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Noticias)
05-Noviembre-08
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Barack Obama. |
Los sionistas y los militaristas civiles controlan por
completo la política de guerra de Obama en el Oriente Medio. No habrá espacio
para la paz en Irán, Palestina, Pakistán, Afganistán o Iraq. Wall Street
controla la política financiera de Obama: No habrá espacio para que algún
progresista de Cambridge introduzca a hurtadillas una limosna para las
familias que pierden su casa.
Por James Petras -
Rebelión
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Ralph Nader, ignorado candidato alternativo. |
Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, una vez más, proporcionan
una prueba de fuego de la integridad y conducta consecuente de los
intelectuales de los Estados Unidos. Si es el deber y responsabilidad del
intelectual público a decir la verdad del poder, las declaraciones recientes de
la mayoría de nuestros eruditos públicos más conocidos y de mayor prestigio
han fracasado estrepitosamente. En lugar de poner de relieve, desenmascarar y
denunciar las políticas domésticas e internacionales reaccionarias del
candidato por el Partido Demócrata, Senador Barack Obama, han preferido
apoyarlo, "de una manera crítica, ofreciendo como excusas que hasta
'diferencias limitadas' pueden tornarse positivas, y que 'Obama es el mal
menor' y 'crea la oportunidad de la posibilidad de un cambio'".
Lo que hace estos argumentos insostenibles es el hecho de que las
declaraciones públicas de Obama, sus principales asesores en política,
y los que probablemente configuren sus políticas desde el gobierno han trazado
abiertamente una política internacional altamente belicosa y una política
económica doméstica profundamente reaccionaria, totalmente en línea con
Paulson-Bush-Wall Street. En cuanto a los temas principales de guerra, paz,
crisis económica y el salvajismo ejercido sobre la clase asalariada de Estados
Unidos, Obama promete ampliar e intensificar las políticas que la mayoría de
los estadounidenses rechaza y repudia.
Doce razones para rechazar a Obama
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Obama promete repetida y públicamente intensificar la intervención
militar estadounidense en Afganistán, aumentando el número de soldados
estadounidenses, extendiendo sus operaciones y participando en ataques
transfronterizos sistemáticos. Dicho de otro modo, Obama es un belicista
mayor que Bush.
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Obama ha declarado públicamente que su régimen ampliará la
"guerra contra el terrorismo" mediante ataques por tierra y aire a gran
escala sobre Pakistán, intensificando así la guerra de forma que
incluya los pueblos y las ciudades considerados favorables a la resistencia
afgana.
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Obama se opone a la retirada de los soldados estadounidenses de Iraq;
prefiere su recolocación desde las zonas de combate a ubicaciones de
entrenamiento y logística, dependientes de la capacidad militar del
ejército iraquí para derrotar a la resistencia. Obama se opone a dar una
fecha para la retirada de los soldados estadounidenses de Iraq porque éstos
son esenciales para perseguir sus políticas generales en el Oriente Medio,
que incluyen confrontaciones militares con Irán y Siria, y en el sur del
Líbano.
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Obama ha declarado su apoyo incondicional al Lobby pro-Israel y las
políticas belicosas, expansionistas y coloniales del estado judío. Ha
prometido respaldar los ataques militares israelíes, sea cual sea el coste
para los Estados Unidos. Su servilismo despreciable a Israel se hizo
evidente durante su discurso en la conferencia anual del AIPAC (Comité de
Actividad Política entre Estados Unidos e Israel) celebrada en Washington en
2008. Han sido sus principales asesores, de vínculos notorios y antiguos con
las más altas jerarquías de las principales fábricas de propaganda sionista
y con los presidentes de las principales organizaciones
judío-estadounidenses, quienes escribieron el discurso y formulan su
política para el Oriente Medio.
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Obama ha prometido atacar a Irán si éste continúa procesando uranio para
sus programas nucleares. En dos ocasiones, apenas unas semanas antes de las
elecciones, el candidato a vicepresidente de Obama, Joseph Biden, indicó con
absoluta claridad unos "puntos de conflicto" (Irán, Afganistán, Pakistán,
Rusia y Corea del Norte), recalcando que Obama "respondería con fuerza". Los
asesores de más alto rango para el Oriente Medio de Obama incluyen a
conocidos sionistas como Dennis Ross, muy vinculado al "Centro de Política
Bipartidaria", que publicó un informe que sirve de programa detallado de
acción para la guerra contra Irán. La propuesta de Obama de negociar con
Irán es poco más que un pretexto para dar a Irán un ultimátum: la entrega de
su soberanía o una monumental agresión militar.
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Obama apoya incondicionalmente la expulsión por parte de Israel de los
palestinos y la extensión de los asentamientos en Cisjordania, la causa
principal de hostilidad en el Oriente Medio, de guerra y del descrédito de
la política estadounidense en la región. Con tres docenas de personas que
ponen a Israel como prioridad entre sus principales organizadores de
campaña, asesores políticos, escritores de discursos y probablemente los
candidatos a puestos de gobierno, no hay prácticamente ninguna esperanza de
"influir desde dentro" o de "aplicar presión popular" con el fin de cambiar
la sumisión servil de Obama al poder sionista. Al apoyar a Obama, los
"intelectuales progresistas" son, de hecho, aliados de sus mentores
sionistas.
