Uno de los indicadores de que nos hallamos ante ideólogos totalitarios es la
utilización por éstos de la gran mentira: un virulento ataque a un grupo
indefenso, y a continuación una negación categórica que convierta a las
víctimas en verdugos, y a éstos en víctimas.
Por James Petras - Rebelión
Traducido del inglés para Rebelión por S. Seguí
El promotor sionista del genocidio Benny Morris practica la Gran Mentira
(1). Asegura: “Nunca ha dado mi apoyo a la expulsión forzada de todos los
palestinos… He dicho en repetidas ocasiones que la expulsión de los
palestinos es inmoral e impracticable.”
En una reciente entrevista celebrada en Israel, Morris afirmó: “En
determinadas circunstancias, la expulsión no constituye un crimen de guerra.
No creo que las expulsiones de 1948 (de casi un millón de palestinos) fuesen
crímenes de guerra. No es posible hacer una tortilla sin cascar algún huevo.
Has de ensuciarte las manos. Además, cuando el primer ministro israelí (Ben
Gurión) se puso a la tarea de la expulsión, quizás debería haberla
completado. Sé que esta afirmación resulta demoledora para los árabes, los
progresistas y los políticamente correctos. Pero considero que este lugar
sería mucho más tranquilo y conocería menos sufrimiento si el asunto se
hubiese resuelto de una vez por todas, si Ben Gurión hubiera realizado una
expulsión de más envergadura y hubiera limpiado todo el país, todo el
territorio de Israel, hasta el río Jordán. Quizás resulte que este haya sido
su error fatal. Si hubiese realizado una expulsión completa, y no una
parcial, habría estabilizado el Estado de Israel por generaciones.” En
su extremismo, la promoción que hace Morris del etnocidio judeo-fascista de
Palestina/Jordania excede cualquier otra expresada por una figura pública
laica en Israel.
Según Morris, el desarraigo, la masacre y la expulsión de tres millones
de palestinos de sus hogares, tierras y comunidades reduciría el sufrimiento
–de los judíos– y anunciaría una vida más tranquila para los judíos de
Israel. Es el mismo razonamiento utilizado por Hitler en su proyecto para
purificar la Alemania nazi.
Morris urde un relato sobre el pacífico papel de Israel en Oriente
Próximo, cuando en realidad ha sido el estado más agresivo, militarista y
expansionista de toda la región. Escribe: “Me es completamente ajena la
idea de que el sionismo haya tenido alguna vez por objetivo el dominio de
Oriente Próximo… El sionismo pretendía únicamente establecer y mantener un
(minúsculo) Estado judío en la tierra de Israel/Palestina, patrimonio de los
judíos (…) y conquistada por salvajes invasores musulmanes árabes.
Pero la historia del Estado israelí nos muestra otra cosa. Desde la
partición original de 1948, Israel se ha extendido y ha colonizado tres
cuartas partes de Palestina. Además, ha invadido Líbano, Siria, Jordania y
Egipto y se ha apoderado y sigue ocupando territorio de tres de los cuatro
países. Israel es el único país en Oriente Próximo que ha invadido
repetidamente Líbano, destruido su infraestructura, asesinado a los
refugiados palestinos en sus campamentos, e intentado establecer un régimen
títere en el Sur del país. Israel ha sido el único país de Oriente Próximo
que ha derribado un avión comercial: aparato libio que transportaba
peregrinos a La Meca, matando a todos los viajeros.
El lobby pro israelí –la configuración de poder sionista en
Estados Unidos– ha conseguido de este país más de 120.000 millones de
dólares de ayuda militar y tecnología militar de punta, lo que le permite
disfrutar de una abrumadora superioridad militar en la región. La
superioridad militar de Israel ha hecho posible que el Estado de Israel
amenace, presione, desestabilice e influencie a los países árabes.
