abu Dhabi también se rechazó porque
resultaría contraproducente y dañina para la captación de los inversores
económicos y resentiría la motivación en el plano de la eficiencia económica
(6). Por otra parte, el problema ha alcanzado tal agudeza que un alto
responsable de la policía del Golfo, con la pretensión de sacudir la torpeza
de los dirigentes de las petromonarquías, no ha dudado en desafiar la
prohibición que afecta a este asunto tabú y ha promovido la elección, a
medio plazo, de un indio para la presidencia de la Federación de los
principados del Golfo.
«Barack Obama sólo es el preludio de un gran cambio del ambiente de la
política mundial que verá, a medio plazo, cómo un indio se presenta como
candidato a la presidencia de la Federación» lanzó el general Dhafi Jalfan,
jefe de la policía de Dubai ante un auditorio pasmado, durante un «Foro de
la identidad nacional» celebrado en Abu Dhabi en abril de 2008, primer foro
de este género sobre el asunto desde la independencia de los principados en
1970, hace treinta y ocho años. El número de trabajadores asiáticos en el
Golfo se estima en quince millones de personas, es decir, más de la mitad de
la población de la zona según un informe del secretario general del Consejo
de Cooperación del Golfo, Yamil Huyeilan, presentado en la última cumbre de
los dirigentes del Golfo, en 2008. La situación de los Emiratos al respecto
es caricaturesca. Los inmigrantes representan el 85% de la población total.
Sobre 3,8 millones de habitantes, los nacionales no son más que el tercer
grupo de población (640.000), después de los indios (1,2 millones de
habitantes), que en este sentido están igualados con los pakistaníes. Del
conjunto de las nacionalidades, los asiáticos representan más del 60% de la
población total del Golfo y un porcentaje mucho más elevado que la población
activa (7)
Generalmente solteros, originarios principalmente de la India, Pakistán,
Sri Lanka, Filipinas y Bangladesh y en este sentido supuestamente apolíticos
o en cualquier caso nada implicados en los conflictos interárabes, los
asiáticos representan alrededor del 20% de la población en Omán, un tercio
en Bahrein y Arabia Saudí, dos tercios en Kuwait y Qatar que cada vez
padecen más las presiones de organizaciones internacionales, especialmente
las organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch o la
Organización Internacional del Trabajo (OIT) dirigidas a mejorar las
condiciones de trabajo, especialmente deplorables, de los inmigrados
asiáticos. El principal temor de los dirigentes del Golfo es que estos
trabajadores extranjeros puedan reivindicar algún día la nacionalidad de su
país de acogida. Un auténtico quebradero de cabeza para los príncipes del
petróleo, que no pueden prescindir de la mano de obra extranjera si quieren
asegurar el crecimiento económico, pero que sin embargo se niegan a
concederles la nacionalidad por el riesgo de desnaturalizar el carácter
árabe de las petromonarquías. Una solución sería sustituir la mano de obra
asiática por mano de obra árabe y su consecuente naturalización, pero en ese
caso el riesgo de la contaminación política de la mano de obra árabe tomaría
un gran peso sobre la estabilidad de los regímenes de las petromonarquías.
Más allá de este peligro, la mano de obra árabe está presa en los conflictos
interárabes. Kuwait expulsó a casi quinientos mil palestinos en 1990, lo
mismo que Abu Dhabi, para castigar a Yasser Arafat, jefe de la Organización
para la Liberación de Palestina, por haber favorecido la mediación antes que
la confrontación entre Iraq y Kuwait durante la invasión iraquí del
principado en agosto de 1990, y Arabia Saudí hizo lo mismo con casi un
millón de yemeníes en represalia por una posición idéntica del presidente
Ali Abdalá Saleh.
Tercera parte
III. El peligro militar: la presencia militar estadounidense, ¿un
pararrayos o un detonador?
La constelación de las petromonarquías, uno de los principales
abastecedores del sistema energético mundial, sirve al mismo tiempo de
gigantesca base militar flotante del ejército estadounidense, que se
abastece profusamente, a domicilio, a precios que desafían cualquier
competencia. Todos, en diferentes grados, pagan su tributo y su homenaje de
las facilidades a su protector.
