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Un policía chino interroga a una mujer musulmana en un control de seguridad
de una autopista. (Foto AFP) |
A menos de 72 horas de la llegada de Bush para participar de la inauguración de
los Juegos, Pekin presenta una imagen contrastante entre una ciudad diseñada y
marketinizada para un evento internacional de alto impacto mediático, y una
metrópoli blindada y sitiada por un impresionante aparato de seguridad
compuesto por más de 400.000 efectivos, entre militares, policías y civiles.
El ataque terrorista del lunes en
Xinjang
conmocionó a la capital china, transformada y
embellecida tras una inversión de US$ 40 mil millones en
infraestructura para el turismo consumista, con su aeropuerto faraónico, las nuevas líneas de subte, sus
flamantes rascacielos. Es la China que el régimen quiere mostrar y vender con
el marketing mediático.
Pero hay una China "indeseable" que
el gobierno chino trata en lo posible de "disimular" (sin conseguirlo) que
aparece en el despliegue de las fuerzas de seguridad que acompañan como parte del
escenario a los turistas que llegan en busca de diversión y entretenimiento con
la competencia deportiva.
De esta manera, el "peligro
terrorista" convive como un actor central "no invitado" de la "fiesta
olímpica" que el Gobierno chino quiere vender al mundo como expresión de su
creciente desarrollo como potencia mundial emergente.
En un esfuerzo para garantizar "seguridad
absoluta sin una sola falla" la policía y el ejército duplicaron las guardias en los edificios
más importantes, reforzaron los controles en las fronteras y buscan frenar el
acceso a la capital de los manifestantes anti-China, según la
agencia oficial china.
Las autoridades chinas se enfrentan a
una situación "paradójica", según la agencia AFP.
Por un lado, los juegos
olímpicos atrajeron a miles de periodistas de todo el mundo, y por otro
las características del régimen de Pekín hacen que la libertad de prensa "brille
por su ausencia", a pesar de las promesas de una ligera apertura,
señala la agencia.
Agentes de policía y paramilitares chinos trataron de impedir en las últimas
horas la cobertura por parte de la prensa extranjera del atentado terrorista de Xinjiang, para lo cual llegaron a agredir a dos periodistas japoneses y a otro
de la Agencia France Press (AFP), además de destruir material filmado.
Los informadores japoneses fueron detenidos y golpeados por fuerzas
paramilitares, confirmó la oficina en Pekín de su medio, la Nippon
Television Network Corp.
Los paramilitares trasladaron a los dos japoneses hasta la habitación de un
hotel cercano, donde fueron golpeados con tal violencia que agarraron al
fotógrafo de la cabeza y lo aporrearon contra el suelo. Al cabo de dos horas,
fueron liberados, según el informe recogido por el Club de Corresponsales
Extranjeros de China (FCCC).
En Pekín, los medios extranjeros
deben solicitar permiso con 24 horas de antelación para grabar o realizar
entrevistas en la famosa plaza de Tiananmen durante los Juegos Olímpicos,
señala Reuters.
Los periodistas deberán ser
escoltados y sólo pueden acceder a la plaza por el lado este, según las
autoridades municipales.
Esta medida se impuso después de que los medios recogieran la manifestación de
un reducido número de vecinos en las cercanías del lugar, que protestaban por
las expropiaciones derivadas de las obras de los Juegos Olímpicos, y su posterior
enfrentamiento con agentes de la policía.
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Tiananmen, centro de protestas por las
expropiaciones. |
La Plaza de Tiananmen fue escenario en junio de 1989 de la violenta represión
por parte de Ejército Popular chino del "movimiento por la democracia", que
según estimaciones de organizaciones occidentales dejó cientos de muertos.
¿Libertad de prensa o seguridad
del régimen? , se pregunta Reuters, que difunde un documento interno de la
policía ordenando a los agentes interferir lo menos posible en el trabajo de los
reporteros.
Esta orden emitida para la policía de la capital incluye la no interferencia en
manifestaciones públicas sobre la polémica secta prohibida Falun Gong, el
reciente atentado de Xinjiang, y otros temas delicados, como las cuestiones del
Tíbet y Taiwán, excepto en sitios emblemáticos como, precisamente, la plaza de
Tiananmen.
Por otro lado, la policía militar china ha reforzado el dispositivo represivo
y las medidas de seguridad en Xinjiang, según la agencia oficial China News,
tras el atentado del lunes atribuido a grupos separatistas musulmanes.
Las autoridades de la zona aseguran que se han detenido a "18 agitadores
extranjeros" tras el ataque con bomba de Xinjiang.
En cualquier caso, el Gobierno chino no se cansa en afirmar que pueden
"garantizar la seguridad" de los Juegos Olímpicos de Pekín, según un
portavoz del comité organizador (BOCOG), Sun Weide.
"Hemos establecido un importante
sistema de seguridad, y estamos preparados para hacer frente a cualquier tipo de
amenaza", añadió, en una reunión con periodistas. "Existen riesgos que
podrían afectar a un acontecimiento de esta magnitud, por lo que tenemos cientos
de planes", resaltó Sun Weide.
El Gobierno chino aún no estableció
si el atentado del lunes en
Xinjang
-que no ha sido reivindicado- estaba vincuulado a los Juegos Olímpicos, que
comienzan el próximo viernes.
Las autoridades chinas citadas por la
agencia estatal aseguraron que no temían por la seguridad de la llama
olímpica en Pekín, durante el relevo que se inicia el miércoles.
Según expertos citados por AF, existe un riesgo de atentado islamista en China
durante los Juegos. Pero la capital china será un blanco difícil de atacar
-señalan-, sobre todo por parte de los raddicales uigures, cuyos desplazamientos
son muy controlados por las fuerzas de seguridad.
Los responsables olímpicos chinos afirmaron el martes que el gobierno se
esforzaba para que los Juegos se desarrollen sin incidentes.
"Nosotros estamos en comunicación
regular con nuestros colegas del Comité Olímpico Internacional y todos nosotros
confiamos plenamente en que las autoridades chinas harán lo necesario en materia
de seguridad para que los Juegos sean seguros", declaró a la AFP Sun Weide,
el portavoz del comité organizador.
En tanto, EEUU condenó "enérgicamente" el ataque terrorista que mató a 16
policías en Xinjang.
El presidente norteamericano, George
W. Bush, partió el lunes de Washington para una gira de una semana por Asia,
durante la cual asistirá a la ceremonia de inauguración de los Juegos, el
viernes.
La llegada de Bush a la capital
china, además de subir el voltaje de "peligro terrorista", sumará los desórdenes
y las manifestaciones en su contra preparados por grupos y organizaciones de
izquierda, según la prensa oficial.