La principal amenaza nuclear en Oriente Próximo y la única potencia
nuclear (con más de 200 bombas termonucleares) que amenaza públicamente con
atacar y lanzar su arsenal atómico es Israel. Este Estado ha desarrollado
acciones terroristas transfronterizas en todo el Oriente Próximo, cometiendo
asesinatos, formando escuadrones de la muerte en Irak septentrional (Kurdistán)
y Colombia, y no reconociendo las fronteras soberanas cuando obstaculizan
sus objetivos hegemónicos.
El estilo de Morris es tan revelador como el fundamento de sus creencias
totalitarias. Afirma que “Israel ha sido amenazado de destrucción por
Irán y el proyecto nuclear iraní parece tener por objetivo a Israel.”
Aparte de una vaga observación, cuya traducción fue groseramente manipulada,
del presidente iraní Ahmadinejad sobre “la desaparición de Israel de las
páginas de la historia” (observación referida a un cambio político en la
naturaleza étnica del Estado judío), el gobierno iraní nunca ha amenazado a
Israel con armas nucleares. Morris, este profeta del Apocalipsis dotado de
poderes especiales que le permiten hurgar en “la mentalidad suicida de los
mulás que gobiernan Irán”, sabe positivamente que la
disuasión no dará resultado. Sin ningún tipo de prueba basada en hechos
reales. Ni mención alguna a la historia de las relaciones exteriores de Irán
de estos últimos 50 años.
La clave que nos permite comprender la propuesta de Benny Morris de un
genocidio nuclear es su opinión totalitario-racista de los árabes, los
musulmanes y los iraníes. En una entrevista concedida al diario israelí
Haaretz (2004), en relación con las relaciones israelo-palestinas afirmaba:
“Hay que construirles algo parecido a una jaula… No hay otra opción.
Tenemos ante nosotros un animal salvaje que debe ser enjaulado de un modo u
otro.” Según Morris, los palestinos son “bárbaros que nos quieren
quitar la vida… En estos momentos, esa sociedad se ha convertido en un
asesino en serie. Es una sociedad muy enferma y deberíamos tratarla del
mismo modo que se trata a los individuos convertidos en asesinos en serie.”
Para Morris, los despojados palestinos son los asesinos mientras que el
estado colonial israelí, que ha desposeído de sus bienes a millones de
personas, torturado a decenas de miles, encarcelado a centenares de miles y
liquidado a miles de ellas –a la vez que construye un enorme muro-gueto que
arruina la vida de tres millones de personas– es una sociedad mentalmente
sana. La deshumanización de las víctimas y el uso de analogías infrahumanas
es una práctica habitual de los ideólogos totalitarios. Calificar a los
musulmanes de infrahumanos allana el camino hacia su incineración por medio
del arma nuclear.
Benny Morris fundamenta su argumentación a favor de un ataque nuclear
contra Irán en dos mentiras flagrantes. Primera: “Todos los servicios
secretos del mundo estiman que el programa iraní está orientado a la
elaboración de armas, y no a la aplicación pacífica de la energía nuclear”;
y, segunda: “Todos sabemos que estas medidas (las sanciones
económicas) hasta ahora no han conducido a ninguna parte y son de difícil
aplicación.” Los dieciséis principales servicios secretos
estadounidenses publicaron en 2007 el National Intelligence Estimate,
un dictamen general de evaluación de informaciones secretas, basado en
fuentes de información de alta tecnología y también en agentes sobre el
terreno, en el que afirmaban que Irán no estaba elaborando uranio
enriquecido para uso armamentístico. La Agencia Internacional de Energía
Atómica, que dispone de inspectores permanentes y hace continuas visitas a
las instalaciones nucleares iraníes desde hace diez años, no ha hallado
ninguna prueba de la existencia de un programa armamentístico. Todos los
países –excepto Israel y el Congreso y la Casa Blanca estadounidenses,
dominados por los sionistas– consideran que las negociaciones deben
continuar, pero China, Rusia y los países de Oriente Próximo, entre otros,
han apoyado las sanciones. El programa de enriquecimiento de uranio iraní es
legal y es idéntico al que llevan a cabo docenas de otros países de todo el
mundo. Sólo Israel, Estados Unidos y la Unión Europea han decidido
arbitrariamente equiparar las legítimas actividades de Irán con la
producción de armas nucleares, y extrapolar a continuación el asunto hasta
considerarlo una amenaza inmediata a la misma existencia de Israel.