La zona, en efecto, alberga en Doha (Qatar) el puesto de mando
operacional del «Centcom» (el mando central estadounidense) cuya
competencia se extiende sobre el eje de crisis que va de Afganistán a
Marruecos y a Manama (Bahrein), el cuartel general de la V flota
estadounidense cuya zona operacional cubre el Golfo árabe pérsico y el
océano Índico. Como complemento, Arabia Saudí alberga una escuadrilla de
AWACS (Airborne warning and control system), un sistema de detección y mando
aeroportuario en la región de Ryad. El reino es, en efecto, el único país
del mundo que alberga radares volantes estadounidenses fuera de EEUU, lo que
demuestra la importancia que Estados Unidos concede a la supervivencia de la
dinastía wahabí. Kuwait, muy devoto de su liberador, oficia como zona de pre
posicionamiento y avituallamiento de la gigantesca infraestructura militar
estadounidense en Iraq, el nuevo campo de ensayo de la guerra moderna de
EEUU en el Tercer Mundo.
Hay que añadir por último, pero no menos importante, los elementos del
dispositivo israelí, el socio estratégico de Estados Unidos en la zona, así
como la base relevo de Diego Garcia (océano Índico), la base aérea británica
de Massirah (Sultanato de Omán) así como, desde enero de 2008, la plataforma
naval francesa en Abu Dhabi. Después de cuarenta años de la independencia de
la costa de los piratas y el repliegue británico al este de Suez en 1970,
los principados del Golfo viven de nuevo bajo el protectorado de hecho de
sus antiguos tutores en una especie de «servidumbre voluntaria».
Escasamente pobladas, rodeadas de poderosos vecinos como Irán e Iraq, de
creación reciente e inexpertas en la materia, las petromonarquías confían su
protección desde hace mucho tiempo a los países amigos fuertes o, en su
defecto, a las compañías militares privadas, los mercenarios de los tiempos
modernos, y los fabulosos contratos de armamento que exceden las capacidades
de absorción de los servicios locales generalmente se perciben como pólizas
de seguro disfrazadas en razón de las fabulosas retrocomisiones que generan.
La protección del espacio aéreo saudí está confiada, desde hace mucho
tiempo, a los aviadores pakistaníes, el territorio nacional del Sultanato de
Omán a los beduinos de la legión árabe jordana; los mercenarios occidentales
se encargan del resto, con un reparto de papeles entre los ingleses, sobre
todo presentes en su antigua zona de influencia, especialmente los emiratos
petroleros del Golfo, y los estadounidenses que tienen el control sobre
Arabia Saudí y el resto de Oriente Medio. La protección del jeque Zayed Ben
Sultan Al Nahyan, emir de Abu Dhabi y presidente de la Federación de los
Emiratos del Golfo, así como el posicionamiento de las tropas de Omán en la
guerrilla marxista de Dhofar en los años 1965-1970, revelaron la
responsabilidad de «Watchguard», una de las dos compañías de mercenarios
británicos cuya sede está en Guernesey. Fundada en 1967 por David Sterling,
un antiguo alto mando del ejército del aire británico (Special Air Services)
está considerada como un instrumento de influencia de la diplomacia
británica. Otro Blackwatter que se ha señalado lamentablemente en Iraq,
Estados Unidos cuenta con dos grandes sociedades militares privadas:
Vinnel Corp cuya sede está en Fairfax, Virginia, y BDM international.
Ambas son filiales de la multinacional Carlyle, y aparecen como
los brazos armados privilegiados de la política estadounidense en Arabia y
en el Golfo. Vinnel Corp, cuya misión saudí sufrió un atentado en
Jobar en 1995, tiene el control sobre la formación de la Guardia Nacional
saudí, mientras que BDM dirige la formación del personal del ejército del
aire, de la marina y de la infantería saudíes.
A) Las petromonarquías: un «oasis de seguridad garantizada» de la
economía occidental frente a la «zona de penuria» de la vertiente
mediterránea rebelde del mundo árabe.
