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Rechazo al proyecto de salvataje de George W. Bush
Duelo entre la codicia y la ideología |
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(IAR
Noticias)
01-Octubre-08
Las firmas reciben dinero de sus
clientes y a su vez pagan a su personal y a sus proveedores. Para salvar la
brecha entre cobros y pagos recurren al crédito y, si éste no existe, los
costos operativos se vuelven agujeros negros. Así empiezan los ceses de
operación, los despidos y el resto del infierno tan temido.
Por Oscar Raúl Cardoso
- Clarín
U no de los 226 representantes que condenaron ayer el proyecto de ley
de rescate financiero, el republicano Darrel Issa, de California, explicó su
oposición del siguiente modo: aprobar el Acta de Estabilización de la
Emergencia Económica 2008 hubiese sido como "colocar un féretro encima del
féretro de Ronald Reagan". Describió así uno de los costados ideológicos de la
asombrosa puja que tiene lugar en Estados Unidos en un momento en que cierta
etapa de desarrollo del capitalismo está agotándose.
Pero no conviene dejarse engañar por los principios y creer que lo representan
todo. Lo que hay apenas debajo de la superficie del debate es otra lucha,
feroz, de intereses concretos entre quienes han decidido que el cambio
necesita ser conducido y quienes desean salvar lo más posible de una fase
capitalista que desde hace casi tres décadas les ha permitido construir
riqueza fabulosa muchas veces con la nada como sustento.
"Codicia" es un término que ahora se aplica con frecuencia al sistema
financiero cuyo símbolo es la calle Wall Street en Nueva York. Pero una cosa
es emplear la palabra de modo abstracto y otra verla en funcionamiento. Ayer
los que operan con esa codicia como combustible no dudaron en presionar
induciendo la baja más pronunciada en la historia de la Bolsa de Valores de
EE.UU. (casi 778 puntos para el índice Dow Jones) que, en pocos días y a
través de la sequía de crédito, puede hacer que hasta las empresas sólidas
dejen de pagar a proveedores y hasta la nómina salarial.
Este efecto no es difícil de explicar. Las firmas reciben dinero de sus
clientes y a su vez pagan a su personal y a sus proveedores. Para salvar la
brecha entre cobros y pagos recurren al crédito y, si éste no existe, los
costos operativos se vuelven agujeros negros. Así empiezan los ceses de
operación, los despidos y el resto del infierno tan temido.
Mercados y mercaderes se abrazan a un sistema fracasado. Los fondos de
cobertura ("hedge funds") saben que se cierne sobre ellos una era de controles
a la que no están acostumbrados y se miran en el espejo de las "bancas de
inversión" (verbigracia Lehman Brothers) que han desaparecido y no pueden sino
preguntarse si seguirán ese camino.
Lo de los controles es una opción inevitable. Se están produciendo cambios
cuyos efectos aún no pueden mensurarse. Con la adquisición ayer por parte del
Citigroup de las operaciones de la Corporación Wachovia, otra entidad
financiera asolada por las pérdidas hipotecarias, se refuerza la idea de tres
bancos hegemónicos: Citigroup, JP Morgan y Bank of America que controlarán más
del 30% de los depósitos en Estados Unidos. El trío adquirirá así un poder
enorme en el establecimiento de los precios de sus créditos y servicios.
Nadie sabe a ciencia cierta cuántas instituciones financieras deberán ser
rescatadas. Los más pesimistas dicen que los resultados de esta crisis
perdurarán hasta el 2015 y que 700.000 millones de dólares serán
insuficientes. ¿Hasta dónde llegará? No parece haber rincón que se salve; ayer
Inglaterra nacionalizó el segundo banco en un año, Bradford & Bingley.
En juego está también la protección de los ciudadanos endeudados más allá de
su capacidad para pagar las hipotecas. La derecha principista ya logró
eliminar del proyecto la facultad de los jueces para reformular los términos
de las hipotecas impagas. Y también la compensación al Estado con acciones de
las empresas a las que salve mediante la compra de lo que ya se llama
"créditos tóxicos". Por lo pronto lograron que esas acciones no vayan
acompañadas de derecho de voto en los directorios.
Los llamados "paracaídas dorados" -las compensaciones multimillonarias por
despido a los ejecutivos culpables de este caos- están siendo defendidos por
sus beneficiarios y aliados. El secretario del Tesoro, Henry Paulson, aseguró
que algunos empresarios no incluirían a sus empresas en el rescate si las
indemnizaciones fuesen suprimidas. Preferirían la quiebra y la evaporación del
dinero de sus acreedores.
Los republicanos dijeron, después de la votación, que habían creído contar con
12 votos que fueron a la oposición al proyecto. Estos parecen haber sido los
apóstoles de la codicia que se resiste a amainar.
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