La renuencia a frenar el crecimiento y el insistente control sobre el yuan
generan un dilema.
Por
Andrew Batson -
The Wall Street Journal
El gobierno de China enfrenta un riesgo creciente de
fracasar en su batalla contra una ola global de inflación.
El control gubernamental sobre su divisa y el compromiso
político de estimular el crecimiento económico están minando su capacidad y
disposición de atacar la inflación este año. Una débil respuesta al aumento de
precios podría contribuir a una espiral inflacionaria que ha producido
turbulencias políticas en el pasado. Además, si la economía china no se enfría,
su demanda por materias primas podría generar una inflación aún más alta en todo
el mundo.
Se trata tal vez del mayor y más dramático ejemplo de la
disyuntiva que enfrentan muchas economías emergentes. Años atrás, estos países
decidieron garantizar la estabilidad económica y conquistar la confianza de los
inversionistas al atar su moneda de manera más o menos firme al dólar. Ahora, no
obstante, están descubriendo que esta opción ha limitado su capacidad de
maniobra. A medida que Estados Unidos recorta sus tasas de interés, a estos
países les cuesta más elevar sus propias tasas.
La mezcla poco convencional de políticas que China ha usado
como alternativa está bajo escrutinio. Temiendo que un alza en las tasas de
interés sea contraproducente al alentar la entrada de capital extranjero al
país, las autoridades han impuesto límites a los préstamos bancarios y controles
de precios sobre algunos bienes. El yuan se apreció rápidamente este año, pero
ha perdido un poco el impulso.
Los resultados han sido de cal y de arena. La inflación ha
declinado de 8,7% en febrero, su nivel más alto en 12 años, a 7,7% en mayo y se
espera que siga cayendo. Sin embargo, la meta del gobierno de un promedio de
inflación de 4,8% o menos para 2008 ha sido discretamente abandonada. Los
analistas creen que un 7% de inflación es más probable, lo que sería el nivel
más alto desde 1996.
El deseo del gobierno de evitar medidas más drásticas que
puedan mermar el crecimiento es comprensible, pero se da en un momento
equivocado, señala Xu Xiaonian, profesor de Economía de la Escuela Internacional
de Negocios China Europa, en Shanghai. "La inflación puede representar una
amenaza aún mayor a la estabilidad económica y social de China que una caída de
un par de puntos porcentuales en el crecimiento", observa.
La forma cómo China ataque la inflación tendrá consecuencias
más allá de sus fronteras.
La apreciación del yuan elevaría los precios de los bienes que
exporta a países ricos como Estados Unidos. Por otra parte, un enfriamiento de
su consumo de alimentos y combustibles podría contribuir a una caída en los
precios récord de las materias primas.
No es una decisión fácil. Los exportadores están sufriendo en
carne propia el alza en los costos y el fortalecimiento de la moneda. Las
constructoras son víctimas de las restricciones al otorgamiento de préstamos y
los aumentos en los precios de las propiedades se han estabilizado.
De todos modos, el crecimiento económico aún supera el 10%. La
inflación está más alta que las tasas de interés que se cobran por préstamos de
un año o se pagan para depósitos a un año.
A medida que las presiones de precios se expanden más allá de
los alimentos como el cerdo, los economistas concuerdan en el diagnóstico. "Creo
que las restricciones monetarias no han funcionado, la inflación sigue al alza y
el banco central necesita tomar medidas más serias, como un aumento en las tasas
de interés", dijo recientemente Stephen Roach, presidente y economista jefe de
Morgan Stanley en Asia.
Tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional
han instado a China a que adopte una política monetaria más estricta.