A raíz del triunfo de la revolución islámica en 1979, Estados Unidos
procuró propulsar a Israel al papel de «supergendarme regional»
estableciendo con él una «sociedad estratégica» dirigida a sustituir el
papel asumido anteriormente por el Sha de Irán; Etiopía asume un rol
idéntico para África oriental al ser el punto de apoyo de la base
franco-estadounidense de Yibuti. La administración estadounidense,
cualquiera que sea su color político, republicana o demócrata, se dedica
constantemente, desde hace más de treinta años, a desarrollar una zona
económica liberal única vinculada al mercado estadounidense y dirigida a
promover la libre circulación de capitales y bienes, pero no necesariamente
de la mano de obra.
Oriente Medio está destinado, desde la óptica estadounidense, a
convertirse en una zona de subcontratación de la economía de EEUU comparable
a la zona del Magreb para la Unión Europea. El objetivo central de este
enfoque es la normalización y la integración de Israel en Oriente Medio con
el espíritu del Foro económico de Casablanca (1994) y de Amman (1995).
Semejante proyecto se articularía, en la visión estadounidense, sobre dos
pilares, la tecnología israelí en el oeste y el capital financiero del Golfo
en el este. Para esto, la autonomía de las petromonarquías en relación con
el resto del mundo árabe está comprometida por la diplomacia occidental
dentro del Consejo de Cooperación del Golfo.
La puesta en marcha de esta «subentidad» regional está dirigida a
constituir un «oasis de seguridad garantizada» frente a la «zona de penuria»
de la vertiente mediterránea rebelde del mundo árabe. Pero el éxito del
proyecto permanece tributario, a fin de cuentas, de la neutralización del
problema palestino por la creación de un «estado de pacotilla» favoreciendo
una independencia de cara a la galería bajo la estrecha dependencia de
Israel y el doble padrinazgo de Arabia Saudí y Egipto. Hay que tener en
cuenta que, sin esperar a la resolución definitiva del conflicto entre
Israel y los árabes y en consonancia con su política abiertamente pro
occidental, garantía de la supervivencia del trono hachemita, Jordania ya ha
establecido una zona franca jordana-israelí cuyos productos se exportan
directamente a Estados Unidos (8).
B) Maurice Lévy (Publicis) y Richard Attias (Dubai Event Management),
una normalización con Israel a la chita callando.
Es en esta perspectiva donde hay que situar el patrocinio de la firma
publicitaria francesa Publicis en el polémico Festival de Jordania en
el verano de 2008 y el nuevo despliegue sobre Dubai, en el mismo año, del
publicista Richard Attias. El recurso a los servicios de dos protagonistas
de primer orden de la escena mundial de organización de eventos,
notoriamente conocidos por sus simpatías pro israelíes, testimoniarían la
preocupación de las monarquías pro occidentales árabes de dar, además de la
representación comercial israelí a Qatar, garantías de buena voluntad a su
protector estadounidense y, de hecho, proceder a una normalización, a la
chita callando, con Israel, con el fin de fomentar paralelamente su
expansión, su nueva imagen de marca con la secreta esperanza de ascender a
la categoría de las nuevas ciudades del siglo XXI. Maurice Lévy, presidente
de Publicis y Richard Attias, son ambos originarios de Marruecos, el
primero de Oujda y el segundo de Fez.
Maurice Lévy fue el organizador de las celebraciones del pasado mes de
mayo en París con ocasión del sexagésimo aniversario de la declaración
unilateral de independencia de Israel. Su patrocinio del festival cultural
jordano se ha criticado duramente y condujo a un buen número de artistas
árabes a boicotear ese evento financiado por la reina Rania de Jordania. La
presencia de Richard Attias parece mejor acogida debido aparentemente a su
percepción sensiblemente diferente a la de su ex socio y ahora competidor.
