Además, la futura administración que
gobernará la Casa Blanca, a partir del 20 de enero, es coincidente con el
objetivo trazado por el gobierno de Bush con respecto a Pakistán.
En los últimos días, la prensa
norteamericana reveló que
el equipo que rodea a Barack Obama ya tiene planificada la ocupación militar de
Pakistán para neutralizar y/o destruir las bases y los campos de
entrenamiento militar de los talibanes, cuyo núcleo principal y mayoritario está
en una guerra de liberación de su territorio contra EEUU y la OTAN.
Luego del exterminio en Bombay, India volvió a apuntar
con el dedo a "elementos" con vínculos paquistaníes
responsabilizándolos por los sangrientos
atentados coordinados perpetrados en su capital financiera, en los
que, según cifras oficiales, murieron casi 200 personas y 350 fueron heridas.
"Las evidencias preliminares indican que hay implicados elementos con vínculos
con Pakistán", dijo el ministro de Exteriores, Pranab Mukherjee, en una
conferencia de
prensa en Nueva Delhi. Instó a Pakistán a desmantelar la infraestructura que
respalda a los extremistas.
Según lo que manejan algunos
expertos, Washington ahora privilegia a la India como aliado estratégico en
la región y busca el sometimiento militar de Pakistán que se ha tornado en una
aliado inestable y poco confiable luego de la renuncia del general Pervez
Musharraf.
Sin la mano dura de Musharraf,
atacado por un vacío de poder ascendente, metido en un espiral de crisis
económica, y con una escalada indetenible de violencia y atentados en las
grandes ciudades, Pakistán, un resorte geopolítico-militar clave en la
estrategia regional de Washington y un aliado invalorable en el marco de la
disputa con Rusia e Irán, comienza convertirse en un dilema difícil de
resolver para los halcones de la Casa Blanca.
Pakistán, con 165 millones de
habitantes, está en un avanzado proceso inflacionario con alza de precios de los
alimentos, cortes de luz masivos, acompañados de una escalada de violencia y
atentados en las grandes ciudades, con espectaculares ataques del talibán y más
bombardeos en la frontera con Afganistán.
En este
cuadro de situación, las usinas
conservadoras de EEUU ya comienzan a barajar hipótesis de "salida militar" para
retomar el control en un país que se les va de las manos.
Obama
tiene a Pakistán y a Afganistán como sus principales prioridades en política
exterior, y con la continuidad de Gates en el Pentágono y con el nombramiento de
Hillary Clinton al frente del Departamento ya ratificó su idea de "no
innovar" y continuar con la política de los halcones republicanos.
Pakistán, un aliado
estratégico clave de EEUU, es un país en crisis y en "guerra permanente", y
en este
escenario -afirman las usinas conservadoras- resulta suicida dejar el país en
manos de políticos débiles y divididos.
Cuando se habla de Pakistán, se
habla de Afganistán: Una frontera por donde -en la visión de Washington- se
infiltra la "guerra contraterrorista" en el gigante islámico con dientes
nucleares.
Para EEUU y las usinas
conservadoras de EEUU, Pakistán, también en frontera con Irán, es una
extensión natural del combate contra el terrorismo en Afganistán, metido en
la geografía de los corredores energéticos y del conflicto en el Cáucaso.
De manera
tal que fue el propio Washington el que se encargó de revelar con su accionar
posterior el rol de Pakistán como objetivo encubierto de la operación de
exterminio en la India.
Ahora Washington va por un
aislamiento internacional del gobierno de Islamabad para obligarlo a un nuevo
pacto que le permita cerrar su objetivo de ocupación militar en el enclave
estratégico de la frontera Afganistán-Pakistán.