La más ridícula de las afirmaciones de Morris es la de que él “nunca
ha estado a favor de un ataque genocida contra Irán con el objetivo de matar
a 70 millones de iraníes.” En sus propias palabras, registradas unas
semanas antes, el 18 de julio, en un editorial en el New York Times: “Los
líderes de Irán harían bien en reflexionar sobre su jueguecito y suspender
su programa nuclear. Su segunda mejor opción sería que Israel, mediante un
ataque aéreo convencional, destruyese sus instalaciones nucleares. Es
evidente que esta acción supondría miles de bajas iraníes y una humillación
internacional. Pero la alternativa es un Irán convertido en un desierto
nuclear.”
Al plantear esta cuestión a Irán sin otra opción que el sacrificio de su
soberanía nacional ante la amenaza nuclear iraní, Morris determina de
antemano el resultado: Israel deberá lanzarse a un ataque nuclear genocida
contra Irán. El doble lenguaje de Morris y su completa confusión al asegurar
que se opone al genocidio iraní a la vez que apoya ataques nucleares
limitados contra Irán revelan su total ignorancia de las consecuencias
más elementales a largo plazo de un ataque termonuclear contra un país muy
poblado: efectos a gran escala de la radiación, contaminación, devastación
económica y trauma social generalizado, para no hablar de los efectos más
inmediatos.
El desahogo de Benny Morris, por sí mismo, no nos preocuparía si
estuviera limitado a una versión israelí de una cervecería de Munich. Pero
el que la respetable prensa impresa capitalista, como el New York
Times, entre otros, publique y difunda la defensa abierta del genocidio
nuclear como si fuera una opinión como cualquier otra constituye una
preocupación política de primer orden. Nos indica hasta qué punto el
imperial-militarismo ha infectado el discurso político occidental: hemos
pasado de un rasguño a la gangrena.
* * *
Postdata: El 5 de agosto de 2008 se publicó una declaración firmada por
más de 200 académicos y activistas por la paz israelíes en los siguientes
términos:
No hay ninguna justificación militar, política o moral para lanzar una
guerra contra Irán. Un flujo constante de información atestigua que el
gobierno israelí está estudiando con toda seriedad un ataque contra Irán, a
fin de interrumpir sus planes nucleares. No descartamos posibles acciones
irresponsables por parte del gobierno iraní, nosotros también nos oponemos a
la existencia de armas atómicas de destrucción masiva en la región. Sin
embargo, es evidente que la fuente principal de peligro inmediato de una
nueva guerra generalizada emana del gobierno israelí y sus constantes
amenazas, respaldadas por provocativas maniobras militares.
Tras una detenida reflexión, reiteramos nuestra posición de que todos los
argumentos en favor de un ataque de este tipo no tienen ningún tipo de
justificación securitaria, política o moral. Israel podría verse envuelto en
una acción aventurera que pusiera en peligro nuestra propia existencia, sin
haber realizado un esfuerzo consistente por agotar las alternativas política
y diplomática al conflicto armado.
No estamos totalmente seguros de que vaya a producirse el ataque. Pero el
hecho mismo de que se esté sopesando como opción razonable hace urgentemente
necesario que llamemos la atención y pongamos sobre aviso de los peligros
destructivos de una acción ofensiva contra Irán.
******
(contacto:
reuven.kaminer@gmail.com)
1. Cf.
The New York Times, 18 de julio de 2008
James Petras publicará en breve un nuevo libro: Zionism and US
Militarism, Clarity Press, Atlanta, y también es el autor de The Power of
Israel in the US, Clarity Press, 2006.
S. Seguí pertenece a los colectivos de Rebelión y Cubadebate.