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Perón: tercera posición, equidistante del capitalismo y del marxismo |
Cuando aún vivía, el general Juan Domingo Perón solía
sorprender con algunas de sus predicciones. Especialmente con aquellas que no
eran estrictamente políticas sino geopolíticas, ya que mostraban una llamativa
capacidad de anticipación. Algunas se condensaron en frases muy difundidas ("El
2000 nos encontará unidos o dominados", aludiendo al destino latinoamericano). Y
no hace mucho los analistas rindieron culto a un gurú alemán que hablaba de la
"tercera vía": muy pocos recordaron que el supuesto invento alemán no era otra
cosa que la tercera posición -equidistante del capitalismo y del marxismo-
anticipada por Perón hace más de medio siglo como norte de sus intenciones de
gobierno. Ahora, la red de noticias Nac & Pop reedita su
llamado de atención acerca de la ecología en un trabajo escrito y dicho por él
hace 36 años. (Madrid, 21 de febrero de 1972)
Por Juan Domingo Perón (*) - Nac & Pop, Argentina
Hace casi treinta años, cuando aún no se había iniciado el proceso de
descolonización contemporáneo, anunciamos la tercera Posición en defensa de la
soberanía y autodeterminación de las pequeñas naciones, frente a los bloques en
que se dividieron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy cuando aquellas pequeñas naciones han crecido en número y constituyen el
gigantesco y multitudinario Tercer Mundo un peligro mayor -que afecta a toda la
humanidad y pone en peligro su misma supervivencia- nos obliga a plantear la
cuestión en nuevos términos, que van más allá de lo estrictamente político, que
superan las divisiones partidarias o ideológicas, y entran en la esfera de las
relaciones de la humanidad con la naturaleza.
Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo
cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través
de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los
recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población, la
sobre-estimación de la tecnología y la necesidad de invertir de inmediato la
dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional.
La concientización debe originarse en los hombres de ciencia, pero
sólo puede transformarse en la acción a través de los dirigentes políticos.
Por eso abordo el tema como dirigente político, con la autoridad que me da el
haber sido precursor de la posición actual del Tercer Mundo y con el aval que me
dan las últimas investigaciones de los científicos en la materia.
Los hechos
El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente
que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa
destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sólo puede esperar
verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas.
La humanidad está cambiando las condiciones de vida con tal rapidez que no
llega a adaptarse a las nuevas condiciones. Su acción va más rápido que su
captación de la realidad y el hombre no ha llegado a comprender, entre otras
cosas, que los recursos vitales para él y sus descendientes derivan de la
naturaleza y no de su poder mental. De este modo, a diario, su vida se
transforma en una interminable cadena de contradicciones.
En el último siglo ha saqueado continentes enteros y le han bastado un par de
décadas para convertir ríos y mares en basurales, y el aire de las grandes
ciudades en un gas tóxico y espeso. Inventó el automóvil para facilitar su
traslado, pero ahora ha erigido una civilización del automóvil que se asienta,
sobre un cúmulo de problemas de circulación, urbanización, inmunidad y
contaminación en las ciudades y se grava las consecuencias de la vida
sedentaria.
Despilfarro masivo
Las mal llamadas "Sociedades de Consumo", son, en realidad sistemas sociales
de despilfarro masivo, basados en el gasto, por el que el gusto produce lucro.
Se despilfarra mediante la producción de bienes necesario o superfluos y, entre
estos, a los deberían ser de consumo duradero, con toda intención se les asigna
cierta vida porque la renovación produce utilidades.
No menos grave resulta el hecho de que los sistemas sociales de
despilfarro de los países tecnológicamente más avanzados funcionen mediante el
consumo de ingentes recursos naturales aportados por el Tercer Mundo.
De este modo el problema de las relaciones dentro de la humanidad es
paradójicamente doble: algunas clases sociales - la de los países de baja
tecnología en particular - sufren los efectos del hambre, el analfabetismo y las
enfermedades, pero al mismo tiempo las clases sociales y los países que asientan
su exceso de consumo en el sufrimiento de los primeros, tampoco están
racionalmente alimentados ni gozan de una auténtica cultura o de una vida
espiritual o físicamente sana. Se debaten en medio de la ansiedad y del tedio y
los vicios que produce el ocio mal empleado.
El espejismo de la tecnología
Lo peor es que, debido a la existencia de poderosos intereses creados o por
la falsa creencia generalizada de que los recursos naturales vitales para el
hombre son inagotables, este estado de cosas tiende a agravarse, mientras un
fantasma - el hombre- recorre el mundo devorando 55 millones de vidas humildes
cada 20 meses, afectando hasta países que ayer fueron graneros del mundo y
amenazando expandirse de modo fulmíneo en las próximas décadas.
En los centros de más alta tecnología se anuncia entre otras maravillas, que
pronto la ropa se cortará con rayos láser y que las amas de casa harán compras
por televisión y las pagarán mediante sistemas electrónicos.
