El sistema financiero se
colapsó porque la economía estadounidense está “especializada” en una única
cosecha: la financiera, a expensas de una economía productiva diversificada.
El sistema político está totalmente desacreditado porque está dirigido por una
elite política fracasada que representa y actúa desvergonzadamente en nombre
de unos pocos miles de oligarcas financieros, un par de cientos de oligarcas
militaristas y unas cuantas docenas de celosas organizaciones sionistas.
Por James Petras
-
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo
Fernández
El actual colapso del mercado bursátil y la pérdida de cientos de miles de
millones de dólares, gestados por los bancos inversores de Wall Street,
ilustran las trampas y peligros del capitalismo de libre mercado a que se
enfrenta toda la población trabajadora de los Estados Unidos.
-
La bancarrota inminente de la Seguridad Social: El intento de
hace tres años de la Casa Blanca y de destacados congresistas republicanos y
demócratas de “privatizar” la Seguridad Social –volcando esencialmente en
Wall Street la administración e inversión de miles de millones de dólares de
fondos de la Seguridad Social-, con el argumento de que los inversores
privados obtendrían mayores ganancias, habría llevado a la bancarrota de
toda la financiación de la Seguridad Social. La privatización habría
permitido que los bancos de inversiones privadas más importantes apalancaran
y especularan incluso con los instrumentos financieros de más alto riesgo,
con los desastrosos resultados que estamos presenciando en estos momentos.
Aunque los fondos privados de pensiones se han ido a pique, la Seguridad
Social sigue en pie. Son las pensiones privadas las que están en bancarrota,
no los fondos de la Seguridad social administrados públicamente,
contrariamente a las opiniones de expertos y críticos de la Seguridad
Social. La actual debacle privada sirve, claramente, para defender el
control y la administración públicos de los programas de pensiones.
-
Todos los fondos privados importantes de pensiones para empleados
públicos y privados, incluyendo TIAA CREF, CALPERS y las pensiones de
los sindicatos han registrado pérdidas de entre el 23 al 30% desde el mes de
enero y han venido mostrando un crecimiento negativo a lo largo de los
últimos cinco años. Se ha puesto de manifiesto que vincular los fondos de
pensiones con los mercados de valores no ha servido más que para reducir
gravemente los niveles de vida de los jubilados, obligando a muchos de ellos
a seguir como fuerza laboral hasta los setenta o más años si no quieren
hundirse en la pobreza. Las pensiones vinculadas con actividades productivas
financiadas públicamente habrían evitado las pérdidas y riesgos implícitos
en las inversiones en el mercado bursátil.
-
Las decisiones estratégicas bipartidistas de convertir EEUU en una
economía de “servicios” en oposición a una economía manufacturera
diversificada es la causa-raíz del colapso del sistema financiero
estadounidense y de la aparición de una recesión a largo plazo. Desde
los años sesenta en adelante, la elite política ha venido adoptando una
serie de políticas que promovieron las finanzas, las compañías inmobiliarias
y de seguros, lo que se conoce como sectores FIRE, que se dedicaron a
aumentar los alquileres, desviar subsidios, proporcionar concesiones
fiscales y subsidios, destruyendo y desplazando a la industria. La
reconversión de una economía FIRE en una economía manufacturera equilibrada
y la recuperación del estado del bienestar, esenciales para revertir el
colapso de la economía estadounidense, requerirán de una importante
convulsión política.
-
La huida masiva de capital de los sectores productivos a los sectores
FIRE fue acompañada de un inmenso crecimiento del capital exterior,
haciendo que la economía interna, especialmente volátil y basada en
"servicios financieros” de riesgo y consumidores tremendamente endeudados,
pasara totalmente a depender de los “servicios”.
La conversión de EEUU de una economía diversificada en una de monocultura
“FIRE” aumentó las probabilidades de un colapso general cuando el mercado
financiero/inmobiliario se fuera a pique. La recuperación y el crecimiento
sostenido sólo pueden producirse con el retorno a una economía
diversificada, con la retención del capital huido al extranjero, la
inversión a gran escala y largo plazo y los incentivos para los sectores
productivos y de servicios sociales.
