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(IAR Noticias) 02-Septiembre-08
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Video del falso salvataje de Jessica Lynch
al inicio de la ocupación en Irak , realizado por
el Grupo Rendón y producido por el Pentágono
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Fue la primera vez en la que un escritor famoso redactó y lanzó desde el
avión que piloteaba, las octavillas de un texto firmado por él que decía:
“Vieneses, os podríamos arrojar toneladas de bombas, pero sólo os lanzamos un
saludo”. De regreso a la base, el autor sobrevoló Venecia y correteando a las
palomas de la plaza de San Marcos repitió la operación.
Por
José Steinsleger -
La Jornada, México
Parte I
Corría la Primera Guerra Mundial y el poeta fascista Gabriele D’Anunzzio
cuidaba que la propaganda bélica guardase estilo y elegancia. Treinta años
después, el gran escritor ruso Ilya Ehrenburg fue menos sutil: “¡Matad, matad,
matad! ¡En la raza alemana sólo hay mal! ¡Seguid el mandato del camarada
Stalin y acabad con la bestia fascista en su cubil!”
Dicen que en la guerra, como en el amor, todo es lícito para lograr un fin.
¿Será? No suena muy ético que digamos. Además lo dijo en sus diarios Joseph
Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler. Pero está visto que así como el
hambre, cuando la guerra toca a la puerta, el amor y la ética saltan por la
ventana.
Con todo, no fueron los nazis los inventores de la propaganda bélica
moderna. Adelantándose a Goebbels, el piadoso presidente estadunidense Woodrow
Wilson (premio Nobel de la Paz) entrevió que las futuras guerras del capital
requerirían de técnicas más complejas y elaboradas.
En 1917, Wilson contrató al publicista George Creel para dirigir su oficina
de propaganda, matriz histórica de las técnicas sicológicas y métodos de
mentiras, desinformación y calumnias. Y como finalmente siempre toca a los
pueblos pagar el costo de las aventuras bélicas del capital se necesitaba ir
más allá de las soflamas bélicas con buena letra.
En una primera etapa (desacreditar a Hitler, por ejemplo) fue relativamente
fácil. Sin embargo, las cosas se complicaron durante la guerra de Vietnam. Las
amenazas del imperio, que al Vietcong valía gorra (“arrasaremos con vuestro
potencial industrial…”), contrastaban con aquella imagen terminal que recorrió
el mundo, la de Kim Phuc, niña vietnamita corriendo por una carretera desnuda
y en llanto con su cuerpito totalmente quemado por el napalm de la democracia.
Fíjese. Sin proponérmelo surgió al calor de la redacción un juicio de
valor: “… cuerpito totalmente quemado por el napalm de la democracia”. Según
las nuevas técnicas de comunicación del imperio, este tipo de observaciones
son “parciales”. Por tanto, no “objetivas”. En consecuencia, un publicista
como el estadunidense Joseph Rendon, jefe de Rendon Group (RG, empresa de
comunicación que trabaja para el Pentágono) diría que si bien no dije una
mentira la “percepción” resultó “errónea”.
De eso se trata. De cómo “percibimos” la realidad. Las técnicas de RG no
necesariamente sugieren que el periodista sea mentiroso, pero sí “objetivo”.
Debería, por tanto, haber dicho algo así: “… desafortunadamente ‘daños
colaterales’ como el sufrido por Kim Phuc, representaban el costo de ‘la
libertad y la democracia en Vietnam…’”.
Con ironía, el especialista en medios Norman Solomon resume la idea mejor
que yo: “Para algunas personas, la guerra es terror, tragedia, desastres y
muertes. Para otros es un problema de relaciones públicas”.
Así fue que el teniente coronel Kenneth McClellan, interrogado acerca de
por qué el Pentágono había contratado a RG después del fatídico 11 de
septiembre de 2001, respondió: “Necesitábamos una empresa que pudiese
proveernos inmediatamente de consejos estratégicos… Estábamos interesados en
alguien que nosotros supiésemos que quería venir rápidamente y ayudarnos en la
orientación para el cambio comunicacional en un amplio rango de grupos y
comunidades alrededor del mundo”.
RG, en efecto, fue la empresa indicada para que todos veamos las cosas en
“positivo”, como esas señoras y señores que todo lo resuelven con masajes
terapéuticos. La página web de RG asegura creer en “la gente…” RG
siente “admiración y respeto por la diversidad cultural y proclama su
compromiso para ayudar a la gente a ganar el mercado global”.
Mensaje típico de RG: en fracción de segundo, un video muestra el bombardeo
a una casa de ancianos, un hospital de niños o un barrio residencial, y usted
queda paralizado de terror. Pero en los tres minutos que siguen el video le
muestra los camiones de los “aliados” repartiendo víveres entre las víctimas,
y a los soldados yanquis regalando chocolates y chicles a los niños.
Entrenado en una base militar de Estados Unidos, el corresponsal se dirige
a la cámara y nos explica cuán difícil es garantizar la “ayuda humanitaria” en
medio de tanta desolación. Corte. Antes de apagar el televisor quedamos
enterados de que la vecina de la prima alemana de Britney Spears tuvo mellizos
y que la colombiana Ingrid Betancourt aspira a ocupar la cama de Carla Bruni.