Organizador de eventos político-mediáticos internacionales como el Foro de
los Premios Nobel de Petra (Jordania) y el Foro económico de Davos (Suiza),
donde fue apartado por su relación con la ex esposa del Presidente Sarkozy,
Richard Attias dirigirá posteriormente en Dubai el «Dubai Event Management
Corporation» en sociedad con el príncipe Ahmad, hijo del gobernador de
Dubai, Jeque Rached al Maktum. El reclutamiento del hijo del ex sastre del
rey de Marruecos, titular de una nacionalidad marroquí que nunca ha querido
cambiar por ninguna otra, no revela un «golpe de publicidad» sino una
elección razonable con respecto a un profesional confirmado. Esta elección
se ha percibido como una señal de confianza con respecto a una persona que,
por añadidura, se mantiene fiel a sus raíces judeoárabes en la pura
tradición del judaísmo marroquí, a ejemplo del escritor Edmond Omrane El
Maleh, del ingeniero Abraham Sarfati y del matemático Sion Assidon, dos ex
presos de opinión en la vanguardia de la lucha para la conquista de las
libertades democráticas en el mundo árabe. De rebote, la instalación en
Dubai del segundo marido de Cécilia Siganer Arbaniz, ex esposa del
Presidente francés Nicolas Sarkozy, ha podido aparecer como una chanza
magistral dirigida, sin duda involuntariamente, a la islamofobia ambiental
atizada en Francia desde la más alta cumbre del Estado con la
estigmatización constante de los musulmanes «que degüellan corderos en la
bañera». Esos dos objetivos están totalmente de acuerdo con el objetivo
principal de Estados Unidos: la integración de Israel, en posición de
liderazgo, en Oriente Medio.
Allanando el terreno a Arabia Saudí, Barein, que alberga la base naval
del cuartel general de la V Flota estadounidense para la región del Golfo
Pérsico árabe/océano Índico, ha ahondado en ese sentido, el pasado 9 de
octubre, proponiendo la puesta en marcha de una nueva organización regional
que englobe el conjunto de los países de Oriente Medio, es decir, los países
árabes del Próximo y Medio Oriente y además a Turquía, Irán y por último, y
no el menos importante, a Israel. Todo este andamiaje podría resultar, si no
reducido a la nada, al menos dañado por la borrasca bursátil y financiera
que ha aparecido en el otoño de 2008 en las economías occidentales sumiendo
en la perplejidad a un buen número de los aliados de los Estados
occidentales en la zona. Tomando como argumento un pretexto ecuménico, el
rey waabí ha invitado a Israel, a su vez, a participar en un «diálogo de las
religiones» el 11 de noviembre de 2008 en Nueva York después de las
elecciones presidenciales estadounidenses.
El debilitamiento militar y económico de Estados Unidos, el renovado
vigor de Rusia tras la guerra de Georgia en agosto de 2008, la actividad
china en África hacen temer a los estrategas occidentales la consolidación
del «Grupo de Shangai» (China, Rusia, Irán) dirigido a modificar las
relaciones de fuerza regionales, especialmente en Oriente medio, en
detrimento de las petromonarquías aliadas del campo occidental.
Aunque anterior a la emergencia de Irán como potencia nuclear virtual, la
gran concentración militar occidental en el Golfo Pérsico árabe se presenta,
sin embargo, en los medios occidentales como destinada a proteger a los
príncipes del petróleo de la codicia del régimen islámico de Teherán. Por lo
tanto, es forzoso dejar constancia de que la única intervención militar
iraní contra las petromonarquías se produjo en la época en que Irán estaba
situado en el movimiento occidental, en la década de 1970, sin que la
protección estadounidense fuese un gran seguro para sus protegidos árabes
que se vieron despojados entonces de tres islas pertenecientes al emirato de
Abu Dhabi. Es cierto que el Sha de Irán, Mohamad Reza Palevi, oficiaba en
aquella época como gendarme del Golfo por cuenta de Estados Unidos, y que
los príncipes árabes sólo podían obedecer, bajo coacción estadounidense, al
«supergendarme» regional que les habían asignado. Con el pretexto de la
guerra contra el terrorismo y la democratización de Oriente Medio, aparecen
dos de los objetivos declarados de la diplomacia neoconservadora
estadounidense: la presencia militar de EEUU dirigida, además, a mantener
eficazmente esta zona energética de importancia estratégica bajo control
occidental, mientras los precios del petróleo estallan y la guerra por el
control de las materias primas redobla su intensidad tanto en Asia como en
África, en el momento en que China opera un notable avance en el flanco sur
de Europa.
