he New York Times publica un artículo de opinión de un prominente
historiador israelí que apoya la incineración nuclear de Irán. Los
principales medios de comunicación han orquestado una campaña sistemática de
propaganda contra China, en la que apoyan a todos los grupos terroristas y
separatistas, e incitan a la opinión pública a favorecer el inicio de una
nueva Guerra Fría. No hay duda de que esta nueva ola de agresión imperial y
de retórica bélica pretende desviar el descontento local y distraer a la
opinión pública de la crisis económica que cada día se profundiza más.
El Financial Times (FT), otrora la voz liberal, ilustrada, de la
elite financiera (en contraste con el agresivamente neoconservador Wall
Street Journal), se ha rendido ante la tentación
totalitaria-militarista. El artículo principal del suplemento del fin de
semana del 16/17 de agosto de 2008, “La cara del 11/9”, contiene las
declaraciones de un sospechoso de los atentados del 11 de septiembre que
fueron obtenidas por la fuerza a lo largo de cinco años de horribles
torturas en los confines de prisiones secretas. Como apoyo de sus
argumentos, el FT publica una fotografía ampliada de media página que había
sido circulada anteriormente por el ex director de la CIA George Tenet, en
la que puede verse a un prisionero encorvado, desaliñado, aturdido y peludo.
Así lo reseña el texto del escritor, un tal Demetri Sevastopulo. El FT
reconoce que actúa como vehículo de propaganda de un programa de la CIA para
desacreditar al sospechoso mientras lo juzgan con base en confesiones
obtenidas mediante tortura.
De principio a fin, el artículo afirma de manera categórica que el
principal acusado, Khaled Sheikh Mohammed, es “el responsable confeso de los
ataques del 11 de septiembre.” La primera mitad del artículo está llena de
trivialidades, concebidas para darle un toque de interés humano al tribunal
y al procedimiento, una extraña mezcla de comentarios que van de la nariz de
Khaled al tamaño de la sala.
El punto de partida del FT para condenar al sospechoso es la confesión de
Khaled, su “deseo de convertirse en mártir”, el hecho de que haya asumido su
propia defensa y de que recite el Corán. El fundamento del caso del gobierno
es la confesión de Khaled. Todas las otras “pruebas” eran circunstanciales,
rumores, basadas en inferencias derivadas de la participación de Khaled en
reuniones en el exterior. La principal fuente de información del FT, un
informante anónimo “familiarizado con el programa de interrogación de la
CIA”, afirma categóricamente dos hechos cruciales: (1) lo poco que la CIA
sabía acerca de Khaled antes de su detención y (2) que Khaled resistió a la
tortura más tiempo que otros.
En otras palabras, la única prueba real de la CIA fue arrancada mediante
tortura (la CIA admitió haberle aplicado el “submarino”, una técnica infame
de tortura que produce sensación de muerte por ahogo). El hecho de que
Khaled haya negado repetidamente las acusaciones y que sólo haya confesado
después de haber sufrido cinco años de torturas en cárceles secretas,
convierte a este juicio en un modelo de estudio de jurisprudencia
totalitaria. No es de extrañar que después de haber sido sometido a torturas
atroces por los investigadores judiciales de USA y de enfrentar acusaciones
basadas en una confesión extraída mediante tortura, Khaled haya rechazado el
abogado militar nombrado por el tribunal, un abogado que forma parte de un
sistema de cárceles secretas, torturas y juicios con fines propagandísticos.
En lugar de considerar a Khaled como un fanático que quiere convertirse en
mártir porque rechaza un abogado, debemos reconocer su lucidez al tratar de
preservar al menos el limitado espacio en el que se le permite expresar sus
creencias y su deseo de morir por esas creencias.
Las confesiones obtenidas mediante tortura no tienen validez en ningún
tribunal, especialmente si el prisionero ha estado cinco años incomunicado.
La persona que el FT denomina “el superterrorista” basándose en su “deseo de
convertirse en mártir”, es una persona que ha sufrido mucho más de lo que
puede resistir un ser humano y que quiere la muerte para poner fin a esa
horrible existencia infrahumana.
El hecho de que el FT acepte las pruebas obtenidas por la CIA y el
ejército mediante coerción coloca a ese periódico en el campo de los que
están de acuerdo con el estado totalitario. El giro a la derecha del FT
refleja la posición de Europa a favor de la confrontación militar de USA con
Rusia y de la carrera armamentista en Polonia, la República Checa, Kosovo,
Iraq y Georgia. Al legitimar la tortura, el FT permite que las prácticas
judiciales totalitarias, las detenciones arbitrarias, las cárceles secretas,
la incomunicación prolongada de prisioneros, la tortura, los juicios
propagandísticos y los artículos periodísticos utilizados como tapadera, se
conviertan en parte normal de la vida política de occidente. El refinado
fascismo inglés es tan feo como su vulgar versión de USA.