En suma, y como dirían los oligofrénicos de la posmodernidad,
todo lo que acontece en la realidad son “eventos”. Se trata de que el tiempo
transcurra sin mayores preocupaciones. Hay que ser “objetivos”.
Parte II
F rente a la caótica situación que Panamá vivió en los primeros meses de 1988,
escribí en mis despachos de prensa que el país gobernado entonces por el general
Manuel Antonio Noriega estaba sometido a extraordinarios y novedosos métodos de
manipulación mediática.
La hipótesis, compartida con otros colegas, no pasó de conjeturas sin mayores
pruebas que el “olfato periodístico”. Dieciséis años después, una entrevista
aparecida en la revista Rolling Stone (noviembre de 2004) puso las
cosas en su lugar.
En efecto, la invasión de Panamá (20 de diciembre de 1989, 7 mil 500 muertos)
había contado con un experto en propaganda y difamación: John Rendon,
contratista del Pentágono y jefe fundador de la empresa de comunicación Rendon
Group (RG). “Panamá nos introdujo en el ambiente de seguridad nacional”, declaró
Rendon.
Rendon empezó su carrera trabajando en la campaña presidencial de James
Carter (1976). En 1985 obtuvo su primer contrato de asesoría internacional en
Aruba, y luego de la campaña de desinformación en Panamá fue reclutado por la
CIA para remover a Saddam Hussein del poder.
En el Kuwait ocupado por Irak, RG echó mano a una de las tantas historias
cocinadas por sus “chefs” de “inteligencia”. Seguramente algunos recordarán a la
niña que declaró en CNN haber visto el ingreso de soldados iraquíes a una
clínica kuwaití, donde dieron muerte a 15 bebés en sus incubadoras. No
satisfecho con la cifra, el comité de Asuntos Exteriores del Senado elevó a 312
el número de bebés asesinados, y la opinión pública estadunidense quedó
abrumada.
El 12 de enero de 1991, el Congreso autorizó la invasión militar a Irak. El
periodista Alexander Cockburn probó en su columna de Los Angeles Times
que la historia de los bebés era una farsa. Tarde. Las bombas cayeron sobre
Bagdad y los “corresponsales de guerra” en Jordania y Arabia Saudita
“transmitieron” la masacre aérea desde sus hoteles así como nosotros la vimos en
nuestras casas, cómodamente sentados.
Sólo imágenes “positivas”, sólo “fuegos artificiales”. Nada de sangre,
mutilados, heridos, muertos. Los soldados yanquis estacionados en Kuwait
recibieron 20 mil tarjetas con el mensaje “Gracias por liberarnos de Hussein”.
Sólo que ningún kuwaití concurrió al correo. RG facilitó la tarea. Y así, cuando
las “tropas de liberación” desfilaron por el emirato, los residentes las
recibieron con miles de banderitas estadunidenses distribuidas por RG…
Rendon Group piensa y siente por nosotros: el montaje del pobre cormorán
embadurnado de petróleo que hizo llorar a los ambientalistas cuando apareció en
la portada de Newsweek. Soldados iraquíes pidiendo perdón de rodillas a
los yanquis en medio del desierto, y analistas de izquierda que se fueron con la
finta y con base en estas imágenes nos explicaron la escasa “moral
revolucionaria” del ejército iraquí.
En 1996, cuando los servicios prestados a la patria lo habían convertido en
el propagandista preferido de Washington, John Rendon dictó una conferencia en
la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos: “Yo no soy un estratega de
seguridad nacional, ni especialista en temas militares. Soy –dijo– un político
que utiliza las comunicaciones para cumplir con metas de política pública o
corporativa…Soy un guerrero de la información y un dirigente de percepciones”
(sic).
Rendon Group se jacta públicamente de haber trabajado en todas las últimas
guerras “… menos en la de Somalia”. Su experiencia se basa en “… 25 años de
política y consultoría de comunicaciones en 91 países del mundo. En octubre de
2001, RG firmó un contrato multimillonario con el Pentágono, utilizando una
amplia gama de herramientas: grupos de discusión, páginas web, espacios
de publicidad y opinión, etcétera.
Con imaginación, el estilo de RG articula medias verdades y completas
mentiras: transmite “noticias” como si fueran noticias, pasa por “información”
lo que es propaganda, actualiza permanentemente bancos de datos, atiende y sigue
los medios, evalúa a los comunicadores más leídos y conocidos, analiza las
volátiles percepciones del público, identifica vulnerabilidades, etcétera.
En la segunda guerra de Irak, RG inventó la patética historia de la soldado
Jessica Lynch, de 19 años, y su rocambolesca operación de rescate del hospital
Saddam Hussein de Bagdad. Jessica fue capturada en 2003 durante una batalla
sangrienta, se resistió como una leona y fue maltratada y violada por sádicos
médicos iraquíes.
Mentiras. Los médicos iraquíes donaron su sangre para salvar la vida de
Jessica, y las tropas especiales se la llevaron del hospital sin disparar un
tiro.
Los guiones de RG resultan dinámicos, móviles, “eficientes” y, en cierta
medida, “revolucionarios”: todo cambia, nada es estable, nada permanece. RG sabe
que la mentira tiene patas cortas pero también que el eventual escándalo de una
historia falsa será sustituido por la que viene en camino, hasta que a nadie le
importe nada de la anterior.
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