Señal del malestar que reina entre Estados Unidos y el Golfo «petromonárquico»
debido a la quiebra bancaria estadounidense y por la pesada tutela de EEUU
en las zonas petroleras, es que el ex Secretario de Estado Henry Kissinger
no ha dudado en vengarse públicamente de las petromonarquías del Golfo al
proponer, en plena tormenta financiera mundial, la constitución de un cártel
de los países industrializados frente a los países productores de petróleo
con el fin de controlar la subida de los precios del crudo… como si el G7 no
tuviera el control de los principales mecanismos de la economía mundial. 25
billones de dólares de capitalización bursátil, es decir, el doble del PIB
estadounidense, se han evaporado desde enero de 2009 debido a la crisis de
los activos tóxicos de la economía occidental, una suma que excede con mucho
las necesidades de la comunidad internacional para satisfacer loas
necesidades hídricas mundiales, las necesidades de la investigación
científica para el descubrimiento de tratamientos para las enfermedades
incurables, erradicar el hambre y la sed en el mundo (3.000 millones de
dólares, para las epidemias y las pandemias) (9).
Considerada inoportuna en un momento en el que la quiebra bancaria
estadounidense había sobrepasado el total de la deuda pública de los
cincuenta países de África, la declaración de Kissinger, en la que, por otra
parte, señalaba a Irán como la mayor amenaza de la época contemporánea (10),
ha suscitado un auténtico clamor de protesta en los países del Tercer Mundo,
especialmente molestos por el papel prescriptivo que se arroga Estados
Unidos en su pretensión de dirigir el mundo y machacarlo por culpa de sus
operadores financieros y el egoísmo de sus politólogos. Sobrevenida a raíz
de la puesta en marcha del proceso de neutralización a distancia de la
balística iraní con la firma del pacto de despliegue del escudo antimisiles
en Polonia y Chequia e Israel y aprovechando el conflicto de Georgia de
agosto de 2008, la declaración de Kissinger, aparecida el día de la
conmemoración del trigésimo tercer aniversario de la tercera guerra árabe
israelí, igual que las reiteraciones de Bernard Kouchner, ministro francés
de Asuntos Exteriores, sobre la inevitabilidad de una intervención israelí
contra Irán, ha colocado al Golfo Pérsico en una viva tensión y a los
aliados estadounidenses de la zona a la defensiva. Las petromonarquías, que
volaron al auxilio de la economía estadounidense al principio sufriendo de
paso, sin quejas ni lamentos, una pérdida de 150.000 millones de dólares
durante el tercer trimestre de 2008 debido a sus imposiciones económicas en
los mercados occidentales, después han reconsiderado su posición y han
percibido la llamada a la constitución de un cártel anti OPEP como una forma
de chantaje disfrazado y han favorecido, como una especie de respuesta
sesgada, las colocaciones de su dinero en los mercados asiáticos (11).
En el apogeo de su poderío y en el momento de mayor fuerza de su alianza
con Irán, Estados Unidos nunca consiguió que se restituyeran a su legítimo
propietario árabe las tres islas que se llaman Abu Moussa, Gran Tumba y
Pequeña Tumba. En fase poder relativo ¿sabrá, al menos, proteger de forma
sostenida esas relaciones regionales en el momento de sus sinsabores en Iraq
y Afganistán y se pondrá a la defensiva mientras que, paralelamente, Irán
con su dominio de la tecnología nuclear y los éxitos militares de sus
aliados regionales, Hezbolá en Líbano, Moqtada Sadr en Iraq y Hamás en
Palestina, se presenta como el contraejemplo perfecto de la servidumbre
monárquica con una radiación que se proyecta mucho más allá de las zonas con
fuertes minorías chiíes árabes en las regiones petroleras de Arabia Saudí,
Barhein, Kuwait, Iraq y en la zona limítrofe de Israel en el sur de Líbano,
para extenderse al conjunto de la esfera árabe musulmana? Más concretamente,
¿Estados Unidos podrá proteger sus relaciones de las turbulencias internas
atizadas por las extravagancias monárquicas repetitivas que contrastan
totalmente con las duras condiciones de la realidad cotidiana de multitud de
sus conciudadanos y que gangrenan inexorablemente los fundamentos de su
poder?