La separación dentro de la humanidad se está agudizando de modo tan visible
que perece que estuviera constituida por más de una especie.
El ser humano cegado por el espejismo de la tecnología, ha olvidado las
verdades que están en la base de su existencia. Y así, mientras llega a la luna
gracias a la cibernética, la nueva metalurgia, combustibles poderosos, la
electrónica y una serie de conocimientos teóricos fabulosos, mata el
oxígeno que respira el agua que bebe, y el suelo que le da de comer y eleva la
temperatura permanente del medio ambiente sin medir sus consecuencias
biológicas. (Perón anticipa el calentamiento global...en el año 1972).
Ya en el colmo de su insensatez, mata el mar que podía servirle de última
base de sustentación. Después de la tierra, el mar ... En el curso del último
siglo el ser humano ha exterminado cerca de 200 especies animales terrestres.
Ahora ha pasado a liquidar las especies marinas.
Aparte de los efectos de la pesca excesiva, amplias zonas de los océanos,
especialmente costeras, ya han sido convertidas en cementerios de peces y
crustáceos, tanto por los desperdicios arrojados como por el petróleo
involuntariamente derramado. Solo el petróleo liberado por los buques
cisterna hundidos ha matado en la última década cerca de 600.000 millones de
peces.
Sin embargo seguimos arrojando al mar más desechos que nunca, perforamos
miles de pozos petrolíferos en el mar o sus costas y ampliamos al infinito el
tonelaje de los petróleos sin tomar medidas de protección de la fauna y flora
marinas. ...Y el agua potable La creciente toxicidad del aire de las grandes
ciudades, es bien conocida, aunque muy poco se ha hecho para disminuirla.
En cambio, todavía existe un conocimiento mundialmente difundido acerca del
problema planteado por el despilfarro de agua dulce, tanto para el consumo
humano como para la agricultura. La liquidación de aguas profundas ya ha
convertido en desiertos extensas zonas otrora fértiles del globo, y los ríos han
pasado a ser desagües cloacales más que fuentes de agua potable o vías de
comunicación.
Para colmo muchas fuentes naturales han sido contaminadas; las reservas cuando
nos quedaría como último recurso la desalinización del mar nos enteramos que una
empresa de este tipo, de dimensión universal, exigiría una infraestructura que
la humanidad no está en condiciones de financiar y armar en este momento.
Alimentos y armas Por otra parte, a pesar de la llamada revolución verde, el
Tercer Mundo, todavía no ha alcanzado a producir la cantidad de alimentos que
consume, y para llegar a su autoabastecimiento necesita un desarrollo
industrial, reformas estructurales y la vigencia de una justicia social que
todavía está lejos de alcanzar.
Para colmo, el desarrollo de la producción de alimentos sustitutivos está
frenada por la insuficiencia financiera y las dificultades técnicas.
Por supuesto todos estos desatinos culminan con una tan desenfrenada como
irracional carrera armamentista que le cuesta a la humanidad 200.000 millones de
dólares anuales.
A este maremagnum de problemas creados artificialmente se suman el crecimiento
explosivo de la humanidad. El número de seres humanos que puebla el planeta se
ha duplicado en el último siglo y volverá a duplicarse para fines del actual o
comienzos del próximo, de continuar la actual " ratio " de crecimiento. De
seguir por este camino, en el año 2.500 cada ser humano dispondrá de solo metro
cuadrado sobre el planeta.
Política demográfica
Es indudable pues, que la humanidad necesita tener una política demográfica.
La cuestión es que aún poniéndola en práctica, ya por el retardo con que
comenzaremos,. no producirá sus efectos antes del fin de la década en materia
educativa, y antes de fin de siglo en materia ocupacional. Y que además
la política demográfica no produce los efectos deseados sino va acompañada de
una política económica y social correspondiente.
De todos modos, mantener el actual ritmo de crecimiento de la población humana
es tan suicida como mantener el despilfarro de los recursos naturales en los
centros altamente industrializados donde rige la economía del mercado, o
aquellos países que han copiado sus modelos de desarrollo.
Qué hacer si se observan en su conjunto los problemas que se nos plantean y
que hemos enumerado, comprobaremos que provienen tanto de la codicia y la
imprevisión humana, como de las características de algunos sistemas sociales,
del abuso de la tecnología, del desconocimiento de las relaciones biológicas y
de la progresión natural del crecimiento de la población humana.
Esta heterogeneidad de causas debe dar lugar a una heterogeneidad de respuestas,
aun que en última instancia tenga como denominador común la utilización de la
inteligencia humana.
A la irracionalidad del suicidio colectivo debemos responder con la racionalidad
del deseo de supervivencia.
Para poner freno e invertir la marcha hacia el desastre es menester aceptar
algunas premisas:
1. Son necesarias y urgentes: una revolución mental en los hombres,
especialmente en los dirigentes de los países más altamente industrializados;
una modificación de las estructuras sociales y productivas en todo el mundo, en
particular en los países de alta tecnología donde rige la economía de mercado, y
el surgimiento de una convivencia biológica dentro de la humanidad y entre la
humanidad y el resto de la naturaleza.
