(IAR
Noticias)
27-Septiembre-08
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Equipo en crisis: Bush y detrás, desde la derecha, el presidente de la Comisión de Valores
Christopher Cox, el secretario del Tesoro, Henry Paulson y el presidente de la Reserva Federal,
Ben Bernanke, el viernes 19 de septiembre. |
Quizá debería decir que el Plan no hace nada para corregir la falta de
capital, a menos que el Tesoro pague de más por los activos. Y si ese es el
Plan real, el Congreso tiene todo el derecho a plantarse.
Por
Paul Krugman (*) - Revista Sin Permiso
¿Qué se supone que hará este rescate? ¿Servirá para lo que se propone? ¿Qué
deberíamos hacer, si no? Hablemos
Primero, un análisis en cápsula de la crisis.
1) Todo empezó con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Eso llevó a un
drástico incremento de las tasas de morosidad y ejecución hipotecaria, lo que
a su vez condujo a enormes pérdidas en lo títulos hipotecariamente
respaldados.
2) Las pérdidas en esos títulos, a su vez, dejaron al sistema financiero
subcapitalizado; tanto más, cuanto que los niveles de apalancamiento antes
considerados aceptables ya no lo son.
3) El sistema financiero, en sus esfuerzos de desapalancamiento (1), está
contrayendo el crédito, lo que pone presión sobre cualquiera que dependa del
crédito.
4) Hay también, hasta cierto punto, un círculo vicioso de desapalancamiento: a
medida que las empresas tratan de ajustar sus balances contables, presionan a
la baja los precios de los activos, reduciendo así el capital y forzando un
ulterior desapalancamiento.
Así pues, ¿en qué punto de todo este proceso ofrece su alivio el Plan de
Alivio Temporal de Activos? La respuesta es que posiblemente ofrezca algún
respiro en el punto 4: en los pasos dados por el Tesoro para comprar activos
que el sistema financiero trata de vender, mitigando así, esperemos, la
espiral bajista de los precios de los activos.
Pero cuanto más pienso en el asunto, más escéptico me vuelvo sobre la
posibilidad de que esto arregle algo. Problemas:
Aunque el problema empezó con los títulos hipotecariamente respaldados, el
abanico de activos cuyos precios se están derrumbando por el desapalancamiento
es mucho más amplio que el de aquellos títulos. De manera que eso, a lo sumo,
corta sólo una parte del círculo vicioso.
En cualquier caso, el aspecto de círculo vicioso es sólo una parte de un
problema mucho mayor. Aun si no hubiera habido ventas de activos motivadas por
el pánico, el sistema financiero estaría gravemente subcapitalizado, lo que
provoca un desplome crediticio. Y el Plan no hace nada para corregir eso.
O quizá debería decir que el Plan no hace nada para corregir la falta de
capital, a menos que el Tesoro pague de más por los activos. Y si ese es el
Plan real, el Congreso tiene todo el derecho a plantarse.
Bien; ¿qué debería hacerse? Reflexionemos un poco sobre el modo en que, hasta
que Paulson apretó el botón del pánico, se suponía que el sector privado iba
a enfrentarse a eso: se suponía que las empresas financieras se
recapitalizarían por la vía de atraer a inversores foráneos a fin de ampliar
su base de capital. Es decir, se suponía que el sector privado saldría del
problema atacando el punto 2.
Lo que ahora parece es que eso no ocurrió, y que es necesaria la intervención
pública. Pero en tal caso, ¿no debería también la intervención pública atacar
el problema por el punto 2? ¿No debería tomar la forma de inyecciones públicas
de capital a cambio de una apuesta en la cúspide?
No aceptemos atropelladamente un plan costosísimo que no parece capaz de
enfrentarse al problema real.
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(*)Paul Krugman es uno de los economistas más reconocidos académicamente del
mundo, y uno de los más célebres gracias a su intensa actividad publicística y
divulgativa desde las páginas del New York Times. Colaboró en su día con el
grupo de asesores de economía del Presidente Clinton, pero la dinámica de la
vida económica, social y política de los EEUU en el último lustro le ha
llevado a diagnósticos tan drásticos como lúcidos del mundo contemporáneo
(1)"Desapalancamiento". Según la jerga financiera es el proceso según el cual los inversionistas que han sido víctimas de apuestas fallidas en los mercados de crédito, como los bonos respaldados por hipotecas u obligaciones de deuda colateralizada, se están viendo obligados a colocar más efectivo como colateral para cubrir el dinero que tomaron prestado para realizar sus transacciones.
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