IV. El peligro doméstico: las extravagancias monárquicas, una gangrena
que socava los fundamentos del poder de las petromonarquías.
Un espectáculo en dos dimensiones se ofreció al mundo árabe en el verano
de 2008, como en 2006 durante la guerra destructora de Israel contra Líbano,
sintomático del divorcio entre los gobernantes y gobernados árabes. Mientras
el jefe del Hezbolá libanés Hasan Nasralá se dedicaba a liberar, en julio,
al decano de los presos árabes en Israel, Samir Kantar, un druso pro
palestino detenido durante 29 años, los príncipes saudíes hacían alarde de
un lujo ostentoso en la bahía de Cannes, al sur de Francia, con sus yates
inmensos, en escapadas nocturnas en compañía de una cohorte de ruidosos
acompañantes de dudoso gusto, lejos de las preocupaciones cotidianas de sus
compatriotas. El gobernador de Dubai, por su parte, abandonó su emirato a su
suerte durante dos meses para satisfacer en el Reino Unido su afición por
los concursos hípicos y los deportes ecuestres, mientras que la propia madre
del presidente de la Federación del Golfo, Sheija Fatima, de Abu Dhabi y
diecisiete de sus cortesanas fueron detenidas en el «Conrad Bruxelles» por
abusos y maltratos a sus sirvientes.
Cada año aporta su lote de escándalos: 2005, año del asesinato del Primer
Ministro libanés Rafic Hariri y de la llegada al poder del Presidente iraní
Ahmadineyad, la opinión pública occidental disfrutó del folletín «Saudi
Connection», el tráfico internacional de droga desde Colombia hasta Francia
a bordo de una flota privada de la familia real saudí. En 2006, año de la
guerra destructora israelí contra Líbano, dos escándalos coparon las
crónicas, el escándalo Yamamah sobre las faraónicas retrocomisiones, del
orden de 1.800 millones de euros, percibidas por el príncipe Bandar Ben
Sultan, hijo del ministro saudí de Defensa, con motivo de la venta de 150
aviones de combate ingleses «Toronado» a Arabia, así como el escándalo del
asesinato en Australia, en circunstancias misteriosas, de un ex pretendiente
al trono de Dubai, un crimen cubierto por la inmunidad diplomática y nunca
aclarado.
En 2007 las extravagancias del príncipe Abdel Aziz Ben Fahd, ganaron al
hijo del antiguo rey de Arabia y compañero de juegos de Saadeddin Hariri, el
heredero político del ex Primer Ministro multimillonario líbano-saudí, que
fue declarado «persona non grata» en un gran palacio parisino por su gusto
declarado por la compañía de «chicas de vida alegre» (12). En 2008, la
liberación de Samir Kantar y el rescate de más de 200 presos libaneses y
palestinos coincidió con el sonoro asesinato de una cantante vedette
libanesa, el 29 de julio de 2008 en Dubai. Suzzane Tamine estaba considerada
como próxima, al mismo tiempo, a las familias reinantes en Arabia Saudí y en
los emiratos. Su muerte implicaba a las personalidades egipcias próximas al
poder y puso en peligro las relaciones entre Egipto y los príncipes del
petróleo. Degollada antes de ser asesinada, el trágico final de la artista
libanesa es comparable al de la marroquí Hanane Zamrani, que apareció
asesinada en la piscina de un riquísimo hombre de negocios de los Emiratos,
en mayo de 2005.
El autor amenizará a sus lectores con las extravagancias anuales
repetitivas en París y Ginebra de Hanibal Gadafi, hijo menor del líder
libio, nueva dinastía autócrata árabe gracias a su cooptación monárquica del
poder. Sobre un fondo de corrupción y nepotismo, de tierra sin ley ni
justicia, abuso de autoridad y excesos del poder, las cancillerías
occidentales tienen buen cuidado en admitir dichas extravagancias,
gangrenando los fundamentos del poder de las petromonarquías y dando
argumentos a sus contestatarios políticos de quienes constituyen un
contraejemplo perfecto.