2. Esa revolución mental implica comprender que el hombre no puede reemplazar
a la naturaleza en el mantenimiento de un adecuado ciclo biológico general; que
la tecnología es un arma de doble filo, que el llamado progreso debe tener un
límite y que incluso habrá que renunciar alguna de las comodidades que nos ha
brindado la civilización; que la naturaleza debe ser restaurada en todo lo
posible que los recursos naturales resultan aceptables y por lo tanto deben ser
cuidados y racionalmente utilizados por el hombre; que el crecimiento de la
población es aumentar la reducción y mejorar la distribución de alimentos y la
difusión de servicios sociales como la educación y la salud pública, y que la
educación y el sano esparcimiento deberán reemplazar el papel que los bienes y
servicios superfluos juegan actualmente en la vida del hombre.
3. Cada nación tiene derecho al uso soberano de sus recursos
naturales . Pero, al mismo tiempo, cada gobierno tiene la obligación de
exigir, a sus ciudadanos el cuidado y utilización racional de los mismos. El
derecho a la subsistencia individual impone el deber hacia la supervivencia
colectiva, ya se trate de ciudadanos o pueblos.
4. La modificación de las estructuras sociales y productivas en el mundo
implica que el lucro y el despilfarro no pueden seguir siendo el motor básico de
sociedad alguna. y que la justicia social debe exigirse en la base de todo
sistema, no solo para el beneficio directo de los hombres sino para aumentar la
producción de alimentos y bienes necesarios; consecuentemente, las prioridades
de producción de bienes y servicios deben ser alteradas en mayor o menor grado
según el país de que se trate.
En otras palabras: necesitamos nuevos modelos de producción, consumo,
organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo que den prioridad a
la satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionar el
consumo de recursos naturales y disminuyan al mínimo posible la contaminación
ambiental.
5. Necesitamos un hombre mentalmente nuevo en un mundo físicamente nuevo. No
se puede construir una nueva sociedad basada en el pleno desarrollo de la
personalidad humana en un mundo viciado por la contaminación del ambiente
exhausto y la sed y enloquecido por el ruido y el hacinamiento.
Debemos transformar a las ciudades cárceles del presente en las ciudades
jardines del futuro.
6. El crecimiento de la población debe ser planificado, en lo posible de
inmediato, pero a través de métodos que no perjudiquen la salud humana, según
las condiciones particulares de cada país (esto no rige para la Argentina, por
ejemplo) y en el marco de políticas económicas y sociales globalmente
racionales.
7. La lucha contra la contaminación del ambiente y de la biosfera, contra el
despilfarro de los recursos naturales, el ruido y el hacinamiento de la
ciudades, debe iniciarse ya a nivel municipal, nacional e internacional.
Estos problemas, en el orden internacional, deben pasar a la agenda de las
negociaciones entre las grandes potencias y a la vida permanente de la Naciones
Unidas con carácter de primera prioridad. Este, en su conjunto, no es un
problema más de la humanidad; es el problema.
8. Todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con la justicia
social, el de la soberanía política y la independencia económica del Tercer
Mundo, y la distensión y la cooperación internacional.
9- Muchos de estos problemas deberán ser encarados por encima de las
diferencias ideológicas que separan a los individuos dentro de sus sociedades o
a los Estados unidos dentro de la comunidad internacional.
Nosotros los del tercer mundo
Finalmente deseo hacer algunas
consideraciones para nuestros países del Tercer Mundo:
1- Debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de
la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un
tipo absurdo de industrialización y desarrollo en los centros de alta tecnología
a donde rige la economía de mercado. Ya no puede producirse un aumento
en gran escala de la producción alimenticia del Tercer Mundo sin un desarrollo
paralelo de las industrias correspondientes .Por eso cada gramo de materia prima
que se dejan arrebatar hoy los países del Tercer Mundo equivale a kilos de
alimentos que dejarán de producir mañana .
2- De nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si
seguimos aferrados a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos
monopolios, que significan la negación de un uso racional de aquellos recursos .
3- En defensa de sus intereses, los países deben propender a las
integraciones regionales y a la acción solidaria .
4- No debe olvidarse que el problema básico de la mayor parte de los
países del Tercer Mundo es la ausencia de una auténtica justicia social y de
participación popular en la conducción estará en condiciones de enfrentar las
angustiosamente difíciles décadas que se avecinan.
La Humanidad debe ponerse en pie de guerra en defensa de sí misma.
En esta tarea gigantesca nadie puede quedarse con los brazos cruzados.
Por eso convoco a todos los pueblos y gobiernos del mundo a una acción
solidaria.
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(*)Político y militar argentino. Creó el movimiento peronista, cuya expresión institucional es el Partido Justicialista.
Fue elegido Presidente de la Nación Argentina en tres oportunidades.