(IAR
Noticias) 18-Noviembre-08
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Desesperación: Desplazados piden ayuda en el campo de Kibati, en la RDC. |
Es el coltán. El 80% de las reservas mundiales están en ese país. La
batalla por su control es total.
Por
Alejandra Pataro - Clarín
E l ataúd, diminuto como el cuerpo que lleva dentro, se hunde en la fosa
cavada en el suelo húmedo de la selva. El bebé en su interior apenas alcanzó el
año de vida. Murió de hambre, a pocos kilómetros de la ciudad de Goma, en el
Este de la República Democrática del Congo, mientras la guerra estallaba a su
alrededor. Su madre, obligada a desplazarse por los combates, no encontró techo
ni comida. La tumba de su bebé, el menor de cinco hermanos, yace en el bosque
apenas marcada con una cáscara de banana. Las imágenes de la BBC dejan la
garganta hecha un nudo. No hay dudas: el infierno, otra vez, se ensañó con
Africa.
Cientos de miles de personas protagonizan una catástrofe humanitaria en los
confines orientales de la RDC, donde grupos armados luchan por el control de las
riquezas minerales. El resultado es una guerra infinita, miseria humana y un
paraíso de biodiversidad en franca desaparición.
Al frente de 6 mil hombres, el general rebelde congoleño, el tutsi Laurent
Nkunda, desató a fines de octubre una ofensiva contra las tropas regulares
congoleñas en la provincia de Kivu Norte que derivó en violentos
enfrentamientos, arrasó aldeas y dejó en situación de desesperación a "un millón
de desplazados", según denuncia el Instituto Congoleño para la Conservación de
la Naturaleza. Una legión de civiles sin techo ni comida, cuyos hijos mueren de
hambre y las mujeres son violadas por bandas, navega a la deriva. No hay
alimentos, no hay agua, no hay electricidad.
Las tropas de paz de Naciones Unidas en la RDC, la MONUC (el mayor ejército que
la ONU tiene desplegado en el mundo, con 17.000 efectivos, de los cuales 9 mil
están en la zona), piden refuerzos y exigen tregua.
"La causa de la pelea gira en torno a la razón esgrimida por Nkunda: 'Defender
los derechos de la minoría tutsi que vive en la RDC y combatir a los rebeldes
hutus'. Nadie sabe si existe otra agenda encubierta detrás de los combates",
escribe en una larga carta reclamando ayuda Jean Pierre Jobogo, ranger del
Parque Nacional de Virunga, el más antiguo de Africa, declarado Patrimonio de la
Humanidad por la UNESCO y escenario del drama. Según sus palabras, el conflicto
se explica como netamente étnico. Pero lo cierto es que las reservas minerales
siempre han cebado y ceban las armas en este rincón del planeta.
El frondoso Este congoleño es rehén de guerrillas, milicias, Ejército,
explotadores de recursos naturales y traficantes que conviven entre una marea de
desplazados y refugiados. Se estima que sólo en la región operan 23 grupos
armados y todos van por lo mismo: la riqueza bajo suelo.
Hoy la lista de tesoros encerrados en el Congo incluye oro, cobre, zinc... Pero
hay un mineral que interesa en particular: coltán, utilizado para la fabricación
de los juguetes predilectos del siglo XXI: celulares, computadoras y hasta la
célebre PlayStation de Sony.
"Más de 30.000 niños y niñas matan y mueren" en la RDC "para que en los países
desarrollados podamos hablar por celular o escribir un e-mail", denunció
Amnistía Internacional, agregando otro dato espantoso al drama, el fenómeno de
los niños soldados. Según AI, una de las causas del conflicto es la lucha por el
control del coltán, del que la RDC "posee el 80% de las reservas mundiales".
La ironía es que a pesar de su riqueza, la RDC es uno de los países más pobres
del mundo. Aquí un kilo de coltán cotiza una "fortuna" de 40 dólares que
seguramente serán usados para adquirir armas. El control de las tierras es en
realidad el control de las minas. Todos explotan. Todos venden y trafican en un
circuito de corrupción y explotación en el que las grandes corporaciones siempre
están dispuestas a comprar.
"También hay partes del Ejército congoleño fuera de control. Básicamente se está
ante una situación en la que en cada lugar donde hay tropas del Ejército, se las
ve mal pagadas y sin servicios, entonces se vuelcan a explotar a la población y
los recursos locales para satisfacer sus necesidades", explicó a Clarín Guy
Debonnet, especialista del programa de Patrimonio Natural de la UNESCO.
"Pero el verdadero problema en el Congo por el momento es básicamente la
inseguridad y el estado de anarquía", sigue Debonnet, quien pasó cinco años en
la RDC.
La historia y el destino han sido macabros con este vasto y rico pulmón africano
desde el mismo día en que el navegante portugués Diogo Cao descubrió las aguas
marrones del gigantesco río Congo hace 600 años, iniciando una sangrienta
cruzada por los tesoros ocultos en el Continente Negro.
Nada parece ser más apropiado que la elección de Joseph Conrad para bautizar a
esta región como "el corazón de las tinieblas".
De Cao a nuestros días ha sido un desfile de atrocidades: las garras, cadenas y
"chicotes" de Leopoldo II de Bélgica en su "Estado libre del Congo", con sus
cinco millones de muertos, el tráfico de esclavos, la fiebre por el marfil, el
traumático camino hacia la independencia y las guerras interétnicas.
La primera guerra del Congo, entre 1996 y 1997, terminó con la caída del
presidente de Zaire, Mobutu Sésé Seko, y la toma del poder por parte del líder
rebelde Laurent Desiré Kabila. El país pasó a llamarse República Democrática del
Congo.
La segunda guerra del Congo estalló en 1998, involucró a nueve países y dejó un
saldo de más de tres millones de muertos. La lucha por el poder en la RDC
culminó oficialmente en 2003 con un gobierno de transición, a manos de Joseph
Kabila, quien fue electo en las urnas en 2006. Pero en el Este la guerra nunca
terminó.
"El Este del país aún está bajo un conflicto intenso y la tragedia humana de
muerte y desplazamiento es apabullante para cualquier escala de valores", resume
a Clarín la conservacionista Samantha Newport, dedicada a la preservación en el
Parque de Virunga.
Según Newport, Virunga, en Kivu Norte, es "una ubicación estratégica para Nkunda
y sus hombres, debido a la proximidad con Ruanda y Uganda".
Los conservacionistas como Newport se han convertido en una de las voces más
fuertes e insistentes de denuncia sobre lo que ocurre en Congo. Porque además
del desastre humanitario, la guerra --advierten-- se está devorando la selva.
"La gente ignora que todos dependemos del CO2 generado por el bosque", dice en
su carta Jobogo, el ranger de Virunga, y lamenta: "A nadie le importa."
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