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Propaganda del Banco Mundial, durante la presidencia de James D. Wolfensohn (1995-2005),
representado en la imagen. |
El
"banco para los pobres"
En 1944
las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial crearon en Bretton Woods
nuevas instituciones económicas para reordenar un sistema capitalista en
profunda crisis desde la Gran Depresión de los años 30 y agravado entonces por
el conflicto bélico.
De esos
acuerdos para reordenar y reciclar el sistema capitalista nacieron el Banco
Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
El Banco
Mundial se constituyó formalmente como una organización para financiar la
reconstrucción económica posterior a la guerra y se convirtió rápidamente en un
importante prestamista para los países en desarrollo.
Hasta
1990 el Banco Mundial no declaró que la "reducción de la pobreza" es uno
de sus objetivos prioritarios.
Tanto
el FMI como el Banco Mundial comparten el mismo objetivo: un modelo basado en el
"libre comercio", búsqueda de la mayor rentabilidad sin restricciones, y la
preferencia del negocio de la empresa privada sobre el sector público.
Curiosamente, estas dos entidades representantes de las finanzas globales y de
las transnacionales capitalistas, son presentadas como una solución global a
la pobreza en el mundo.
Tanto el
Banco Mundial como el FMI (su hermano complementario) están controlados
exclusivamente por los países ricos del Norte, impulsores y beneficiarios del
sistema de explotación capitalista impuesto como norma aceptada y universal.
De esta
manera, los 24 países de la OCDE controlan más de las dos terceras partes de
los votos del BM. Sólo los EEUU controlan el 19'6% de la capacidad de
decisión de la institución.
El Banco
Mundial tiene como objetivo principal la concesión de créditos a los gobiernos y
se convierte de esta manera en fuente de financiación para el desarrollo de
los países empobrecidos.
Pero
para conseguir acceso a los créditos del Banco Mundial, un país debe
comprometerse a seguir políticas económicas diseñadas por el FMI: programas de
estabilización y de ajuste estructural socialmente muy traumáticos, que colocan
al "libre mercado" y a la rentabilidad empresarial por encima de las personas,
y sólo benefician prioritariamente a las grandes empresas y bancos
transnacionales.
Los
créditos del Banco Mundial son casi la única fuente de ingresos para los
programas sociales de ayuda de los países más pobres.
Pero el
hecho de que estos países se vean obligados a seguir las reglas de libre mercado
y de rentabilidad capitalista impuesta por el FMI y el BM, les obliga luego a
recortar sus programas sociales para pagar la enorme deuda que contraen con el
BM y la instituciones crediticias internacionales.
El
informe Meltzer, en febrero de 2000, realizado por una comisión internacional de
asesoramiento para las instituciones financieras internacionales, detectó y
reveló que el 80% de los recursos del Banco Mundial no se destinaban a los
países más pobres, sino a los países en desarrollo con mayor potencial de
inversiones y rentabilidad garantizada.
En este
escenario, no sorprende que el Banco Mundial haya sido el autor de un informe
para reciclar, con nuevos métodos gerenciales, el negocio con la pobreza en el
mundo.