Dubai (12) acaba de ordenar, en agosto de 2008, una vasta campaña anti
corrupción con «prioridad nacional» poniendo en cuestión a ocho dirigentes
de firmas financieras e inmobiliarias de primer orden asegurando que ya no
estarán al abrigo de la impunidad. A este respecto, el nacimiento en Arabia
Saudí de un movimiento «Al Qaeda» no parece un fruto de la casualidad, igual
que la cadena transfronteriza árabe «Aljazeera» en Qatar. Ambas son
percibidas como consecuencias rebeldes a la hegemonía saudí en el plano
interno árabe, el primero en el aspecto político militar y la segunda en el
plano mediático. Desde esta perspectiva, la presencia militar estadounidense
en el Golfo está dirigida a asegurar una impunidad a los príncipes del
petróleo al efecto de acentuar su dependencia personal con respecto a
Estados Unidos. Dicho de otra forma, la concentración militar estadounidense
en el Golfo, la más densa del mundo fuera de Estados Unidos, ¿constituye
realmente un paraguas? ¿No corre el riesgo, por el contrario, de servir de
catalizador a la cólera árabe y de actuar en su caso de detonador
cataclísmico a un violento desbordamiento de descontento popular en el caso
de una eventual confrontación con Irán? En el estado actual de la ciencia
médica, la gangrena se cura con la amputación. ¿El organismo de las
petromonarquías sabrá inmunizarse de este peligro con un cambio drástico de
su modo de funcionamiento, o por el efecto de protuberancias excesivas
generadas por las facilidades de una existencia asistida acabará afectada
por negligencia por esta patología incurable e inexorable?
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Notas:
(1) «L’opulence financière incite le Golfe à la diversification», Hassan
Chakrani en el diario libanés Al Akhbar, 23 de julio de 2008.
(2) Le Monde, 14 de junio de 2006, «Le nouveau recyclage des
pétrodollars», por Eric le Boucher.
(3) «Les pétrodollars a l’assaut du football et du cinéma», Le
Monde,fr, 3 de septiembre de 2008.
(4) El número de personas que disponen de más de un millón de dólares de
activos financieros, aparte de la residencia principal, ha superado la
barrera de diez millones en 2007 y la clasificación de los multimillonarios
por zona geográfica se establece de la siguiente forma en 2007: África
1.000, un aumento de 200 en relación con 2006; Oriente Medio 1.500, es
decir, un aumento de 200 en un año; América Latina 6.200, frente a 4.200 en
2006; Europa 10.650, frente a 9.400 en 2006; Estados Unidos 11.700, frente a
11.200 en 2006; y por primera vez en la historia el número de
multimillonarios en Moscú (74) supera el de Nueva York (71); Stefen Theil (Newsweek) y Margaret Colsen (Wall Street Journal), en Courrier
international nº 932 de 11-17 de septiembre de 2008.
(5) Editorial de Abdel Bari Atwane cf Al Qods al-Arabi, periódico
transnacional árabe editado en Londres de fecha 19 de abril d 2008.
(6) «La limitation du séjour des étrangers dans le Golfe, un coup fatal à
la croissance» periódico Al Ittihad, de Abu Dhabi, 2 de agosto de
2006.
(7) Monarchies du Golfe, les micro-états de la peninsule arabique,
obra colectiva dirigida por Rémy Leveau y Fréderic Charillon en
Documentation Française nº 5217, junio 2005.
(9) «Foire d’empoigne autour de la Méditerranée» por Georges Corm en
Le Monde Diplomatique, Julio 2008.
