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Pervez Musharraf y George W. Bush: El
ex ha sido aliado clave de la
política estadounidense en la región |
Si hay
quien lamenta por
estas horas la ausencia de Musharraf en Pakistán, éste es Washington: El
antiguo aliado "contraterrorista" era el único que controlaba a la decadente partidocracia "demócrata" (pro-USA-UE) dividida y debilitada por sus luchas
internas, y a la furia de la guerrilla talibán con la cual ex presidente jugaba
alternativamente a la guerra y al diálogo.
Es tanta la confusión, la crisis y
el vacío de poder que reina en Pakistán luego de la renuncia del "hombre
fuerte", que el nuevo presidente propuesto por la Asamblea ni siquiera
tiene nombre propio: Lo llaman el "Viudo de Bhutto.
En este escenario, la
Asamblea
Nacional, el Senado, y las cuatro asambleas provinciales en Punjab, Baluchistán,
Sind y North West Frontier deberán elegir al candidato a presidente por
más del 50% de los votos.
El "viudo" de Benazir Bhutto y
líder del gobernante Partido Popular (PPP), Asif Alí Zardari, un político
irrelevante y sin carisma de conductor, fue escogido por las asambleas
paquistaníes como nuevo presidente del país.
El "Viudo de Bhuto", entonces, es
el número puesto para suceder a Musharraf, pero su debilidad congénita (ya fue
víctima de tres atentados en los últimos días) y las divisiones partidocráticas
lo proyectan como una pieza más del vacío de poder y la violencia que reina en
Pakistán.
Además, al vacío de poder se suma la crisis económica.
Pakistán, con 165 millones de
habitantes, está en un avanzado proceso inflacionario con alza de precios de los
alimentos, cortes de luz masivos, acompañados de una escalada de violencia y
atentados en las grandes ciudades, con espectaculares ataques del talibán y más
bombardeos en la frontera con Afganistán.
En este escenario, las usinas
conservadoras de EEUU ya comienzan a barajar hipótesis de "salida militar" para
retomar el control en un país que se les va de las manos.
Cuando se habla de Pakistán, se
habla de Afganistán: Una frontera por donde -en la visión de Washington- se
infiltra la "guerra contraterrorista" en el gigante islámico con dientes
nucleares.
Para EEUU y las usinas
conservadoras de EEUU, Pakistán, también en frontera con Irán, es una
extensión natural del combate contra el terrorismo en Afganistán, metido en
la geografía de los corredores energéticos y del conflicto en el Cáucaso.
Pero para EEUU la alianza
"antiterrorista" con Pakistán también reviste una importancia estratégica
prioritaria: La proyección hacia la frontera de Irán por el sur, un punto
clave si EEUU decide lanzar operaciones militares contra el régimen de Teherán.
Además, el eje Afganistán-Pakistán resulta un emplazamiento clave para la proyección militar hacia
Asia y China, una
aliada económica de Washington, pero que hace su propio juego geopolítico militar
regional de competencia con la OTAN por áreas de influencia en alianza con
Rusia.
Otro punto que ilustra la
importancia estratégica de la alianza con Pakistán para EEUU, es la
plataforma terrestre de proyección al Indico y al vital Estrecho de Ormuz
(una de las llaves del petróleo mundial) que representa la nación islámica en
frontera con Irán.
En suma, un país demasiado grande
y estratégico para EEUU en la región que resulta imposible -dicen las usinas
conservadoras USA- dejar en manos de partidos políticos divididos y enfrentados.
La renuncia del general Pervez Musharraf, un puntal con "acreditada" experiencia
en la "guerra contraterrorista" de Washington en la región, ha
dejado un vacío de poder en Pakistán difícil de llenar por la corrupta y
decadente partidocracia pakistaní que le sucede.
Luego del golpe de Estado
"institucional" que protagonizó el año pasado, Musharraf había caído en
desgracia con Washington, pero su posterior renuncia a la jefatura del ejército
le permitió negociar y seguir en el poder hasta su renuncia en el mes de agosto
.
La desaparición de Benazir Bhutto, muerta en un atentado en diciembre del
año pasado -manejada originalmente como "alternativa democrática" frente al desgastado poder
dictatorial de Musharraf- arrojó nuevas sombras e incertidumbre sobre el destino
inmediato de Pakistán, un gigante islámico con poder nuclear, que juega un papel
clave y un rol de equilibrio en la estrategia del poder imperial de EEUU en la
región.
Según la prensa norteamericana
conservadora, el vacío de poder en Pakistán es una invitación a los
talibanes para que se infiltren en los resortes del poder pakistaní quebrando el
equilibrio regional que antes controlaba Musharraf.
Aún para la prensa estadounidense con veleidades y orientación "demócrata" (como el caso de
The New York
Times) no hay ninguna duda de que la desaparición de Musharraf debilita los planes de la "guerra
contraterrorista" impulsados por la Casa Blanca en Pakistán y Afganistán.
Musharraf en el poder, constituía una "figura fuerte" con amplio manejo de los
servicios de inteligencia y de la intrincada red de los talibanes y del
"terrorismo islámico" que tienen sus búnkeres operativos en la frontera de
Pakistán con Afganistán.
Además, la renuncia del general "contraterrorista" se
produce en un momento de feroz contraofensiva talibán en Afganistán donde las
fuerzas de EEUU y la OTAN permanecen empantanadas y sus bajas y derrotas fisuran
y agrietan cada día más a la coalición imperial liderada por Washington.
La guerra interna por el
poder proyecta una crisis institucional que complica la continuidad de los
planes de control militar del país, sobre todo en la peligrosa frontera con
Afganistán donde los grupos talibanes han recrudecido sus operaciones tanto
hacia Afganistán como hacia adentro de Pakistán.
Esto crea, a su vez, un
vacío de poder en las fuerzas armadas y en los servicios de seguridad donde sus
oficiales, mayoritariamente, siguen una marcada línea de fidelidad a Musharraf quien
los privilegió económicamente con los cuantiosos fondos otorgados por Washington
como "ayuda" para la guerra contra el "terrorismo".
Este cuadro de descomposición y
decadencia del poder, a su vez motiva la hipótesis (entre analistas de EEUU) de una posible
salida militar del conflicto (muy al estilo de Pakistán) por medio de la
cual Washington podría intentar restablecer el control en una zona de alta
importancia estratégica para su dominio en la región.
Pakistán, un aliado
estratégico clave de EEUU, es un país en crisis y en "guerra permanente", y
en este
escenario -afirman las usinas conservadoras- resulta suicida dejar el país en
manos de políticos débiles y divididos.
Es la tesis del golpe militar.