Este viernes,
según consignan las
agencias internacionales, comandos de India se hicieron con el
control del hotel Trident/Oberoi de Bombay, aunque arreciaron los
enfrentamientos con los extremistas que seguían atrincherados en otro hotel de
lujo y un centro judío con alrededor de media docena de rehenes extranjeros.
Este viernes, India volvió a apuntar
con el dedo a "elementos" con vínculos paquistaníes por los desafiantes
atentados coordinados perpetrados el miércoles en su capital financiera, en los
que según la policía murieron al menos 121 personas.
"Las evidencias preliminares indican que hay implicados elementos con vínculos
con Pakistán", dijo el ministro de Exteriores, Pranab Mukherjee, en una rueda de
prensa en Nueva Delhi. Instó a Pakistán a desmantelar la infraestructura que
respalda a los extremistas.
Sin embargo, su homólogo paquistaní, Shah Mehmood Qureshi, urgió a India a no
hacer política con los atentados de Bombay.
"No traiga la política a este tema.
Este es un problema colectivo. Nos enfrentamos a un enemigo común y deberíamos
unir nuestras manos para derrotar al enemigo", dijo el ministro de Exteriores a
la prensa durante una visita a la localidad india de Ajmer.
Bombay (también conocida bajo la
forma local Mumbai) es la capital del estado federal de Maharashtra en la India
y la más importante ciudad portuaria del país.
El intercambio de declaraciones
planteó la perspectiva de nuevas tensiones entre ambos países rivales,
que cuentan con armas nucleares y han librado tres guerras desde su
independencia de Reino Unido en 1947.
El gobierno paquistaní ha negado
cualquier participación en la masacre de Bombay y dijo que los dos
países deben trabajar unidos para derrotar a un enemigo común. También anunció
quien enviará a su jefe de inteligencia a India para ayudar en las
investigaciones.
Sin la mano dura de Musharraf,
atacado por un vacío de poder ascendente, metido en un espiral de crisis
económica, y con una escalada indetenible de violencia y atentados en las
grandes ciudades, Pakistán, un resorte geopolítico-militar clave en la
estrategia regional de Washington y un aliado invalorable en el marco de la
disputa con Rusia e Irán, comienza convertirse en un dilema difícil de
resolver para los halcones de la Casa Blanca.
Pakistán, con 165 millones de
habitantes, está en un avanzado proceso inflacionario con alza de precios de los
alimentos, cortes de luz masivos, acompañados de una escalada de violencia y
atentados en las grandes ciudades, con espectaculares ataques del talibán y más
bombardeos en la frontera con Afganistán.
En este escenario, las usinas
conservadoras de EEUU ya comienzan a barajar hipótesis de "salida militar" para
retomar el control en un país que se les va de las manos.
Pakistán, un aliado
estratégico clave de EEUU, es un país en crisis y en "guerra permanente", y
en este
escenario -afirman las usinas conservadoras- resulta suicida dejar el país en
manos de políticos débiles y divididos.
Cuando se habla de Pakistán, se
habla de Afganistán: Una frontera por donde -en la visión de Washington- se
infiltra la "guerra contraterrorista" en el gigante islámico con dientes
nucleares.
Para EEUU y las usinas
conservadoras de EEUU, Pakistán, también en frontera con Irán, es una
extensión natural del combate contra el terrorismo en Afganistán, metido en
la geografía de los corredores energéticos y del conflicto en el Cáucaso.
Musharraf en el poder, constituía una "figura fuerte" con amplio manejo de los
servicios de inteligencia y de la intrincada red de los talibanes y del
"terrorismo islámico" que tienen sus búnkeres operativos en la frontera de
Pakistán con Afganistán.
Además, la renuncia del general "contraterrorista" se
produje en un momento de feroz contraofensiva talibán en Afganistán donde las
fuerzas de EEUU y la OTAN permanecen empantanadas y sus bajas y derrotas fisuran
y agrietan cada día más a la coalición imperial liderada por Washington.
Acuciados
por la guerrilla talibán que opera en la frontera Pakistán-Afganistán, y por las
contradicciones del decadente y débil gobierno del "viudo" de Benazir Bhutto, el
Pentágono y la OTAN han autorizado una serie de bombardeos en territorio
pakistaní que han producido la muerte de centenares de civiles, entre ellos
mujeres y niños.
Es tanta la confusión, la crisis y
el vacío de poder que reina en Pakistán luego de la renuncia del "hombre
fuerte", Pervez Musharraf, que el gigante islámico con poder nuclear
oscila permanentemente en su alianza "contraterrorista" con EEUU y las denuncias
de violación de su territorio por parte de las fuerzas aliadas EEUU-OTAN.
Un nuevo
conflicto armado India-Pakistán presionaría al desgastado gobierno de Islamab a
reciclar un nuevo pacto con Washington que podría incluir una apertura de
su territorio a las fuerzas internacionales ocupantes de Afgansitán para que
combatan desde adentro a la guerrilla talibán.
De manera
tal que la serie de ataques "terroristas" también podrían tener como uno de sus
objetivos encubiertos generar un conflicto India-Pakistán para cerrar su
llave de ocupación militar en el enclave estratégico Afganistán-Pakistán.