|
 |
|
Niños detenidos en Irak |
Alarma el abrupto incremento de las detenciones de niños en Irak: su
número ascendía a 25 por mes en el 2006 y se cuadruplicó en el 2007, informa
HRW.
Por
Juan Gelman
-
Página 12
El teniente Andre Grayson, oficial de inteligencia que combatió en Irak,
fue absuelto a principios de junio de todos los cargos que se le imputaron
por encubrir la matanza de Haiditha: había ordenado que se borraran las
fotografías y filmaciones que testimoniaban el asesinato a sangre fría de 24
civiles iraquíes, incluidas mujeres y también cinco niñas de 1 a 14 años,
cometido por un grupo de marines.
Una bomba casera de la insurgencia había matado a uno del grupo en una
carretera cercana a la ciudad y el resto entró en tres casas y ametralló a
todos los que las habitaban (The Washington Post, 27-5-06). Tres familias
enteras. Oficialmente se informó que había sido un choque entre soldados
norteamericanos y terroristas. Lo mismo hacían las dictaduras del Cono Sur.
La Casa Blanca no sólo perdona esta violación de los Pactos de Ginebra
que protegen a los civiles en tiempos de guerra. Tampoco le importan las
violaciones en general. Seymour Hersh, el prestigioso periodista del New
Yorker, denunciaba ya en el 2004 que el Pentágono tenía videos que
registraban el abuso de niños en la siniestra cárcel de Abu Ghraib: “Lo peor
–señaló– es la grabación de los chicos aullando... estaban completamente
aterrorizados” (informationclearinghouse.info, 14-7-4). Un informe reciente
de Human Rights Watch (HRW, por sus siglas en inglés) indica que los
ocupantes estadounidenses han detenido a más de 2400 niños y niñas de 10 a
17 años desde la invasión. Hoy esos detenidos suman 513 y están clasificados
como “amenazas imperativas a la seguridad” (www.reliefweb.info/rw, 21-5-08),
no tienen abogados, no permiten que los visite la Cruz Roja Internacional,
tampoco la familia, y algunos están presos hace más de un año sin cargos ni
juicio alguno. Los depositan en Camp Cropper, Bagdad, en condiciones
deplorables. ¿Otro daño colateral de la lucha por la libertad y la
democracia?
Alarma el abrupto incremento de las detenciones de niños en Irak: su
número ascendía a 25 por mes en el 2006 y se cuadruplicó en el 2007, informa
HRW. El general Douglas Stone, subcomandante de todos los operativos de
detención, ha dicho que ahora se encuentra “en el campo de batalla de la
mente” y quiere “reeducar” a esos niños. Bautizó un correccional con el
nombre de El Hogar de la Sabiduría para darles educación cristiana, la misma
en cuyo nombre, según los ocupantes, los tiene presos y sometidos a
cualquier abuso. El general Stone está convencido de la eficacia del método:
declaró a los medios que los padres y aun los propios niños piden seguir
encarcelados para continuar sus estudios (www.globalresearch.ca, 9-6-08).
¿Será así? Porque, además, se venden niños nada menos que en la bien
amurallada y vigilada Zona Verde de Bagdad, la más protegida, sede del
gobierno, de la embajada de EE.UU. y de los mandos ocupantes de mayor
jerarquía. Lo descubrieron dos periodista suecos, Tiris Christenson y
Thorbjon Anderson, que se disfrazaron de turistas y en un viejo Volkswagen
brasileño lograron ingresar en la Zona (www.uruknet.info?p=44533, 1-6-08).
Filmaron entre otras una escena que parecía del Caribe en el siglo XVI: el
remate de Zahra, una niña de 4 años que alguno se llevó por 500 dólares.
Llega rápido la idea de que estos pequeños son comprados para convertirlos
en esclavos sexuales, apenas mercancía para el muy civilizado Occidente.
La Convención sobre los Derechos del Niño que la Asamblea General de las
Naciones Unidas aprobara por unanimidad entró en vigor a fines de 1990 y
EE.UU. figura entre los Estados que adhirieron a dicho instrumento
universal, pero no la ratificó. W. Bush, al mes de asumir su primer mandato,
explicó las objeciones de la Casa Blanca: “La Convención puede ser una
herramienta positiva para promover el bienestar de los niños de los países
que la adoptaron. Pero creemos que su texto va muy lejos cuando establece
obligaciones basadas en derechos económicos, sociales y culturales” (wne.com/news,
2-2-01). La Convención prohíbe, entre otras cosas, la venta de niños y su
maltrato, y aun así no faltó quien fue más lejos que W. mismo.
John Yoo, asistente del fiscal general John Ashcroft, declaró
públicamente y sin vueltas que “ninguna ley puede impedir al presidente que
ordene torturar a un niño sospechoso detenido, inclusive retorciéndole los
testículos a ese niño” (www.revcom.us, 1-8-06). Tal vez sin darse cuenta, Mr.
Yoo reveló el tipo de interrogatorio que han padecido durante largos días, y
durante muchas horas del día, esas “amenazas imperativas” para EE.UU. de 10
o 12 años. La Casa Blanca, el Pentágono, los mandos en el terreno permiten y
aun justifican esas atrocidades y la impunidad que las abriga. Socializan la
atrocidad.
******