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El plan de estímulo de China carece de equilibrio

 
 

 (IAR Noticias) 12-Diciembre-08

Desocupados escriben sus antecedentes laborales esperanzados en conseguir empleo en Dongguan, población ubicada en la región de Guangdong, en China.

Se concentra en las obras de infraestructura y no toma en cuenta el gasto social.

Por Andrew Batson - The Wall Street Journal

Como parte de una ofensiva para no caer en una profunda desaceleración económica, China planea gastar cuatro billones de yuanes (US$581.000 millones) en un paquete de estímulo que se concentre en vías férreas, aeropuertos y otros activos sólidos. No obstante, apenas el 1% de esa suma se dirigirá a mejorar los servicios sociales.

Ese balance debe ser corregido, afirman muchos académicos, para que China siga creciendo a un ritmo acelerado y mejorando el estándar de vida de sus ciudadanos en los próximos años. Un mayor gasto por parte de sus propios consumidores alimentaría el crecimiento y reduciría la dependencia del país de las exportaciones, pero eso no sucederá a no ser que el gobierno alivie la carga sobre las familias, para que puedan tener dinero para educación, salud y la tercera edad. Una población más saludable y mejor educada también debería ser más productiva.

"Es necesario invertir en capital humano para producir altas tasas de crecimiento en el futuro", afirma Khalid Malik, director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en China.

Es fácil entender por qué China está haciendo una inversión tan cuantiosa en infraestructura. La construcción es el sector de la economía que ha perdido más fuerza y, por lo tanto, es el que necesita más apoyo. Invertir en obras de infraestructura produce dividendos rápidos y es una estrategia probada que China empleó en 1998 para escapar de la crisis asiática.

Sin embargo, la mejora de la infraestructura podría ser insuficiente para sostener un crecimiento a largo plazo, especialmente en China, que ya tiene una de las mayores tasas de inversión entre las principales economías del mundo. Algunos temen que, a la larga, China pudiera transitar el mismo camino que Japón, que continuó gastando incluso después de que se acabaran los proyectos que valieran la pena.

Sin embargo, establecer una red de respaldo social ha resultado ser una tarea particularmente complicada en China. El presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao han convertido a los programas sociales en una alta prioridad, pero el gasto habitualmente ha estado por debajo de las promesas del gobierno. En 1997, el gobierno afirmó que para 2000 gastaría 4% del Producto Interno Bruto (PIB) anual de China en educación. La meta nunca se alcanzó: el gasto del año pasado ascendió a 2,8% del PIB.

"No nos faltan metas ni objetivos. Lo que nos falta son políticas y medidas específicas para lograr esos objetivos", dijo recientemente Zhao Dianguo, director del departamento de seguro social rural del Ministerio de Recursos Humanos y Seguro Social, en un foro de la ONU.

En Estados Unidos, la expansión de los programas sociales es una parte del arsenal convencional de medidas para hacer frente a las desaceleraciones económicas. El Congreso ya ha aprobado una extensión de los beneficios de desempleo y es probable que haya más iniciativas de este tipo en el paquete de estímulo que el presidente electo Barack Obama ha prometido impulsar luego de que asuma su cargo en enero.

Entre las opciones que se barajan figuran programas para ayudar a que las familias de menores ingresos paguen sus gastos de salud y compren comida además de becas universitarias.

Una tarea complicada

Meses atrás, el gobierno del presidente George W. Bush ofreció devoluciones de impuestos para impulsar el gasto de los consumidores. Pero recurrir a los impuestos individuales no sería de mucha ayuda en China. Eso se debe a que, en primer lugar, el incipiente sistema tributario cubre a muy pocas personas.

Asimismo, aumentar el gasto social es sorpresivamente difícil en China porque suele ser poco claro qué partes del gobierno son responsables de financiar y llevar adelante los programas. China es un país enorme con una burocracia enorme: tiene 31 provincias, 333 municipalidades, 2.859 condados y 694.745 aldeas rurales. Durante décadas, Beijing ha dejado estos asuntos en las manos de las autoridades locales.

Los funcionarios locales suelen estar más interesados en apoyar proyectos industriales que apuntalan sus ingresos fiscales que en expandir programas sociales que sólo les cuestan dinero. Por ejemplo, el programa para complementar los ingresos de los que menos ganan —alcanza sólo a una fracción de la gente que reúne los requisitos para recibirlo, y no se ha expandido de forma significativa en los últimos años.

Muchas de las instituciones públicas de China colapsaron durante la transición a una economía de mercado y en su mayoría no han sido reemplazadas. En la China de hoy, la ayuda social a los más pobres y las pensiones para los mayores son mínimas. Y hay poca o ninguna cobertura médica gubernamental o privada.

La carencia de una red de seguridad social es una de las grandes razones por la que los chinos ahorran tanto. Las familias urbanas ahorran más de una cuarta parte de sus ingresos, un porcentaje que ha crecido con el tiempo. Esa capacidad de ahorro es menos una señal de virtud que de las grandes presiones que hay sobre la mayoría de las familias.

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