-
La búsqueda de la construcción del imperio dirigida por el ejército
a expensas de las empresas mixtas y de los acuerdos de comercio
recíproco con países con mercados en expansión, fuentes energéticas
estratégicas y grandes poblaciones y mercados, crearon enormes déficit
presupuestarios y comerciales y alienaron fuentes potenciales de mercados y
materias primas estratégicas.
Mil billones de gastos militares en pos de guerras coloniales prolongadas
y de altísimo coste (infinito), desviaron los fondos de su aplicación en
avances tecnológicos y manufacturas caras y de gran calidad, que habrían
abaratado costes y aumentado la competición mercantil. Igual importancia
tuvo que, al sustituir la expansión interior dirigida por el mercado por la
conquista exterior dirigida por el ejército, todo el eje del poder económico
se trasladara del capital industrial al capital financiero. Así, el capital
financiero necesario para financiar el déficit presupuestario del gobierno,
originado por los gastos militares, fue cada vez adquiriendo más peso: Wall
Street sustituyó la correa de acero como eje de poder en Washington.
-
El ascendiente del militarismo y del capital financiero
facilitaron que incrementara su influencia una configuración virulenta del
poder que promovía específicamente los intereses hegemónicos regionales de
un estado militarista-colonial que hasta entonces había sido un lobby
político marginal: la configuración del poder sionista a favor de Israel (ZPC,
por sus siglas en inglés).
Los constructores del imperio dirigido por el ejército vieron en la ZPC un
aliado estratégico en su búsqueda de conquistas globales, la ZPC vio una
puerta abierta hacia los altos despachos y múltiples oportunidades para
promover la agenda expansionista de Israel a través de su influencia en los
comités del Congreso, en las campañas electorales y en los nombramiento
directos para la Casa Blanca. El incremento de influencia de la ZPC en los
escalones más altos del poder vino instigado por el aumento de apoyo
financiero que recibieron de miembros situados en posiciones estratégicas en
las instituciones financieras más lucrativas. La ZPC fue un beneficiario
económico de la burbuja especulativa: fue la infusión masiva de aportaciones
financieras lo que permitió que la ZPC ampliara inmensamente el número de
funcionarios con dedicación completa, de traficantes de influencias y de
contribuyentes a las elecciones que magnificaron su poder, especialmente a la
hora de promover las guerras estadounidenses en Oriente Medio, en escorados
acuerdos de libre comercio (a favor de Israel) y en el incuestionable apoyo a
la agresión israelí contra Líbano, Siria y Palestina. La recuperación
económica va a depender de que se ponga fin al presupuesto dedicado al
imperialismo militar. Eso no va a suceder a menos que se produzca el reemplazo
sistemático de la elite política alimentada a partir de la metafísica del
poder global basado en el ejército.
Ninguna recuperación económica es posible ahora o en un previsible
futuro mientras el Congreso estadounidense y sus ejecutivos proporcionen
rescates financieros por valor de mil billones de dólares a los insolventes
especuladores de Wall Street, financien presupuestos de 700.000 millones de
dólares para los gastos de una guerra siempre en expansión y los broker del
poder sionista sigan dictando las políticas estadounidenses en Oriente Medio.
Las lecciones del pasado nos dicen mucho sobre qué caminos debemos y no
debemos tomar.
La Seguridad Social existe aún precisamente porque el pueblo estadounidense
se rebeló y desertó de la propuesta de traspasarla a Wall Street y quiso que
siguiera siendo un programa dirigido públicamente. El sistema financiero se
colapsó porque la economía estadounidense está “especializada” en una única
cosecha: la financiera, a expensas de una economía productiva diversificada.
El sistema político está totalmente desacreditado porque está dirigido por una
elite política fracasada que representa y actúa desvergonzadamente en nombre
de unos pocos miles de oligarcas financieros, un par de cientos de oligarcas
militaristas y unas cuantas docenas de celosas organizaciones sionistas.
La “elite en el poder” sólo es tan poderosa como parece porque puede
manipular, intimidar y engañar a más de 300 millones de ciudadanos
estadounidenses haciéndoles pensar que son indispensables para sus vidas. El
abrumador rechazo popular a la privatización de la Seguridad Social y al
rescate financiero de Wall Street sugiere que la oligarquía reinante no es
invencible.
******