(10) «25.000 milliards de dollars évanouis». Le Monde, 25 de
octubre de 2008. desde principios de año las grandes plazas bursátiles
internacionales han perdido casi la mitad de su capitalización. Eso
significa que alrededor de 25 billones de dólares se han esfumado, casi el
doble del PIB de Estados Unidos. Algunas plazas casi han desaparecido del
paisaje. La bolsa de Reykiavik ha perdido el 94% de su valor, Moscú el 72%,
igual que la Bolsa de Bucarest. Islandia, al borde de la quiebra, ha
anunciado que ha firmado un acuerdo con el FMI para un préstamo de 2.100
millones de dólares (1.700 millones de euros). Y la lista de países en
dificultades no deja de alargarse: Ucrania, Pakistán, Argentina, Hungría,
etc. En Estados Unidos y Europa, la contaminación de «la economía real»
comienza a materializarse con un fuerte aumento del desempleo y una
reducción del poder adquisitivo. Según un estudio del broker Cazenove, los
más expuestos son, en este orden: la construcción, las minas, los grandes
almacenes, seguros de vida y banca. Los valores refugio defensivos se
reducen a casi nada: productos de gran consumo, espirituales… En la Bolsa de
París la peor es la quiebra de Renault, donde la acción ha bajado del 77,12%
desde el 1 de enero, la menos mala representación reviene hasta GDF Suez,
que presenta un retroceso del 21,66% desde principios de año. Sobre el plan
bursátil, las inyecciones de fondos públicos para salvar a los bancos van a
traducirse por una subida sensible de las deudas públicas y por un recurso
masivo al endeudamiento por parte de los Estados. Esta afluencia de
obligaciones del tesoro sobre los mercados financieros amenaza con provocar
una fuerte subida de las tasas de interés a largo plazo que desempeñan un
papel más importante en la financiación de la economía. «Los mercados lo ven
todo negro e imaginan lo peor con un carácter autorrealizador», señalan los
economistas de Crédit agricole. «La cuestión de la confianza es
fundamental y nadie sabe a ciencia cierta actualmente qué elemento
catalizador es susceptible de restaurarla de manera estable».
(10) «Scholar statesman award dinner. Henry Kissinger versus Robert
Satlof october 6th 2008». Special forumreport Washington Institute for Near
East Policy. Policy Watch nº 1411 del 10 de octubre de 2008.
(11) « Lunes negro en el Golfo: las Bolsas de las petromonarquías
registran pérdidas de 150.000 millones de dólares en el tercer trimestre de
2008 », en Al-Qods al-Arabi, martes 7 de octubre de 2008.
(12) «Ryad sur Seine, Mon patron est un Emir: De l’argent sans limites
des distractions de grands enfants, des serviteurs corvéables jusqu’à
l’épuisement. Trois ex salariés des Saoud racontent le quotidien des nababs
à Paris» por Christophe Boltansky, Nouvel Observateur, 22-28 de mayo
de 2008.
(13) Dubai lanza una campaña anticorrupción. En el periódico
transnacional árabe publicado en Londres Al Quds al Arabi el 18 de
agosto, que precisa que ocho dirigentes de firmas financieras e
inmobiliarias de primer orden son perseguidas en Dubai por hechos
relacionados con el dinero ilícito, especialmente los responsables de la
banca islámica de Dubai y de fondos de inversión «Tamwil» de los promotores
inmobiliarios del proyecto «Ad Diar» y «Al Nakhee» el famoso puerto
deportivo conquistado al mar y edificado en forma de palmera.
Para saber más:
"Geoeconomía" mundial, un cambio estratégico,
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=74380
La criminalidad transnacional, otra cara abominable de la globalización:
Los paraísos fiscales,
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=54028
(*)René Naba, es un periodista francés de origen libanés. Antiguo
responsable del mundo arabo-musulmán en el servicio diplomático de la
Agencia France Presse y ex consejero del Director General de RMC/Moyen-Orient,
encargado de la información. Ha publicado los siguientes libros: Il était
une fois la dépêche d’agence, Editions l’Armoise- 8, Rue des Lions
Saint-Paul, 75004 Paris, septiembre de 2007. Aux origines de la tragédie
arabe, Éditions Bachari 2006. Du bougnoule au sauvageon, voyage dans
l’imaginaire français, L’Harmattan 2002. Rafic Hariri, un homme
d’affaires, Premier ministre, L’ Harmattan 2000. Guerre des ondes,
guerre de religion, la bataille hertzienne dans le ciel méditerranéen,
L’Harmattan 1998.
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