(IAR Noticias) 08-Noviembre-08
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Equipo en crisis: Bush
y detrás, desde la derecha, el presidente de la Comisión de Valores
Christopher Cox, el secretario del Tesoro, Henry Paulson y el presidente
de la Reserva Federal, Ben Bernanke. |
El mundo está cayendo en una gran desaceleración que probablemente sea la
peor en un cuarto de siglo y tal vez desde la Gran Depresión. Esta crisis estuvo
"hecha en Estados Unidos" en varios sentidos.
Por Joseph Stiglitz (*)-
Clarín
Ese país exportó sus hipotecas tóxicas a todo el mundo bajo la forma de valores
respaldados por activos. EE.UU. exportó su filosofía de desregulación de libre
mercado cuyo alto sacerdote, Alan Greenspan, ahora admite que fue un error.
EE.UU. exportó su cultura de irresponsabilidad corporativa -opciones de compra
de acciones no transparentes, que fomentan la mala contabilidad, como en los
escándalos de Enron y Worldcom. Y, por último, EE.UU. ha exportado su deterioro
económico.
El gobierno de Bush por fin se decidió a hacer lo que los economistas le
insistieron que hiciera: poner más capital en los bancos. Pero como siempre, el
problema está en los detalles, y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson, puede
haber logrado trastornar incluso esta buena idea; parece haber descubierto la
manera de recapitalizar a los bancos de forma que el resultado no sea la vuelta
del crédito, lo cual no presagia nada bueno para la economía.
A medida que EE.UU. absorbe los ahorros del planeta para abordar sus problemas,
los países en desarrollo se enfrentarán a tiempos difíciles. Es probable que
algunos -aquellos con grandes déficit comerciales, los que deben refinanciar
grandes deudas nacionales y los que tienen lazos comerciales estrechos con EE.UU.-
resulten más afectados. Los países que no liberalizaron sus mercados
financieros, como China, darán gracias por no haber seguido las recomendaciones
de Paulson para hacerlo.
Muchos ya están recurriendo al FMI en busca de ayuda. Lo que preocupa es que, al
menos en algunos casos, el FMI volverá a sus viejas recetas fracasadas: la
contracción fiscal y monetaria, que sólo aumentaría las desigualdades globales.
Mientras los países desarrollados se dedican a estabilizar políticas
anticíclicas, los países en desarrollo se verían obligados a adoptar políticas
desestabilizadoras, ahuyentando al capital cuando más lo necesitan.
Hace diez años, cuando estalló la crisis financiera de Asia, se habló mucho de
la necesidad de reformar la arquitectura financiera global. Se hizo muy poco,
demasiado poco, como ahora ha quedado claro. Podemos estar en un nuevo momento
de "Bretton Woods". Las viejas instituciones han reconocido la necesidad de las
reformas. Fueron necesarios 15 años y una guerra mundial para que el mundo se
reuniera con el fin de atacar las debilidades del sistema financiero que
contribuyeron a la Gran Depresión. Esperemos que esta vez no nos tome tanto
tiempo: dado el nivel de interdependencia, los costos serían sencillamente
demasiado altos.
Pero mientras que EE.UU. y Gran Bretaña dominaron el viejo Bretton Woods, el
paisaje mundial actual es notablemente diferente. De la misma forma, las viejas
instituciones de Bretton Woods estuvieron definidas por un conjunto de doctrinas
económicas que ya se ha demostrado que fracasan no sólo en los países en
desarrollo sino incluso en el corazón del capitalismo. La próxima cumbre mundial
debe enfrentarse a esas nuevas realidades si se quiere trabajar efectivamente
hacia la creación de un sistema financiero global más estable y equitativo.
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Stiglitz es Nobel de Economía del año 2001.