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En cuanto a la política nacional, los asesores económicos claves de
Obama tienen credenciales impecables de Wall Street. Aprobó sin cuestionar e
inmediatamente el rescate, con dinero de los contribuyentes, propuesto por
el Secretario del Tesoro Paulson, de $700 billones a los bancos de inversión
más ricos de los Estados Unidos. Obama no ha cuestionado ni a Paluson ni a
los bancos el uso de fondos federales destinados a rescatar y adquirir
bancos en vez de ceder préstamos y créditos a productores y familias que
tienen que pagar su casa. El respaldo de Obama a Paulson y el rescate de
Wall Street se equipara con sus propuestas mezquinas de suspender los
juicios hipotecarios durante tres meses, pendientes de la renegociación de
intereses. Obama propone intensificar las transferencias de fondos
gubernamentales hacia instituciones financieras mal gestionadas y
corporaciones capitalistas en bancarrota con el fin de salvar un capitalismo
fracasado en lugar de instaurar nuevos programas públicos de inversión a
largo plazo y de gran envergadura que generen empleo bien pagado para los
trabajadores.
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El equipo económico de Obama ha abrazado abiertamente la ideología y
práctica del "mercado libre" y su oposición a cualquier inyección importante
de fondos gubernamentales en la actividad productiva de propiedad pública y
servicios sociales, y así hacer frente al fracaso del sector privado, la
corrupción y el colapso generalizados.
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Obama abraza los planes de la sanidad privada fracasada, gestionada y
controlada por las corporaciones aseguradoras, las asociaciones
conservadoras médicas y hospitalarias, y las grandes compañías
farmacéuticas. Rechaza públicamente un programa de sanidad nacional y
universal basado en el programa federal de éxito, Medicare, para favorecer
planes privados, orientados al máximo beneficio y subvencionados por el
Estado, ineficaces, costosos y fuera del alcance de más de un tercio de
familias estadounidenses.
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Obama es y continúa siendo defensor de las grandes compañías agrícolas y
su programa de fabricación de etanol, altamente subvencionado y rentable.
Este programa ha incrementado los precios alimentarios para millones de
estadounidenses y cientos de millones de personas en el resto del mundo.
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Obama defiende la continuación del embargo criminal a Cuba, la
confrontación hostil con el populista Presidente Chavez de Venezuela, y con
otros reformadores en América Latina, la política engañosa de promocionar el
proteccionismo para Estados Unidos y el acceso del mercado libre en América
Latina. Sus asesores más importantes sobre América Latina proponen cambios
cosméticos de estilo y diplomacia, pero apoyo implacable de la hegemonía
estadounidense.
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Obama no ha propuesto ni prevén sus asesores de mercado libre y sus
partidarios financieros billonarios ningún plan comprensivo o estrategia
para sacarnos de una recesión que se profundiza cada vez más. Al contrario,
la serie de medidas fragmentarias presentada por Obama es inconsistente en
el plano interno: La austeridad fiscal es incompatible con la creación de
puestos de trabajo; el rescate de Wall Street desvía fondos necesarios para
la inversión productiva; y la persecución de nuevas guerras socava la
recuperación doméstica.
Conclusión
Los intelectuales, quienes, en nombre del "realismo", apoyan a un político
que abraza abierta y públicamente nuevas guerras, rescates billonarios con
fines lucrativos, programas de sanidad gestionados por el sector privado,
contradicen sus propias exigencias como "críticos responsables". Son lo que C.
Wright Mills llamó "realistas chiflados" abdicando su responsabilidad como
intelectuales críticos. Al aparentar que apoyan "el mal menor", promocionan el
"mal mayor": La continuación, durante cuatro años más, de gran recesión,
guerras coloniales y la alienación popular. Es más, son aliados de los grandes
medios de comunicación, de los partidos poderosos y del sistema legal que ha
dejado al margen cuando no excluido abiertamente a los candidatos
alternativos, Ralph Nader y Cynthia McKinney, quienes sí hablan claro y se
oponen a la guerra, a los rescates de Wall Street y proponen la inversión
pública real y a gran escala en la economía doméstica, un programa de sanidad
universal y financiado por un solo fondo, políticas económicas sostenibles y
que protegen el medio ambiente, y políticas redistributivas de los ingresos a
largo plazo y de gran envergadura.
Lo que es torpe e inaceptable es el argumento de estos intelectuales (que
representan un grano insignificante en el trasero del asno Demócrata) que su
"apoyo crítico" de la máquina política de Obama abrirá espacio donde
quepan ideas radicales. Los sionistas y los militaristas civiles controlan por
completo la política de guerra de Obama en el Oriente Medio. No habrá espacio
para la paz en Irán, Palestina, Pakistán, Afganistán o Iraq. Wall Street
controla la política financiera de Obama: No habrá espacio para que algún
progresista de Cambridge introduzca a hurtadillas una limosna para las
familias que pierden su casa.
Si las tesorerías sindicales multimillonarias que han gastado cien millones
de dólares en cada campaña presidencial no han conseguido ninguna legislación
progresista en los últimos 50 años, ¿no es una ilusión que nuestros
"intelectuales públicos" progresistas imaginen que ellos, en su espléndido
aislamiento institucional, pueden "presionar" al Presidente Obama a renunciar
a sus asesores, partidarios y la defensa pública de la intensificación militar
en favor de la paz con Irán y la promoción de la justicia social para nuestros
trabajadores y desempleados?
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